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Sábado 02.01.2021 - Última actualización - 19:55
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Crónica política

La despenalización del aborto

 Crédito: Télam
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Crónica política La despenalización del aborto La despenalización del aborto deja de ser un tema ideológico o religioso para ser un tema de salud pública. La ley no habilitará más o menos abortos. Solo habilitará el pasaje del aborto clandestino al aborto legal.

I

La despenalización del aborto ahora es ley. No más abortos clandestinos y peligrosa e inquietante reducción de ganancias de médicos que han hecho del aborto clandestino una fuente de riqueza, médicos que, dicho sea de paso, todos conocemos y, entre otras cosas, también sabemos que solo en muy raras ocasiones han tenido problemas menores con la justicia. En términos prácticos, una mujer no irá a la cárcel porque decida abortar. La ley aprobada está en sintonía con ordenamientos legales de naciones que los argentinos consideramos ejemplares por la calidad de vida brindada a sus habitantes en términos económicos, sociales y culturales. Países de larga y amplia tradición católica como Italia, España, Irlanda, Francia y Portugal legalizaron el aborto con el voto de políticos liberales, católicos, conservadores, socialistas. Y en todos los casos luego de amplias deliberaciones democráticas. Lo mismo puede decirse de Austria, Suecia, Países Bajos, Inglaterra, Estados Unidos y, para no irnos tan lejos, Uruguay. Quienes sostienen que con esta ley se legaliza el crimen, se habilita el genocidio o se le falta el respeto a Dios, deberían reflexionar acerca de sus consideraciones, porque de ser así, de empecinarse en afirmar que la legalización del aborto es un genocidio, estaríamos en un mundo dominado mayoritariamente por asesinos y psicópatas, salvo algunas autocracias y despotismos orientales y africanos donde el aborto llega a ser penado con la muerte de la mujer que lo practica.

 

II

¿Hay motivos para oponerse al aborto? Por supuesto que los hay. Es más, si somos rigurosos diría que en principio nadie está a favor del aborto. Y en lo que hace a mi experiencia individual conozco muchas mujeres, viejas y nuevas amigas, a quienes las circunstancias las han obligado a tomar esa decisión y les aseguro que a ninguna de ellas las vi alegres o satisfechas por lo que hacían, pero al mismo tiempo ninguna de ellas se consideró una asesina de niños. Nadie, me atrevería a decir, nadie está a favor del aborto. Y sin embargo son muchos los que estiman que en circunstancias precisas la interrupción del embarazo es necesaria o por lo menos es considerada la alternativa menos mala. Por supuesto, la decisión pertenece a la intimidad de cada persona. La ley aprobada autoriza la interrupción del embarazo pero no obliga a nadie a hacerlo. La ley no está hecha para la mujer que decide tener un hijo sino para la mujer que no lo quiere tener.

 

III

Y acá vamos al debate de fondo, un debate que me temo no se resolverá nunca. ¿El aborto, es o no un crimen? Quienes lo rechazan están absolutamente convencidos de que sí lo es. Un fundamento religioso es el que en la mayoría de los casos abona esta posición a la que tiene todo el derecho de defender. Pero también conozco conservadores, liberales y laicos que se oponen al aborto en nombre de la ciencia o del derecho a la vida. Por la otra parte, quienes aprueban la legalización del aborto admiten que se trata de una decisión difícil, admiten que no es lo mismo hacerlo en las primeras semanas que después del cuarto o quinto mes y estas consideraciones están presentes, con los matices del caso, en las diferentes legislaciones. ¿Pero es o no un crimen? Para los "celestes" no hay dudas: desde el momento en que el óvulo se une con el espermatozoide hay vida, están los fundamentos que registran la identidad, de lo que se deduce que interrumpir el embarazo es matar una vida real y concreta. Conclusión: el aborto es un crimen. Y de los peores porque es contra un inocente. Coherentes con esa lógica, es razonable postular que ni la mujer violada, ni la mujer cuya salud corra peligro tienen derecho a "matar" a un inocente. No todos las "celestes" llegan a este extremo, pero admitamos que atendiendo el rigor de las causas no resulta incoherente arribar a las consecuencias más duras.

