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Sábado 12.12.2020 - Última actualización - 9:14
8:42

"Líricos a la gorra"

El arte como trabajo y voluntad

El sábado 5 debutó en la explanada del Teatro Municipal de Santa Fe la edición local de la actividad que realiza la asociación Clara (Cantantes Líricos Asociados de la República Argentina) en Buenos Aires. El Litoral dialogó con referentes locales y nacionales para adentrarse en la problemática del canto académico en tiempos de pandemia.


Todos los participantes, en el saludo final de la presentación. Foto: Gentileza Jorge Cova
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"Líricos a la gorra" El arte como trabajo y voluntad El sábado 5 debutó en la explanada del Teatro Municipal de Santa Fe la edición local de la actividad que realiza la asociación Clara (Cantantes Líricos Asociados de la República Argentina) en Buenos Aires. El Litoral dialogó con referentes locales y nacionales para adentrarse en la problemática del canto académico en tiempos de pandemia. El sábado 5 debutó en la explanada del Teatro Municipal de Santa Fe la edición local de la actividad que realiza la asociación Clara (Cantantes Líricos Asociados de la República Argentina) en Buenos Aires. El Litoral dialogó con referentes locales y nacionales para adentrarse en la problemática del canto académico en tiempos de pandemia.

 

El pasado sábado 5 de diciembre, en la explanada del Teatro Municipal "1° de Mayo" de la capital provincial, se realizó la primera edición santafesina "Líricos a la gorra", un hecho artístico que busca visibilizar el trabajo de las y los cantantes líricos de toda la provincia. La iniciativa replicó la actividad de "Líricos a la gorra" que se realiza en las escalinatas de la Facultad de Derecho de Buenos Aires, organizada por Clara (Cantantes Líricos Asociados de la República Argentina).

 

Para este hecho artístico confluyeron en la capital santafesina artistas de distintos puntos de la provincia: Tostado, Rafaela, Humberto Primo, Esperanza, Rosario con una fuerte presencia, además, de cantantes de Paraná. Asimismo, la presencia de los cantantes capitalinos Alejandra Malvino (presidenta de Clara), Daniela Tabernig (santafesina de proyección internacional), Jaquelina Livieri (oriunda de Rosario) y Gustavo Gibert significó un fuerte apoyo a esta actividad.

 

Cuando Clara inició su proyecto federal, convocó a Susana Caligaris, soprano y docente universitaria de Santa Fe. Ella, junto a un grupo coordinador integrado por Paola Tourn, Lucía Maidana, Cecilia Vaca Cardozo, Daniela Romano, Manuel Marina, Matías Bustafán y Claudio Rioja, abrieron una convocatoria en toda la provincia que ya reúne a más de 120 artistas, con el fin de establecer las bases de un movimiento colectivo que, a la luz de la idea de reivindicar la cultura como bien esencial de la sociedad, tiene como objetivo visibilizar el rol del artista lírico y la música académica, generando espacios de intercambio, circulación y trabajo a lo largo y ancho de la provincia, en articulación permanente con el resto del país.

 

Para la actividad del pasado sábado se contó con el apoyo de Municipalidad de Santa Fe, que, en concordancia con los protocolos vigentes, no solo dio autorización para que el evento se concretara, sino que impulsó la actividad, disponiendo la apertura del Teatro (en un gesto de reencuentro entre la sala y el público, el sistema de sonido y la documentación a través de material fílmico, dando claras señales de una voluntad favorable hacia estas propuestas.

 

Este fue el despegue de un ciclo de conciertos al aire libre durante el verano, en el que "Artistas Líricos de Santa Fe" está trabajando en conexión con distintos municipios y comunas, para lo cual ya se cuenta con el apoyo de las Municipalidades de Santa Fe y Santo Tomé.

 

El Litoral aprovechó la ocasión para conversar con los referentes de Clara, para adentrarse en la problemática de este sector artístico encasillado en la polémica entre "cultura popular" y "alta cultura".

 

 

Parálisis

 

-¿Cómo nació Clara?

 

Malvino: -A Fines de marzo, cuando se declaró la cuarentena, uno de nuestros colegas empezó a arriar a muchos de los cantantes (la mayoría de los que teníamos contratos a lo largo de este año) para ver qué hacíamos ante esta situación. Así fuimos primero un grupo pequeño, empezamos a preguntar las situaciones de otros: había gente que todavía no estaba en el país. Había mucha zozobra en todo sentido y "no respuestas" desde las autoridades, con respecto a qué decisiones iban a tomar, cómo iba a seguir esto: se pensaba que iba a ser algo de menos tiempo.

 

A medida que las cosas empezaron a prologarse las reuniones empezaron a hacerse más asiduas; empezamos escribiendo cartas al Teatro (Colón), a los ministros de Cultura de Nación, de Ciudad. Nos empezamos a comunicar con la gente de las provincias para ver qué pasaba, cómo se iban a manejar frente a esta situación tan inédita.

