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Lunes 07.06.2021 - Última actualización - 13:36
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La final no debía jugarse

Gran "fiesta clandestina" auspiciada por el Estado en Santa Fe

Caravana en la Costanera. No es Colón, ni la hinchada sabalera, ni los jugadores, ni los dirigentes deportivos. No son ellos los responsables de esta inmensa ofensa colectiva a las normas, protocolos, disposiciones, leyes y decretos. Crédito: Fernando NicolaCaravana en la Costanera. No es Colón, ni la hinchada sabalera, ni los jugadores, ni los dirigentes deportivos. No son ellos los responsables de esta inmensa ofensa colectiva a las normas, protocolos, disposiciones, leyes y decretos.
Crédito: Fernando Nicola

Caravana en la Costanera. No es Colón, ni la hinchada sabalera, ni los jugadores, ni los dirigentes deportivos. No son ellos los responsables de esta inmensa ofensa colectiva a las normas, protocolos, disposiciones, leyes y decretos. Crédito: Fernando Nicola

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La final no debía jugarse Gran "fiesta clandestina" auspiciada por el Estado en Santa Fe No es Colón, ni la hinchada sabalera, ni los jugadores, ni los dirigentes deportivos. No son ellos los responsables de esta inmensa ofensa colectiva a las normas, protocolos, disposiciones, leyes y decretos.

Desde este espacio de expresión se sostuvo que "La final no debe jugarse" . El ruego fue escrito a partir de lo vivido en nuestra ciudad el lunes 31 de mayo pasado, cuando miles de santafesinos salieron a las calles a pesar de la restricción impuesta por el Estado en el contexto de una ocupación plena de camas críticas en la región. Si las Olimpiadas de Tokio 2020 se pospusieron por primera vez en la historia ¿No podían hacer lo mismo, nuestras autoridades, con un partido de fútbol? 

 

Tanto despotricar contra los jóvenes habitués de fiestas clandestinas, terminaron haciendo un evento con las calles como pista de baile y karaoke. 

 

¿Nadie me avisó? 

 

Absolutamente nadie puede sorprenderse de que viernes, sábado y domingo, las calles de Santa Fe se han visto desbordadas por miles y miles de ciudadanos. Menos aún se pueden hacer los tontos funcionarios o representantes del pueblo que, se supone, tienen un nivel de conocimiento de la conducta social por encima de la media.  

 

Ni un concejal, ni un diputado, ni un Intendente, ni un fiscal, ni funcionario del Estado, sea municipal, provincial o nacional ha salido a preguntar, siquiera, si el partido Colón vs. Racing debía jugarse ante las inminentes consecuencias que se producirían en términos de contagios de Covid y la innecesaria sobrecarga de heridos y accidentes que semejante movilización acarrearía.  

 

Ayer "nadie avisó" la inundación de 2003, hoy nadie esperaba semejante festejo. ¿Apostaron a que la pelota no entre? 

 

La culpa, el chancho y el estiércol 

 

Desde ese mismo poder del Estado -que viene abriendo y cerrando actividades desde el 19 de marzo de 2020, apelando al terror, y al que no le importa jugar con la vida de los ciudadanos- se centralizó el otorgamiento total y totalitario de las medidas para "protegernos". 

 

Es por eso que hoy, más allá, de buscar culpables entre los que salieron -o no- a cantar "que se pinte su cajón de rojo y negro", existen responsables que no pueden desmentir que, cuando cierran todo lo hacen por demagogia y cuando "abren" algo lo hacen sólo por convicción electoral.  

 

Decidieron cerrar las escuelas. Resolvieron permitir el show y alimentar el fanatismo. 

 

La historia continúa y continua de generaciones que sostuvieron el Mundial 78, "Vamos ganando", "Felices Pascuas", "el que depósito dólares recibirá dólares" y demás relatos, se produce como tragedia y farsa, al mismo tiempo. 

 

"Nada de esto fue un error" 

 

Nunca fue distinto, quizás la ilusión hizo pensar que el dolor y el sufrimiento haría de este momento -de vidas y muertes- un punto de inflexión en la perversidad del sistema.  

 

Los eventuales gobernantes del Estado y los representantes de las oposiciones políticas institucionales priorizan, nuevamente, el "pertenecer" a la irracionalidad popular de un sector de la sociedad -para no perder un voto-, que al necesario liderazgo que esta hora reclama a dirigentes con testículos y ovarios bien plantados.  

