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Jueves 17.09.2020 - Última actualización - 18.09.2020 - 11:30
13:42

El adiós a Fernando Callero

Flaco loco hermoso

El narrador, poeta y músico santotomesino falleció a los 49 años. Aquí, la despedida de una amiga y compañera en la literatura.

Callero en su faceta musical, que desarrolló a la par de su creación literaria. Crédito: Gentileza Tam NaymarkCallero en su faceta musical, que desarrolló a la par de su creación literaria.
Crédito: Gentileza Tam Naymark

Callero en su faceta musical, que desarrolló a la par de su creación literaria. Crédito: Gentileza Tam Naymark



El adiós a Fernando Callero Flaco loco hermoso El narrador, poeta y músico santotomesino Fernando Callero falleció a los 49 años. Aquí, la despedida de Tam Naymark, amiga y compañera en la literatura. El narrador, poeta y músico santotomesino falleció a los 49 años. Aquí, la despedida de una amiga y compañera en la literatura.

 

Tam Naymark

 

Borré cuatro veces éste texto. Todavía algo de la tristeza no se corre, cada tanto aparece algún rayo de sol, que entra y se va. Agarro y manoteo la última línea que aparece, pero se me escapa. Borro de nuevo. No sé cómo ponerle palabras. Qué ilógico. Todos estos años Fer intentó mostrarme por dónde ir. Y ahora me siento sola en ese camino. Un día, Fer me estaba ayudando a darle forma a un diario de viaje. Estaba internado y con algunes amigues armamos un grupo de contención y sostén.

 

En una de esas veces, me tocó cuidarle a mí, así que llevé mi diario y me senté al lado de él. Le leí tres líneas y agarró un fibrón que tenía en la mesita de luz y me dijo arrímate y dame el brazo. Destapó el fibrón negro indeleble y escribió: “le mot juste” me dijo, vos tenes que usar la palabra justa. Me quedó tatuada esa frase una semana, no se iba con nada. Tu diario es hermoso me dijo. Otro día, en otra internación, una enfermera nos vino a retar, porque habíamos puesto la canción de “Nayla” de Lebón y cantábamos a los gritos. Están en un sanatorio nos dijo, no nos dimos cuenta le respondimos.

 

En otra internación le contó al que estaba internado en la cama de al lado que él, era poeta, y le preguntó sobre que escribía, y Fer respondió: simple, sobre los amigos y el barrio.  Años antes, cuando yo estaba empezando a encantarme de la poesía del litoral, estaba en una sala de ensayos que se llamaba Cavernaudio, escuchando unas bandas y el Fer, al que todes conocíamos porque era EL POETA de Santa Fe, abrió una ronda y se puso a bailar en el medio, brillaba, con sus rulos radiantes, una pollera cuadrillé arriba de un jean y unas botas Caterpillar negras azabache por la que las luces de distintos colores del lugar se reflejaban. Bailaba y nos agitaba a que bailemos con él.

 

Porque Fer nos hizo siempre eso. Nos agitó a seguirle la corriente, a leer, a dibujar, a cantar, a divertirnos. Yo iba a su casa y por ahí el Fer no te hablaba. Estaba con el ceño fruncido. Otras veces entrabas y te decía “hola Peti” y te pedía que lo abraces. Dame un beso decía, andate decía, cerrá la puerta. Por un tiempo fui su dealer de libros, sacábamos fotos, los promocionábamos, los vendíamos. Armamos un festejo para ayudarle, se llamó “hermoso” porque él lo es, él lo fue, él lo será. Un montón de veces me enseñó los acordes de sus canciones y yo volvía a mi casa y me ponía a practicar. A veces cuando el Fer nos miraba yo sentía que se iba achinando cada vez más su mirada, como si sonriera con los ojos.

