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Viernes 21.05.2021 - Última actualización - 9:59
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Fabio Banegas

"Nocturnos" con conexiones cósmicas

El sello Naxos Grand Piano editará en los próximos días el segundo volumen de la obra completa para piano del compositor rosarino José Antonio Bottiroli, interpretada por quién fue su único alumno. En diálogo con El Litoral, el pianista recorrió su recuperación de esta obra, la colaboración con George Takei (el Señor Sulu de “Viaje a las Estrellas”) y otros proyectos.


Banegas con Takei: una amistad que comenzó viajando y que hoy se concreta en esta unidad artística. Foto: Gentileza producción
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Fabio Banegas "Nocturnos" con conexiones cósmicas El sello Naxos Grand Piano editará en los próximos días el segundo volumen de la obra completa para piano del compositor rosarino José Antonio Bottiroli, interpretada por quién fue su único alumno, Fabio Banegas. En diálogo con El Litoral, el pianista recorrió su recuperación de esta obra, la colaboración con George Takei (el Señor Sulu de “Viaje a las Estrellas”) y otros proyectos. El sello Naxos Grand Piano editará en los próximos días el segundo volumen de la obra completa para piano del compositor rosarino José Antonio Bottiroli, interpretada por quién fue su único alumno. En diálogo con El Litoral, el pianista recorrió su recuperación de esta obra, la colaboración con George Takei (el Señor Sulu de “Viaje a las Estrellas”) y otros proyectos.

 

El pianista rosarino Fabio Benegas, radicado desde hace tiempo en Los Ángeles, California, está por lanzar el segundo volumen de la obra completa de su maestro, el compositor José Antonio Bottiroli (1920-1990), “Nocturnos”, serie que comenzó con “Valses”. La publicación estará a cargo del sello Naxos, a través de Grand Piano, su discográfica especializada en la obra pianística inédita.

 

La novedad de “Nocturnos” consiste en una serie de cinco obras que Bottiroli llamó “réplicas”, un género que él mismo creó y en el que el piano responde a poemas de su autoría. Banegas convocó al actor George Takei, el legendario Hikaru Sulu de de la serie “Star Trek” (“Viaje a las Estrellas”), para que interprete con su emblemática voz en la interpretación de los cinco poemas.

 

El Litoral contactó a la distancia al pianista para meterse en la cocina de este y otros proyectos, pero también para rememorar off the record sus visitas a Santa Fe como nadador de Regatas Rosario y su premio en 1993 por el Mozarteum Santa Fe, que lo llevó a presentarse en el Teatro Municipal y en el Museo Rosa Galisteo de Rodríguez.

 

 

De primera mano

 

-Este es el segundo álbum del integral de Bottiroli. Vos fuiste su único alumno, así que conociste su trabajo de primera mano. ¿Cómo fue abordar el desafío de interpretar su obra completa, desde hace más de diez años?

 

-El desafío es porque la obra es inédita, no hay una referencia sonora de la música de Bottiroli. Entonces la tengo que crear porque la música es un papel: no existe hasta que no se toca. Pero con la suerte de que yo muchas de estas obras las estudié con él. Al haber conocido personalmente al compositor, ahí se cierra el circuito: puedo tener la certeza de que estoy dando una referencia sonora fidedigna, correcta; dentro de mis posibilidades como pianista.

 

No es una obra fácil de tocar, por el por el estilo: lo considero como si fuera un artista plástico multimedia que hacía collages. Entonces en un momento en la misma composición (que son breves, de entren tres y cinco minutos( tenés una un sector que es impresionista, el otro que es expresionista, el otro que es post romántico y todo con los cambios bruscos. Eso es parte del expresionismo: los cambios bruscos en estilo, dinámica y  movimiento tienden a que el compositor lo use para expresarse. Entonces poner todo junto es un desafío también.

 

-La música de Bottiroli remite a cierto romanticismo decimonónico pero está atravesada por el siglo XX: es un autor que ha escuchado la música de George Gershwin y de Carlos Guastavino.

 

-Él amaba el jazz; entonces escuchás muchas armonías de jazz. Inclusive la obra se puede decir que tiene una tendencia a la improvisación: el improvisaba en el piano.

 

-A veces cuando se dice romanticismo y piano en la misma oración alguien puede pensar en cierta afectación o ampulosidad en la ejecución. Sin embargo, tu interpretación es muy prístina, muy respetuosa de la partitura. ¿Cómo es tu acercamiento a estas obras en particular, y en general a la hora de abordar una nueva pieza, para “hacerla hablar” y que el pianista no tape la obra?

 

-Yo no soy el personaje, el personaje del compositor. Entonces hay que transformarse en el compositor: no puedo usar la obra de Mozart para tocarla como Liszt. Eso también lo aplico en la obra de Bottiroli.

