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Domingo 10.01.2021 - Última actualización - 15:27
14:25

De turista por la ciudad

Una travesía a la medida del Jardín Botánico

22-600-92. Estos números indican la cantidad de hectáreas, la cifra de especies vegetales y las variedades de aves de ese enorme espacio verde pegado a la zona urbana. Hay dos circuitos alternativos: reconocimiento de flora y fauna y avistaje de aves, y Vivero Abierto. Una excelente opción para desconectar y aprender.

Lugar verde y Lugar verde y "mágico". A un paso de la urbanización, en el Botánico esperan al visitante unos 3.000 ejemplares vegetales. Al fondo, una zona de laguna que no está abierta al público.
Crédito: Fernando Nicola

Lugar verde y "mágico". A un paso de la urbanización, en el Botánico esperan al visitante unos 3.000 ejemplares vegetales. Al fondo, una zona de laguna que no está abierta al público. Crédito: Fernando Nicola



De turista por la ciudad Una travesía a la medida del Jardín Botánico 22-600-92. Estos números indican la cantidad de hectáreas, la cifra de especies vegetales y las variedades de aves de ese enorme espacio verde pegado a la zona urbana. Hay dos circuitos alternativos: reconocimiento de flora y fauna y avistaje de aves, y Vivero Abierto. Una excelente opción para desconectar y aprender. 22-600-92. Estos números indican la cantidad de hectáreas, la cifra de especies vegetales y las variedades de aves de ese enorme espacio verde pegado a la zona urbana. Hay dos circuitos alternativos: reconocimiento de flora y fauna y avistaje de aves, y Vivero Abierto. Una excelente opción para desconectar y aprender.

En plena ciudad capital, a la altura de avenida Gorriti al 3900, se abre un verdadero pulmón natural de 22 hectáreas. Es el Jardín Botánico Ing. Lorenzo Parodi, cobijo de flora autóctona y exótica representada en 600 variedades, de pájaros que migran desde distintos cielos y otros que hicieron de este sitio del mapa su hogar; de insectos pequeños y sorprendentes, y de arañas que tejen una verdadera red comunitaria capaz de sostenerse con firmeza de un árbol, entre tantas especies como nuestros sentidos sean capaces de captar.

 

A medida que se avanza por el sendero de entrada, el fragor del tránsito va quedando atrás para dejar sitio al canto de las aves. ¿Cuántas? Imposible saberlo, pero se calcula que hay unas 92 especies que vuelan en distintos momentos del día y del año, según cambian las estaciones. Es que allí el paisaje se transforma todo el tiempo, incluso durante el lapso en que permanecemos observándolo y al ritmo de la propia naturaleza que modifica el tinte de las hojas y organiza la subsistencia de los animales.

 

Para conocer de qué se trata, cuánto se puede saber de la salud de un ave por una pluma hallada en el suelo, qué beneficios tienen para el ambiente las plantas autóctonas, qué significa que el clavel del aire tenga color verde, qué denominación común recibe el ibirá pitá, por qué un árbol seco no es un árbol muerto, qué es eso que cae de las tipas (¿es que acaso el árbol llora? Y ya que estamos, ¿la pampa tiene el ombú?), la Municipalidad de Santa Fe organizó visitas guiadas durante los meses de enero y febrero en el marco del programa Verano Capital.

 

Es condición imprescindible acceder a un turno previo (jardinbotanicosantafe@gmail.com), y por cuestiones de protocolo sanitario en el marco de la pandemia, los recorridos son para cupos limitados de personas. Éstos se hacen miércoles y viernes, de 8 a 12, y los sábados, de 8 a 12 y de 18 a 20; y no requieren de mucho más que calzado cerrado y cómodo, una gorra si hay sol, ropa fresca, pantalón largo en lo posible, una botella con agua, binoculares y buena disposición para dejarse guiar hacia cualquiera de los dos tramos: el más corto de 40 minutos y el más extendido, de una hora.

 

No es el único circuito posible de hacer en el Botánico. El otro se llama Vivero Abierto e incluye un recorrido para conocer cómo es la producción de plantas con las que se forestan espacios públicos de la ciudad, y practicar con las propias manos en la obtención de un plantín.

 

 

Fuerza natural

 

Es miércoles a la mañana de comienzos de enero y la jornada no puede ser mejor: fresca pero con sol. La cita es a las 9.30 y a esa hora se inicia el recorrido por una porción de la gran superficie del Botánico que debe su nombre a un destacado ingeniero agrónomo, experto en el estudio de las gramíneas.

 

Creado en 1971, el espacio integra la Red Argentina de Jardines Botánicos y es uno de los de mayor superficie en el país. En 1995, fue remodelado mediante la construcción de un cercado perimetral, baños públicos, ingreso, iluminación y un salón de usos múltiples, indica la información oficial. La propia experiencia confirma el dato: es enorme y difícil de abarcar en su totalidad de una sola vez.

 

El secretario de Medio Ambiente de la Municipalidad, Edgardo Seguro; el subdirector de Gestión de Recursos Naturales Urbanos, Carlos Chiarulli, y la asistente de Bioseguridad, Yanina Prieto son algunas de las personas que forman parte de la excursión. Eduardo Beltrocco y Pablo Capovilla guían los pasos y orientan la atención de participantes.

