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Lunes 26.10.2020 - Última actualización - 27.10.2020 - 8:42
12:33

Vecinos temen que se desate una tragedia

Madre e hijo mantienen violento conflicto en edificio residencial

Existen múltiples denuncias cruzadas ante la justicia. El 911 acude al lugar con frecuencia para calmar las aguas, pero ningún organismo pone punto final a la confrontación, que lleva más de un año.

 Crédito: Flavio Raina.
Crédito: Flavio Raina.

Crédito: Flavio Raina.



Vecinos temen que se desate una tragedia Madre e hijo mantienen violento conflicto en edificio residencial Existen múltiples denuncias cruzadas ante la justicia. El 911 acude al lugar con frecuencia para calmar las aguas, pero ningún organismo pone punto final a la confrontación, que lleva más de un año. Existen múltiples denuncias cruzadas ante la justicia. El 911 acude al lugar con frecuencia para calmar las aguas, pero ningún organismo pone punto final a la confrontación, que lleva más de un año.

La llegada de una madre de 65 años y su hijo de 32 cambió para siempre la tranquilidad de un tradicional consorcio residencial del microcentro santafesino. Llegaron desde el sur del país, en busca de un tratamiento para el muchacho que padece hiperacusia, pero lejos de encontrar paz y armonía, desde hace más de un año se mantienen en pie de guerra con la administración del complejo -por la vía legal- y con los vecinos más próximos -por la violencia-.
 

Habitan un departamento del último piso del edificio Aranjuez, que está en la esquina de San Martín y Moreno, por el cual tienen en marcha un juicio por desalojo.

 

Como sucede en estos casos, ante las reiteradas denuncias cruzadas que caen en saco roto en las esferas de control, unos y otros acudieron a la Redacción de El Litoral en busca de un interlocutor que amplifique sus reclamos.

 

La primera en comunicarse fue la señora Elba M. quien junto con su hijo Matías M. hizo un relato fantasmagórico de sus vivencias.

 

“Me vine al lavadero a ver si puedo hablar”, afirma Elba bajando la voz, dando por sentado que “las paredes oyen”. “Todo comenzó cuando empecé a quejarme con los vecinos para que dejen de ‘explotar’ las puertas”, pero “la gente no quiere cambiar de actitud”, se lamenta.

 

 

Por contrapartida, los vecinos aseguran que los reclamos son tan desopilantes, que una vez se quejaron del chirrido “de un grillo que estaba en la planta baja” y se escuchaba desde el noveno piso.

 

Para justificarse, la mujer introduce la patología que presenta su hijo Matías: “Tiene una hiperacusia severa, escucha un 70 % más que una persona normal”, cuenta. “Tiene los oídos destrozados, es terrible lo que hacen los vecinos”, acusa.

 

Taladros y televisores

 

Según un contrato de alquiler que exhibe, se instalaron el 9 de septiembre del año pasado y con el correr del tiempo “la cosa se fue agravando” a punto que Matías “duerme con auriculares”.

 

Alude “golpes en las paredes”, “el ruido de un taladro o de televisores” y el “sonido del ascensor” que, a cierto horario, son comunes a cualquier consorcio. Sin embargo, agrega: “la persona de abajo tira hierros y pelotas al techo”. Por esa causa, “salimos todo el día” y “con la pandemia andamos en la calle. Esto no es vida”, asegura.

 

Hace un par de semanas atrás, Elba contó que “un día cuando volvimos -al edificio- de una de nuestras salidas, nos encontramos con que habían cambiado la cerradura de la puerta principal y no nos dieron copia” y que tuvieron que ingresar “por una puerta de servicios”.

 

 

Carta de lectores

 

En paralelo, otra vecina hizo llegar una carta de lectores en la que expresa la “indignación que produce la inacción de la justicia”. En la nota llama “intrusos” a los vecinos con los que mantienen el conflicto y da cuenta de las innumerables llamadas al 911: “en el Comando y en la comisaría 1ra nos conocen porque vivimos llamándolos”, destaca, pero desafortunadamente luego no tiene consecuencias.

 

En charla con otros vecinos hay quienes aseguran haber presenciado verdaderas palizas en plena calle propinadas por parte del hijo a su madre; también el ataque con gas pimienta de la mujer para con un abogado que tiene su bufete en la planta baja; y que cada vez que llega la policía el muchacho sólo atina insultarlos diciéndoles “negros de mierda”.

 

Por si fuera poco, fuentes anónimas hicieron llegar a la Redacción las cámaras de seguridad del edificio, las cuales dan claras muestras de la ira desatada por el joven contra las puertas y paredes de vecinos; y se la puede ver a la mujer incitándolo y hasta colaborando en las agresiones.
 

La pregunta de los vecinos queda flotando: “¿Qué están esperando, un hecho de sangre?”.

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El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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