 

Un día lo llevamos a una presentación de un libro en Paraná. Estaba muy feliz, ansioso y nervioso. Esa hora que separa Santoto de Paraná logramos que disfrute. Leyó poesías y todo el mundo lo miro y lo escuchó cómo quien mira y escucha a alguien que encanta. Un día me dijo que lea “La novela luminosa” de Levrero y su recomendación me caló hasta el centro del corazón. Lloré en una piedra en el sur leyendo su libro “C6-C7”, les leí a mis amigues sus poesías, le mandé otras a él, compartimos películas. Cuando empecé a salir con el Pon me pediste que me porte bien con él. Es mi mejor amigo dijiste. Es un hecho, es amado total e infinitamente tal como lo pediste. Me hiciste reír tanto con tus diarios de viajes.

 

Hace poco le compré una obra. Yo pensé que era un astronauta pero Fer me dijo que la obra se llama “El apicultor” inspirado en Roger Corman. La obra tiene un rayo y colores pasteles. El apicultor es una persona que cuida y mantiene a las abejas melíferas con el propósito de obtener de ellas los beneficios que pueden brindar, siendo el principal de estos la polinización, además de la clásica y ampliamente conocida, producción de la miel, la obtención de polen, cera, jalea real y veneno.

 

Siento ahora que Fer fue nuestro apicultor. Fue un apicultor del mundo. Mis amigues son mis maestros, y Fer fue uno de esos imprescindibles. No se cómo ponerle palabras a estas sensaciones. Todos estos días estuve sintiendo una angustia mezclada con calma. A veces siento que el amor, cuando es muy fuerte, puede lograr cubrir como un manto toda la tristeza del mundo. Fuimos sostén. Lo sostuvimos y él se dejó sostener. Fueron años durísimos pero él nos enseñó de fortaleza. A veces yo por mucho menos me dejaría vencer.

 

Su última internación fue voraz. El 3 de Septiembre lo fui a cuidar. Entré a la habitación y me dijo: “cole colega Palito Ortega. Su penúltimo diagnóstico fue leucemia, como tuve yo, cuando era chica. Habló mucho y me pidió que le apague la luz. Me senté al lado de él, ésta vez no podíamos cantar, no me corrigió ningún texto, solo me dijo: a veces creo que viví muchas cosas feas y que quiero que esos fantasmas se vayan de mí. Una vez me dijiste que nombrar tranquiliza y escribiste que la narración es una forma de verdad. Creo que al decirlo fuera del cuerpo, se cumplió. Después te dormiste, cuando te despertaste te armé los mates, te di un codazo aunque hubiera querido abrazarte con todo lo que soy. Te miré a los ojos, te dije que te quería un montón, me dijiste que vos también, y me fui. Esa fue la última vez que te vi.

 

El otro día te dibujé tocando la guitarra, y te encantó. Pusiste el dibujo de foto de portada en Facebook. Me dijiste “te quiero mucho Pitufina” y esa fue la última vez que hablamos. Éstas casi tres semanas estuviste rodeado del amor. Te acompañamos entre todes. Te dejaste acompañar. Somos como loritos sostenidos por el amor que nos diste en un montón de formas. Siento que la tristeza se va a disipar rápido porque nos queda mucho de vos de éste lado de la vida y sé que también te llevas algo de cada une de nosotres. Nos enseñaste que una narración también es una forma de búsqueda, y escribiste “yo sigo confiando en las formas del relato para apuntar soluciones que sirvan a otros a simplificar el camino hacia la felicidad. Verdad, belleza y felicidad“. A contramano del mundo fuiste Amigo, bello, verdadero y feliz a pesar de todo. El ground del mundo terminó. Terminó y empezó de nuevo con vos, siempre con vos.

 

“Resignación. Re-signación. No suena tan mal. Pienso como será la mía. Hasta ahora mi signo fue el joker, una figura que resiste con humor y se cuela en distintos juegos. Cuando bajo la guardia y me enojo, pierdo; todo se desmorona a mi alrededor, se me vuelve en contra. Tengo que elegir con mucha cautela mi nuevo signo. Los reyes quedan descartados, no sé sostener el poder. La espada me la clavaría a mí mismo. El oro me arrastraría hacía el fondo y yo solo sé nadar en la superficie. El basto me transformaría en un primate violento; la ruina, dadas mis limitaciones físicas. La sota no es un palo, solo un valor. De hecho un 10 perfecto, pero que no paga. Hacerme el sota. Esa es la que va” (“C6-C7”, Fernando Callero).

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