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Sábado 21.11.2020 - Última actualización - 9:23
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Expectativas por su rol en el futuro

30 años del Museo Municipal López Claro

El 24 de noviembre se cumplen 30 años de la inauguración de la Casa Museo César López Claro. Por aquel entonces -en los años 90- el maestro contaba exactamente con 78 años. Había nacido en Azul (Provincia de Buenos Aires) en 1912.


López Claro en la década del 40, cuando decidió radicarse en Santa Fe. Foto: Gentileza Casa Museo CLC
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Expectativas por su rol en el futuro 30 años del Museo Municipal López Claro El 24 de noviembre se cumplen 30 años de la inauguración de la Casa Museo César López Claro. Por aquel entonces -en los años 90- el maestro contaba exactamente con 78 años. Había nacido en Azul (Provincia de Buenos Aires) en 1912. El 24 de noviembre se cumplen 30 años de la inauguración de la Casa Museo César López Claro. Por aquel entonces -en los años 90- el maestro contaba exactamente con 78 años. Había nacido en Azul (Provincia de Buenos Aires) en 1912.

 

Daniel Gabriel Otero *

 

Corría el año 1942, cuando César López Claro toma la decisión de radicarse en Santa Fe, para dar inicio en su obra a lo que se denomina “Período Litoral”, en donde en un entramado pictórico, refleja las costumbres isleñas y de la costa en general. A partir de ahí, comienza a indagar en distintas vertientes que lo vincularían con otras tendencias, residiendo temporalmente en Barcelona, y en otros países de Europa.

 

Pero no solo eso: Bolivia, Perú, Ecuador, fueron un punto de inflexión en su carrera. Los matices indigenistas de las obras que corresponden al período “Americano” surgen de su visita a remotos lugares del Altiplano, en donde convive con indígenas, labradores, teniendo a su vista las montañas, cabras, costumbres regionales que plasmará luego, en magníficas producciones que van desde obras pictóricas, esculturas, así como gigantescos murales que tendrán como frisos el interior de su casa entre los años 1960 a 1980.

 

La pobreza, la austeridad, el dolor, la trascendencia del ser humano, lo existencial, queda rubricado en sus obras. Admirador empedernido del Che Guevara, Simón Bolívar, O’Higgins, los retrató con un estoico trabajo de décadas en la Sala de su casa que la llamó “América”. Como queriendo dejar bien en claro su identidad con el continente, su pasión muralística lo lleva a pintar en su misma casa - en otro muro opuesto- al “Lago Titicaca”, con planos, figuras, paleta de colores que refuerzan su compromiso y admiración por el aformalismo y el cubismo.

 

Su obra y legado de acuerdo a Taverna Irigoyen

 

“César López Claro llegó a producir unos 500 dibujos por fin de semana”, afirma Jorge Taverna Irigoyen en una entrevista con quien firma la nota. A la fecha de su muerte, podían contabilizarse aproximadamente unas 5.000 obras, término medio. Toda su producción encaja en cinco períodos: a) Buenos Aires, b) Litoral, c) Americano, d) Aformalismo, e) Nueva Realidad.

 

Deja así, para la ciudad de Santa Fe y el municipio, un legado enorme no solo de obras, sino de experiencias, documentos con relatos, fotografías, amén de documentación en diversos soportes (manuscritos de peculiar intensidad emocional) sobre la Santa fe de los años 50 a los 70. Esto es un dato importante, ya que luego del golpe de Estado en 1976, regresa a su casa de Buenos Aires (Capital Federal, no Azul) donde se radica por unos años, para luego volver a esta ciudad. En el actual espacio de Capital Activa (Ex Banco Municipal), hay murales de su autoría. También en la escuela Profesor Juan Mantovani y en la Escuela Brigadier López de calle Avenida General Paz.

 

José Pivín: un santafesino en Israel fue su alumno

 

Nos cuenta José Pivín, -vía chat- santafesino residente en Israel desde 1973: “...me anote más o menos en 1958 o por ahí, para estudiar Escenografía en la Esc. de Bellas Artes, en Tucumán esquina Urquiza. El Profe era César López Claro. Éramos solo 2-3 alumnos...pero él, no venía a dar clases, y por ahí aparecía y después de un rato desaparecía y así yo perdía mis ganas de estudiar... Algunas veces nos metían a las clases de Supisiche, pero nadie nos había dicho que teníamos que estudiar allí..-Después de unas semanas abandoné la escuela. César era un gran artista plástico. Sigue diciendo Pivín: “...Todavía recuerdo el olor dulzón de su tabaco de pipa (no me acuerdo la marca, pero creo que era tabaco holandés). Hace unos 25 años más o menos, en uno de mis viajes Santa Fe, lo fui a visitar a su Casa Museo con mis amigos...”.

