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Sábado 05.12.2020 - Última actualización - 19:24
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Crónica política

"Me engrupiste bien debute con el cuento e' la tristeza"

El canciller Felipe Solá Crédito: Archivo El LitoralEl canciller Felipe Solá
Crédito: Archivo El Litoral

El canciller Felipe Solá Crédito: Archivo El Litoral



Crónica política "Me engrupiste bien debute con el cuento e' la tristeza" Como canciller lo de Solá además de ridículo nos compromete como nación, aunque hay motivos para creer que en el mundo ya se han acostumbrado a nuestras excentricidades.

I

A los familiares de Maradona, a algunos por lo menos, les pediría un mínimo de discreción y respeto por la memoria del muerto. Si fuera creyente, les solicitaría que lo dejen descansar en paz y, sin el ánimo de pecar de indiscreto, sugeriría, si esto fuera posible, que sean discretos a la hora de disputar la herencia visible e invisible, real o imaginaria. A los colegas periodistas, a algunos por lo menos, les recordaría que Maradona no era un discapacitado, ni estaba declarado demente o algo parecido, porque por el contrario, salvo que alguien me demuestre lo contrario, gozaba de la plenitud de las facultades, incluso practicaba el derecho inalienable de quedarse solo. Conclusión: nunca fue Dios, no lo mató nadie y si estaba solo, sospecho que lo estaba porque así lo había decidido él, practicando lo que siempre practicó los últimos treinta y cinco años de su vida: hacer lo que se le daba la real gana. Es más, a la hora de ejercer el recurso sigiloso de la sospecha, sugiero indagar si su muerte no fue más que un acto deliberado de su parte. ¿Suicidio? No me animaría a usar esa palabra, pero sí creo, de acuerdo con la información disponible, que su relación con la vida era cada vez más difusa, que consciente o no, de la vida no esperaba más de lo que ya le había dado. Y convengamos que le dio mucho, que al cáliz lo bebió hasta la última gota; que pocos, muy pocos en el mundo, se dieron los gustos que él se dio, aunque es legítimo preguntarse si nuestra "naturaleza" está preparada para soportar durante tanto tiempo tanta fama. Se dice que el ego es lo más fuerte que tenemos, pero también se sabe que no es inmortal. Por todo esto, presiento que Diego estaba harto. Harto de todo, incluso de él mismo. Déjenlo en paz. Déjenlo disfrutar de la novedad de saber que ahora es como todos.

 

II

Más que un canciller o un ministro, Felipe Solá me recordó en estos días a alguien parecido a Forrest Gump, un personaje de comedia que se dirige al lugar equivocado y luego dice palabras equivocadas. Se supone que un canciller es nuestra representación institucional en el mundo. No creo que a un canciller le esté todo permitido, pero lo que sí sé es que el ridículo es uno de los atributos que le está terminantemente negado. Me consta que inventar diálogos es una de las exigencias más elevadas de la literatura. Ahora pregunto: ¿por qué a Felipe Solá se le ocurre practicar un oficio que exige oído, sensibilidad y talento para crear ficciones? Como dramaturgo, está claro que Solá es un fracaso porque lo suyo fue demasiado obvio, de un realismo chato y ramplón, pero como canciller lo suyo además de ridículo nos compromete como nación, aunque pensándolo bien, hay motivos para creer que en el mundo ya se han acostumbrado a nuestras excentricidades, por lo que lo de Solá no sería muy diferente a los papelones, por ejemplo, a los que nos había habituado Héctor Timerman.

 

III

Y hablando de literatura, ¿qué me cuenta mi confinado lector, del virtuoso ejercicio de la metáfora practicado por el compañero Jorge Taiana, alguna vez canciller bendecido por la pareja K?. Se lo recuerdo: el senador por la ciudad de Buenos Aires, en el uso y abuso de su inspiración poética, no se le ocurrió nada mejor que comparar a los legisladores que no se les había ocurrido nada mejor que oponerse al "acto reparador" del gobierno nacional consistente en retirarle a la ciudad alrededor de 65.000.000.000 de pesos con los argumentos defensivos de los asesinos de mujeres que justifican sus crímenes diciendo que ellas tiene la culpa. ¿Qué tal Pascual? ¿Qué tal con la inspiración poética de nuestro compañero senador? Una aclaración como para ir entrando en calor. En las ciudades griegas de los tiempos de Pericles, el compañero Taiana hubiera sido considerado un traidor. Sanción parecida hubiera merecido en las ciudades italianas del Renacimiento. Pero en nuestros pagos lo suyo es presentado como una apología de la cultura nacional y popular enfrentada a la ciudad porteña que mira a Europa, la ciudad incorregiblemente gorila y cipaya, la ciudad que ni en joda vota a los peronistas, salvo al riojano Erman González, lo cual, bien pensado, no fue más que una prueba de que los porteños cuando se lo proponen también tienen sentido del humor. Y al respecto a nadie se le escapa que si la ciudad fuera gobernada por el compañero Filmus o el compañero Tula, jamás de los jamases se les hubiera ocurrido, ni ebrios ni dormidos, sacarle 65.000.000.000 de pesos.