 

Empezamos a ver que estábamos absolutamente desprotegidos: una actividad de tanto compromiso, de tanto estudio, de tantos años de entrega; especialmente aquellos que no tenemos una relación de dependencia con ninguna institución, ya sea a través de la docencia o de ser cantante.

 

Era una situación casi ideal para pensar en las cosas por las que tenemos que trabajar, no solamente porque una pandemia nos ponga de cara al sol con todas las problemáticas, sino que las arrastramos desde hace mucho tiempo.

 

-Esto desnudó problemas que ya estaban.

 

Malvino: -Y que con esto se hicieron más evidentes. Primeros fuimos Artistas Líricos Autoconvocados; después, en función de lo que fuimos averiguando, los consejos recibidos desde gente como Diego Boris del Instituto Nacional de la Música y otros colegas, pensamos que la mejor manera de unir toda esta fuerza era asociándonos. Si no constituíamos un grupo unido, con objetivos sociales bien claros, iba a ser difícil poder representar las distintas problemáticas que tenemos por delante: las que venían de antes y las que se ponen ahora más de manifiesto.

 

Entre gallos y medianoche, con muchas reuniones, muchas discusiones, idas y vueltas, gente que estuvo y se fue dentro del grupo primario; tomamos la decisión y nos constituimos como asociación, en una votación a mano alzada a través de un Zoom, éramos 18 ó 20 personas. Ahí empezamos a delinear el estatuto, y el objeto social, que es el afán de enaltecer nuestra profesión, dignificarla: que tenga mejor protección el artista lírico. No teníamos tan visto temas como derechos de cesión de imágenes, cosas que trajo la virtualidad: se puede usar nuestros materiales sin pagar un peso; y todos los contratos quedaron cancelados, sin restitución ni seguro.

 

Que el cantante lírico (más allá del que decide formar parte de una agrupación coral, de las que hay muchas y debería haber más, eso queremos trabajar: que cada provincia tenga un coro rentado), todo el alumnado que uno conoció en tantos viajes y cursos, pueda tener condiciones laborales adecuadas.

 

-¿En otros países cómo fue la situación?

 

Malvino: -Similar en las cancelaciones. Algunos han tenido alguna restitución de los cachets, quizás son países que tienen más resto a la hora de reiniciar una actividad hay más dinero para ofrecerlo a la cultura. Aunque no es como antes; conversamos con asociaciones internacionales y están todas pasando por la misma crisis: la cultura se deja como último recurso, como última necesidad, habiendo sido el sostén de mucha gente a lo largo de esta pandemia. No solamente por la música o el canto, sino que la cultura en sí ha llenado las redes y las televisiones de todos nosotros, de la necesidad de nutrirse de cultura.

 

 

Provincias unidas

 

-¿Cómo fue el proceso de federalización?

 

Malvino: -Necesitábamos sentirnos más fuertes de lo que íbamos a ofrecerle al resto para abrir las puertas y convocar a la gente de todo el país. Desde un principio el objetivo ha sido federal: que todo lo que hagamos nos sea sólo pensando en un pequeño grupo de cantantes, sino que sea abarcativo a toda la Argentina. Primero nos constituimos como grupo, somos 11 personas en la comisión directiva de Clara, a minutos de terminar de hacer todo el trámite legal para su inscripción.

 

Cuando tuvimos más claros nuestros objetos sociales abrimos a los cantantes de todo el país: hicimos una primera reunión con gente de nuestro conocimiento, con unos 50 ó 60. Es un hecho histórico en mis años de transitar este arte. A medida en que vamos pasando por distintas instancias nos vamos dando cuenta de que todos comulgamos la misma necesidad, la misma pasión, y tenemos los mismos problemas. Se ha mirado como que Buenos Aires es el punto de concentración de este arte; y si bien lo ha sido hasta ahora, el deseo y la virtualidad ha mostrado que se puede, al menos desde la preparación y la docencia, borrar un poco las fronteras.

 

-¿Y cómo se ve desde Santa Fe?

 

Caligaris: -Más allá de la gente que puede ingresar al Coro Polifónico Provincial de Santa Fe, al Coro Municipal o al Coro de Cámara del Instituto de Música, que son los tres organismos rentados, hay muchísima más gente que estudia y se prepara muy seriamente para ser cantante académico, con una formación musical y vocal muy sólida. En ese sentido, las posibilidades no existen: el que no tiene la posibilidad de ingresar tiene que emigrar.

 

Yo pude hacer muchas cosas fuera de Santa Fe, a veces con más facilidad afuera que acá.

 

-Eso es muy santafesino.

 

Livieri: -En todos lados: eso de "nadie es profeta en su tierra" se cumple en todos lados.

 

Caligaris: -Sin querer se profeta, sino hacer algo y que te resulte más fácil hacerlo en Buenos Aires que acá.

 

Livieri: -Por la centralización, que queremos evitar ahora.

 

Caligaris: -Exactamente. Con toda mi experiencia como docente en el Instituto, donde se preparan cantantes, me parece que hay mucha gente que con un poquito de actividad podría foguearse y terminar su carrera cantando profesionalmente, o empezar una carrera sin dar un salto al vacío, teniendo una experiencia. Pero depende de las actividades que generamos desde la Universidad y desde otros lugares: va quedando sobre las espaldas individuales, privadas, buscando auspicios para, con un trabajo enorme, buscar espacios.

