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Jueves 22.04.2021 - Última actualización - 14:22
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Crónicas santafesinas

Osiris Troiani y Luis Di Filippo

Luis Di Filippo y Rogelio Alaniz. La entrevista se realizó en un departamento de barrio sur cerca de 1990. Crédito: Archivo personal Luis Di Filippo y Rogelio Alaniz. La entrevista se realizó en un departamento de barrio sur cerca de 1990.
Crédito: Archivo personal

Luis Di Filippo y Rogelio Alaniz. La entrevista se realizó en un departamento de barrio sur cerca de 1990. Crédito: Archivo personal



Crónicas santafesinas Osiris Troiani y Luis Di Filippo De aquel diario "tamaño sábana" que llegaba a nuestra casa de calle Crespo recuerdo las columnas de estos dos periodistas. Y los recuerdo por la sencillísima razón de que los leía.

I

Cuando llegué a estudiar a Santa Fe, vivía en una casa de estudiantes en la que todas las tardes llegaba el diario El Litoral. Entonces yo tenía diecisiete años y me parecía que lo más normal del mundo era que los diarios salieran a la tarde, es decir, que fueran vespertinos, con lo que se demuestra que la experiencia personal no siempre coincide con lo que verdaderamente pasa en la vida. Motivos tenía para estar equivocado. Mi otra experiencia como lector de diarios era La Nación, que leía papá y que yo iba a buscar al kiosco de Roberto Somadossi (estoy hablando de Sunchales en 1960) a la noche, porque en esos tiempos los diarios de Buenos Aires llegaban al pueblo alrededor de las 20 horas, por lo que mi idea de que los diarios se leían a la tarde o a la noche parecía estar bien afianzada. Lo cierto es que El Litoral arribaba a nuestra morada estudiantil de la mano de un canillita del que se me olvidó el nombre pero sí tengo presente que a veces se quedaba a tomar mates con nosotros y que en un par de ocasiones nos acompañó en uno de esos asados que hacíamos cuando el presupuesto lo permitía y alguien había aprobado una materia. Al diario lo compraba y lo pagaba el Negro Santander, mendocino, estudiante de Derecho, seis o siete años más grande que yo (una diferencia de edad que entonces era enorme) y además muy relacionado con familias conocidas de Santa Fe, y que si la memoria no me falla, estaba muy de novio con una chica del barrio sur que, como se decía entonces, pertenecía a las familias patricias de la ciudad. El Negro Santander. Simpático, buen mozo, conservador, "ganso", como buen mendocino de aquellos años. Se recibió, hubo un asado grande que se extendió hasta el otro día. Y después no lo vi más. Tampoco a su novia patricia.

 

II

Menciono estos entremeses para comentar cómo me relacioné con el diario que siempre supe que era una marca registrada santafesina, como lo era La Voz del Interior en Córdoba, La Capital en Rosario, La Gaceta en Tucumán o Los Andes en Mendoza. Yo todavía ni en mis estados de mayor ebriedad imaginaba que alguna vez escribiría durante más de treinta años en ese diario considerado por la estudiantina de entonces como el diario de la derecha, cuando no el diario de la reacción, de la alta burguesía santafesina o de los gorilas irredentos. Mon dieu. De aquel diario "tamaño sábana" que llegaba a nuestra casa de calle Crespo recuerdo las columnas de dos periodistas. Uno, era Osiris Troiani; el otro, Luis Di Filippo. Y los recuerdo por la sencillísima razón de que los leía, no voy a decir que era lo único que leía, pero sí que son los que más tengo presente. No siempre estaba de acuerdo con lo que opinaban, pero siempre reconocía su saber y la calidad de su escritura. Leerlo era un placer y estar o no de acuerdo era lo menos importante. Un amigo peronista que frecuentaba la casa una vez me reprochó esas lecturas. "No 'perdás' el tiempo con esos dos viejos gorilas". No sé qué le contesté, pero seguramente habré dicho alguna frase de ocasión, aunque medio siglo después no deja de llamarme la atención que ya para entonces esos "dos viejos gorilas" me hayan atraído, sobre todo en un tiempo y en un ambiente donde la palabra "gorila" era y seguramente lo es, insultante.