 

Dibujando para el folklore argentino

 

Tanto desconocidos como inéditos, son sus trabajos ilustrando partituras musicales. Así, realizó ilustraciones para los Hermanos Ábalos, Carlos Guastavino, Ariel Ramírez. El almanaque oficial de Esso -año 1945- lo incluye con un bello motivo costumbrista de tinte indigenista retrato fiel seguramente, de su paso por Bolivia o Ecuador, con reminiscencias de otros siglos.

 

Un fanal en Guadalupe

 

Tanto César López Claro como María Brizzi (su esposa) tenían un anhelo: dotar a Guadalupe de un museo y espacio cultural en donde las obras fuesen expuestas permanentemente y que funcionase la Fundación López Claro. (Hay material documental y testimonios que lo atestiguan). Durante un tiempo y en un radio de mil metros , de los noventa en adelante, coexistieron sendos museos municipales: César Fernández Navarro (actualmente cerrado) y César López Claro, generando una verdadera movida cultural.

 

Entre el 2001 y 2007, el museo César López Claro tuvo una intensa actividad con propuestas de cursos, conferencias, proyecciones de videos, formación en distintas actividades. Hasta tuvo hasta una página web propia. El Museo (incorporado a la Fundación López Claro), al momento de la donación a la municipalidad, contaba con mas de 10 salas, cada una de ellas con nombres de artistas. El patio por ejemplo, fue llamado “Donatello”.

 

Se registraron visitas del exterior inclusive y tesistas realizaron trabajos de investigación en el año 2006. Un dato para no olvidar: en 1966, César López Claro obtuvo el Gran Premio Internacional de la SPA (Bruselas, Bélgica) con un jurado francés y de los Países Bajos. En ese mismo año y por invitación, participa del premio Palanza, para luego viajar a los países escandinavos (Suecia, Dinamarca, Noruega). No solo eso: fue delegado argentino al Congreso Internacional de la Paz en Helsinki (Finlandia) e invitado por la Universidad Lumumba de Moscú en donde dicta una conferencia sobre urbanismo.

 

Auscultando el futuro

 

El museo municipal César López Claro tiene -a sus treinta años de existencia- múltiples desafíos por delante: El principal, es la difusión del pensamiento y obra de un artista polifacético que intervino activamente en la movida cultural santafesina de los años 50 y 60, llegando a ocupar la dirección del Museo Rosa Galisteo de Rodríguez y cargos directivos en la escuela municipal de artes.

 

Otro de los desafíos es un planteo pedagógico y de difusión de su obra, más vigente que nunca en tiempos que Zygmunt Bauman califica como de “Modernidad líquida”, cuyos alcances incluyan los sectores mas vulnerables de Guadalupe Oeste, Playa Norte y otras urbanizaciones que crecieron en los últimos diez años, en una forzada situación de marginalidad que les impide llegar hasta los museos del radio céntrico.

 

Realidad inmersiva & entornos 360°

 

Mirando hacia el futuro inmediato, no puede obviarse la implementación de entornos virtuales 360° o realidad inmersiva para sus obras que involucren a los participantes. Monitores, ploteos e infografías en una de las salas, relatos en off, de tal manera que el visitante sea partícipe activo de un proceso sensorial activo que lo haga recorrer virtualmente el museo, con los viajes de César y María. Incorporar dispositivos como tablets, inteligencia artificial y realidad aumentada, intercambiando datos con otros museos del mundo y el Museo López Claro de Azul, Buenos Aires, que está en funcionamiento hace años albergando el patrimonio del padre de César López Claro.

 

Mini -recitales en el patio (acústicos, ya hubo experiencias en diciembre del 2007, oportunidad de la visita de Hermes Binner), obras de teatro, performances, pueden tener cabida en el amplísimo patio rodeado de esculturas y plantas, integrando de esa manera las artes del tiempo y el movimiento. La imponente Basílica de Guadalupe a 100 metros, aparece como un poderoso argumento conector entre la tradición guadalupense y el museo, generando un potencial recorrido turístico entre ambos.

 

A treinta años de su inauguración y aguardando el próximo decenio, la Casa construida primigeniamente en terrenos del Arzobispado de Santa Fe, cuando Guadalupe era un páramo (los planos hablan de calle Los Andes), se dirime entre quedar en el olvido, o ser una bisagra que articule los nuevos territorios que crecieron hacia el noroeste, llegando con los conocimientos, ciencia y saberes que dignifican al ser humano y modifican el entorno.

 

Esto último precisamente, es lo que deseaba López Claro.

 

* Miembro fundador de la Banda Municipal (1981) y del Museo Ferroviario (1994). Ha informatizado la biblioteca y base de datos históricas del Museo Municipal César López Claro.

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El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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