 

De mis alumnos que han pasado por el Instituto, a veces por consejo mío, ni siquiera terminan la carrera acá, porque pueden entrar al Colón, por ejemplo.

 

Livieri: -Uno tiene que tener la generosidad para hacerles dar cuenta de que si quieren seguir creciendo se tienen que ir. Pero al mismo tiempo van despoblando la ciudad, esos artistas valiosos se van.

 

Caligaris: -Cuando el Instituto estaba en San Jerónimo al 1700, yo era jovencísima, y un vecino de enfrente me decía: "Qué desperdicio que es Santa Fe: tiene todo para ser una Salzburgo". Realmente que sí, han venido profesores de primerísimo nivel a crear el Instituto: han venido Pedro Franze, (Emilio) Dublanc, Mariano Etkin, toda la gente de música contemporánea que han dejado una impronta.

 

Livieri: -Tiene los cuerpos estables, tiene el teatro, lo único que falta es que haya una temporada de ópera.

 

Caligaris: -En toda la provincia hay teatros italianos que no se están usando, y podrían (con muy poquito) ponerse en acción.

 

Malvino: -Es necesario para el desarrollo de los alumnos: el "Enter" se produce cuando uno está frente al escenario, y ahí evalúa qué hace, qué tiene y qué le falta. Esas experiencias tendría que ser necesarias para el desarrollo.

 

 

Oportunidades

 

Caligaris: -Y el público no sabe de lo que se está perdiendo: de la cantidad de voces e instrumentistas preparados para hacer cosas hermosas.

 

-No es Módena.

 

Livieri: -Esas cosas las vemos en lo que estamos haciendo: el público viene sin saber qué va a ver; y vuelve con su sillita a sentarse, incluso con su champagne. Pensar que la ópera es un arte elitista o para pocos es antiguo. Es un arte totalmente popular como cualquier otro: es cuestión de que lo conozca, y si te gusta, te gusta.

 

Caligaris: -Por ahí vamos a un lugar donde nunca escuchan estas cosas, y la gente se conmueve, salen felices.

 

Malvino: -Empezamos con la gorra como símbolo del derecho al trabajo, pero también de la necesidad del regreso a la presencialidad. Si bien sabemos que viene una era nueva, donde lo virtual viene a quedarse, hay cosas de la presencialidad que son imposibles de reemplazar. Tanto nosotros los artistas, que cuando volvimos a encontrarnos sentimos que teníamos el cuerpo en su lugar, con el contacto con el otro, es un arte comunitario.

 

Pero también está la necesidad del público, harto de estar ocho o nueve meses de estar frente a pantallas, ofrecerles algo hecho en vivo con un cable un piano, un micrófono y no mucho más.

 

Tabernig: -Fue clave que nosotros como artistas todo el tiempo estamos en un proceso de adaptación constante: entendimos que la pandemia nos dio la oportunidad de hacer visibles nuestras dificultades, y que la calle era el mejor vehículo para poder transmitir nuestro mensaje. En la calle hoy se están cocinando un montón de situaciones que tiene que ver con nuestro pasado, presente y futuro. El mensaje que estamos dando hoy es que los artistas líricos, además de ser populares, somos seres humanos; y que no estamos ni un poquito lejos de la gente, todo lo contrario.

 

La calle nos está permitiendo hacer concreto el mensaje que desde hace tiempo muchos de nosotros de manera individual estábamos tratando de transmitir: somos gente que paga sus impuestos, que necesita cobrar su dinero para trabajar, no somos seres celestiales ni mucho menos. Estamos dignificando nuestra profesión y dignificando ese mensaje: que no hay otra forma más concreta que hacerlo en la calle. Ahí vemos cómo familias enteras, público de todas las edades se acercan; algunos ciclistas que pasan por la ciclovía y nos eligen semana a semana; gente que por primera vez escuchó la ópera, porque estamos ahí de una forma espontánea y ordenada por supuesto; porque a lo largo de los fines de semana fuimos organizándonos más; porque nuestro mensaje no es sólo hacer llegar nuestro arte de manera fácil y concreta, sino sostener ese profesionalismo y esa calidad que nos caracterizan, por los cuales luchamos a lo largo de los años, trabajando horas en teatro y en clases, y abriéndonos camino como ahora.

 

La pandemia nos demostró una vez más que los artistas frente a las adversidades tenemos una capacidad de adaptación enorme, y que no nos vamos a rendir nunca frente a un "no", frente a una situación tan adversa como una pandemia mundial. Y queremos que las autoridades a lo largo y ancho del país, que tienen que gestar cultura, nos escuchen y se hagan cargo de esto que también les pertenece: nosotros formamos parte de la cultura tanto como otros géneros musicales, que tienen más difusión en los medios y más apoyos económicos.

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El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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Autor:

Ignacio Andrés Amarillo
El Litoral en


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