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Sábado 05.06.2021 - Última actualización - 19:24
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Por María Teresa Rearte

Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo

El papa Francisco durante la celebración del Corpus Christi en el año 2019. Crédito: ArchivoEl papa Francisco durante la celebración del Corpus Christi en el año 2019.
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El papa Francisco durante la celebración del Corpus Christi en el año 2019. Crédito: Archivo

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Por María Teresa Rearte Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo En la fiesta del Corpus Christi, con la procesión y la adoración de la Eucaristía, que debido a la pandemia cada persona realizará como le sea posible, se proclama y reconoce que Cristo se inmoló por toda la humanidad.

Por María Teresa Rearte

 

La celebración del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo es indisociable del Jueves Santo, cuando en la Misa de la Cena del Señor celebramos la institución de la Eucaristía. En vísperas de su Pasión, Cristo dio gracias y alabó al Padre, mostrando el sentido de su Muerte hacia la cual se encaminaba. Se podría decir que ya tenemos el Jueves Santo, que todos los domingos y días del año también celebramos la Eucaristía. ¿Para qué otro día más? Se trata de un día en el que -especialmente- se expresa la fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía.

 

Pange lingua, gloriosi. Corporis mystérium, sanguinisque pretiósi. Canta lengua el misterio del Cuerpo glorioso y de la Sangre preciosa…, dice un Himno eucarístico de Santo Tomás de Aquino, que se refiere a la transubstanciación, según la cual el pan y el vino se convierten -respectivamente- en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

 

El evangelio relata que “mientras comían, Jesús tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo: Tomen y coman, esto es mi Cuerpo. Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó diciendo:  Beban todos de ella, porque esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza, que se derrama por muchos para la remisión de los pecados.” (Mt 26, 26-29)

 

Si en el Jueves Santo se pone de manifiesto la relación indisociable entre la Última Cena y el misterio de la Muerte de Jesús en la Cruz, en la fiesta del Corpus Christi, con la procesión (que por las medidas sanitarias dispuestas por la pandemia no se puede realizar) y la adoración de la Eucaristía, que cada persona realizará como le sea posible, se proclama y reconoce que Cristo se inmoló por toda la humanidad.

 

La Eucaristía también a nosotros nos orienta hacia la Cruz. Por lo que quien ha recibido la Eucaristía no puede vivir de un modo hedonista. Tampoco enredado en la corrupción. Aunque sí se ha de tomar el trabajo como medio para vivir, colaboración con la obra creadora de Dios y servicio a la sociedad.

 

Llegados a este punto quiero hacer mención de una de las herejías, aunque no la única, mencionada por el Papa Francisco, como enemigas de la santidad: “el pelagianismo actual”. “Porque el poder que los gnósticos atribuían a la inteligencia, algunos comenzaron a atribuírselo a la voluntad humana, al esfuerzo personal. (…) Ya no era la inteligencia la que ocupaba el lugar del misterio y de la gracia, sino la voluntad.” (GE. n 48) A la que califica como “una voluntad sin humildad”. (oc.49) No obstante,  por el curso de la historia humana fluye continuamente el río de la Redención, que la hace ser historia de salvación. Y sería importante que reflexionáramos.

 

El Papa emérito Benedicto XVI decía que “al don de la Eucaristía los Apóstoles lo recibieron en la intimidad de la Última Cena, pero estaba destinado a todos, al mundo entero. Por eso hay que proclamarlo y exponerlo abiertamente, para que cada uno pueda encontrarse con Jesús que pasa como acontecía en los caminos de Galilea, de Samaria y de Judea.” Creo firmemente que Jesús también pasa por nuestras vidas, amenazadas por el flagelo de la pandemia, en este momento aciago que nos toca vivir no sólo en nuestra Patria. También por el mundo se expanden la enfermedad y las muertes causadas por el covid-19.

 

A una cultura secularizada como la actual le cuesta comprender el lenguaje de los signos cristianos. “Partió el pan…” es destacado por los evangelios. Está claro que para que todos puedan comer es necesaria la fracción del pan. Pero esa fracción es mucho más que una necesidad práctica. Por eso la tradición cristiana ha entendido siempre la fracción del pan como un signo de la Pasión. El Señor se dejó “romper” por el sufrimiento. Sobre lo cual mucho tiempo antes Isaías ya había profetizado: “Eran nuestras culpas las que lo trituraban.” (53, 5)

 

Por cierto que son muchos los que se resisten a aceptar la presencia real de Cristo en la Eucaristía. No debe sorprendernos. Ya antes había sucedido en la sinagoga de Cafarnaún, cuando Jesús dijo que quería darnos como alimento su carne y su sangre.
(Cf. Jn 6, 26-58)

 

“Lenguaje duro” el de Jesús, por lo cual muchos quisieron dejarle. También hoy ocurre lo mismo. Con las características de esta cultura  del egoísmo individualista, ¿cómo entender que Dios se ofrece en sacrificio por la vida del mundo?

 

“Con humilde confianza –decía en su momento Benedicto XVI- la Iglesia hace suya la fe de Pedro y de los demás Apóstoles, y  con ellos proclama, y nosotros proclamamos: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna.” (Jn 6, 68)

 

Para una aproximación a lo que Jesús hizo con sus discípulos la noche del Jueves Santo se necesita una mirada profunda, que nos permita comprender lo que dice San Juan: “El amor no consiste en que nosotros hayamos amado a Dios; sino en que Él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo para librarnos de nuestros pecados.”(1Jn 4, 10)

 

Renovemos también nosotros nuestra fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Para hacerlo debemos saber que “al Dios que se revela hay que prestarle la obediencia de la fe.” (DV, 5)

 

La Eucaristía no es un rito más, ni una costumbre o una devoción. Cada vez que los cristianos participan de la celebración eucarística se comprometen a amar y servir. Por lo que quiero dejar esta enseñanza del Papa emérito Benedicto XVI: “El amor –caritas- es una fuerza extraordinaria, que mueve a las personas a comprometerse con valentía y generosidad en el campo de la justicia y de la paz.” (CV. n1)

 

Referencias:

 (GE) FRANCISCO :  Exhortación apostólica “Gaudete et exsultate”, sobre el llamado a la santidad en el mundo actual. 19-03-2018. BENEDICTO XVI: Homilía en la Basílica de San Juan de Letrán. 07-06-2007.

(DV) CONCILIO VATICANO II: Constitución Dogmática sobre la Revelación Divina.

(CV) BENEDICTO XVI: Carta encíclica “Caritas in veritate”.  29-06-2009.

 

La Eucaristía también a nosotros nos orienta hacia la Cruz. Por lo que quien ha recibido la Eucaristía no puede vivir de un modo hedonista. Tampoco enredado en la corrupción.

 

La Eucaristía no es un rito más, ni una costumbre o una devoción. Cada vez que los cristianos participan de la celebración eucarística se comprometen a amar y servir. 

 

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