 

Se puede analizar y comprender que la misma mediocridad dirigencial encuentra explicación en la sociedad que los parió. También puede decirse que una gran parte de la ciudadanía aun conserva la idea de que hay prioridades a elegir entre el show y la tragedia.  

 

Nadie puede invocar su propia torpeza 

 

No es Colón, ni la hinchada sabalera, ni los jugadores, ni los dirigentes deportivos. No son ellos los responsables de esta inmensa ofensa colectiva a las normas, protocolos, disposiciones, leyes y decretos. Ninguno de ellos ha sido elegido para comandar y limitar la conducta social ni puede ejercer el monopolio de la violencia para persuadir, contener o reprimir a la ciudadanía. 

 

Cuenta, el discurso esquizofrénico a través del cual, hace 15 meses, el presidente de todos los argentinos -con voz de mando y gesto paternal- comunicaba que "todos los argentinos deberán someterse al aislamiento social, preventivo y obligatorio. A partir de este momento nadie puede moverse de su residencia". 

 

Nacía el #QuedateEnCasa en momentos en que los fallecidos por COVID 19 eran 3 en todo el territorio nacional y había menos de 100 casos positivos.  

 

Hoy 80.000 muertos y 4 millones de contagios mediante, la costanera de nuestra ciudad es un hervidero de miles y miles de personas embanderadas mientras una cámara frigorífica se instala en el Cullen, para prevenir el "estrés en la morgue". En ese mismo paseo ribereño, el día después del anuncio presidencial de marzo de 2020, era detenido e imputado penalmente, un "runner" de 46 años que osó salir a correr. Los medios titulaban como "temeraria" la conducta de este hombre solitario.

 

¿El partido podía esperar? 

 

Desde hace apenas 15 días, el panorama de la pandemia avizora una luz, cierta, al final del túnel por primera vez desde el inicio de este evento mundial. Las imágenes deportivas, que llegan desde el hemisferio norte, muestran el correr de la primavera con el regreso de público a las gradas de los espectáculos. La final de la UEFA Champions League en Porto (Portugal) contó con la presencia de 13.000 espectadores que, incluso, se trasladaron 2.000 km en el propio continente.  

 

Los play off de la NBA se están desarrollando con una tercera parte de los estadios con público.  

 

El propio ritmo de vacunación, en nuestro país, se incrementará en las próximas semanas a velocidad exponencial. Se trata sostener los próximos meses de frío estacional. A esto lo saben quienes exprimen, hoy, a los trabajadores de salud y los tratan de "héroes" en vez de protegerlos. Una bomba de contagio, como la que puede suceder a esta inconciencia colectiva, auspiciada por el Estado, es criminal. No hay palabras para describirla. 

 

En el otro plato de la balanza se encontraba el absurdo argumento de que los contratos, con los jugadores, vencían la semana próxima y eso generaba una ventaja deportiva en uno u otro club.  

 

Solo importó el temor al repudio social. La decisión coherente, correcta y humana de posponer el encuentro, en razón de la verdadera catástrofe sanitaria -según palabras de los propios gobernantes- sólo pudo negarse para responsabilizar al comportamiento social, en las vísperas de tres meses claves en el desarrollo de una pandemia que cuenta con un pronóstico reservado y de cara al proceso electoral, venidero, de medio término.  

 

"Conmigo rebelión, no" 

 

¿Y por qué se jugó el viernes?  

 

Precisamente, porque el DNU del presidente suspendía todo tipo de actividad no esencial y circulación de la población para el sábado 5 y el domingo 6 de junio. 

 

Un absurdo y una demostración insultante a la inteligencia, tan "histórica" como la obtención de la primera estrella para un club de la ciudad de Santa Fe en el fútbol mayor de la argentina.  

 

Nadie sabe, ni sabrá, cuántos muertos cuesta y costará este "permitido" por el Estado. Apenas podemos lanzar, al éter, la pregunta de si una sola víctima vale esa pena. 

 

El día después del gran festejo, las escuelas, clubes, gimnasios y demás establecimientos "no esenciales" se mantienen cerrados.  

 

Es para evitar la circulación de las personas y parte de este "último esfuerzo" que nos piden a los ciudadanos. 

 

Tanto despotricar contra los jóvenes habitués de fiestas clandestinas, terminaron haciendo un evento con las calles como pista de baile y karaoke. 

 

Hoy 80.000 muertos y 4 millones de contagios mediante, la costanera de nuestra ciudad es un hervidero de miles y miles de personas embanderadas mientras una cámara frigorífica se instala en el Cullen, para prevenir el "estrés en la morgue".

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El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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