 

Las estudio, las aprendo, uso un metrónomo, trato de buscarle en esos cambios bruscos una unidad rítmica; y después de que eso está incorporado en mí las largo: las toco hasta que caen por su propio peso, y esa la concepción final de la obra. Después las grabo, y digo “ah, acá lo estoy tocando muy rápido” o “esto está muy lento”; entonces hay un momento al final de mi creación en donde yo me hago una autocrítica y cierro la interpretación no con el último ajuste, que es escucharme a mí mismo.

 

-En este álbum abordás seis ciclos de obras. ¿Qué visión tenés sobre cada uno?

 

-A través de los años ves que su obra se pone más compleja. Todas tienen un común denominador, que es su necesidad de expresarse. El otro común denominador es que de las 20 obras (que toman una hora y 20 minutos, más o menos) compuso 16 en Los Cocos, donde está el Laberinto, en Córdoba; porque desde niño tenía una casa familiar de descanso.

 

Compuso un género que lo llamaba “etopeya musical” que lo abordé en el primer volumen. “Etopeya” es una palabra que inventó con Nicolás Alfredo Alessio, su maestro, que nació en Santa Fe y es otro otro de mis compositores. Viene de “ethos”: entendían por la etopeya como el retrato psicológico-musical de una persona o de una de una vivencia. Entonces todos los nocturnos son etopeyas en el sentido de que él expresaba lo que veía en la noche de Los Cocos: una noche estrellada, serena, de un silencio muy profundo; con estrellas que  podías tocar con las manos, podías ver los brazos de la Vía Láctea.

 

A una de las obras le puso “Micropena Andrómeda”. Él para noviembre ya salía de Rosario y se iba al sur con su esposa acampaban junto a un árbol. Pienso que él vio la galaxia Andrómeda, porque hay un fenómeno que sucede en esa época del año, entre noviembre y diciembre: si no hay contaminación de luz viniendo desde la Tierra aparece la galaxia a 20 grados sobre el horizonte. Tres de las obras tienen la palabra “Nocturnalia” como título. Así que para mí son todos nocturnos, pero con una visión cósmica, no tan romántica.

 

 

Constelaciones

 

-La galaxia Andrómeda aparece en la tapa de este segundo álbum editado por el sello Naxos. ¿Cómo surgió la propuesta para hacer una serie de discos sobre esta obra integral?

 

-Se alinearon todas las estrellas, porque  no soy una persona que se “venda”. Hay que mencionar a  Diego Orellana: es un erudito musicólogo  formado en la universidad de Colonia, en Alemania, con el que trabajo: editamos mucha música argentina en Europa.

 

Yo grabé los valses y me dice: “Fabio, ¿qué hiciste con la grabación de los valses?”. “Ahí quedaron”. “¿Me permitís que contacte a Naxos en Alemania?”. Lo hizo, después me dijo: “Están interesados, elegí porque quieren escuchar tres pistas”. Le contesté: “Vos tenés todas las pistas, sos musicólogo, escuchaste más música que yo: mandá las que quieras”.

 

El grupo Naxos se juntó, creo que tiene una reunión anual, y el delegado en Alemania lo presentó a la junta; lo escucharon, les gustó y lo tomó dentro del grupo la colección Grand Piano, que se especializa en esta clase de música. Pero buscan que el pianista conozca la obra completa y que la esta sea inédita. Por eso te digo que se alinearon todos estrellas, y se siguen alineando. Estoy contentísimo Porque detrás de esto también no es sólo la obra de Bottiroli, es la obra de un argentino: es tu obra también.

 

-Y de un autor quizás no demasiado difundido dentro de nuestro país.

 

-Es que no hay autores nacionales difundidos en nuestro país: esa es la ironía. No entiendo: Argentina es lo que en inglés se dice una “power house” (“casa de poder”) en la creación. Salís de Buenos Aires y tenés el Teatro El Círculo, el teatro Primero de Mayo de Santa Fe; en una época se consumían y se creaban óperas en la Argentina que se exportaban a Europa. Hubo un cambio, y yo estoy haciendo un aporte: espero que mi trabajo sea un ejemplo, porque no es solamente Bottiroli: hay muchos compositores que pianistas dotados, talentosísimos que hay en Argentina; violinistas, orquestas, podría adoptarlos, trabajarlos y grabarlos.

 

-El material de lo que fue el primer álbum, “Valses”, ya lo habías grabado previamente. ¿Cómo fue la grabación de este segundo, que ya era bajo contrato?

 

-Fue una grabación en confinamiento. Dije: “Tengo que sacar el segundo volumen y consolidar este trabajo”, porque tengo otros proyectos que vienen, que me van a implicar viajes, tiempo de estudio, y con la pandemia se fueron posponiendo. Ya tenía la visión de lo que debía ser este segundo álbum, destinado a los nocturnos, con el proceso que decía; los tuve que memorizar también: si yo no las tengo de memoria no las grabo porque tiene que estar adentro. Entonces es un desafío también intelectual.