 

El trayecto se hace entre senderos abiertos en el pasto irregular. Sí, en el Botánico se pisan pastos y algunas ramas, porque el objetivo es erradicar la postal del jardín inmaculado. La naturaleza, sabemos, tiene su propia forma de seguir un orden.

 

Unas 600 especies vegetales, que significan alrededor de 3.000 ejemplares, se distribuyen en las tres áreas que comprende el Jardín. Por allí aletean 90 especies de aves, habitan aningas (parientes del biguá, aclaran quienes saben) en una zona de cava que no está abierta a las visitas, y se alojan arácnidos, escarabajos y variados insectos; muchos de ellos serán alimento de otras especies.

 

Todos conviven en estado natural. En este punto se detienen los guías para advertir sobre el impacto amplificado de mantener como mascotas a animales que no lo son. "Hay que militar contra el tráfico de fauna porque también nos enferma; una de las razones por las que diferentes virus mutan y llegan a otras especies es por el tráfico y estrés que se genera a esas especies", advierten ante un auditorio en pandemia y con barbijo.

 

De las dos ecorregiones en que se divide el departamento La Capital (al oeste El Espinal y al este el Delta e Islas del Paraná), con sus algarrobos, aromitos, babuiñas o pezuñas de vaca, timbó colorado u oreja de negro, ceibos y palos borrachos va, también, el recorrido que podrá matizarse en el diccionario con nombres científicos y, en casa, a la hora de dormir, con leyendas. Cada especie tiene la suya.

 

El contacto con la flora y fauna se vuelve un "oasis" para los concurrentes, frente al áspero cemento de la ciudad capital. Foto: Gentileza

 

Los sonidos del silencio

 

Las golondrinas merecen todo un capítulo. El proceso de migración, la razón por la que es posible verlas reunidas en pleno centro en algún momento del año cuando se anuncia el otoño y antes de partir en busca de aires más cálidos (todo un evento que ocurre hacia marzo o abril en esta ciudad), la manera en que se alimentan mientras vuelan y su función como reguladoras de plagas se cuenta a ras del piso mientras ellas se dejan ver por lo alto.

 

"Hay un día para concientizar sobre aves migratorias (segundo sábado de mayo) porque cazarlas es un daño doble para la naturaleza por la función que cumplen. Las poblaciones que migran son las más sanas; si les provocamos disturbios, entran en un estado de estrés y están más propensas a enfermar al resto de la colonia", explican.

 

"Ese grito es de un taguató", advierte un guía y levantamos la vista. Pero la verdadera información está en el suelo, donde hay plumas que "delatan mucho de la salud de las aves. Si tiene agujeritos es porque tiene ácaros; si se ve gastada es porque las está mudando. Por lo lo que se observa aquí -en las plumas que pasan de mano en mano-, éstas tuvieron un buen uso y ahora el pájaro las está cambiando", tranquiliza.

 

El recorrido sigue y hay información a cada paso. Todo el tramo está ambientado por los sonidos de los pájaros ("¿cuántos son capaces de diferenciar en los próximos diez segundos?", invita a jugar el guía) y el rumor de hojas en esa mañana con algo de viento. Un rumor que será distinto cada vez que se visite el jardín.

 

La travesía va llegando a su fin junto con las palmeras -que no son árboles- y un escarabajo que justo atina a pasar por allí y que por sus colores negro y amarillo "parece un taxi" (un taxi no nativo).

 

Hay plátanos por allá, de esos que caracterizan a calle Castellanos y que en primavera resultan los perfectos enemigos de personas con alergias. Y hay tipas por acá, esas que en primavera tapizan de amarillo el suelo. En alguna época del año, es posible sentir que caen gotas de sus ramas. Pero, ¿es cierto que las tipas lloran? Es una buena pregunta para apuntar en su propio recorrido.

 

Todo listo. Hay guías que acompañan el recorrido para ayudar a interpretar lo que se ve y se escucha. Foto: Gentileza

 

Antes de ir

 

Hasta Gorriti al 3900 se puede llegar de varias formas. Varias líneas de transporte urbano acercan al visitante hasta la puerta o sus inmediaciones. Foto: Fernando Nicola

 

No sólo palomas y gorriones

 

La provincia de Santa Fe tiene unas 400 especies de aves registradas, cifra posible por la diversidad de ambientes que caracteriza su geografía. De ese total, unas 92 habitan en distintos momentos del año en el Jardín Botánico "Ing. Lorenzo Parodi" de esta capital.

 

Eduardo Beltrocco y Pablo Capovilla lo saben porque, además de ser guías para quienes visitan ese espacio, integran el Centro de Observadores de Aves (COA) de Santo Tomé. Sólo el departamento La Capital tiene 300 especies de aves registradas, "algunas más fáciles de ver y otras que se observaron en pocas ocasiones". Como la garza azul que arribó al Parque de la Constitución y fue todo un evento para observadores locales y foráneos.

 

El vivero municipal integra una parte fundamental del Botánico. Foto: Gentileza

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El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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Autor:

Nancy Balza


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