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Lunes 09.11.2020 - Última actualización - 8:23
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El imaginario legado de un abuelo a su nieto...

Cuida, mi niño, esa pasión que no tiene límite ni sabe de derrotas

Desde el silencio de la eternidad, los "gritos" de los que ya no están y supieron en su tiempo contarles a hijos y nietos cómo se construyó la historia de Colón, se oyeron bien fuerte para estar de alguna manera con ellos ese 9 de noviembre en la lejana Asunción y en una gesta incomparable y para todos los tiempos.

La foto que testimoniará para todos los tiempos lo que pasó hace un año en la final de la Conmebol Sudamericana en Asunción del Paraguay. Faltaba todavía un rato largo para empezar el partido... Y se venía la tormenta. Crédito: Fernando NicolaLa foto que testimoniará para todos los tiempos lo que pasó hace un año en la final de la Conmebol Sudamericana en Asunción del Paraguay. Faltaba todavía un rato largo para empezar el partido... Y se venía la tormenta.
Crédito: Fernando Nicola

La foto que testimoniará para todos los tiempos lo que pasó hace un año en la final de la Conmebol Sudamericana en Asunción del Paraguay. Faltaba todavía un rato largo para empezar el partido... Y se venía la tormenta. Crédito: Fernando Nicola



El imaginario legado de un abuelo a su nieto... Cuida, mi niño, esa pasión que no tiene límite ni sabe de derrotas Desde el silencio de la eternidad, los "gritos" de los que ya no están y supieron en su tiempo contarles a hijos y nietos cómo se construyó la historia de Colón, se oyeron bien fuerte para estar de alguna manera con ellos ese 9 de noviembre en la lejana Asunción y en una gesta incomparable y para todos los tiempos. Desde el silencio de la eternidad, los "gritos" de los que ya no están y supieron en su tiempo contarles a hijos y nietos cómo se construyó la historia de Colón, se oyeron bien fuerte para estar de alguna manera con ellos ese 9 de noviembre en la lejana Asunción y en una gesta incomparable y para todos los tiempos.

 

* El abuelo formaba parte de un recuerdo tan querido como cualquiera de aquéllos que se forjan y crecen en la niñez; son los que resultan imposibles de olvidar. Como un ángel guardián, velaba desde la eternidad por aquél nieto que había heredado de él su corazón generoso, sincero, honesto y sabalero. Aquél 9 de noviembre, ese abuelo que a aquél niño besaba con ternura y amor en la frente y que vio crecer entre esas calles humildes pero llenas de amor de un barrio cualquiera, corriendo detrás de la pelota y luciendo orgulloso esa camiseta rojinegra que él mismo le regaló aquella Navidad, descendía imaginariamente para volver a acariciarlo y a besarlo, como si el tiempo hubiese retrocedido y se hubiese detenido en esa candidez e inocencia de los años felices de la infancia.

 

* Levanta la frente mi niño eterno… El cuerpo erguido, el pecho henchido, la voz firme, el paso seguro… No importa que el alma esté rota por un rato y el corazón hecho añicos… No importa… Gritále a todos que el corazón tiene razones que la propia razón no entiende. Mostrále, a tus hijos, cuando los tengas y a tus nietos, cuando te hagan tan feliz como me hiciste a mí, esa foto aérea de Fernando Nicola minutos antes de empezar el partido. Deciles que no es la cancha de Colón. Explicáles que es un estadio ubicado en otro país, a casi 1.000 kilómetros y al que le llaman "La Nueva Olla". Dejáles en claro que la llenaron, que poblaron las calles de Asunción del Paraguay con mucha algarabía y enorme respeto, que los mismos paraguayos comenzaron a extrañarlos cuando iniciaron el camino de regreso a casa, que se fueron hasta en bicicleta… ¡1.000 kilómetros en bicicleta…! que vendieron lo poco que podían y tenían para vender y así juntar los mangos necesarios; que quizás no comieron, que se mojaron hasta enfermarse, porque la temperatura bajó de los más de 40 a los bastante menos de 20, que brindaron un espectáculo supremo, único, inédito para la Argentina. Deciles que lo compararon con un grande como Racing y en un partido, el de ellos, por una final del mundo en aquella gesta del Centenario de Montevideo frente al Celtic en el 67, que alguna vez te conté; y aclaráles también que le ganaron, que fueron más hinchas de Colón en Paraguay que los de Racing en Uruguay… Por si alguno te pregunta: nadie, ningún club, ninguna hinchada, movilizó tanta gente de un país al otro como lo hizo Colón aquél 9 de noviembre de 2019. Te lo firma tu abuelo.

