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Domingo 25.10.2020 - Última actualización - 9:58
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COLÓN / Claudio Chena y sus historias con el club...

Chena: "¡Ojalá te hayan quebrado!' le gritaron a Cardetti y no fui más a la cancha"

"Jugando para Colón no me pude comprar ni siquiera un auto, me fallaron con una casita cerca del Hipódromo y el día que me fui le tuve que pagar al club para que me den el pase cuando hacía casi dos años que estaba sin contrato", recuerda el "Gordo".

Posando junto con Daniel Wermer y su compadre, Cototo Balbuena. Los tres salieron de las inferiores de Colón. Crédito: El LitoralPosando junto con Daniel Wermer y su compadre, Cototo Balbuena. Los tres salieron de las inferiores de Colón.
Crédito: El Litoral

Posando junto con Daniel Wermer y su compadre, Cototo Balbuena. Los tres salieron de las inferiores de Colón. Crédito: El Litoral



COLÓN / Claudio Chena y sus historias con el club... Chena: "¡Ojalá te hayan quebrado!' le gritaron a Cardetti y no fui más a la cancha" "Jugando para Colón no me pude comprar ni siquiera un auto, me fallaron con una casita cerca del Hipódromo y el día que me fui le tuve que pagar al club para que me den el pase cuando hacía casi dos años que estaba sin contrato", recuerda el "Gordo". "Jugando para Colón no me pude comprar ni siquiera un auto, me fallaron con una casita cerca del Hipódromo y el día que me fui le tuve que pagar al club para que me den el pase cuando hacía casi dos años que estaba sin contrato", recuerda el "Gordo".

-¿Qué le falta a Colón para ganar un título?

-Lo de Paraguay fue la presión... Fue presión para Colón y no presión para ellos... El partido fue atípico, pero desde el primer momento fue más Independiente del Valle... Y creo que nos dábamos como campeones y eso produjo exceso de confianza.... Todo mal... No es fácil jugar con la adversidad. En cualquier partido, te hacen un gol a los 3 minutos y te empiezan a putear todos... Ahí debe salir el temple del jugador. Encima, ellos se agrandaron... ¡Y nadie se dio cuenta que había que marcar a Pellerano!... ¡Es un veterano que está jugando y nadie se dio cuenta de apretarlo un poco más de cerca!... Fue una falta de respuesta a la adversidad.

 

-¿Tendrá una nueva oportunidad?

-¿Como esta de Paraguay?... ¡Difícil!... Hay clubes que pueden comprar al "marciano" que quieran... La grieta económica es grande.

 

-Vos surgiste de abajo y con un montón de compañeros que llegaron y sufrieron lo mismo. ¿Es complicada así la pertenencia?

-Cuando un club trae jugadores de afuera, los tienen que poner, es para ponerlos... Y el pibe del club debe saber que en 10 o 15 minutos tiene que mostrar todo... Yo le digo a los chicos que quedan libres que no se termina el mundo. Podés explotar en otro lado, por ahí no es el momento justo... Y te tiene que ayudar el equipo... ¿Quién no juega bien en River?... ¡Y mirá que yo simpatizo con Boca, pero lo veo y a veces me dan más ganas de ver el Chavo del 8! (risas).

 

-¿Y Vignatti?

-Cosas buenas y cosas malas como todos los dirigentes... Yo nunca más fui a la cancha ni pisé el club, salvo cuando hace 10 o 15 años y lo iba a ver a mi hijo... Hay que agradecerle muchas cosas que hizo, pero en otras no se maneja bien... Es como la ley de la vida o la política del país... Perfecto no hay nadie.

 

-¿Por qué no fuiste más a la cancha?

-Mirá, yo iba a ver a Boca... En realidad, a Riquelme, porque era muy fanático de él... Una vez fui a ver un partido, que no era contra Boca. Estaba en la platea este y le pegan una patada a Cardetti, que jugaba para Colón... Entonces, el tipo de atrás se para y le grita: "¡Ojalá te hayan quebrado y no juegues más al fútbol, hijo de puta!"... Me dí vuelta y lo miré nomás... No lo toleré... ¿Qué estoy haciendo yo acá?, fue lo primero que pensé... Así que ahora disfruto de jugar los fines de semana al fútbol o de jugar a las bochas con el alemán Wallemberg... El Moncha Ponce me hace reir porque me dice: "Gordo, vos tenés los amortiguadores rotos... Jugaste con un montón de gente, ¿cuántos años tenés, Gordo?"...

