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Sábado 13.02.2021 - Última actualización - 20:33
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Crónica política

Úrsula Bahillo: "El día que la iban a matar"

En Rojas la modernidad económica convive con las tradiciones del machismo. Crédito: Captura de InternetEn Rojas la modernidad económica convive con las tradiciones del machismo.
Crédito: Captura de Internet

En Rojas la modernidad económica convive con las tradiciones del machismo. Crédito: Captura de Internet

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Crónica política Úrsula Bahillo: "El día que la iban a matar" Santiago fue al encuentro de una muerte que toda Aracataca presentía. Úrsula presintió la muerte e hizo lo imposible para detenerla.

I

Con las diferencias del caso, el crimen de Úrsula Bahillo me recuerda mucho a "Crónica de una muerte anunciada" de García Márquez. La novela se inicia anticipando que al personaje, Santiago Nasar lo matan: "El día que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5,30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo …". Supongo que de Úrsula podría decirse lo mismo, tal vez con alguna variación. "La tarde que la iban a matar…". No sé a que hora se levanto Úrsula, pero supongamos que a la tarde estuvo en la heladería de sus padres frente a la plaza y que en algún momento conversó con una de sus amiga, la misma a la que en un mail le escribió que "Si me matan ya sabés quién fue". Úrsula paseaba por Rojas con su moto. ¿En qué momento la dejó y se subió al auto marca Peugeot conducido por su verdugo? Tampoco lo sabemos. No sé si ella sabía que marchaba a la muerte, pero está claro que su ex novio Matías Martínez sí sabía que la iba a matar. Se lo había prometido en varias ocasiones. Úrsula también lo sabía. Sabía de los golpes que le propinaba, sabía que por miedo o por lo que sea callaba esos maltratos "hasta que me vi muerta". Es notable esa frase. Podría haber dicho, "Hasta que me vi en peligro"; "Hasta que tuve miedo". Sin embargo dijo, "Hasta que me vi muerta". De manera consciente o inconsciente Úrsula "vio" su propia muerte.

 

II

Importa volver a una de los mejores relatos de Gabo. No voy a contar la novela porque supongo que la habrán leído, pero sí me importa establecer algo así como un paralelo: Dos pueblos y un crimen anunciado. En Aracataca van a asesinar a Nasar; en Rojas, provincia de Buenos Aires, van asesinar a Úrsula. Algunas coincidencias son notables. Un pueblo, una persona joven (Santiago tiene 21 años, Úrsula 18), los dos son hijos únicos, el crimen se perpetra en febrero, el día es lunes y el arma mortal es un cuchillo de carnicero. Pero hay una coincidencia más importante: Santiago y Úrsula están condenados a muerte desde antes. En Aracataca y Rojas todos lo saben o deben saberlo. Y en Aracataca y en Rojas nadie hizo nada para impedirlo. Algunos por complicidad, otros por comodidad, unos pocos por impotencia o fatalidad. Las coincidencias son coincidencias, casualidades, pero convengamos que en algún punto la casualidad se transforma en causalidad. Siempre cuando se asesina a un inocente hay una cuota alta de complicidad. La hubo en Aracataca y la hubo en Rojas. Macondo impuso sus condiciones. Porque como ustedes sabrán, Macondo es una invención de García Márquez tomando como referencia a Aracataca, invención que nosotros muy bien podríamos extenderla a Rojas. Nada más que en este caso en lugar de hablar de "realismo mágico" podríamos hablar de "realismo trágico".

 

III

Lo sucedido con Santiago Nasar se dio en el contexto de una sociedad tradicional, aferrada a códigos de honor y atavismos religiosos; sociedades en las que la resignación se conjuga con la violencia, la devoción con el fatalismo y los desbordes adquieren por su desmesura el tono de magia. Rojas no es Aracataca. Hablamos en este caso de una ciudad de veinte mil habitantes levantada en una de las zonas más ricas del país. Todo muy lindo, pero la modernidad económica convive con las tradiciones del machismo, ese huevo de la serpiente que anida en el corazón de muchos hombres. ¿Rojas es Macondo? Por lo menos en estas semanas se pareció mucho. Para disculpa de los lugareños, digamos que lo sucedido en Rojas no es muy diferente a lo sucedido en un país donde, por ejemplo, desde que se inició el año 2021 hay un promedio de un femicidio por día con un detalle del cual habrá que hablar con más detenimiento: en estos crímenes contra las mujeres la participación de policías es muy elevada, demasiado elevada para creer en la casualidad. Digámoslo francamente: algo pasa en la educación de los policías cuando porcentaje significativo de asesinatos los cometen ellos. Algo pasa además, cuando Berni decide poner al frente de la Universidad Policial a Miguel Ángel Pierri, abogado defensor del cura Grassi y del asesino y de Jorge Mangeri, el asesino y violador de Ángeles Rawson. Algo ocurre cuando Martínez luego de ser dado de baja por la gestión de María Eugenia Vidal, es reintegrado por la gestión de Sergio Berni.

