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Sábado 12.12.2020 - Última actualización - 20:18
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Crónica política

"Un año más qué importa, como vino se irá"

Cristina Fernández Crédito: Archivo El LitoralCristina Fernández
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Cristina Fernández Crédito: Archivo El Litoral



Crónica política "Un año más qué importa, como vino se irá" A Cristina los jueces "no la juzgan, la persiguen". Criaturita de Dios. Testimonios, declaraciones orales y escritas, pruebas como para hacer dulce. Cuando la Señora defiende a Boudou en realidad se está defendiendo a ella misma.

I

Primer año de gobierno peronista y pareciera que una de las pocas certezas que nos animan es que la que decide es Cristina y no Alberto, certeza que a muchos nos resultó más que evidente desde el principio, pero ahora son los hechos los que terminaron de confirmarlo. Las iniciativas más importantes y tal vez las más controvertidas de esta gestión se decidieron en el Instituto Patria y no en la Casa Rosada, con la sospecha de que en más de un caso esas decisiones contradijeron o, en el más suave de los casos, se hicieron efectivas sin el conocimiento o el consentimiento de Alberto. Como dice la jerga popular, la cancha siempre la marcó Cristina: caso Vicentín, reforma judicial, impuesto a los ricos, relaciones carnales con Venezuela, quita de fondos a la ciudad de Buenos Aires, pelea con la Corte Suprema de Justicia. La jefa espiritual del peronismo inauguró como estilo político el género epistolar. Y si bien está muy lejos de la calidad literaria de madame Marie de Vichy- Chamrond, marquesa du Deffand , según nos informara Benedetta Craveri, o de la mismísima lady Susan Vernon, tal como nos dijera Jan Austen, lo que no se le puede negar es que la Señora siempre ha sido clara y explícita respecto de lo que quiere y de lo que no quiere.

 

II

La última carta es en su modo, oportunidad y forma lo que se dice, una joyita. Con palabras sonoras la Señora más que decirnos lo que quiere nos dice lo que no quiere o lo que detesta. Sus ataques al Poder Judicial y a la Corte Suprema de Justicia no tienen antecedentes en la política nacional. Si a esa carta se la hubieran presentado a cualquiera de los déspotas que asolaron a la humanidad en el siglo veinte, la habrían firmado sin quitarle ni agregarle una palabra. ¿O es necesario repetir una vez más que uno de los rasgos distintivos de todo régimen autoritario o totalitario es someter al Poder Judicial a su voluntad? La novedad, o la coartada, que se incorpora en el siglo XXI es la palabra Lawfare. A la Señora los jueces no la juzgan, la persiguen. Criaturita de Dios. Testimonios, declaraciones orales y escritas, pruebas como para hacer dulce y la exclusiva respuesta de ella es "Yo no fui" o "La historia me absolvió". En el lenguaje de ajedrez podría decirse que la Señora está al borde del jaque. Responsabiliza a la gestión de Macri de causas judiciales que se iniciaron cuando ella era presidente y en algunos casos, cuando su marido era presidente. Rechazan la ley del arrepentido que fue promovida por su socio Sergio Massa y la corte de peronistas que entonces lo acompañaban. Se queja del perfil de jueces que en la inmensa mayoría de los casos fueron elegidos con el consentimiento expreso del peronismo. Lo demás pertenece al género de lo grotesco. Presentar, por ejemplo, a don Amado Boudou como un espadachín de las causas nacionales y antiimperialistas, es tan creíble como presentar a Drácula como dador voluntario de sangre. ¿Por qué tanto empeño en defender a Boudou? ¿Solidaridad de militantes? La palabra solidaridad en este caso debería ser reemplazada por la palabra "necesidad". ¿ O alguien supone que Boudou pudo hacer lo que hizo en soledad? ¿O alguien supone que Lazaron Báez o Ricardo Jaime o José López o los abnegados militantes juveniles de la Rosadita pudieron perpetrar sus hazañas económicas sin el visto bueno, sin luz verde de arriba? A no engañarse: cuando la Señora defiende a Boudou en realidad se está defendiendo a ella misma

 

III

Un año de pandemia. Pobreza, indigencia, desocupación, inseguridad, pero en la carta de la Señora el silencio sobre estos temas es, si se quiere, asombroso, conmovedor, estruendoso. Como se dice en estos casos: "Por sus silencios la conoceréis". Que nadie se sorprenda. La Señora hace la suya. Que los pobres y los hambrientos y los desocupados esperen o silben o se rasquen. Ella está ocupada en cosas más importantes. Su única preocupación es el Lawfare, es decir, ella. La entiendo: nadie quiere ir preso o presa. A su manera la Señora está luchando por su libertad y por la libertad de sus amigos y familiares. Está "hasta las manos", pero supone que el poder que ejerce podrá permitirle "zafar". Y lo digo con lenguaje "tumbero", porque la literatura enseña que cuando el escenario, la situación y los personajes reúnen determinadas modalidades, el lenguaje debe estar a la altura de la trama.

