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Sábado 28.11.2020 - Última actualización - 15:34
15:32

Crónica política

"El sueño del pibe"

Alfonsín recibió a la selección campeona del mundo en la Casa Rosada, pero al balcón salieron a saludar los jugadores. Con lucidez republicana, no se sumó a una fiesta que no le correspondía. Notable diferencia con el actual presidente. Crédito: ArchivoAlfonsín recibió a la selección campeona del mundo en la Casa Rosada, pero al balcón salieron a saludar los jugadores. Con lucidez republicana, no se sumó a una fiesta que no le correspondía. Notable diferencia con el actual presidente.
Crédito: Archivo

Alfonsín recibió a la selección campeona del mundo en la Casa Rosada, pero al balcón salieron a saludar los jugadores. Con lucidez republicana, no se sumó a una fiesta que no le correspondía. Notable diferencia con el actual presidente. Crédito: Archivo



Crónica política "El sueño del pibe"

I

 

Imposible no hablar de Diego Armando Maradona. Hasta quedarse callado es una toma de posición en el tema. Por lo pronto señalo las coincidencias: fue un extraordinario jugador de fútbol con todo lo que esto significa en tiempos de globalización y cuando, como lo postula más de un sociólogo, los sentimientos nacionales que antes se dirimían en los campos de batalla, desde la segunda mitad del siglo XX y en lo que va del XXI se deciden en las canchas de fútbol. Se podrá discurrir si el fútbol es o no un arte, yo creo que lo es en tanto reclama creatividad, inteligencia y en sus máximas realizaciones incluye belleza, asombro y algo de misterio. En ese campo Maradona dispuso del toque del genio. Cualquiera puede patear una pelota, como cualquiera puede tomar un pincel, escribir algunas palabras, mover una pieza de ajedrez o acariciar las teclas de un piano, pero solo los artistas transforman esos movimientos en operaciones complejas, sorprendentes, increíbles. No es habilidad, es algo más que oficio, es, sencillamente, arte. Después le podemos decir jugadores, como le podemos decir escritores, pintores o músicos. Pero el arte es otra cosa. Y en lo suyo Maradona fue un artista. No voy a las canchas de fútbol, mucho menos soy un "futbolero" y más de una vez fui crítico, no del fútbol sino de sus componendas mafiosas, pero cuando miro por Youtube los goles de Maradona los disfruto y hasta me emociono. Imposible no hacerlo.

 

II

 

Después están las pasiones populares que desató. Desmesuradas, inevitables, sensibleras. Así es la vida y así es el mundo que vivimos. Sociólogos, psicólogos, ensayistas han escrito miles de páginas al respecto y seguramente se seguirán escribiendo tratando de comprender pasiones que acompañan a la humanidad desde sus inicios y que en los tiempos de la globalización no han hecho más que confirmarse, más allá o más acá de los avances científicos y tecnológicos y de las invocaciones a una racionalidad que como ya se sabe nunca alcanzará a explicar pasiones que la desbordan. Las podemos entender o no, pero allí están. Y no hay manera de desconocerlas. Murió Maradona y en el acto la noticia ocupó las primeras planas del mundo. ¿Alguien puede asombrase? Yo no. Varias veces Maradona fue noticia mundial y, como todo sabemos, la muerte es algo así como una diva que siempre se encarga de ocupar su lugar. Yo soy de los que creen (creo, no afirmo) que con la muerte termina todo. Y el dolor que provoca la muerte de alguien querido es de manera consciente o inconsciente la prueba de que la muerte produce una separación inevitable. En la misma línea no soy un devoto de los velorios. Si por mí fueran deberían ser trámites brevísimos. Sin embargo, no puedo desconocer que la pasión por darle el último adiós al muerto es mayoritaria y por lo tanto necesaria. Los argentinos, muchos, quisieron despedir a su ídolo. ¿Qué hacer? La decisión en todos los casos es política en tanto quien puede autorizar un acto de ese tipo es el poder político. ¿Qué hacer y qué hacer en tiempos de pandemia?

 

III

 