 

IV

Decía que García Márquez inicia su novela contando el final. Nosotros sabemos de entrada que el personaje principal muere asesinado por los hermanos Vicario, que de ese modo lavan el honor de la hermana ultrajada supuestamente por Santiago. Pero más allá de procedimientos literarios, lo que el autor desarrolla es un clima de fatalidad cuyo desenlace es inexorable. Ese clima es el que también estuvo presente con el asesinato de Úrsula. Una hipótesis es postular que el pueblo estuvo enterado de lo que iba a ocurrir y no supo o no pudo hacer nada para impedirlo, incluso las amigas de Úrsula y su madre. La otra hipótesis, que no necesariamente es contradictoria con la primera, amplía la perspectiva. A Úrsula la asesinó Matías Martínez, pero está claro que ese crimen no hubiera sido posible si policías, jueces, fiscales, funcionarios públicos hubieran hecho lo necesario para impedir el crimen. De acuerdo con esta hipótesis no es exagerado decir que Úrsula fue algo así como entregada. Como oyó o como leyó: la entregaron. Como en Aracataca lo entregaron a Santiago.

 

V

García Márquez nos narra las cadenas de casualidades y causalidades que concluyen con la muerte de Santiago. Alguien llegó tarde; alguien vio pero calló; alguien intentó detener a los criminales pero no pudo hacerlo; algunos secretamente desearon que esto ocurra. No sé como estaba vestida Úrsula, pero nada me cuesta imaginarla como Gabo imagina a Santiago: pantalón y camisa de lino blanco, "lavado con agua porque era de piel tan delicada que no soportaba el ruido del almidón". Si Úrsula se vio muerta, Santiago soñó su muerte. Los dos algo presentían, pero no pudieron hacer nada para detener la mano del destino o la mano de los criminales. Úrsula fue asesinada de quince puñaladas la tarde del lunes 9 de febrero; Santiago también fue asesinado de quince puñaladas. Santiago fue al encuentro de una muerte que toda Aracataca presentía. Úrsula presintió la muerte e hizo lo imposible para detenerla. Un mes antes de su muerte, el 9 de enero, su madre, Patricia Nasutti, hace la primera denuncia en la Comisaría de la Mujer. Hubo más denuncias, de la madre y de la hija. Naranja pa' el cantor. Las últimas las hicieron el viernes, el sábado y el propio domingo. A la exclusión perimetral el asesino nunca le llevó el apunte; el asesino había sido denunciado por dos novias anteriores, Florencia Veloz y Belén Miranda: nadie lo molestó nunca. Una declaración, una citación y no mucho más. Como policía tenía tres sumarios y una licencia por problemas mentales. Cero al as. Alguna vez amenazó a sus superiores con poner una bomba si lo trasladaban. Cosas de muchacho travieso. El fiscal Sebastián Villalba pide la detención de Martínez, pero el juez Guillermo Oliva se opone, no vaya a ser cosa que Zaffaroni se enoje.

 

VI

Los pormenores de la escena del botón antipánico están a la altura de Macondo, pero merodeando por la zona de Kafka con un toque gótico de terror. Después de tantas denuncias, de tantos reclamos, de tanto miedo, los señores funcionarios informan que corresponde el botón antipánico. Esa seguridad Úrsula nunca pudo conocerla. El botón fue autorizado vía un correo electrónico. A ese correo nadie lo abrió. Unos no lo abrieron porque no trabajan los fines de semana; otros, porque consideraron que estaban de vacaciones; un funcionario lo supo, pero dijo que estatutariamente no le correspondía. Conclusión: la que conocen. Lunes a la tarde. Úrsula conversa con una amiga y habla de los "ojos fríos, vacíos, llenos de odio"; escribe unos correos en los que siempre dice lo mismo: tengo miedo. Ahora son algo más de las seis de la tarde del lunes. El auto conducido por Matías Martínez avanza por un camino comunal en dirección a un descampado. Úrsula va con él. Están a trece kilómetros de Rojas. El primer cuchillazo se lo asesta en la espalda; Úrsula intenta correr pero no la dejan. El resto ya lo conocemos. Lo sabíamos de antes. Fue la crónica de una muerte anunciada. Se dice que en Rojas, un funcionario está armando el expediente para habilitar la entrega de un botón antipánico para Úrsula.

 

Una hipótesis es postular que el pueblo estuvo enterado de lo que iba a ocurrir y no supo o no pudo hacer nada para impedirlo.

La otra hipótesis es que ese crimen no hubiera sido posible si policías, jueces, fiscales, funcionarios públicos hubieran hecho lo necesario para impedirlo.

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El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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