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Jueves 19.11.2020 - Última actualización - 20:50
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Crónica política

El 17 de noviembre de 1972

Perón llega a la Argentina después de diecisiete años de exilio. Crédito: ArchivoPerón llega a la Argentina después de diecisiete años de exilio.
Crédito: Archivo

Perón llega a la Argentina después de diecisiete años de exilio. Crédito: Archivo



Crónica política El 17 de noviembre de 1972 La foto es la primera que lo registra a Juan Domingo Perón en territorio argentino después de diecisiete años de exilio.

I

La foto está incorporada a la historia y en particular a la historia del peronismo. Es la primera que lo registra a Juan Domingo Perón en territorio argentino después de diecisiete años de exilio. La imagen dice mucho. Dice y, ahora sabemos que además, anticipa. Perón, de traje azul y corbata, levanta las manos en su mejor estilo y saluda supongo que a sus compañeros, pero también podemos permitirnos aventurar que saluda a la historia que, como bien se sabe, sus escenas principales las registra una cámara fotográfica. Al lado de Perón, Rucci, José Ignacio Rucci. Él no viene en el avión de Alitalia salido de Roma la noche anterior. Lo espera a su jefe (así hay que decirlo porque así lo decía él: jefe) en Ezeiza. Lo más importante de la escena no sé si es Rucci o el paraguas que diligente y servil abre para que a Perón no lo moje la lluvia. En la foto el paraguas está alto y me temo que si a esa hora –alrededor de las 11:20 de la mañana- llueve a Perón no lo protege del agua, pero lo que políticamente importa es informar a toda la Argentina, y a los peronistas en particular, que Rucci está al lado de Perón y abre el paraguas. Esa atención seguramente muchos hubieran querido ejercerla, pero el privilegio lo disfruta Rucci. Perón lo deja hacer. No sé si sabe que en realidad ese paraguas es de Giancarlo Elia Valori, pero ese detalle al momento de la foto a nadie parece importarle.

 

II

Repasemos algunos detalles. Es viernes 17 de noviembre de 1972. El avión está en la pista y allí esperan alrededor de 155 pasajeros. Son los que acompañaron al jefe. Hay políticos, artistas, boxeadores, jugadores de fútbol, cantantes de tango, directores de teatro, algunos empresarios y militares viejos. Viajar en el chárter que trae a Perón a la Argentina será algo así como una contraseña de honor en el currículum peronista. Perón es el primero que baja del avión. Motos con vigilancia armada. Tres o cuatro autos estacionados. El más importante es un Ford Fairlane gris al que sube Perón. El auto llega casi hasta el borde de la pista y es allí donde deciden posar para los fotógrafos. Es un instante muy breve, pero es el que perdura. Ya hablamos de Perón y Rucci; el otro protagonista es Juan Manuel Abal Medina. Es el hermano de Fernando, el guerrillero Montonero muerto después del asesinato de Aramburu. Traje claro y peinado a la gomina como buen nacionalista digno discípulo de Sánchez Sorondo. La mano en el mentón, algo ensimismado. ¿En qué piensa? Semanas después, su amiga, Norma Arrostito, le dirá: "Yo sé que en ese momento te estabas acordando de tu hermano". Es lo más probable. El propio Cámpora no vacila en decir que el nombre de Abal Medina "despierta en el peronismo un eco emocionado". Esa costumbre de Cámpora de emocionarse. De todos modos, Juan Manuel tiene motivos a esa hora de la mañana para estar algo afligido. El gobierno militar presidido por el general Lanusse ha declarado este 17 de noviembre "día no laborable". No es una señal de auspicio al retorno de quien no vacila en calificar de "tirano prófugo", sino todo lo contrario. Los militares quieren que el país esté "parado" para asegurar un despliegue de tropas que impida que cientos de miles de peronistas marchen a Ezeiza para recibir al jefe. Según se sabe se movilizaron más de 35.000 efectivos armados. Todas las teorías conspirativas están a la orden del día. De uno y otro lado. Los militares, dicen que a Perón no le da el cuero para volver. Los peronistas, temen que a último momento los milicos van a meter preso al jefe o lo van a proscribir. No pasará ni una cosa ni la otra. Una vez más lo único seguro de las teorías conspirativas es que no tienen nada que ver con la verdad.

