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Jueves 29.04.2021
14:03

Peisadillas

Viralizando el virus

 Crédito: Ilustración Lucas Cejas
Crédito: Ilustración Lucas Cejas

Crédito: Ilustración Lucas Cejas



Peisadillas Viralizando el virus Las palabras, frases y párrafos terminaban siendo un galimatías complejo. Ni el más avezado exégeta o estudioso de las letras primitivas hubiera podido descifrar el entramado jeroglífico.

"La información que necesitas está disponible. La información que queremos no es la que necesitamos. La información que tenemos no es lo que queremos". John Peers

 

Con las palabras, siempre buscando ando, y sin buscarlas, a veces, simplemente me encuentran. Aparecen fugaces, como las estrellas, en ese vasto espacio que es la imaginación. Se manifiestan deslumbrantes y se apagan en segundos, archivándose en la memoria. Generalmente no son palabras aisladas, aunque a veces sí, esas suelen ser tremendas y brillantes, pero en su gran mayoría, llegan hacia mí en forma de frases, párrafos y casi regularmente en pareja.

 

Tenía la anticuada costumbre de dormir con una libretita en la mesa de luz (que albergaba cualquier cosa menos una lámpara). La libretita en cuestión era de esas a las que le dicen "de almacenero" y reposaba juntando pelusas y polvo con una birome Bic abrazada entre sus páginas. Como las desgraciadas y volátiles musas suelen rondar por la noche -y la mayor parte de las veces me encontraba durmiendo plácidamente- a veces me despertaba con la sensación de haber vivido un acto de iluminación, me incorporaba legañoso, perturbado y titubeante, agarraba la libretita junto con la birome y, con las manos aún ateridas por el sueño, escribía lo que se me había revelado en sueños.

 

A veces sucedía en la fase que llaman vigilia, y la conclusión era la misma, soñoliento e insomne, escribía a efectos de tener las palabras exactas que irían a parar a algún escrito que, imaginaba, sería un nobel texto o, en su peor versión, yacería olvidado y extraviado en la caja de las cosas que supuestamente serían importantes en algún futuro, y que terminaban siendo las menos importantes a la hora de una próxima mudanza. Como conclusión, les quiero contar que en ese proceso creativo, las palabras, frases y párrafos que se plasmaban en la libretita, terminaban siendo un galimatías complejo, irreproducible, inentendible y desprolijo; así que casi nunca pude echar mano a esas supuestas genialidades. Ni el más avezado exégeta o estudioso de las letras primitivas hubiera podido descifrar el entramado jeroglífico que estaba plasmado en las hojitas de la libreta de almacenero.

 

Con el tiempo aprendí que no debía darle demasiada importancia a tratar de captar la esencia de las palabras manifestadas en sueños y opté por dejar que fluyan en el momento adecuado y en las circunstancias necesarias. Hoy es uno de esos días, y será así todos los últimos viernes de cada mes.

 

Si a marzo nos la llevamos previa, abril nos está costando un huevo (de chocolate y esos con sorpresa). Arrancábamos el primer día del cuarto mes del año un jueves santo, y el aire de Semana Santa no apestaba a pescado, a comida de vigilia y mucho menos a santidad; entrábamos al mes enterándonos de que nuestro primer mandatario era positivo de COVID, novedad anunciada el mismísimo día de su cumpleaños número 62. La comidilla de los medios no fueron las empanadas de pescado ni las tartas gallegas; los panelistas y los convidados analistas mediatizados se hicieron la panzada hablando de la enfermedad del primer mandatario y de la confiabilidad de la vacuna. Analizaban la voz, su disfonía crónica que era más afónica que nunca; graficaban sus sempiternas ojeras y las representaban como si fueran bolsas de consorcio. Conductores, panelistas y variopintos "opinólogos" se desgarraban en exhaustivos análisis con el propósito de seguir erosionando la efectividad de la vacuna "rusa" o de justificar por qué una es mejor que otra. Pero la cuestión en síntesis era: "¿Cómo es que se contagió si estaba vacunado?". Con los memes a la orden del día y la desinformación como punto de partida mediante "fakes" y otras miserias, a la larga, se nos fue clarificando (a aquellos que necesitaban la explicación lógica y certera) que la vacuna no evita el contagio, sino que hace que la enfermedad transcurra sin su letalidad y con menor daño en el cuerpo.

 

Curado el presidente y enfermada la opinión pública, la educación presencial se fue robando el mes de abril.

 

Testigos de la lucha Estado Nacional vs. La Ciudad Autónoma de Buenos Aires, los medios nacionales, televisivos y gráficos, fueron -y están siendo- las verdaderas "vedetongas" de la lucha de poder entre el oficialismo y la oposición, mediada y mediatizada por la justicia. Nuestros vernáculos discípulos de la realidad y de la realidad alternativa, entre alertas y últimos momentos de rojo furioso, van estableciendo consignas contrapuestas entre salud y educación, defendiendo y flameando banderas de su denodada, y supuestamente desinteresada lucha.

 

Entre el llanto de niños que curiosamente quieren ir a la escuela, y de los gritos de padres que se pelean en los grupos de WhatsApp; el virus, mutado y original, se hace la fiesta (legal) en nuestros castigados y confinados cuerpos. La curva es una curva peligrosa, los casos crecen proporcionalmente a la desidia de algunos, los muertos se cuentan de a montones que antes no imaginamos, las vacunas siguen llegando a cuentagotas y los pibes ahora son un grupo de riesgo para ellos mismos.

 

Entrando a la medianera del mes, moría el periodista (creador del género de la mediatización de personajes estrafalarios y de situaciones ridículas) Mauro Viale. Original, respetado y resistido en igual medida, en el último tiempo se dedicó a aclarar y a desmitificar ciertos aspectos de la opinión consensuada que generaba el virus. Temeroso asumido, estaba convencido de que toda forma de cuidarse del virus debía salir de los académicos; en su personal impronta, descalificaba a todo aquel que minimizaba el daño del Covid 19. Estaba feliz porque se había colocado la vacuna, pero cuando lo hizo ya era tarde, el virus convivía en su cuerpo y en sólo 3 días lo mató. Ironías de la muerte en nuestra pandémica vida. ¿La vacuna es buena? ¿La vacuna es mala? ¿De dónde proviene? ¿Qué laboratorio la fabrica? Preguntas que nacen de la sobreinformación y de la llamada infodemia (una peste nacida casi al mismo tiempo que el coronavirus, donde la información falsa se comparte como verdadera).

 

Alguno de ustedes, queridos lectores, alguna vez, antes de estos tiempos de pandemia ¿se había preguntado de dónde provenía la Sabin, la BCG, la triple viral, la del tétanos…? Seguramente la respuesta es no.

 

Se sabe, hay que cuidarse, hay que tener el menor contacto posible y usando las medidas de protección. Siempre respetando los protocolos. Ninguna medida es efectiva después de muertos. Pensemos como comunidad, seamos un colectivo de buenas acciones. Nuevas modalidades, nuevas virtudes, nuevas formas de compartir momentos.

 

¿Quién me ha robado el mes de abril? Canta Sabina. Por lejos, a abril del 2021 se lo llevó el Covid19.

 

La curva es una curva peligrosa, los casos crecen proporcionalmente a la desidia de algunos, las vacunas siguen llegando a cuentagotas y los pibes ahora son un grupo de riesgo para ellos mismos.

 

Ninguna medida es efectiva después de muertos. Pensemos como comunidad, seamos un colectivo de buenas acciones. Nuevas modalidades, nuevas virtudes, nuevas formas de compartir momentos.

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