 

IV

Las "verdes" establecen una diferencia decisiva entre vida y persona. Puede haber vida, pero no necesariamente persona, una condición que se adquiere a la tercera o cuarta semana, es decir al momento en que el cerebro está conformado. Siempre me llamó la atención que esta temporalidad científica de tres o cuatro meses coincida con la temporalidad "espiritual" de teólogos como Santo Tomás quienes plantearon que el alma recién se une al cuerpo al tercer o cuarto mes. No viene al caso un debate bizantino acerca de las diferencias entre cerebro y alma, pero convengamos que estos fundamentos –la distinción entre vida y persona o entre cuerpo y alma- son los principales de quienes apoyan la despenalización del aborto con la certeza de que no se está asesinando a un niño. Insisto que este debate en las actuales condiciones históricas no tiene resolución teórica posible. La tendencia real es que las legislaciones de la mayoría de los países del mundo están a favor de la despenalización, pero mientras que para unos se trata de una señal de progreso de las sociedades, para otros es un síntoma de decadencia e inmoralidad contra el cual se debe luchar más allá de legislaciones o invocaciones al progreso.

 

V

¿Hay soluciones intermedias? Puede haber graduaciones en la reglamentación de la ley: más o menos meses de embarazo; diferencias de tratamiento de acuerdo a la edad de la mujer; ampliación o no a las objeciones de conciencia por parte de los profesionales; criterios sobre la gratuidad, pero la cuestión de fondo girará alrededor de la misma pregunta: ¿Es o no un crimen? Y los "celestes" insistirán que lo es y los "verdes" dirán exactamente lo contrario. Afirmados en sus dogmas o convicciones los "celestes" jamás admitirán que se trata de un problema de conciencia individual en tanto una sociedad civilizada, argumentan, no puede ser neutral o dejar librado a las decisiones individuales lo que es un evidente asesinato. Por supuesto, está claro que no comparto esos argumentos, pero quiero insistir en que se llega a un punto en el que el debate se empantana, no queda mucho más para decir y las decisiones en algún momento se toman atendiendo relaciones de fuerzas o de poder.

 

VI

Giscard D'Estaing, el recientemente fallecido ex presidente francés, legalizó el aborto en Francia hace más de cuarenta años. Y lo hizo sin dejar de ser católico y conservador. En una célebre reunión mantenida con el Papa Juan Pablo II le dijo, luego de un intercambio de opiniones que fue subiendo de temperatura, que él como católico estaba en contra del aborto pero como presidente de todos los franceses y como titular de un estado laico debía respetar el derecho de las mujeres de decidir continuar o interrumpir el embarazo. Por su parte, Tabaré Vázquez, masón y socialista, vetó el proyecto de ley favorable al aborto propuesto por su propia coalición política invocando razones de conciencia y profesionalidad. Dos años después el aborto era aprobado en Uruguay por el presidente José Mujica del mismo sector político de Vázquez.

 

VII

Por lo que se podrá apreciar, posiciones y matices hay para todos los gustos. Lo que no se pueden eludir son las consistencias de los hechos y las decisiones. La ley de despenalización del aborto ha sido aprobada en la Argentina. Las mujeres que padecieron humillaciones, postergaciones, discriminaciones y sufrimientos podrán interrumpir sus embarazos sin pagar un ojo de la cara a médicos aborteros, sin trajinar por habitaciones sórdidas atendidas por personajes siniestros arriesgando su salud y en más de un caso su vida, sin sumar a la angustia que esta decisión conlleva, la culpa o imputaciones morales y penales. La despenalización del aborto deja de ser un tema ideológico o religioso para ser un tema de salud pública. La ley no habilitará más o menos abortos. Solo habilitará el pasaje del aborto clandestino al aborto legal. Los que sostienen que se trata de un crimen deberán aceptar la ley y dispondrán de todas las libertades para modificarla si así lo consideran necesario, aunque me temo que tal como se presentan los hechos estas decisiones, estas ampliaciones de libertades no tienen retorno, por lo menos en los actuales contextos políticos fundados en los valores de la modernidad, la ilustración y el consecuente reconocimiento de los derechos de la mujer.

 

Nadie, me atrevería a decir, nadie está a favor del aborto. Y sin embargo son muchos los que estiman que en circunstancias precisas la interrupción del embarazo es necesaria o por lo menos es considerada la alternativa menos mala.

La despenalización del aborto deja de ser un tema ideológico o religioso para ser un tema de salud pública. La ley no habilitará más o menos abortos. Solo habilitará el pasaje del aborto clandestino al aborto legal.

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