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Domingo 20.09.2020 - Última actualización - 8:23
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Pandemia y salud mental

A seis meses de restricciones, "la tolerancia afectiva está al límite"

El experto en relaciones vinculares Juan Carlos Funes advierte una tensión entre volver a la vida cotidiana y el miedo a contagiarnos o a contagiar. Habla de "lesiones" en la psiquis y cuestiona el "traslado del sentimiento de culpa" de las autoridades a la población. Cuatro riesgos en los que hay que poner el foco.

"El afecto lesionado", uno de los conceptos que expone Juan Carlos Funes como efecto de las medidas dispuestas para evitar contagios por Covid.
Crédito: Pablo Aguirre

"El afecto lesionado", uno de los conceptos que expone Juan Carlos Funes como efecto de las medidas dispuestas para evitar contagios por Covid. Crédito: Pablo Aguirre



Pandemia y salud mental A seis meses de restricciones, "la tolerancia afectiva está al límite" El experto en relaciones vinculares Juan Carlos Funes advierte una tensión entre volver a la vida cotidiana y el miedo a contagiarnos o a contagiar. Habla de "lesiones" en la psiquis y cuestiona el "traslado del sentimiento de culpa" de las autoridades a la población. Cuatro riesgos en los que hay que poner el foco. El experto en relaciones vinculares Juan Carlos Funes advierte una tensión entre volver a la vida cotidiana y el miedo a contagiarnos o a contagiar. Habla de "lesiones" en la psiquis y cuestiona el "traslado del sentimiento de culpa" de las autoridades a la población. Cuatro riesgos en los que hay que poner el foco.

Juan Carlos Funes es Dr. en Psicología y su especialidad son los procesos vinculares, tema en el que basó su tesis doctoral hace más de una década y al que volvió para un Posdoctorado en la Universidad de Rosario. Esta vez sobre las relaciones vinculares en familias afectadas por la violencia. Desde esa perspectiva aborda los efectos de la pandemia por Covid-19 pero particularmente de la principal medida de prevención de contagios, aislamiento o distanciamiento -según el caso- sobre la salud mental de la población santafesina.

 

Funes habla de "lesiones" para referirse a esos efectos. Lesiones que ya estaban en la estructura psíquica de las personas y que podrían agravarse en el actual contexto, y otras que van a emerger cuando pase lo peor de la crisis. Pero apunta además que hay un "traslado del sentimiento de culpa" de las autoridades a la población y que se llegó a un límite en la "tolerancia afectiva". En esta entrevista con El Litoral explica uno a uno estos conceptos.

 

- Se habla del impacto de la pandemia en la salud de las personas; pero ¿cómo inciden sus efectos (aislamiento, restricciones) en las relaciones interpersonales?

- Sin duda que este flagelo es mundial y sin precedentes, y todas las sociedades del mundo intentaron hacer algo para mitigar el impacto que podría tener sobre la salud. En principio las medidas preventivas nacionales, que alcanzaron a nuestra provincia también, fueron acordes porque permitieron que el sistema de salud se pudiera preparar para este flagelo: se equiparon hospitales, la infraestructura creció y se concientizó a la población que asumió en primera instancia que el aislamiento era importante y preventivo. Ahora, ¿qué ocurre seis meses después?

 

Lo que ocurre es que la tolerancia afectiva está al límite y la población no va a cumplir las medidas de aislamiento o de restricción o de retorno a fases anteriores con mayor aislamiento, porque van en contra de esa tolerancia.

 

Tolerancia afectiva se define como los vínculos interpersonales, los que relacionan los afectos en forma primaria con la familia, amistades, grupos de trabajo, y que están siendo lesionados por las restricciones y el aislamiento. Por lo tanto, la primera reacción es volver a una cotidianeidad, al funcionamiento que los vínculos tenían antes de todo esto, más allá de la enfermedad. Es así como se produce una apuesta al riesgo.

 

- ¿En qué se lesiona el afecto?

- Ninguna decisión en salud puede ir más allá de la tolerancia afectiva; quiere decir que de ahora en más las decisiones son políticas y a mi criterio están vacías en su contenido porque no consiguen un aislamiento, pero tampoco una apertura. Y se genera un fenómeno de traslado del sentimiento de culpa. Estas decisiones políticas pretenden que nosotros cuidemos a la población para que la población no se enferme; entonces, si salís y contagiás a alguien, ese contagio puede volver y matar a un ser querido. Eso hace circular un sentimiento de culpa y de responsabilidad en manos de la gente. Y es falso porque el virus no funciona de esa manera.