 

* Mostráles esa foto y deciles que estuviste ahí. Y pediles algo: que a esa foto y a esas palabras las vayan transmitiendo de generación en generación, como lo hizo tu padre con vos y antes yo con él. Deciles que desde el cielo te acompañé, que te guié, que también estuve con vos ahí, en tu alma, en tu espíritu, en tu recuerdo… Deciles que me metí bien adentro de tu corazón, que grité por Colón como vos y que te sequé esas lágrimas en las derrotas como lo hacía cuando eras niño, tus padres te retaban y venias a mi regazo en busca de un consuelo que siempre encontrabas… Decile que a esas lágrimas no las secaron ni tus propias manos, ni el viento, ni algún pañuelo que haya quedado inmune milagrosamente al temporal; a esas lágrimas tuyas y de tantos sabaleros las secamos esos padres o abuelos como yo, que allá en el cielo miraban el espectáculo colosal, fantástico, impactante, deslumbrante que hizo abrir la boca de admiración, respeto, emoción y reconocimiento a Sudamérica y al mundo también. Nosotros bajamos por un instante, volvimos a besar sus frentes, secamos esas lágrimas y, aunque ustedes no se hayan dado cuenta, volvimos a decirles: "Te amo". 

Cualquier medio de movilidad, hasta la bicicleta, sirvió para que 40.000 hinchas de Colón invadieran las calles de Asunción.Foto: Mauricio Garín

 

* ¿Te acordás cuanto te conté aquél día que se inauguró el estadio, humilde, en ese 1946 lejano e incierto?, ¿Te acordás de las anécdotas de esa tarde de la colosal victoria ante el Santos de Pelé con el gol del Ploto Gómez que tantas veces me hiciste contar?, ¿te acordás cuando te imaginaste el gran carnaval de fin de año en el ascenso del equipo de los uruguayos en el 65?, ¿te acordás cuando aprendiste sentado en mi falda aquél himno que tanto nos emocionaba cantar, ese que arrancaba diciendo "vayan pelando las chauchas..."?, ¿te acordás cuando te conté que fui uno de los tantos que fue al obelisco la noche que los porteños no entendían lo que estaba pasando, cuando Colón dejó afuera de la Copa nada menos que al mismísimo Independiente, el Rey de Copas, en la cancha de Lanús?

 

 

* Deciles a tus hijos y nietos que la herencia que les vas a dejar puede ser mínima desde lo material, pero enorme desde el sentimiento. Deciles que en esa foto están ustedes y que en esa foto está todo. Explicáles que hay que querer así, sin barreras y sin reproches; sin límites, a corazón abierto, aunque les duela en el alma. Como yo lo hice con vos.

 

* Explicáles que en la cancha hubo un equipo que hizo lo que pudo ante otro que fue superior y que le ganó bien. Que justamente el destino quiso que el más querido, el más amado, el que venía al galope en búsqueda de ese sitial de honor exclusivamente reservado a elegidos como el genio de Cococho Alvarez, la Chiva Di Meola, el Loco González o el inconmensurable Bichi Fuertes, justamente él, ese muchacho que nació tan humilde como muchísimos de esos que llenaron de pasión a La Nueva Olla, tuvo la desdicha de que le pase lo que nunca pasó: que el Pulga Rodríguez erre un penal en un momento clave del partido, que le podría haber dado la chance del milagro.

