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Martes 23.02.2021 - Última actualización - 20:35
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Por María del Carmen Villaverde de Nessier

Los "no olvidables" no se olvidan

No hay que ser mayor para leer por el puro gusto de leer. Crédito: Manuel FabatíaNo hay que ser mayor para leer por el puro gusto de leer.
Crédito: Manuel Fabatía

No hay que ser mayor para leer por el puro gusto de leer. Crédito: Manuel Fabatía



Por María del Carmen Villaverde de Nessier Los "no olvidables" no se olvidan La lectura en la vida es como un buen chocolate, es la información y la formación. La lectura no está en crisis, no. Hay que avivarla desde abajo, desde los niños, acrecentándola en la adolescencia y la juventud.

Por María del Carmen Villaverde de Nessier

 

Desde la primera vuelta a la manzana familiar, geográfica, verdadera, ritmada, creadora, de la propia aventura de SER, somos eso, somos lo que encontramos en nosotros mismos, con, por, para, desde… hasta…

 

Como asistimos hoy a un mundo en crisis, con valores y conceptos debilitados, envueltos en alas de lo insustancial, con ansias de independencia, indiferentes de los límites y la voluntad, la palabra no queda en primer plano. Olvidamos los nombres propios reemplazados por un "nombre-calificativo", globalizante, que despersonaliza. No estamos así muy integrados, con suficiente posibilidad de escucharnos e "incluirnos". No contamos con una dialógica brillante y reflexiva.

 

"Integrarse" lleva a "aprehender" la realidad para pensarla relacionando lo objetivo con lo subjetivo, siendo de verdad en la circunstancia que reconocemos hoy, casi inválida, con poca capacidad de derribar los muros de la indiferencia y el olvido.

 

Volvamos hoy, como el año pasado, a los "No Olvidables", leyendo y recordando.

 

La lectura en la vida es como un buen chocolate, es la información y la formación. La lectura no está en crisis, no. Hay que avivarla desde abajo, desde los niños, acrecentándola en la adolescencia y la juventud para no quedarnos en los signos y sus combinaciones sin suficiente conciencia de los significados. No hay que esperar a ser mayores; es un alumbramiento constante de asociadas experiencias que nos fueron otorgando conclusiones. La lectura así nos permitirá atender los verdaderos significados de todo lo nuevo como en el caso de la vapuleada palabra: "inclusión"… ¿Se respetan y se incluyen todos los pensamientos para sacar entre todos las "conclusiones" más convenientes?

 

Leer siempre para llegar al puro gusto de leer, con una lectura entera, con lo que se nos dice y lo que tal vez se esconde debajo de cada texto. Que nadie se "bata en retirada", ella es posible por y con los quehaceres y angustias que intempestivamente invaden la realidad. Disfrutemos de la lectura y de sus sabrosos silencios para escuchar y entender el tiempo que transcurre y se hace historia circunstancial, trascendente.

 

Aquí dos Inolvidables

 

El primero: Marco Denevi, escritor, dramaturgo y periodista reconocido y premiado en el país y en Europa. Sus más notables obras: "Rosaura a las diez" y "Ceremonia secreta". Revisemos de él esas obras y las que se llevaron al teatro y al cine, y quedémonos con él por medio de esa expresiva narración que, desde la realidad, expone una fantasía simbólica con la función casi fabulesca de hacerse cargo de lo que hoy es y mañana ¿será…? Se trata de "Las abejas de bronce".

 

Es para leer y pensar en lo aparentemente real de la realidad y en lo que se escapa de ella. Es una inteligente síntesis interrogativa que hoy suele dejarse de lado. Las abejas son abejas y nos regalan la miel con mucho trabajo, por cierto, pero...

 

Leemos por ejemplo: "Una tarde, al vaciar una colmena, el 'zorro' descubrió entre la miel rubia unos goterones grises, opacos, repugnantes. Los probó con la punta del dedo y los halló amargos y nauseabundos".

 

La historia nos enfrenta con la "conquista económica" de la sociedad tecnocrática haciéndonos preguntas sobre la "máquina de fabricar ensueños" que tantas pantallas domésticas nos traen a diario. Al leer tenemos que ir sintiendo el tiempo que transcurre y ya no es, sentir "el fuego de la casa interior", como dice Bachellar. Es un cuento para gozar de su lectura encontrando una semántica comprometida que nos irá reubicando, como un cuento fantástico, en la mirada social de un nuevo mundo sin una palpable y ciega ambición humana:

 

Y… ¿las abejas de bronce debilitan y matan las flores…?

 

¿A qué flores? ¿Y con qué herramientas…?

 

Para recuperar a Marco Denevi desde "Las abejas de bronce", que no debe faltar en las lecturas cotidianas.

 

El segundo "Inolvidable al que quiero hacer referencia es Luis Sepúlveda; escritor, periodista, cineasta, autor de cuentos y novelas, nacido en Chile y quien, como viajero, fue desde Punta Arenas a Oslo atravesando desiertos y selvas hasta llegar al barco Greenpeace dando cuenta de todo lo visto y sentido.

 

Busquemos de él un libro que está allí anhelante y febril: "Historia de una gaviota y del gato que le enseñó a volar". Una obra para leer desde los 8 y hasta los 88 años. Una novela de acotada y de valiosa técnica narrativa con especial aprovechamiento del género discursivo y clara elaboración del universo simbólico del lenguaje. El autor va representando con enjundia la interioridad de los personajes, el fluir de la conciencia y la oscilación de la voz narrativa en los diálogos intercalados en cada salto temporal de la historia.

 

Todo lleva al lector hacia la interrogación y apertura de caminos en una realidad que pinta más de lo que uno se atrevería a contar tan abiertamente respecto de lo que hay que pensar, opinar y hacer... Nos ayuda a encontrar sentido y valor en la solidaridad, la tolerancia y la convivencia de y con los otros, comprometiéndonos con la fuerza concreta de respetar y convivir.

 

Hablamos tanto de "inclusión" pero nos damos vuelta cuando alguien no comparte nuestras ideas. Un libro para compartir hoy, sin titubeos, para ser parte de la preocupación permanente por el medio ambiente con conciencia social y sin falsos palabreríos; una plausible verdad.

 

"No pudimos ayudar a tu madre pero a ti sí. Te entregamos nuestro cariño sin pensar en hacer de ti un gato, no, lo que sos y con nosotros…

 

…- ¿ Y dices que maúllas en muchos idiomas…?, preguntó incrédulo un humano…

 

Y gato negro y la gaviota, iban cómodos bajo la gabardina, sintiendo el calor del cuerpo humano…".

 

La lectura en la vida es como un buen chocolate, es la información y la formación. La lectura no está en crisis, no. Hay que avivarla desde abajo, desde los niños, acrecentándola en la adolescencia y la juventud.

Olvidamos los nombres propios reemplazados por un "nombre-calificativo", globalizante, que despersonaliza. No estamos así muy integrados, con suficiente posibilidad de escucharnos e "incluirnos".

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