 

IV

Pero volvamos a la metáfora, a ese virtuoso ejercicio de la retórica destinado sorprender a través de un operativo de síntesis consistente en establecer comparaciones de dos imágenes o conceptos diferentes de los que de pronto descubrimos que pueden parecerse. En el caso que nos ocupa Jack el Destripador, femicida clásico, sería parecido a Lousteau, por ejemplo. ¿Y por qué un diputado porteño se parece a un asesino de mujeres? Porque el creador de metáforas, Taiana, en este caso, cree y se esfuerza por hacernos creer que entre Jack el Destripador y Lousteau hay lazos comunicantes que él como creador de belleza nos intenta convencer de que son reales. Bien ahí, compañero Taina, poeta e insólito creador creador de belleza.

 

V

Dedicados a la creación de belleza, los compañeros K no han vacilado en castigarnos con otra metáfora insólita e imprevisible como corresponde a toda inspiración poética. En este caso la obra de arte la forjaron los compañeros de Página 12 estableciendo conexiones íntimas, sorprendentes y reveladoras entre el nazi Erick Priebke y la ministra de CABA, Soledad Acuña. Insólito y atrevido. Ni al surrealista más audaz se le hubiera ocurrido algo tan creativo. Insólito, porque solo a poetas, con oficio de poetas, se les puede ocurrir que la señora Acuña es nazi porque de niña y adolescente fue a una escuela en cuyo consejo directivo estaba Erick Priebke. Atrevido, porque en realidad los que deberían dar explicaciones acerca de sus relaciones con los nazi-fascistas -y muy en particular su ingreso a la Argentina después de 1945- son los peronistas. Pero bueno, lo cierto es que la metáfora se trazó y, por las dudas, como para despejar cualquier mal entendido, estamparon en la tapa del diario la foto de Priebke al lado de la de Acuña. Cómo para que el "mensaje" quede claro, vio. Considerar que Priebke llegó a Bariloche a fines de los años cuarenta y que durante casi cincuenta años vivió en esa ciudad sin que nadie supiera que era nazi, es más, muchos lo consideraban un vecino ejemplar, es un detalle menor comparado con la audaz experimentación poética y comunicacional practicada por los compañeros nacionales populares.

 

VI

Lo que no es metáfora, ni imagen, ni símil, ni alegoría, ni parábola, son los datos brindados por la Universidad Católica acerca de la pobreza, la indigencia y el desempleo. Acá ya no hay lugar para los jueguitos de la retórica porque lo que se imponen son los datos descarnados y dolorosos de la realidad. Más de veinte millones de argentinos son pobres; cerca de tres millones son indigentes; el 64 por ciento de los menores de edad están en la pobreza. Súmele las escuelas cerradas, aporte exclusivo del gremialismo docente argentino a la cultura de la humanidad, y agréguele, la quiebra de empresas, la emisión descontrolada, la brecha cambiaria y la creciente inseguridad y, como tío Colacho, podrá exclamar: "Cartón lleno". No voy a caer en la simplificación de decir que el gobierno peronista es el exclusivo responsable de esta situación, pero tampoco voy a suponer que el peronismo, el partido que más tiempo gobernó en el país y en las principales provincias y ciudades de los últimos cuarenta años, no tiene nada que ver con este escenario trágico y en algún punto algo pavoroso. ¿Qué vamos hacer? ¿Echarnos la culpa unos a otros? ¿Mirar para otro lado? No digo nada nuevo si afirmo que las responsabilidades son compartidas, pero tampoco descubro la pólvora si agrego que el bochín, o el que reparte el naipe, o el que le toca mover las piezas, es al peronismo.

 

Nunca fue Dios, no lo mató nadie y si estaba solo, sospecho que lo estaba porque así lo había decidido él.

Presiento que Diego estaba harto. Harto de todo, incluso de él mismo. Déjenlo en paz. Déjenlo disfrutar de la novedad de saber que ahora es como todos.

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