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Lunes 16.11.2020 - Última actualización - 10:46
10:38

La alimentación durante cuarentena

Efecto del aislamiento: un porcentaje de la población subió de peso

Cuatro de cada diez personas subieron de peso durante la cuarentena. El dato surge de una encuesta realizada por la Universidad Abierta Interamericana (UAI) entre 500 mayores de 16 años que viven en el Área Metropolitana de Buenos Aires.

 Crédito: Gentileza
Crédito: Gentileza

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La alimentación durante cuarentena Efecto del aislamiento: un porcentaje de la población subió de peso Cuatro de cada diez personas subieron de peso durante la cuarentena. El dato surge de una encuesta realizada por la Universidad Abierta Interamericana (UAI) entre 500 mayores de 16 años que viven en el Área Metropolitana de Buenos Aires. Cuatro de cada diez personas subieron de peso durante la cuarentena. El dato surge de una encuesta realizada por la Universidad Abierta Interamericana (UAI) entre 500 mayores de 16 años que viven en el Área Metropolitana de Buenos Aires.

En concreto, el 38% de los participantes del estudio dijo haber aumentado de peso en los últimos seis meses, en tanto que el 40% manifestó haber mantenido su peso. Solo el 17% de los interrogados se autopercibe más delgado.

 

Algo llamativo: al 30% de los encuestados no le inquieta demasiado haber subido de peso y al 15% no le genera preocupación alguna. “Será necesario trabajar intensamente para concientizar a ese 45% de la muestra sobre los riesgos de la obesidad”, dice Fernando Filippini, docente de Medicina de la UAI y expresidente de la Sociedad Argentina en Hipertensión Arterial.

 

“Si la población no toma conciencia de que la ganancia de peso es peligrosa para su salud, tendremos más enfermedades y complicaciones, con menor expectativa de vida”, alerta Filippini.

 

¿Cuáles fueron las causas de los cambios en la balanza? Entre los que ganaron peso, el 60% consumió más hidratos de carbono en panificados, pastas, cereales y pizzas. También aumentó la ingesta de chocolates y dulces (43%), snacks (27%), frituras (18%) y comida chatarra (15%).

 

El grueso de los participantes (87%) dijo que su primera opción a la hora de almorzar o cenar era cocinar, mientras un preocupante 10% señaló que la suya era el delivery, y el resto manifestó que las viandas eran su alternativa número uno.

 

Además, la mayoría (52%) cree que aumentó su consumo de alcohol durante el aislamiento. Entre los bebedores, son los más (52%) los que toman "dos o tres veces por semana"; y las bebidas más elegidas fueron el vino (un 54% la eligió como su bebida alcohólica más consumida) y la cerveza (la más tomada por el 35% de la muestra).

 

Para Filippini, el mayor consumo de alcohol "es peligroso", no solo para la salud, sino también por los conflictos familiares que puede generar, "inclusive en forma de intolerancia o violencia", señala.

 

Otro factor que influyó en el peso corporal fue la ausencia de movimiento: la mayoría de los encuestados (55%) dijo no realizar ningún tipo de ejercicio físico. Entre los que sí hacen actividad física, las más elegidas son caminar, andar en cinta o bicicleta y correr.

Foto: Gentileza

 

Sin embargo, muchos de ellos se ejercitan solo una vez por semana (15%) o los fines de semana (3%), algo insuficiente según los especialistas. “Es esencial que se desarrolle alguna actividad aeróbica al menos 150 minutos por semana y, si es posible, hacer algo diariamente”, indica Filippini.

 

 

"Al planificar un programa para perder peso debe tenerse en cuenta una armónica distribución de ingesta, actividad física y toma de conciencia del sobrepeso. En muchos de los encuestados, fue evidente que eso estuvo alterado", interpreta el médico.

 

Desde la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN) sostienen que la obesidad es una enfermedad crónica, de altísima y creciente prevalencia, que posee una etiopatogenia compleja y causa múltiples comorbilidades de elevada mortalidad prematura. Por lo tanto, representa una demanda sanitaria urgente.

 

Según Marianela Aguirre Ackermann, coordinadora del Grupo de Obesidad de la SAN, la covid-19 es una amenaza para la salud pública sin precedentes. “Para aquellos con enfermedades preexistentes, las consecuencias a corto y largo plazo de esta pandemia y la cuarentena pueden ser especialmente preocupantes”, indica.

 

La última Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (ENFR), previa a la pandemia, ya mostraba que seis de cada diez argentinos (61,6%) tenían exceso de peso. Esas cifras mostraron una incidencia de la obesidad que pasó de un 20,8% en 2013 a un 25,4% en 2018.

 

Esto empeoró durante la pandemia. A los 45 días de iniciado el aislamiento, la SAN hizo una encuesta entre 5.635 personas y encontró que el 62% había ganado peso. Entre ellos, la gran mayoría (78%) había aumentado de uno a tres kilos, mientras que el 18% había subido de tres a cinco kilos, y un 3% estuvo cinco kilos arriba.

 

Los autores encontraron siete factores con significancia estadística: la edad (ser joven aumentó el riesgo de ganar peso), el exceso de peso previo, los cambios en la alimentación, la ingesta en respuesta a emociones, el bajo nivel de actividad física, el consumo de alcohol y las alteraciones en el sueño.

 

Por ejemplo, para los que ya tenían sobrepeso u obesidad antes de la cuarentena, el impacto fue mayor. Su chance de ganar peso fue un 42% superior a la de las personas sin exceso previo.

 

La encuesta también mostró que la mitad de los argentinos (51%) se reconoce comiendo por ansiedad y otra cantidad importante (40%) lo hace por aburrimiento.

 

En ese sentido, Liliana Papalia, médica clínica y especialista en nutrición y obesidad, considera que “estar encerrado con uno mismo” fue el mayor problema de la cuarentena, ya que llevó a muchos argentinos a sentirse angustiados.

 

Papalia relata un caso que trató en su consultorio. “Una paciente de más de cien kilos venía bajando mucho de peso, pero en cuarentena se deprimió de tal forma que superó los 200. La obesidad tiene una relación muy importante con lo emocional”, señala.

 

Otro factor que menciona Papalia es la “tensión sexual” que hubo durante los días de aislamiento. “Al no poder liberar la tensión desde el sexo, desde el lugar del placer, la única forma que había de liberar ese placer era por la comida. Inclusive, muchos conflictos que se generaron en las parejas terminaron en el plato”, cierra la especialista.


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