 

Creo que empecé en febrero para octubre se grabó fueron nueve meses más o menos. Se hizo en Los Ángeles, todo en mi estudio, donde tengo un piano de cola entera. Fue como se hace hoy  la cosa: tenés que aprender a autograbarte, autofilmarte. En donde vivo hay un silencio absoluto, no hay ruidos, tengo el piano, y lo hago sin la presión de tener que alquilar un estudio: lo voy haciendo a medida que lo siento.

 

 

Una voz espacial

 

-El último ciclo son las “Cinco réplicas para piano”, que incluyen poemas del propio Bottiroli. ¿Cómo fue la búsqueda de la sonoridad y la intención poética en tu traducción, y cómo se llegó a sumarlo a George Takei para que los recite? Hay una relación de amistad.

 

-Los poemas son libres, no tienen métrica ni rima; el que recita tiene que dar intención a las palabras y crear el fraseo. Es lo mismo en la música: estoy consciente de que si otro pianista toma la obra de Bottiroli la puede decir de forma distinta, y está bien. La traducción pasaba por encontrar las palabras correctas.

 

George aceptó hacerlo, leyó los poemas en la traducción, le gustó es amigo mío; pero quedó la palabra nomás. Un día me hacen saber que en octubre quería grabarlos, era un viernes, estaba estudiando los poemas. Dos semanas antes me escribe (todo lo otro tiene gente que le escribe, ese fue el único e-mail personal que recibí): “Querido Fabio: estoy estudiando los poemas, pero quiero escuchar la música”

 

Y me dejé estar: en ese momento todavía no tenía no la grabación de la música. Así que esa noche en tres horas hice el primer intento de grabación; al otro día lo tenía, y entonces se hizo remotamente, con mi de ingeniero de grabación, George y yo. George tiene 83 años, por su ancianidad no salió más por la pandemia; hace mucho voiceover, es un actor de lo que tiene trabajo diario (una excepción en Hollywood): le pone su voz a comerciales, dibujos animados, personajes, libros. Para que pueda seguir trabajando tomaron una habitación en su casa y se le hicieron un estudio. Ese viernes grabó, cuando no le salía bien repetía, y lo tomó como si fuera un trabajo de esos que la hace teatrales o de película todos lo tomo la misma responsabilidad artística que una obra o una película.

 

A George lo conocí de casualidad, es una cola comprando el ticket para tomar el tour arquitectónico de la ciudad de Chicago: lo saludé, y hablo inglés con un acento como si fuera francés. Me preguntó de donde era, pasamos el tour juntos. Él es egresado de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), yo también, porque estudié periodismo. La UCLA tiene su agencia de viajes, fuimos juntos a Italia: entramos a la Capilla Sixtina después de hora después de hora; éramos 11 personas y pude ver los frescos de Miguel Ángel acostado sobre el piso; si lo haces en una en una hora común normal es una romería de gente.

 

De ahí pasamos a Pompeya, y en un momento que la guía se retiraba con el grupo veo que él se dio vuelta, se quedó solito parado en el anfiteatro, y empezó a recitar Shakespeare. El personaje de Mister Sulu lo transformó en parte de la cultura del mundo, pero en realidad es un actor shakespeariano: se  conoce todas las obras y tiene esa voz que maneja. Ese pequeño momento en Pompeya para mí fue uno de los más hermosos que recuerdo en a cuanto a expresión artística.

 

 

Visibilizar

 

-Decías que de la obra de Bottiroli quedan por publicar los temas, variaciones y fantasías. ¿Ya grabaste algo de ese material, o está en preparación?

 

-Está programado: estoy estudiando las obras para retomarlas. Porque íbamos a grabar en Hungría algo importante también, otro autor argentino Eduardo Grau, con orquesta; pero por la pandemia se pospuso. Así que el mes que viene voy a volver a retomar Bottiroli, espero poderla lanzar un disco por año, quedarían dos más.

 

Naxos te exige por lo menos una hora de grabación. Con el primer disco se entusiasmaron mucho, la grabación de los valses tenía 49 minutos y se dieron cuenta después de firmar contrato. Me dijeron: “¿Podés agregar diez minutos?”. “Sí, ¿para cuándo?”. “¿Lo podés hacer en un mes?”. Ahí les agregué 15 minutos, con los Microvalses como “Pájaro invisible” (que es el crispín que está en la tapa).

 

-¿Qué te atrajo de estos otros dos creadores del siglo XX que nombraste, Alessio y Grau (catalán de origen)?