El desbande de globos rojinegros cuando la tormenta ya se había convertido en un suplicio para todos.Foto: Mauricio Garín

 

* Respira hondo, bien profundo, no dejes que las lágrimas y la emoción te corte la garganta; y seguí. Deciles que hubo gente que pidió días en el trabajo pero que hubo otros que se escaparon, que dejaron todo, que no les importó nada. Ellos querían sólo una cosa: dar la vuelta. Era una ilusión que no sabía de cuestiones futboleras, de análisis sesudos, de realidades de juego que no se querían ver. Era el movimiento de la pasión, del corazón. El mismo movimiento que provocó admiración en aquella tarde de junio de 1993, cuando se llenó el estadio Córdoba en otra prueba cabal de ese amor incondicional y que no sabe de barreras.

 

* Y seguí: contáles que la gente explotó y lloraba cuando Los Palmeras arrancaron con ese "No hace falta que me digan que soy raza…". Y que también lloraron cuando el permisivo Raphael Claus, el árbitro del partido, pitó el final de esa final histórica. Fue el segundo de tristeza, que enseguida se convirtió espontáneamente en una reacción correspondida con los dictados del corazón: el aplauso del reconocimiento para esos jugadores que en la cancha hicieron lo que pudieron. En el dolor de la derrota, afloró el orgullo de saber que hay un mañana, que nada se terminó con el silbato final de Claus, que lo de aquél sábado debe ser un tropezón para volver a levantarse, como ya el sufrido Colón lo hizo tantas veces y lo seguirá haciendo. Ningún hincha de Colón huirá de su sentimiento, lo sacará relucir todas las veces que necesite aunque la derrota les duela en lo más profundo del alma.

 

La euforia previa y esa caminata llena de anécdotas y recuerdos hacia el estadio.Foto: Carolina Niklison - agencia efedos

 

* Leeles a tus hijos y a tus nietos este regalo que alguna vez te hice de un querido amigo, Juan Carlos Romano, que dejaba este poema para todos los tiempos: 

 

* "Naciste como una necesidad de fiesta para gente humilde.

Te trajo Dios para ser sentimientos y gritos de niños sin juguetes, pobladores de un mundo sin fantasías, de comida escasa de convivencia dura y de una esperanza de eterna espera.

Ese Dios eligió tus colores y te dio el negro del sufrimiento de tu clase y te dio el rojo de pasión y garra para levantarte en cada caida.

Por eso Colón, mientras exista una casa con sabores a cosas cotidianas, donde tu bandera sangre y luto se mueva

al compás del viento y de la vida... TU NOMBRE NO MORIRÁ JAMÁS!"

 

* Mostráles esa foto de La Nueva Olla, inflá el pecho, liberá el dolor que tenés en el alma y dejate llevar por el orgullo que te hace explotar el corazón. Deciles a tus hijos y a tus nietos que estuviste allí, que asombraron al mundo, que nadie podrá olvidarse fácilmente de este 9 de noviembre, que fue lo más grande que se vio en mucho más de 100 años de vida, que superaron a la gesta histórica de Córdoba de 26 años antes que alguna vez te conté y que se movilizaron por una pasión que no les da de comer, pero que les llena el corazón.

El sentimiento del hincha expresado en una fotoFoto: Mauricio Garín

 

* Deciles que Colón perdió la Sudamericana en la cancha pero que ganó la del Mundo en las tribunas. Y que vos fuiste uno más dentro de esa multitud. Y que ahora volvés a casa para alguna vez decirles que en esa foto está la mejor herencia, para que ellos la transmitan de generación en generación, como hicimos tus padres y yo con vos y como hicieron esos padres y abuelos que, desde el cielo, acompañamos con ese grito de los que ya estamos en el silencio eterno, pero que fuimos los que les secamos las lágrimas en La Nueva Olla aunque ustedes no se hayan dado cuenta… Y que hoy les estamos pidiendo -¡ordenando!- que cuiden para todos los tiempos y generaciones, esa pasión que no tiene límites ni sabe de derrotas.

 

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El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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Autor:

Enrique Cruz


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