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Jueves 12.11.2020 - Última actualización - 19:26
19:17

Por Enrique Escobar Cello

Hay un plan

Cristina y Alberto Fernández. El gobierno es el resultado de un pacto de dos. Crédito: TélamCristina y Alberto Fernández. El gobierno es el resultado de un pacto de dos.
Crédito: Télam

Cristina y Alberto Fernández. El gobierno es el resultado de un pacto de dos. Crédito: Télam



Por Enrique Escobar Cello Hay un plan Profundizar el abuso de poder, arrastrar a nuestra nación, sus institutos republicanos y su pueblo a una abyecta situación, cada día más miserablemente pobre, creando un enclave de populismo perverso y autoritario en nuestro país.

Al cumplirse diez años de la muerte de su marido, la vicepresidente publicó una carta, cuyo texto ha ocupado y ocupa la atención de buena parte de la dirigencia política en general y de encumbrados analistas, que intentan, en laboriosas exégesis, desentrañar qué dijo o quiso decir y qué significado puede tener lo que esta señora haya escrito.

 

No leí esa carta ni lo haré. Sencillamente porque no le creo una sola palabra que pueda decir o escribir, entonces, ¿para qué perder tiempo? En lo personal no cedo a esa compulsión de consumir toda clase de información, prefiero ser selectivo y dedicar el resto de mi tiempo a otras cosas. Respeto a los compatriotas que lo hacen, que no son pocos, pero yo pienso así.

 

Admito asimismo que me cuesta creer que nuestra dirigencia política de oposición (con tantas cosas graves que ocurren en lo institucional) tenga tiempo para ocuparse de este asunto que, en realidad, es de menor cuantía; una cartita con un discurso al que ya estamos acostumbrados y a la que no existe la menor razón para otorgarle ningún tipo de crédito. Ponernos a evaluar si la carta respalda o agrede al inquilino que ella misma instaló en Olivos, etcétera... ¿En serio creen que están divididos y empeñados en una sorda lucha de metodologías de gobierno y hasta de convicciones? ¿En serio? ¿Seré yo tan mal pensado, o la dirigencia política tan cándida? El beneficio de la duda es una noble postura, ¡pero todo tiene un límite!

 

Nuestra vicepresidente está procesada en nueve casos, si no me equivoco, todos ante la justicia federal, y todos por hechos de corrupción durante sus mandatos presidenciales y muchos de ellos iniciados durante la gestión de su marido. En alguno se la considera jefa de una asociación ilícita (la jefa de la banda, para decirlo claro). ¿Es creíble algo que esta persona pueda decir? ¿son creíbles sus afirmaciones? ¿o lo son las afirmaciones de quien pactara con ella para ser presidente, contradiciendo cinco años de sus propias acusaciones y descalificaciones de toda clase, todo para conformar con ella una fórmula presidencial?

 

Alberto Fernández y su empleadora son lo mismo: el resultado de un pacto de dos, la parte dominante necesitaba alcanzar el poder para presionar a la Justicia, poder borrar sus huellas y a los jueces que están al frente de las causas que la comprometen a ella, sus hijos y allegados, naturalmente, y la otra parte de ese pacto jugaría la carta del moderado en la campaña procurando captar el voto que teme a "la señora". No queda claro (al menos para quien tenga algún sentido del propio aprecio) para qué aceptó el empleo de candidato, con el que contradijo un lustro de descalificación, política, moral y hasta psíquica de su asociada de fórmula y actual jefa política. Luego, ya en la presidencia vuelve a caer en papelones terribles, a causa de sus contradicciones que, si no fueran tan graves, serían hilarantes. Lo cierto es –con toda seguridad- que ha de haber jurado y jurado mucho, seguir fielmente a su jefa, más allá de escenas, dramatizaciones y pasos de danza y contradanza en un patético minué; pero semper fidelis.

 

Algo nos está pasando a los argentinos, la mayoría de nuestros Jueces Supremos, presuntos custodios de nuestra Constitución, se pronuncian expresamente contra de ella, contradiciendo expresamente lo que ellos mismos afirmaran antes, impávidos, sin que se les suba un poco de rubor a las mejillas (Alberto no está solo).

 

El ciudadano más ilustre de toda nuestra historia (frente al mundo, quiero decir), el de mayor entidad universal, el Papa Francisco, recibe públicamente y con exultante cordialidad a docenas de sinvergüenzas y ladrones, el grueso de ellos procesados por corrupción, los abraza con una radiante sonrisa, sin haber hecho nunca –que yo recuerde- una sola mención pública a la corrupción que azotó y azota a su país de nacimiento. El joven Grabois parece ser su predilecto entre muchos y, según se dice, huésped en Santa Marta, adonde pasa las noches cuando visita al Papa. También han sido visitantes, destacados líderes latinoamericanos de igual tendencia populista autoritaria y con idénticos holgados bolsillos para lo ajeno. ¿Por qué Santo Padre, por qué? Usted no era así, o no se mostraba así antes de sentarse en la silla de Pedro, entonces, insisto: ¿por qué?

 

El presidente Fernández dijo muy suelto de cuerpo: "No tengo plan". Pero sí hay un plan. Aparte del de la impunidad y la venganza. Profundizar el abuso de poder, arrastrar a nuestra nación, sus institutos republicanos y su pueblo a una abyecta situación, cada día más miserablemente pobre, creando un enclave de populismo perverso y autoritario en nuestro país, borrando todo el cuerpo de leyes que sea necesario borrar, aún nuestra Constitución Nacional, para concebir impunidad pura, pretendiendo convertir a las grandes unidades productivas de nuestro campo en pequeñas superficies que jamás (por desconocimiento y falta de espíritu de sacrificio) serían rentables, aunque más no fuera para solventar su propio mantenimiento. Excepto, claro, las propiedades de ellos, sus empresas y hoteles, ¡eso no se toca!

 

Presos de extrema peligrosidad, procesados, han sido puestos en libertad, se ha intentado expropiar una gran empresa argentina, que no se llevó a cabo porque un juez, él solito en medio de la inmensidad del Norte santafesino le puso el pecho, y el pueblo de la localidad y de la Nación acompañó con el reclamo; supuestos Mapuches toman violentamente propiedades, privadas y fiscales en nuestro Sur, argumentando su "propiedad ancestral"; en Entre Ríos, a causa de una "pelea entre ricos" (Alberto dixit) el joven Grabois, en su calidad de abogado de una hermana díscola de la familia invadida y de ¿monaguillo predilecto de nuestro Sumo Pontífice?, entra al frente de una turba como "Pedro por su casa", quedándose instalado en una propiedad privada durante dos semanas. Mientras tanto, los jueces discutían cómo desalojar (¡y si se puede!) a una turba que invadió propiedad privada. ¿Así que la usurpación evidente de la propiedad privada admite deliberaciones y titubeos por parte de nuestra Justicia? Por supuesto que podríamos seguir. Hubo más tomas y más titubeos entre jueces melindrosos a la hora de administrar justicia, pero no podemos abusar del espacio que generosamente se nos permite.

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El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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