 

Por otro lado, dentro de las relaciones interpersonales se aprecia otra característica y es que todos tenemos una teoría conspirativa: al no haber una clara conclusión científica acerca de cómo se contagian las poblaciones, todos -en forma subjetiva e individual- generamos una teoría conspirativa o de explicaciones donde no las hay, que tienen un tono imaginario. En principio, pareciera que el virus no respeta sentimientos de culpa ni puede frenarse completamente. Por eso ya no puede hablarse de un programa preventivo porque ese programa terminó.

 

Cómo volver a lo cotidiano

 

Para Funes está claro que "hay una notable lesión sobre las relaciones interpersonales y sobre la psiquis de las personas" y esto se manifiesta en innumerable tipo de demandas. Aquí apunta que un par de semanas atrás, un domingo por la noche, recibió varios llamados de personas con ataques de pánico y crisis de nervios. "La lesión sobre las relaciones interpersonales pone en evidencia indicadores de miedo, angustia y autoreproche. El aislamiento es vivido como un castigo y aquellas personas que tenían una lesión previa la acrecentaron. Y se incrementaron las crisis en los vínculos que estaban atravesando esa situación".

 

Por otra parte," las personas que tienen más resiliencia y flexibilidad para resolver problemas lograron encontrar una solución a esta situación de aislamiento y desarrollaron alguna actividad creativa. Pero, en líneas generales, gran parte de la población está sufriendo esto como una lesión concreta".

 

- ¿Cómo se puede equilibrar la necesidad de protegerse y proteger al resto con la importancia de sostener las actividades cotidianas?

- En este contexto, el afecto intenta volver a lo cotidiano como un mecanismo de defensa, a pesar de la restricción. Ahí se ingresa a un mundo paradójico porque si volvemos a lo cotidiano nos podemos enfermar o podemos contagiar al otro: es como responsabilizarse de algo desmedido. Una de las medidas sanas es el distanciamiento social porque involucra a las personas, les da un margen de libertad para poder llevarlo adelante. Porque entramos en un problema paradójico: si nos quedamos aislados también nos podemos enfermar de tristeza, por ejemplo. La depresión está a la orden del día.

 

La población está tomando sus propias decisiones acerca de volver a lo cotidiano porque las decisiones políticas son vacías: no arriesgan, no sostienen y están basadas en el miedo.

 

Otra de las variantes pasa por el vector económico: Santa Fe se sustenta en gran parte en el comercio, la gastronomía y el cuentapropismo. Si esas actividades quedan abolidas o suspendidas, el efecto que provoca también incide sobre situaciones emocionales y afectivas críticas.

 

- ¿Tendría que haberse dado más espacio a la salud mental desde el comienzo de la pandemia?

- Sin duda que los expertos en salud mental no fueron consultados. Durante mucho tiempo quedó al margen la atención psicoterapéutica cuando la salud mental es, en este momento, una de las aristas más golpeadas en la población. Si hay algo que está dejando este flagelo es una lesión sumamente importante en la salud mental.

 

- ¿Cuál sería la alternativa?

- Se requiere de una decisión política que sea valiente y sin temor. Ya nos preparamos para que venga el enemigo que es este virus. Volver a lo cotidiano con distanciamiento social y con pequeñas restricciones se hace imperioso. Si no, la transgresión ocurre porque se vuelve a lo cotidiano con los riesgos. Ninguna medida preventiva puede ser tomada cuando la tolerancia afectiva está al límite.

 

Cuatro muestras

 

Juan Carlos Funes pone el foco en cuatro problemáticas que se agravaron en el contexto de pandemia:

 

- El crecimiento exponencial del alcoholismo, "con el agravante de que el efecto que produce sobre los vínculos es siempre de deterioro".

 

- El agravamiento o adelantamiento de crisis en parejas, "producto de la convivencia las 24 horas del día más la falta de laboralidad".

 

- La convivencia 24/7 de padres con hijas e hijos pequeños se volvió muy complicada, "además de derivar en accidentes caseros (o domésticos) típicos del desgaste emocional y la falta de actividad concreta como la escuela o el club".

 

- La violencia de género "potenciada por el aislamiento y la convivencia obligada con el agresor".

 

 

"Se pueden destacar como indicadores primarios de malestar el miedo y la culpa: el miedo de contagiar al ser querido más que de contagiarse, y ser culpable de que algo le ocurra a ese ser querido. Creo que esto se debe a las malas decisiones políticas" Juan Carlos Funes.

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El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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Autor:

Nancy Balza


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