 

III

Si "gorila" es sinónimo de antiperonista, sin dudas que Troiani y Di Filippo, don Luis, lo eran. Y lo eran sin pelos en la lengua, en homenaje al símil del simio. Para 1972 las columnas de Troiani sacaban chispas criticando a Perón y a su juventud maravillosa. La cosa debe de haber sido pesada porque prudentemente las autoridades del diario lo convencieron a Osiris para que dejara de escribir sobre política nacional y escribiera sobre temas internacionales en los que era un maestro. Troiani no era un recién llegado al periodismo y mucho menos un personaje anónimo. Anarquista en su juventud, simpatizante de la república española y de los aliados, antifascista y por lo tanto antiperonista desde 1943, fue columnista de los diarios y revistas más importantes de su tiempo. Alguna vez aterrizó en Primera Plana. Ya para esa fecha Osiris estaba lo que dice de vuelta de todo. Buen amigo, amigo de las mesas de bar hasta la madrugada con periodistas y escritores, amigo de los pucheros y el buen vino, le molestaba mucho el clima de fiesta y de burla que reinaba en 1966 en la redacción de Primera Plana a costa de Illia y de su gobierno. Según cuenta Tomás Eloy Martínez, una noche parece que lo hicieron enojar y les dijo a sus colegas: "Manga de pelotudos, ¿no se dan cuenta que están serruchando la rama del árbol donde están parados". Cuando el 28 de junio de 1966 llegaron los militares y después Primera Plana, Confirmado, Tía Vicenta, pasaron a mejor vida, los muchachos deben de haberse acordado de las palabras de Troiani. Lo que tengo presente, muy presente, son sus columnas escritas cuando fue secuestrado Aldo Moro y todas las peripecias políticas vividas hasta que fue ejecutado por las Brigadas Rojas. Impecables, impecable la información, las reflexiones y la escritura. No lo conocí personalmente y lo lamento. Sé que algunas veces estuvo en Santa Fe y visitó el diario en su local de calle San Martín entre Catamarca y La Rioja. Me lo describieron enorme, vital, desbordado, divertido y amigo de la buena mesa. Más datos de él no tengo. Sé que en alguna librería de usados deben dormir el sueño de los justos algunos de sus libros, sé que hay una polémica famosa con Aldo Pellegrini, sé que Osvaldo Soriano lo respetaba mucho a pesar de las profundas diferencias políticas y sobre todo, lo que sé es que a mí me gustaba mucho leerlo.

 

IV

El otro personaje es Luis Di Filippo, don Luis. A él sí lo conocí, y lo entrevisté en un departamento levantado en una esquina del barrio sur, allá por 1990. Llegué alrededor de las tres de la tarde y nos quedamos hablando hasta la noche. Era un placer escucharlo y sobre todo escucharlo contar historias. Vivió mucho. Digamos que se lo recorrió al siglo veinte de punta a punta. Y lo hizo con los ojos bien abiertos y la inteligencia atenta. Nació en 1902 y murió en 1997. Nació en Rosario pero murió en Santa Fe. Vivió algunas temporadas en Buenos Aires y en Mar del Plata. Siempre escribiendo, siempre relacionado con la literatura y la política. Anarquista. Y como buen anarquista, anticomunista y antifascista a tiempo completo. En El Litoral escribió durante muchos años y en diferentes etapas. Alguna vez también estuvo distanciado del diario, pero cuando yo lo entrevisté en 1990 ya era uno de sus próceres. Siempre lo leí. La nota que más recuerdo es la que escribió con motivo de la censura del gobierno militar de la película de Godard, "Yo te saludo María". Ironía, elegancia, estilo.

 

V

Un entripado tenía con él que en algún momento de la entrevista lo solté. Se lo dije de la mejor manera pero se lo dije: ¿Cómo me explica, don Luis, que un libertario como usted haya sido diputado de Manucho Iriondo y no conforme con ello haya ocupado el cargo de jefe de policía? Pensé que la pregunta lo iba a molestar, pero la recibió con una carcajada divertida. Me contestó que hay detalles, que si no se conocen esos tiempos es muy difícil entenderlos. Todo bien, le dije, pero convengamos que jefe de policía de un gobierno conservador no exige interpretaciones muy sutiles. Fue entonces cuando se refirió a Chesterton y a "El hombre que fue jueves". "Usted recordará, dijo, que el jefe de los anarquistas en la novela es al mismo tiempo el jefe de la policía. Pues bien, piense que como buen chestertoniano yo me quise dar ese gusto en vida: anarquista y jefe de policía no en cualquier gobierno, sino en un gobierno conservador. En su momento, Alaniz, la experiencia me pareció digna de ser vivida. Cincuenta años después no estoy tan seguro, pero nadie me quita lo bailado. Además, anote para que no se le olvide, el gobierno de Manucho fue uno de los mejores gobiernos de la historia de la provincia. Y él, Don Manucho, llegó a la política rico y cuando se fue era pobre".

 

A Osiris Troiani no lo conocí personalmente y lo lamento. Sé que algunas veces estuvo en Santa Fe y visitó el diario en su local de calle San Martín. Me lo describieron enorme, vital, desbordado, divertido y amigo de la buena mesa.

 

Digamos que Luis De Filippo recorrió el siglo veinte de punta a punta. Y lo hizo con los ojos bien abiertos y la inteligencia atenta. Nació en 1902 y murió en 1997. Nació en Rosario pero murió en Santa Fe.

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