El gobierno nacional decidió rendir los honores al astro muerto y ofreció los salones de la Casa Rosada para que la ceremonia del adiós se celebre. Acá empiezan los problemas. En primer lugar, ¿es necesario explicarle a los Fernández que en la Casa Rosada ellos son huéspedes no dueños? ¿Es necesario en tiempos de pandemia una convocatoria de este tipo? ¿Es necesario disponer del edificio que simboliza el máximo poder político de la Nación para convocar a las multitudes? Un poco de historia no viene mal. Gardel, fue honrado en el Luna Park; Evita, fue velada en el Ministerio de Trabajo; Perón y Alfonsín fueron velados en el Congreso. Pero a Néstor Kirchner se lo despidió en la Casa Rosada. Y también hay que decir que Mitre y Alvear, entre otros, también fueron velados allí. Hasta el día de ayer, el único "ídolo" popular velado en Balcarce fue Juan Manuel Fangio. Ahora ese honor lo comparte con Maradona. ¿Podría haberse tomado otra decisión? Siempre es posible otra decisión. En plena pandemia el gobierno que más insistió con el aislamiento, el gobierno que más insiste en que es un "despelote" reiniciar las clases, podría haber tomado otra decisión. Después está la consideración igualitaria. ¿Cuántos padres o cuántos hijos o hermanos o esposas no han podido despedir a sus seres queridos en una ceremonia que incluyera aunque más no fuera a cinco o seis personas? Pero como contrapartida, el gobierno peronista habilita una ceremonia a la que, según sus palabras, asistirán más de un millón de personas. Yo no voy a caer en un igualitarismo que ignore la gravitación de los "ídolos populares". En este campo no somos iguales por más que la ley lo afirme. En términos de fama o gloria Maradona no es lo mismo que yo. Por lo menos desde que el mundo es mundo las cosas son así. Dicho esto, agrego que de todos modos las cosas podrían haberse hecho de otra manera. Con más sobriedad, con más cuidado, incluso con más respeto y responsabilidad.

 

IV

 

Y acá entramos en el terreno exclusivo de la política. Está claro que si Maradona no hubiera sido kirchnerista y simpatizante de Fidel, Chávez y Maduro, los desvelos del gobierno no hubiesen sido tan intensos. Está claro que los compañeros se esforzaron para capitalizar la sombra del muerto. Está claro que el esfuerzo fue grande pero no estoy tan seguro de que los frutos vayan a estar a su altura. ¿Alguna vez los políticos advertirán que estas pasiones multitudinarias son refractarias a la manipulación política por más que en el momento las respuestas de la gente den lugar a sospechar lo contrario? Repaso. Los dos grandes mundiales de fútbol Argentina los obtuvo durante una dictadura militar y el gobierno democrático de Alfonsín. La victoria popular no le otorgó a dos gobiernos antagónicos, más popularidad o más estabilidad. A favor de Alfonsín lo que hay que destacar es su austeridad republicana. Recibió a la selección campeona del mundo en la Casa Rosada, pero al balcón salieron a saludar los jugadores. Alfonsín no se sumó a una fiesta que entendió con lucidez republicana que no le correspondía. Una notable diferencia con el actual presidente que no ahorró energías hasta para sacarse fotos con cuanto peregrino de Maradona se acercara a despedirlo.

 

V

 

Después está la mala fe. El tuit del Ministro del Interior acusando al gobierno de la ciudad de Buenos Aires de ser responsable de una salvaje represión al pobre pueblo. Maravilloso. El gobierno nacional convoca, el gobierno nacional organiza y acto seguido el gobierno nacional se desentiende de las tropelías en los salones de la Casa Rosada, pero la culpa de todo la tiene Larreta. Pasemos en limpio lo ocurrido. Hay un acuerdo entre autoridades nacionales y autoridades de CABA para asegurar el orden. Se supone que aunque sea en ese punto se impone jugar con limpieza. Se supone. Sin embargo, Wado de Pedro se encarga de hacer exactamente lo contrario. ¿Se olvidan acaso que la convocatoria de multitudes relacionadas con el fútbol suelen ser el anticipo de desórdenes? ¿Se olvidan que no hace mucho Boca y River debieron jugar en una cancha de Madrid porque en estos pagos las barras hacen lo que se les da la gana? ¿Nos olvidamos que las barras bravas no son solo las organizaciones mafiosas que lucran con el fútbol, sino que a ellas se suman la conducta "barra brava" que incluye a muchos que encuentran en la pasión futbolera la excusa o la coartada para proyectar cuanta fantasía o resentimiento se le ocurra? Pero el Ministro del Interior de la Nación no se le ocurre nada mejor que enlodar al gobierno de CABA. ¿No les alcanza con sacarle la plata que le sacaron? ¿Tanto les molesta que esa ciudad no los vote?

 

VI

 

Maradona se fue. En realidad el jugador de fútbol que nos apasionó se había ido hacía muchos años. Lo que ahora se fue es la persona de carne y hueso que tenía poco que ver con el Pelusa o el Dieguito que nos maravilló con su arte. Dentro de una semana empezará a ser un recuerdo que el tiempo se encargará de ir debilitando. No murió feliz. Murió solo, triste y deprimido. La vida pareciera que algunas veces se ocupa en equilibrar. Tanta gloria, tanto genio, tantas pasiones, pero pareciera que la fama más temprano o más tarde cobra su precio. En soledad, en tristeza. Y finalmente llega la muerte. La muerte que pone sus límites, que siempre se las ingenia por ganar, que iguala como una comunista rabiosa. Hoy Maradona empieza a parecerse a todos. Tal vez lo merecía, tal vez lo deseaba, tal vez ahora esté en paz.

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