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Martes 16.02.2021 - Última actualización - 16:08
16:04

Tenía 82 años

Falleció el poeta Joan Margarit

El arquitecto y escritor murió de cáncer en su casa de Sant Just Desvern (Barcelona) dos meses después de ser reconocido por los reyes de España con el premio Cervantes. Dejó un libro de poemas inédito que la editorial Visor publicará en marzo.

 Crédito: Gtres
Crédito: Gtres

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Tenía 82 años Falleció el poeta Joan Margarit El arquitecto y escritor murió de cáncer en su casa de Sant Just Desvern (Barcelona) dos meses después de ser reconocido por los reyes de España con el premio Cervantes. Dejó un libro de poemas inédito que la editorial Visor publicará en marzo. El arquitecto y escritor murió de cáncer en su casa de Sant Just Desvern (Barcelona) dos meses después de ser reconocido por los reyes de España con el premio Cervantes. Dejó un libro de poemas inédito que la editorial Visor publicará en marzo.

Joan Margarit nunca dio el discurso de ganador de Cervantes, ese discurso tradicional del día de las Letras que la pandemia se llevó por delante el pasado 23 de abril, con toda España encerrada en casa. No lo había empezado a escribir, tampoco, y es posible que nunca lo hiciera. Ni le gustaban los discursos ni las entregas de premios ni nada que no fuera escribir poesía y caminar mientras la recitaba. Así celebró el Reina Sofía y tantos otros premios que recibió como poeta: con poesía, no con discursos. Cuando los reyes fueron a visitarlo, fuera de agenda, el pasado 21 de diciembre, a entregarle finalmente el premio en mano, ya sabía que iba a morir.

 

Una espera, la de la muerte, que aguardaba ordenando lo que le quedaba en vida, especialmente el libro póstumo que le publicará Visor en unas semanas. Una espera, la de la muerte propia, que ya había vivido varias veces en su intimidad: era viudo de Mariona Ribalta, y había perdido a dos hijas. A Anna, recién nacida, y a Joana, a la que perdió antes de morir (padecía el síndrome de Rubinstein-Taybi, que afecta tanto a mente como a cuerpo) y cuyos últimos meses de vida motivaron un poemario homónimo, uno de los más famosos, aunque el cariño a la hija también está repartido por otros cuantos poemarios, igual que los dedicados a los dos hijos que le sobreviven, Mònica y Carles.

 

CANCIÓN DE CUNA

Duerme, Joana.
Y que este Loverman oscuro y trágico
del saxo de tu hermano en Montjuïc
te pueda acompañar
toda la eternidad por los caminos
que son bien conocidos por la música.
Duerme, Joana, duerme.
Y a poder ser no olvides
tus años en el nido
que dentro de nosotros has dejado.
Mientras envejecemos,
conservaremos todos los colores
que han brillado en tus ojos.
Duerme, Joana. Esta es nuestra casa,
y todo lo ilumina tu sonrisa.
Un tranquilo silencio: aquí esperamos
redondear estas piedras del dolor
para que cuanto fuiste sea música,
la música que llene nuestro invierno.

 

Margarit no creía en la vida después de la muerte, ni en la pervivencia del alma –sí en la de la palabra– ni en tantas cosas. La suya era una poesía desde la derrota, despojada de artificios, de concisión y sencillez aplastantes, que con los años se volvió tremendamente popular. También por una concepción bella de lo que debe ser la poesía: algo que se entienda, que se pueda leer, y que busque la verdad. Un propósito a cuya ejecución tardo en llegar, porque tuvo dos lenguas: la catalana, la principal, la íntima, a la que llegó tardísimo, convertido en poeta de madurez sin obra de juventud. Y la castellana, la que le impusieron a coscorrones en la infancia y con la que luego como traductor de su propia obra alcanzó también una voz única. A él le gustaba considerarse bilingüe y cualquier doble edición de sus poemarios demuestra esa identidad bilingüe, con poemarios que no son duplicados traducidos, sino obras desdobladas.

 

Fue un poeta prolífico y al que cuesta encontrarle peros a partir de los 80 –antes tiene destellos, pero no aún la voz propia, esa poesía que se entiende y que se queda dentro del lector–, que escribía a una velocidad envidiable y siempre en movimiento. Esa faceta bilingüe le permitía ir desarrollando un poema alternando idiomas en la parte más difícil del proceso poético: domar las palabras para que encajen. Y antes de terminar uno ya tenía el siguiente en marcha.

 

Antes de eso no tuvo una vida fácil: pasó por muchos hogares, algo que impulsó su otra carrera, la del gran arquitecto que disfrutaba más remozando las barriadas barcelonesas de emigrantes obreros que contribuyendo a esa iglesia sin fin que es la Sagrada Familia. Fue catedrático de Cálculo de Estructuras, una de las más ingenieras de las asignaturas de Arquitectura, y también el título de uno de sus mejores poemarios (2004-2005). También su idea de los hogares y las casas dio nombre a su autobiografía poética en prosa: Para tener casa hay que ganar la guerra.

 

 

 

Si su poesía bebía de su vida es porque no concebía muchas más experiencias ajenas a la propia vida, y fuera de la propia vida no concebía nada más. En Joana lo dejaba claro, las ganas de volver a ver a su hija se topaban con su verdad:  "De lo que siento acerca del mañana, lo más parecido a una certeza es que Joana y yo no volveremos a vernos".

 


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