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Lunes 12.10.2020 - Última actualización - 20:15
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Por Bibiana Degli Esposti

Pero qué linda te ves…

 Crédito: Archivo El Litoral
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Por Bibiana Degli Esposti Pero qué linda te ves… Hay que cambiar la educación, no demoler las escuelas… Hay que avanzar en los feminismos sin boicotear lo ya ganado.

Cada disciplina tiene un recorrido hasta que una noción deviene concepto. Cuando no podemos hacer de cada cosa una fórmula hecha de letras, corremos un riesgo: como el concepto es una palabra, se pone a circular, no hay modo de impedirlo, y pasa a usarse de manera corriente, desvirtuando el campo al que dicho concepto debe aplicarse.

 

Hoy el riesgo se corre alrededor de diversas violencias: abuso, acoso, violencia de género. Son conceptos objeto de estudio de varios campos, nombran delitos, nombran condenas, víctimas y victimarios. Nombran supuestas patologías del victimario, y acarrean patologías en las víctimas, difíciles, difíciles de nombrar, difíciles de indagar.

 

La banalización es un daño agregado tremendo. Partamos de algo que vale especialmente para abuso y para violencia de género. Para poder diagnosticar estas dos situaciones, no se puede obviar que es necesario que haya asimetría. Un adulto (padre, profesor, cura o mentor) acomete sexualmente a su hijo o hija, alumno, feligresa, discípulo. Eso es abuso sea porque ocurre de un mayor a un menor, sea porque una alumna (aun sea mayor de edad) está en posición asimétrica respecto del ejercicio del poder, sea porque un creyente cree que su cura es un ser moralmente intachable y él abusa traicionando la confianza recibida.

 

Y cuando en una pareja un hombre violenta a una mujer, aunque tengan la misma edad, hay asimetría por el trabajo previo de sometimiento de manera sistemática, empobreciendo el Yo de esa mujer, quitándole todo poder a su palabra mediante insultos, gritos y/o golpes que instalan un miedo permanente y el miedo permanente, debilita, empequeñece y entonces el maltratador ejerce su violencia desde un lugar de superioridad previamente abonada, construida a conciencia, a conciencia de perverso.

 

Estos párrafos vienen trabajándose desde hace tiempo. Entonces, asimetría no es una palabra del diccionario, sino un instrumento para poder diagnosticar estas situaciones y así enseñamos y usamos. Pero en la vida antes de la pandemia, habían comenzado los alumnos y alumnas de secundaria a mostrar con sus voces y sus denuncias, otras formas que esos estudios previos no lograban impedir. Bienvenidas denuncias y su consecuente pérdida de miedo, muchos alumnos denuncian el abuso de sus profesores, sea en actos violentamente sexuales, o en el uso sexista del lenguaje. Nos anoticiamos de cosas que estaban a la vista y que no se veían por estar naturalizadas.

 

Si una mujer está desarrollando una idea en voz alta y es interrumpida por un "pero qué linda te ves cuando te ponés seria", eso es un puro golpe para sacarla del eje y de la competencia. El piropo naturalizado como algo bonito que se entrega a alguien, es violento fuera de un juego sexual o sensual consentido. Es violento porque produce una disrupción ni esperada ni consentida. Si un profesor alude a la remera de su alumna, la metonimia de remera a teta es mínima pero de amplia grosería y sexualiza una situación, es una conducta abusiva.

 

Al hilo de las denuncias de violencias de mayores contra menores, apareció un abanico de conductas inter pares que merecen atención. Estos jóvenes son la próxima generación adulta y señalan desde otra edad que el brazo patriarcal se ejerce siempre y es lícito y esperanzador que haya cuestionamiento inter pares. Pero, como toda nueva situación llamada a cambiar un paradigma conceptual y conductual de la sociedad, hace uso y abuso de los conceptos. Denunciando el acoso a veces se propician otros y esto me parece delicado.

 

Pasar del escrache a los genocidas al escrache de los compañeros y compañeras por una denuncia que da lugar a una lista que tiene hasta coordinador de lista, es algo que les tocará revisar porque no se puede pasar así nomás de escrachar el terrorismo de Estado a escrachar a alguien que siendo listado, ya poca opción le queda para su defensa. Eso es violencia. Todo cambio de semejante envergadura no puede no cometer errores. Les tengo confianza, el tiempo juega de su parte.

 

Serán les/sus sociólogues los que intenten conceptualizar este momento. Pero desde la clínica, desde nuestro micro espacio de intimidad donde une adolescente viene a contar lo que pasa, podemos ver otras cosas y es necesario verter este aporte para pensar. A estos hombres, mujeres y no binarios que serán, hoy que crecen, les toca la tarea de descubrir las nuevas alegrías que su cuerpo puede darles, que sus cuerpos pueden darse y también, porque ésta es su época, les toca entender y muchas veces modificar, supuestos saberes aprendidos que deben deconstruirse, ese es el termino de moda, para poder construirse en su diferencia y trabajar por la igualdad de género, de derechos y el derecho al goce de su cuerpo en igualdad de derecho al goce.

 

"No es No", me parece un sintagma bien hallado, bien producido, porque a su amparo, podrán decir "no" más fácilmente. Y poder decir "no" cuando no quiero, o cuando aun no puedo, es una ganancia de sentido y de vida que de momento es inconmensurable, pero que producirá cambios entusiasmantes, porque desde el psicoanálisis podemos agregar que cuando no puedo decir un no, tampoco se sabe fácilmente cuando el sí es genuino o simplemente temor o costumbre.

 

Lo novedoso es pasar de denunciar a deconstruir las masculinidades, las femineidades, los mandatos reproductivos y de fidelidades. Pero no es nuevo el término deconstruir. Lo recuerdo porque a veces se pierden los matices y deconstruir es sinónimo de destruir. Hay que cambiar la educación, no demoler las escuelas… Hay que avanzar en los feminismos sin boicotear lo ya ganado.

 

Salto en el cierre con un ejemplo tan gracioso como peligroso sobre el abuso del uso del término de abuso: "Veganos separan a los gallos de las gallinas para 'evitar abusos'". Título de un artículo en Sociedad de La Nación. Ojo al parche. Almas Veganas es un "colectivo antiespecista, transfeminista y libertario que lucha por la liberación animal y de la tierra, según se autodefinen en su cuenta de Twitter". Si bien van a coincidir con las, los y les jóvenes citados anteriormente por el lado de:

 

"Nosotres hablamos con la e porque sabemos que el género es mentira. No creemos en el binomio hombre mujer y les persones humanes son muy diversas y queremos incluirles a todes". Luego y como si hablaran de lo mismo aseguran que tuvieron que separar a los gallos de las gallinas "porque no queríamos que las violaran". "Los huevos son de las gallinas. Nosotres les devolvemos sus huevos porque son suyes". #huevosesesclavitud. Me río pero si sigue, lloro.

 

(*) www.aprescoupsp

"No es No", me parece un sintagma bien hallado, bien producido, porque a su amparo, podrán decir "no" más fácilmente. Y poder decir "no" cuando no quiero, o cuando aun no puedo, es una ganancia de sentido y de vida.

Deconstruir no es un término nuevo. Lo recuerdo porque a veces se pierden los matices y deconstruir es sinónimo de destruir. Hay que cambiar la educación, no demoler las escuelas… Hay que avanzar en los feminismos sin boicotear lo ya ganado.

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