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Domingo 13.09.2020 - Última actualización - 16:17
16:16

Por Por Carlos Suárez

Fallaron, fallamos...

 Crédito: Flavio Raina
Crédito: Flavio Raina

Crédito: Flavio Raina



Por Por Carlos Suárez Fallaron, fallamos...

Por Por Carlos Suárez*

 

Este viernes, en el marco de la pandemia de coronavirus, se anunció un retroceso para una gran cantidad de actividades. Se trata de restricciones a diferentes libertades: la de movimiento, la de comerciar, la de trabajar, entre otras. La fundamentación que dan las autoridades es la necesidad de frenar la circulación del virus y dar respiro al sistema sanitario.

 

Me surgen muchas dudas porque, como ya dije hace meses, en mi opinión en esta pandemia hay dos puntos: aquel en donde empezó, en marzo de este año, y aquel en donde terminará, cuando todos podamos acceder a la vacuna. En el medio, lo que hay que hacer es administrar el contexto, aprender a convivir con el virus. Esto que parece sencillo de decir, y que incluso puede tener un nivel de aceptación general, no es sencillo de materializar y creo que es por dos razones. Una de ella es porque fallaron los diferentes niveles ejecutivos de Gobierno; no han sido claros, han sido contradictorios en su accionar. Se expresa una idea "cuarentena estricta para fortalecer el sistema de salud" y luego una cuarentena eterna e injustificada, porque es la forma de frenar el virus. ¿En el medio qué se hizo? Espero se haya hecho todo lo que se podía con relación al sistema de salud, el cual -obviamente- también tiene una capacidad limitada de posibilidad de fortalecimiento.

 

Pero se descuidaron todas las otras actividades que mueven un país. Creo que en este punto, las autoridades nacionales se enamoraron de la cuarentena y encontraron en ella una forma de gobernar que se basa en el miedo al virus que se intentó infundir en la ciudadanía. El virus es real y su alta contagiosidad, que está causando estragos en el mundo, también. Pero se difundió el miedo, no la responsabilidad; y cuando se quiso hacer esto último, ya fue tarde. Porque al miedo le ganó el cansancio, el hartazgo, situaciones dantescas como la imposibilidad de despedir a un ser querido, mientras veíamos al presidente abrazado a cuanto sindicalista o gobernador andaba cerca. De esa manera, al pregonar sin el ejemplo, socavaron la credibilidad de las decisiones.

 

Además, se enfrascaron en una idea sin ampliar horizontes ni escuchar a otras expresiones, políticas, técnicas o científicas, forzando fotos con dirigentes opositores para plantear que "hay consenso". Finalmente, esa supuesta actitud dialoguista se desenmascaró rápidamente frente a un problema, que seguro es una consecuencia de las erróneas decisiones en el marco de la pandemia, como fue la revuelta policial.

 

No se hizo caso cuando se planteó que se requerían más testeos; que había que tomar, a lo largo de esa cuarentena eterna, decisiones conforme a la realidad de cada provincia e incluso de cada ciudad: el pedido de dinamizar las actividades que se podían dinamizar. Había que haber tenido una suerte de grifo, que permita abrir y cerrar conforme lo que fuera sucediendo. Se hizo, pero tarde y mal; cuando ya se había dañado la cadena comercial y de pagos, quedando miles en el camino.

 

No se trabajó la responsabilidad ciudadana; porque no alcanza con pedirla, sino que es necesario controlar férreamente. Por los medios nos dicen que es importante usar barbijo; tenemos (en nuestro caso) una ordenanza que sanciona a las personas que no lo usan y vemos un alto porcentaje de gente que no cumple. Hay que controlar y sancionar; demostrar que al Estado le importa lo que plantea.

 

Otra de las razones que complejizan la administración de la pandemia es que fallamos como sociedad, porque no mostramos empatía con el otro. ¿Por qué necesitamos que nos obliguen al uso del barbijo?, ¿no podemos pensar en los trabajadores de la salud que están haciendo un gran esfuerzo?, ¿no podemos entender que nuestras conductas individuales tienen impacto social?, ¿por qué nos es tan difícil tener responsabilidad intergeneracional?

 

Por todas estas razones, fallamos. Porque tenemos un Estado que no tiene más alternativa de abordaje después de seis meses que el encierro, que quizás sea necesario, pero no en detrimento del resto de las actividades y como única respuesta.

 

¿Qué va a pasar en un mes? Es decir, cuando en la lógica de las medidas luego de 14 días, los casos disminuyan. Se reabren actividades y en algunos días aumentan nuevamente los casos ¿Otra vez sistema colapsado? ¿Otra vez el cierre total?

 

Quizás sea la única forma, pero deberían decirlo y trabajar con los sectores afectados, abrir el juego de miradas, pero de forma sincera y real. Pensar en el daño presente en términos económicos y humanos, pero también en el futuro; porque después de seis meses no le encontraron aún la vuelta a la cuestión educativa y este va a terminar siendo mucho más que un año perdido para las nuevas generaciones.

 

Fallamos como sociedad, todos sus actores, es cierto. Pero debe quedar muy claro que no todos tenemos la misma responsabilidad.

 

(*) Concejal de UCR-Juntos por el Cambio de la Ciudad de Santa Fe

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El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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