 

-Es importante para mí y es una es algo que Bottiroli me enseñó o transmitió como maestro. Era una persona muy generosa: daba todo por todos, era una persona del abrazo afectuoso, muy emocional, se conmovía. Por 20 años enseñó música en la cárcel de Rosario; qué les enseñaban no lo sé. Creo que él iba a darles una contención emocional a los presos, eso es lo que él hacía; cuando se retira escribe un poema de despedida los pesos y ahí es en donde él dice lo que le iba a hacer: contenerlos emocionalmente.

 

Esa enseñanza humana yo la práctico en la música argentina, que tiene grandes compositores y hay que contenerlos, traerlos a flote y darles una visibilidad: ese es mi trabajo. Bottiroli pasa a ser una persona muy querida en lo personal, entonces en el con el estamos teniendo frutos ahora. Pero el concierto para piano y orquesta de Alessio es una obra que se compara con el concierto de Schumann o el número dos de Rachmaninoff: tengo que tocarlo, tengo que grabarlo. La obra de Grau es tan personal, tan divina, es como una brisa que pasa y representa un rasgo importante de la argentinidad: los que vinieron de Europa y se instalaron en la Argentina e hiciera nuestro país grande, en su caso de España.

 

Tengo el caso de Jacobo Ficher, que representa la diáspora judía. Fue compañero de Shostakóvich en el conservatorio de San Petersburgo en Rusia; creo que se mudó a Argentina en el 22, justo antes mudarse el presenta una obra en una competición en composición y compartió el premio con Shostakóvich. De él tengo los tres conciertos para piano y orquesta, todas las sonatas, creo que con estos cuatro compositores me sobra.

 

 

Raíces

 

-En algún momento honraste a la rama materna checa (Jiříček) con un disco que obras de Smetana, Janáček y Dvořák, entre otros.

 

-Tengo una afinidad muy grande con esa parte de mi identidad personal. Smetana, Janáček y Dvořák son parte del catálogo de compositores checos conocidos, pero también me dediqué a compositores que no conoce nadie por ejemplo Jan Ladislav Dussek y Jiří Antonín Benda, quesería un Scarlatti de lo que eran ese entonces Bohemia República Checa hoy. Dussek era el era el contemporáneo de Beethoven, era monárquico y fue amigo de María Antonieta, a quien le escribió una obra: “Los sufrimientos de la reina”, para piano y narrador; yo la hago pero en lugar de tener narrador proyecto en la pantalla lo que el narrador dice, porque son palabras cortas: por ejemplo “y cae la guillotina”, entonces el piano hace un glissando.

 

Toco también obras del rival de Mozart en Viena: en la película “Amadeus” al rival lo sitúan en Salieri, pero fue en realidad fue Leopold Koželuch: un checo qué servía en la corte de María Teresa y después de José, le enseñaba piano a las archiduquesas, las hermanas de María Antonieta, les escribía obras; era un gran músico, y abogado también.

 

 

Diversificar

 

-¿Cómo sigue tu trabajo durante el resto del año, en este contexto tan particular?

 

-Creo que para que uno tenga frutos en lo que hace vos tenés que tener varios proyectos. Como inmediato teníamos era ahora en junio y julio ir la grabar los cuatro conciertos para instrumentos múltiples con orquesta de cámara de cuerdas en Budapest; eso ahora se la semana pasada y nos tienen que dar una nueva fecha. Entonces estamos esperando eso con Francisco Varela, con quien estoy trabajando el proyecto de Grau.

 

-El año que viene tenemos el proyecto César Franck: son los 200 años de su nacimiento, y yo toco toda su obra; estoy tratando de grabar las obras para piano solista con orquesta. En este momento estoy estudiando, necesitaba tomarme un recreo; en mi metabolismo musical voy por etapas, lo que dejó se oxigena solo. Mientras tanto en este momento estoy estudiando el poema Sinfónico “Los genios” (“Les Djinns”) de Franck, es la única obra que me faltaba estudiar.

 

Franck es interesante porque lo valioso de su obra son los últimos 20 años: lo que escribió antes inclusive él mismo lo descartaba. Está el Concierto para piano N° 2, pero es un esfuerzo, por eso no se ha grabado. Es increíble cómo una persona compuso el tanto en los últimos años de su vida: murió en 1890 y las obras grandes para piano surgen después de 1882, estamos hablando de los últimos ocho años de su vida. Eso puede ser que salga no salga, pero me tengo que preparar ya.

 

Tengo muchos proyectos de publicación de obras, como las sonatas de Ficher, que son como 300 páginas, ya está hecho el primer borrador de todas sus sonatas, que son como las de Prokofiev. Así que sigo con eso yo sigo voy tomando proyecto como lo siento y cómo se va dando.

 

Autor:

Ignacio Andrés Amarillo
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