 

IV

La Señora está enojada. Furiosa. Y no lo disimula. Si a la carta la hubiera escrito en papel y con lapicera o pluma, no me sorprendería que la hoja estaría rasgada en algunos tramos del texto. Está enojada con los jueces, está enojada con la Corte, pero sobre todo está enojada con Alberto a quien ni siquiera se toma el trabajo de nombrarlo. Está convencida de que la traicionaron o, lo que es peor aún, que confió en un inútil que no sabe hacer las cosas o que no tiene lo que hay que tener para hacerlo. Lo dije en su momento: Alberto no es Cámpora y Cristina no es Perón, pero Cristina lo trata a Alberto como Perón trataba a Cámpora, con la diferencia de que los maltratos de Perón a Cámpora tenían que ver con la política y los desbordes sociales de la política en aquellos años desgraciados y nefastos, mientras que ahora las exigencias de Cristina están relacionadas con el Código Penal. ¿Dispone de algún margen el presidente para maniobrar? Me temo que ese margen es cada vez más estrecho. Y lo es por la sencilla razón de que las pruebas contra su jefa son abrumadoras y la única posibilidad que se insinúa hacia el futuro para "limpiarle el prontuario" es perpetrar algo así como un golpe de Estado contra el Poder Judicial, tarea complicada en un país con una oposición movilizada y un gobierno que al año de gestión tiene poco y nada para ofrecer como moneda de cambio. ¿Otra posibilidad? El indulto. El indulto o la amnistía. No sé cómo podría hacerse y qué costos estaría dispuesto a pagar el peronismo, pero objetivamente no queda otra.

 

V

Mientras escribo esta nota, observo en el televisor que la Cámara de Diputados acaba de aprobar la despenalización del aborto. Posiblemente antes de fin de año el tema se tratará en la Cámara de Senadores en donde podría repetirse la situación de 2018, es decir, que sea rechazado. ¿Será así? No lo sé. Esperemos un par de semanas y las dudas serán develadas. ¿Corresponde que se trate esta ley? Cada uno puede tener la opinión que mejor le parezca acerca de la oportunidad, pero en todos los casos lo cierto es que la ley se está tratando y el debate parlamentario es acompañado con amplias movilizaciones de un lado y del otro, es decir, por los pañuelos celestes y por los pañuelos verdes. Se dice con mentalidad conspirativa que mientras en Diputados se discute el aborto, en la Cámara de Senadores se aprueba quitarle la plata a la ciudad de Buenos Aires y "cagar" (perdón por la palabra, pero en este caso es irremplazable) a los jubilados. ¿Es verdad que se trata de una maniobra? No estoy tan convencido. Me temo que estas dos decisiones la Cámara de Senadores las hubiera aprobado por la sencilla razón de que el peronismo dispone de los votos necesarios para hacerlo ¿Qué pienso yo sobre el tema del aborto? Mi opinión la expresé por lo menos en seis notas publicadas en este diario, y algunos de esos textos los escribí mucho tiempo antes de que algunos peronistas se hubieran desayunado sobre la complejidad de este tema, porque no me olvido que, por ejemplo, en su mejores tiempos el peronismo se opuso a la patria potestad compartida y cuando Raúl Alfonsín planteó el tema del divorcio, las principales espadas del peronismo provincial manifestaron su oposición por las calles de esta ciudad tomados del brazo de monseñor Storni. Retornando al tema del aborto, cualquier duda sobre lo que escribí consultar en el archivo de El Litoral o en mi página rogelioalaniz.com.ar. ¿Un anticipo? No estoy a favor del aborto, estoy a favor de la despenalización del aborto. Importa advertir que la despenalización no quiere decir que el aborto es obligatorio, sino que la ley se limita a permitir que aquella mujer que por un motivo u otro (motivos que pertenecen a su exclusiva intimidad), decida interrumpir su embarazo, no vaya presa y mucho menos sea humillada o ponga en peligro su vida. Tampoco necesito explicar que quienes se movilizan con los pañuelos celestes no son mis enemigos.

 

Un año de pandemia. Pobreza, indigencia, desocupación, inseguridad, pero en la carta de la Señora el silencio sobre estos temas es, si se quiere, asombroso, conmovedor, estruendoso.

La Señora está enojada. Furiosa. Y no lo disimula. Está enojada con los jueces, está enojada con la Corte, pero sobre todo está enojada con Alberto a quien ni siquiera se toma el trabajo de nombrarlo.

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