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Sábado 03.04.2021 - Última actualización - 16:48
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Por Pablo Benito

Paucke, Francisco y el ambientalismo Jesuita (I)

Ilustración de Florian Paucke en “Hacia allá y para acá. Una estadía entre los indios Mocovies”. Crédito: Archivo El LitoralIlustración de Florian Paucke en “Hacia allá y para acá. Una estadía entre los indios Mocovies”.
Crédito: Archivo El Litoral

Ilustración de Florian Paucke en “Hacia allá y para acá. Una estadía entre los indios Mocovies”. Crédito: Archivo El Litoral



Por Pablo Benito Paucke, Francisco y el ambientalismo Jesuita (I) Es indispensable desempolvar identidades. Oponer sustancialidad contra la superficialidad de una sociedad de consumo carente de contenidos y seducida por el packaging emocional que transforma el "parecer" en "ser".

Por Pablo Benito

 

La línea histórica trazada entre dos jesuitas, Jorge Bergoglio y Florian Paucke, se extiende 270 años en el tiempo y se posa sobre el cálido suelo litoraleño devastado. El registro de esa propuesta de convivencia, entre el ser humano y el eco, queda plasmado en dos obras literarias -para el mundo secular- o sagradas -para la comunidad religiosa. La encíclica papal, "Laudato Si" (2015) y “Hacia allá y para acá. Una estadía entre los indios Mocovies”, (1749-1767) de Paucke, dan cuenta de la incuantificable capacidad destructiva del bicho humano en su intervención, violenta, contra la diversa vida - biodiversidad.

 

He aquí las claves para la construcción de un pensamiento ecológico con raíces históricas sólidas.

 

Hacia allá y para acá

 

"El desafío urgente de proteger nuestra casa común incluye la preocupación de unir a toda la familia humana en la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral, pues sabemos que las cosas pueden cambiar", clama Francisco en "Laudato Si".
Florian Paucke (1719-1780), el misionero jesuita devenido en involuntario cronista ambiental, valida la pesadumbre del Sumo Pontífice y nuestra observación podría completar la afirmación con un rápido avistaje de nuestra región en la actualidad.
Lo que Paucke registró como selva, conformada por una biodiversidad apabullante, hoy es -cuanto más- una pradera irregular con pequeños parches de monte. Semejante transformación se ejecutó en dos siglos -menos que un suspiro para los tiempos de la naturaleza.

 

Durante dieciocho años, residiendo en la reducción de San Francisco Javier, Paucke, describió su intensa convivencia con mocovíes y abipones. El curioso espíritu humanista del jesuita lo llevó a nutrirse, el también, de la cosmovisión aborigen en su relación con la naturaleza.

 

Ciervo de los pantanos por Florian Paucke. Foto: Archivo El Litoral

 

 

 

La herencia del conocimiento ambiental

 

Con excelsa pluma y celo científico ilustró la flora, fauna, cultura, clima y geografía de nuestra región en el inicio de lo que sería un vertiginoso proceso de aniquilamiento de la frondosa selva del centro oriental santafesino.

 

Sus impecables e ingenuas anotaciones se transformarán -a posteriori- en arqueología ambiental de la devastación.

 

Paucke, nos interroga a los gritos..."¿Qué hacen? ¿Qué hicieron?" y deja abierto un "¿Qué harán?" preguntándonos, desde el presente ¿Cómo vamos, nosotros ahora, a rehabitar el complejo sistema vegetal cuya biodisponibilidad era una de las más ricas del planeta.

 

"Si bien el cambio es parte de la dinámica de los sistemas complejos, la velocidad que las acciones humanas le imponen hoy contrasta con la natural lentitud de la evolución biológica" enuncia, desde el presente, Francisco.

 

Jaguares, ilustración de Florian Paucke. Foto: Archivo El Litoral

 

 

 

La naturaleza del tiempo, el tiempo de la naturaleza

 

Las noticias del pasado nos llegan con el talento de un enorme periodista, Florian Paucke. Los hechos relatados nos informan de la existencia, hace apenas dos siglos atrás, del último parche austral de selva perteneciente a la Mata Atlántica -que nacía en el norte de Brasil y de la que apenas sobrevive un 7 %- erigida en lo que hoy conocemos como la "Región Litoral" argentina.

 

El religioso nacido en Silesia Baja (Austria-Alemania-Polonia), describió lo que hoy parecería una fantasía. Relata aventuras selváticas cotidianas en la zona costera aledaña a la "Ruta 1" actual: "...era gracioso escuchar como los monos de la mañana comenzaban a gritar cual si fuese su oración matinal."

 

En una lámina, reveladora, el jesuita pintó a dos "tigres" cazando a la orilla del río. Detrás puede verse una formación de cerros que parecería un espejismo si hoy recorremos la zona. Se trataba, efectivamente, de una formación de médanos con mediana altura que desaparecieron junto con la deforestación y la consecuente erosión eólica como corolario.

 

"Él -se refiere al tigre- caza también al cocodrilo y sabe espiarlo cual gato cuando este duerme".