 

-¿Te fuiste mal de Colón?

-En el '86 me opero la rodilla, yo estaba jugando sin contrato, por el 20 por ciento... Había hablado con Julio González, que manejaba el fútbol y me pidió 5.000 pesos para quedar libre porque me quedaban cinco meses de contrato... Entonces, mi viejo le da un cheque y me dan el pase... Tenía que conseguir la plata para cubrir el cheque... Primero me probé en Gimnasia y quedé, pero fui a la sede y los dirigentes no aparecieron... Estaba en la casa de Copito Andrada y llaman de Talleres... Me fui a la Terminal de La Plata y me tomé el micro... En Talleres me pagaron 5.000 para cubrir el cheque y me dieron documentos por otros 8.000 con los que me compré un Dodge 1500, mi primer auto... En los diarios se publicó que me habían vendido.

 

-¿Ni un auto te pudiste comprar en Colón?

-Nunca agarré una prima en cinco años... Me acuerdo que Victorino me decía: "Nene, no me tengas envidia, vas a ir a otro club y vas a cobrar"... Y mostraba el diente de oro y los zapatos caros que tenía... Pero yo era el que jugaba... El tipo era franco... Me acuerdo que Batata Merlo me decía: "Guacho, mirá las condiciones que tenés, entrenáte... Mirá lo que soy yo y todavía estoy jugando...". Tuve muy buenos compañeros, como Zavagno, Orlando Medina, Lapalma, Buttice...

 

-¿Y alguna casita, al menos?

-¡Ni ahí...! Mirá, en el 85 nació Natalia, mi hija y yo quería vivir solo... Fui a ver una casa en Pasaje Madeo al 1100, atrás del Hipódromo... Los dirigentes le dijeron a la inmobiliaria que la iban a pagar en cuotas... ¡Y hasta el día de hoy estoy esperando!... Imagináte la ilusión que tenía... ¡Le hubiese firmado por diez años a Colón!... No fueron nunca a firmar... Terminé libre... Pero bueno, me quedo con lo otro que viví en el club... El otro día me puse triste por lo de Aricó... Cada vez que había un tiro libre, la gente se paraba porque era medio gol... Y pasaba Trapito vendiendo caramelos o esos pastelitos que vendían a un costado de la tribuna... ¿Querés que te cuente algo?

 

-A ver...

-A mi siempre me gustó la cumbia y por eso, desde los 14 años iba a Centro Gallego... ¡No sacaba a bailar ni a la Batocletti...! (risas)... Nadie me daba bola... Un día jugamos con Estudiantes de Buenos Aires, en cancha de ellos, ganamos 3 a 2... Casaccio hace un gol y yo salgo gritando por atrás del arco y el fotógrafo de El Litoral me saca la foto a mí y sale publicada... Imagináte... ¡A partir de ahí era rubio de ojos celestes en el baile! (risas).

 

-Dejaste de jugar a los 28 años, ¿te deprimiste?

-Me fue desgastando tanta lucha con mi rodilla... Después de cada partido me tenía que sacar el líquido sinovial de la rodilla... Me cansé de tanta jeringa... Tuve la suerte que las operaciones me las hicieron Fernández Schnoor, otra el doctor de Morón y dos Carlitos Rezzett, excelente persona... Por eso, quizás, hoy puedo seguir corriendo y jugando.

 

-La última. Si tuvieses la posibilidad de elegir a alguien que entre por esa puerta para que puedas darle un abrazo, esté o no esté en este mundo. ¿Quién elegís?

-Maradona... Y con esto no quiero decir que sea mejor que Messi... Pero él nos abrió las puertas para todos los que alguna vez pudimos jugar en el extranjero...

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El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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Autor:

Enrique Cruz


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