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Miércoles 30.09.2020 - Última actualización - 16:50
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Tribuna de opinión

Grandes clásicos de la divulgación científica

Stephen Hawking. Crédito: Archivo El LitoralStephen Hawking.
Crédito: Archivo El Litoral

Stephen Hawking. Crédito: Archivo El Litoral



Tribuna de opinión Grandes clásicos de la divulgación científica

Claudio H. Sánchez *

 

 

Para la mayoría de la gente, la idea de "libro de ciencia" remite a libros de texto, de contenido técnico, como los manuales de física o de química que usamos en la escuela. Pero un libro de ciencia también puede ser de divulgación, donde esos mismos contenidos están expresados en un lenguaje más simple, al alcance de los no especialistas.

 

La divulgación científica forma parte de una larga tradición literaria que incluye obras como El origen de las especies, de Charles Darwin, o los Diálogos sobre dos nuevas ciencias, que Galileo Galilei escribió en italiano de la gente común y no en el latín académico de sus colegas científicos. El género alcanzó su madurez en la segunda mitad del siglo XX, gracias a autores como Isaac Asimov, Carl Sagan o Stephen Hawking. Pero, antes de ellos, hubo otros divulgadores que nos dejaron grandes clásicos. Entre ellos: Yakov Perelman, George Gamow y J. B. S. Haldane.

 

Física recreativa, de Yakov Perelman

 

Yakov Perelman fue uno de los divulgadores científicos más populares de la Unión Soviética. Nació en Grodno, entonces en el Imperio Ruso, en 1882. Aunque estudió ingeniería forestal, su vocación eran las ciencias en general y su divulgación. A los diecisiete años publicó su primer artículo: En espera de la lluvia de fuego, donde explicaba la lluvia de estrellas de las Leónidas quitándole el significado apocalíptico que el fenómeno tenía para mucha gente en esa época. En 1901 comenzó a colaborar con artículos similares en la revista Naturaleza y Pueblo.

 

Escribió numerosos libros: Física a cada paso, ¿Sabe usted Física?, Aritmética recreativa y, especialmente, Física Recreativa, su obra más conocida. Publicado en 1913, el libro trata una variedad de temas de ciencia popular: el movimiento continuo, la física de las pompas de jabón, las ilusiones ópticas, el comportamiento de los espejos o la dilatación de los cuerpos. Muchos de estos temas están planteados en forma de paradojas o acertijos e ilustrados con pasajes de las obras de Julio Verne, H. G. Wells, Mark Twain y clásicos rusos como Gogol, Pushkin o Lomonósov

 

En 1914 escribió un capítulo adicional de De la Tierra a la Luna donde explica cómo es desayunar en un ambiente de ingravidez, algo que Julio Verne describe incorrectamente. Este artículo luego fue incorporado a un segundo volumen de Física Recreativa.

 

Yakov Perelman murió en 1942, durante el sitio de Leningrado. Pero sus obras siguieron publicándose, actualizadas por un equipo de redactores, y suman centenares de ediciones en todos los idiomas.

 

Uno, dos, tres… infinito, de George Gamow

 

George Gamow fue un físico nacido en Ucrania en 1904 y emigrado a los Estados Unidos en 1934. Sus investigaciones cubren una amplia variedad de temas como la emisión de partículas alfa, la estructura del ADN y el origen del universo. Es autor, junto con Ralph Alpher (uno de sus estudiantes) de un trabajo donde se explica el origen de los elementos químicos como consecuencia del Big Bang. Cuando el texto se publicó, ambos convencieron a su colega Hans Bethe de que agregara su firma como autor, aunque Bethe no había participado de la investigación. La idea era que la firma de los tres científicos (Alpher, Bethe, Gamow) representara el alfa, beta, gamma de la creación.

 

Gamow destacó también como divulgador de la ciencia. Es conocido por Las aventuras de Mr. Tomkins, un personaje que sueña con universos imaginarios cuyas leyes son distintas a las del nuestro. En esos sueños, el protagonista experimenta los efectos de la relatividad o de la mecánica cuántica en una escala que no percibimos en nuestro universo normal.

 

Uno de sus libros más importantes es Uno, dos, tres… infinito, publicado en nuestro idioma en 1948, la editorial Espasa-Calpe. Dedicado a su hijo, "que quería ser un cowboy", el libro resume los aspectos más importantes del conocimiento científico del momento. Gamow desarrolla temas como los números primos, los infinitos, las propiedades del espacio, la estructura del átomo, o la genética.

 

Aunque con el paso del tiempo algunas de las explicaciones de Gamow quedaron desactualizadas, Uno, dos, tres… infinito sigue siendo uno de los grandes clásicos de la divulgación científica.

 

La ciencia y la vida cotidiana, de J. B. S. Haldane

 

John Burdon Sanderson Haldane fue un biólogo británico nacido en 1892. A los 45 años de edad comenzó a publicar artículos de divulgación en el Daily Worker, un diario londinense vinculado al partido comunista. Haldane consideraba que, como la ciencia afecta la vida cotidiana de la gente, el conocimiento científico en poder de una élite es uno de los instrumentos de dominación que esa élite ejercía sobre las clases bajas. Y que el pueblo debía tener conocimientos científicos básicos para tomar mejores decisiones y oponerse a esa dominación.

 

Los artículos del Daily Worker fueron recopilados más tarde en el libro La ciencia y la vida cotidiana. Existe una edición argentina, de 1948, publicada por la editorial Futuro y que todavía puede encontrarse en algunas librerías de viejo.

 

El libro cubre un gran espectro de temas, como la alimentación, las enfermedades laborales, la agricultura y la astronomía. Son especialmente interesantes algunas cuestiones que eran novedades cuando los artículos fueron escritos, como el descubrimiento del celacanto, un pez que se creía extinto y que conserva características de la época de los dinosaurios.

 

Uno de los detalles más curiosos del libro es la devoción que Haldane muestra por el comunismo, en general, y por el régimen soviético, en particular. Aunque tenía origen aristocrático, Haldane fue miembro del partido comunista y participó en la Guerra Civil Española del lado de los republicanos. En sus artículos no desaprovecha ninguna oportunidad para elogiar el progreso soviético en temas como la liberación de la mujer, el desarrollo de la ciencia o la organización de las granjas colectivas.

 

Algunos de los comentarios políticos de Haldane rozan el fanatismo. Al hablar del control de la natalidad señala que "si pudiéramos abolir la desocupación, como lo han hecho los soviets, casi seguro que se elevaría nuestra proporción de nacimientos". Sobre la gastritis, sostiene que él la padeció durante 15 años "hasta que leí a Lenin y otros escritores, que me mostraron el mal de nuestra sociedad y cómo curarlo. Desde entonces, no necesité más magnesia". En el caso de los eclipses, afirma que el último tendrá lugar dentro de algunos millones de años "cuando el capitalismo será una tradición del pasado remoto y que solo estudiarán algunos especialistas en historia".

 

Sobre el final de la Segunda Guerra Mundial, comenzó a dudar de las bondades del régimen soviético. En 1950 renunció al partido comunista aunque siguió admirando a Stalin. En 1956, descontento con la actitud británica durante la crisis del canal de Suez, emigró a la India, donde murió en 1964.

 

Vistos desde el siglo XXI, los comentarios políticos de Haldane pueden parecer ingenuos y fuera de lugar en un texto de ciencia, pero los artículos que componen La ciencia y la vida cotidiana dan una descripción muy amena de una gran cantidad de fenómenos científicos de nuestra vida diaria.

 

* Docente y divulgador científico

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El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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