 

III

El famoso vuelo 3548 que sale de Roma el 16 de noviembre es pagado por Valori y Licio Gelli. Es lo que se dice. Yo a las facturas no las vi, aunque a juzgar por los resultados Gelli y Valori cobraron muy bien los favores recibidos. El dueño de la Fiat, Giovanni Agnelli paga el vuelo desde Madrid a Roma. Se supone que en Roma el papa Paulo VI recibirá a Perón. Error. La reunión se hará pero con el cardenal Agostino Casaroli. Gelli tiene poder, Andreotti tiene poder, pero no alcanza para que el Papa lo reciba. Perón se debe dar por bien pagado con que le hayan levantado la excomunión. En Roma hay otras reuniones y mientras tanto Isabelita sale de compras y adquiere un hermoso tapado de chinchilla que hará las delicias de los antiperonistas y en particular de Ariel Delgado que desde Radio Colonia se hará un picnic comparando los desvelos de los luchadores y mártires de la patria socialista mientras "la mujercita" se compra un tapado de chinchilla. Interpelado en una conferencia de prensa, Perón responderá con su proverbial sentido del humor: "Hizo lo que hace cualquier esposa: salir de compras a gastar la plata del marido". Todos se rieron y a otra cosa. Para 1972 las cuestiones de "género" no eran muy importantes. En el avión suben 154 pasajeros. Hay primera clase y turismo. En primera clase viaja Perón y su gente de confianza. Isabelita, López Rega, su mujer, su hija y su maridito: Lastiri. Cámpora es otro de los pasajeros de primera clase. Sonríe y saluda a todos. Supongo que si Perón le dijera que debe viajar en el baño, no tendría ningún inconveniente en instalarse quince horas en el baño para después salir sonriendo y saludando. Hay otro viajero en primera clase que no es tan amable y tan saludador. Se llama Milo Bogetich.

 

IV

Volvamos a la foto. Quedamos que a la izquierda de Perón está Rucci y al costado, casi en diagonal, Juan Manuel. A la derecha del Jefe se lo ve a López Rega. A sus espaldas, se distingue la frente de Galimberti. Algo fuera de foco ubicamos a Isabelita de tacos altos y tapado. Y Cámpora. Atrás de Rucci, se ve a un hombre de alrededor de cincuenta años, alto, de traje, rubio al estilo ario puro. Ese es Milo Bogetich. Croata y criminal de guerra. Importa destacar esa presencia porque en realidad a las Tres A no las va a organizar López Rega sino Bogetich, un ustasha de paladar negro que ya ha probado su eficacia faenando para otros dos grandes amigos de Perón: Alfredo Stroessner y Rafael Leónidas Trujillo. De Bogetich se dice que trabaja para la CIA. No me consta. Me alcanza y me sobra con saber que para Perón es su hombre de confianza. Otro detalle a incluir: al lado de López Rega está Osinde. Él no vino en el avión, pero se suma a la comitiva. Siete meses después, es decir para el 20 de junio de 1973, demostrará que en esa foto no está de adorno.

 

V

Llueve en Ezeiza; llueve en Buenos Aires, el agua cae impasible e indiferente a las pasiones de la jornada. El panorama es gris, algo desolador. Los peronistas seguramente esperaban un día de sol al estilo de los que anunciaba Luis Elías Sojit. Por lo pronto, el escenario del poder, la mesa chica es la que registra la foto. Allí están todos los que tienen que estar para que después ocurra lo que sabemos que ocurrió. Después están los viajeros. Ellos también se merecen algunas palabras. Empezando por los muertos. En el charter viajan entre otros Ortega Peña y Carlos Mujica. Los dos serán asesinados en los primeros meses. También se incluirá en la necrológica Rogelio Coria, el dirigente sindical de la UOCRA ejecutado por un comando Montonero. Y ya que hablamos de sacrificados, recordemos que el señor del paraguas, Rucci, será asesinado por otro comando Montonero. Un dato a tener en cuenta: no los mataron los "gorilas", se mataron entre ellos. Hay más pasajeros que darán que hablar. Carlos Menem, que recién está haciendo los primeros palotes en el peronismo riojano y que para muchos es un Montonero de la primera hora. Martiarena, futuro presidente del PJ y experto en detectar bolches e infiltrados en el peronismo. Obregón Cano y Bidegain, futuros gobernadores de Buenos Aires y Córdoba, defenestrados luego y no precisamente con buenos modales. La foto ya fue tomada. Perón y su séquito marchan hacia el Hotel Internacional de Ezeiza. Los momentos que se avecinan son complicados. Mientras caminan, Perón le dice en voz baja a Juan Manuel: "Doctor, yo estoy calzado". ¿Perón está preso o lo están cuidando? No lo sabemos. Lo seguro es que al otro día a la mañana Perón marcha hacia su flamante domicilio en Gaspar Campos. El 17 de noviembre ya es historia. A esa jornada que incluyó el regreso de Perón, el peronismo ha decidido calificarla como "Día de la militancia". Sabrán por qué lo hacen.

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El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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