 

"En el cuidado de la diversidad biológica y en lo relacionado con la desertificación, los avances han sido mucho menos significativos. En lo relacionado con el cambio climático, los avances son lamentablemente muy escasos. La reducción de gases de efecto invernadero requiere honestidad, valentía y responsabilidad", encíclica papal 2015.

 

Relevamiento de lo que ya no está


Paucke, registró la existencia de hurones, zorrinos, gatos silvestres rojos, grises, rojizos grandes, ciervos, conejos, liebres, jabalíes, osos hormigueros, cocodrilos, lagartijas rojas, verdes, iguanas, carpinchos y demás especies de aves reptiles y peces.

 

Semejante vida diversa, hoy desaparecida, tenía como "techo" o "madre" a una población forestal "emergente" que llegaba a los 40 metros de altura con ejemplares de Lapacho Negro, Cedro, Petiribí, Caña Fístola, Cancharana, Incienso, Palmito, Quebracho colorado y blanco, entre otros.

 

"En las huertas en Paracuaria se poseen también las más exquisitas plantas de ananás, infaliblemente de mejor gusto y agrado que en nuestros países pues el arte de la jardinería bien debe ceder cuando la naturaleza tiene preferencia, especialmente allá donde la condición de la temperatura celestial". Paucke, veía en "Paracuaria" (provincia jesuita del Paraguay) al mismísimo paraíso en la tierra. Hasta el clima de la región cambió junto a la deforestación. El misionero, a pesar de provenir de una zona fría de Europa, escribió que "Paracuaria es un país temperado [templado] en el clima, ni mayormente frío ni demasiado ardiente". Semejante registro descriptivo, espabila el asombro para dimensionar el daño que venimos haciendo a nuestro entorno natural y la responsabilidad a la que nos somete ese aprendizaje heredado de la generosidad intelectual de Florian Paucke.

 

La huella Jesuita imborrable


En tiempos de crisis dirigencial y liderazgos, retomar la espiritualidad -en cualquiera de sus formas- es urgente para trascender el derrumbe de la rutina cotidiana y evitar la distopia pesimista como anestesia.

 

El terror, como prótesis implantada en los cuerpos, aparece como "verdad científica" médica y epidemiológica cuando es, en verdad, un fenómeno histórico vinculado, íntimamente, al maltrato del ambiente y la violación del "eco" en nombre de la satisfacción del "ego".

 

La tragedia de nuestros días es ambiental y cultural. Biológica y social

 

Es indispensable desempolvar identidades. Oponer sustancialidad contra la superficialidad de una sociedad de consumo carente de contenidos y seducida por el packaging emocional que transforma el "parecer" en "ser".

 

El pensamiento único, sometido por el miedo al miedo, germina una cultura como masa uniforme, desabrida, que destruye los entornos naturales por acción y omisión de la avaricia irresponsable.

 

Santa Fe, epicentro del pensamiento cristiano progresista

 

La región litoral, no en vano, está cruzada culturalmente por la formación Jesuita. Nuestra ciudad es el enclave del primer colegio superior del Virreinato del Río de la Plata y lo que debería ser virtud y orgullo es, en cambio, vergüenza y negación en la autopercepción de "ciudad chata" por efecto de la confusión entre tradición y conservadurismo.

 

El pensamiento occidental, que hoy rescata la vertiente Jesuita como excluyente herramienta espiritual refundadora y revolucionaria, en tiempos de crisis global del sistema capitalista, hace que hoy desempolvemos principios ignacianos del "autoconocimiento, el ingenio, el amor y el heroísmo".

 

Jorge Bergoglio, es el líder humanista con mayor influencia en el mundo, sino el único, y dejó su huella en Santa Fe, como lo hizo Paucke dos siglos atrás. La ignorancia generalizada, de esta realidad del pasado, debería avergonzarnos por el derroche de medios y saberes que heredamos como enclave cultural.

 

El "marketing" todo lo banaliza, desde las reivindicaciones de género hasta la ecología "express", pasando por el "pobrismo" de la fe expresada en la limosna exculpante y el progresismo insípido del prejuicio.

 

El "éxito" se ha exitado de ego y nos encuentra persiguiendo a dirigentes de escasa talla y fugaz vigencia en vez de atender y entender a quienes vienen alertando del peligro que significa la perversa relación del humano con la naturaleza.

 

No se trata de grietas folclóricas y enemistades sociales, nada políticas, enojosas. Somos los espectadores privilegiados de un momento histórico en que la basura, bajo la alfombra, estalla y nos tapa mientras esperamos las respuestas en Internet.

 

"Mientras más vacío está el corazón de la persona, más necesita objetos para comprar, poseer y consumir" (Francisco. “Laudato Si”).


 

Lo que Paucke registró como selva, conformada por una biodiversidad apabullante, hoy es -cuanto más- una pradera irregular con pequeños parches de monte. Semejante transformación se ejecutó en dos siglos.
 

En tiempos de crisis dirigencial y liderazgos, retomar la espiritualidad -en cualquiera de sus formas- es urgente para trascender el derrumbe de la rutina cotidiana y evitar la distopía pesimista como anestesia.

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