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Lunes 07.06.2021 - Última actualización - 21:21
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Fútbol y clandestinas: una lectura sociológica del "descontrol" en pandemia

 Crédito: Manuel Fabatia
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Opinión Fútbol y clandestinas: una lectura sociológica del "descontrol" en pandemia

Por Luciana Serovich

Licenciada en Sociología

 

Viernes, 9 pm. Una caravana de autos se dirige al centro de la ciudad para celebrar la "locura" rojinegra. Una marea humana, con bombos, banderas, bocinas, y algún que otro barbijo, festeja el triunfo futbolístico con una euforia no experimentada hacía mucho tiempo.

 

Domingo, 5 am. Un grupo de jóvenes sale en fila india del interior de una casaquinta. Durante esa noche, hubo un encuentro "clandestino", mediado por una entrada de $ 500 per cápita, luces, música -con DJ incluido-, y algunas conservadoras "grupales" con hielo y bebidas de interés.

 

En las noticias y medios de comunicación se reproducen discursos vinculados a la "irresponsabilidad" de los simpatizantes, y a la "rebeldía" de los jóvenes. Ideas que resuenan mucho, pero poco complejizan el análisis o echan luz sobre el porqué de estos comportamientos. A continuación, desarrollamos una lectura sociológica de esta aparentemente imperiosa necesidad de encuentro o festividad.

 

Festejar como ritual colectivo

 

"¿Tenés tanta necesidad de salir?" Durkheim, sociólogo clásico francés, hace cien años explicaba que, en todas las sociedades, las experiencias compartidas o los momentos de "efervescencia colectiva", resultan centrales para que los distintos grupos autoafirmen su identidad comunitaria, identidad que los diferencia de "otros" (en estos casos, los jóvenes de "los adultos", o los sabaleros de "los tatengues", tal vez). Estos momentos, también llamados "rituales", tienen por efecto acercar a los individuos, poner en movimiento a las masas y suscitar un estado de efervescencia, a veces hasta de delirio, y emociones grupales. Algo similar ocurre en las ceremonias religiosas. El hombre es transportado fuera de sí, distraído de sus preocupaciones ordinarias, y se dan manifestaciones similares: "cantos, grupos, música, movimientos, danzas" (Durkheim, 1912:391).

 

Ya sea salir a bailar, ir a la cancha, o hacer un retiro espiritual, constituyen maneras de comunicación y de unión entre los seres humanos que expresan realidades colectivas, modos de actuar que nacen en el seno de los grupos, y que buscan mantener o renovar ciertas normas colectivas, determinadas formas de actuar, pensar y sentir comunes al grupo. Si tradicionalmente, en el entorno tribal, el chamán hacía viajar a las personas a través de experiencias que buscaban el éxtasis, podemos pensar que a este papel lo cumple hoy el conocido "DJ", o los principales "agitadores" de "la hinchada". Los ritos suponen una ruptura con la vida cotidiana, refuerzan los sentimientos de pertenencia colectiva y, en este sentido, nos recuerdan nuestra dependencia de los otros.

 

Los jóvenes, cuando participan de fiestas, se encuentran con "otros", parecidos a "ellos", bailan en conjunto, se cortejan, escuchan música de interés, y reafirman de este modo su pertenencia simbólica al grupo. Con los simpatizantes futboleros ocurre algo similar, pues "juntarse a ver el partido", "sufrir juntos", y "festejar en conjunto" constituyen instancias de encuentro que reactualizan y mantienen nuestra integración con determinado equipo y grupo de amigos. Resulta difícil pensar una sociedad sin estos ritos, pues son los que alimentan y afianzan los sentimientos colectivos.

 

Como nos han mostrado las ciencias sociales y la psicología, la sociabilidad entre pares tiene una importancia fundamental en la construcción de la subjetividad. Esto no significa que las fiestas clandestinas o los festejos del fútbol sean hoy espacios inevitables o necesarios, siendo que nos encontramos en un momento crítico de la pandemia a nivel nacional. Sin embargo, la lectura sociológica nos invita a repensar el uso o función de estos eventos en tanto rituales colectivos fundamentales para la construcción de nuestras identidades individuales y sociales. Más aún en tiempos en los que las fuentes de identidad (lo que nos permite construirnos como un "yo" y un "nosotros") no abundan.

 

Y por casa… ¿cómo andamos?

 

Ahora bien, ¿son los jóvenes y los simpatizantes los únicos "desobedientes"? Luego de haber reflexionado sobre la utilidad o función social de estos encuentros, es preciso interrogarnos si es estos grupos son los únicos y principales "responsables" del incremento de los contagios. Despojarnos por un momento del discurso condenatorio nos permitirá comprender lo que sucede con mayor profundidad y complejidad.

 

Pensemos por un momento en el alcance de las fiestas clandestinas. En Argentina existen aproximadamente siete millones de jóvenes (de 15 a 24 años). La primera idea de sentido común que podemos desmitificar es que "todos los jóvenes" están yendo a "las clandestinas". Si bien aún no existen datos precisos por la novedad del fenómeno, es probable que el porcentaje de jóvenes que asiste a estos eventos sea muy pequeño en relación con el total. Si se visibilizara la voz de aquellos que no asisten, y se escuchara qué piensan de estas fiestas y de quienes asisten a ellas, seguramente el imaginario colectivo de la juventud sería diferente. En situaciones críticas como la actual, el señalamiento a determinados grupos, desde lecturas del sentido común, obstaculiza la comprensión y la posibilidad de elaborar políticas que se ajusten a los intereses y las prácticas reales de los distintos sectores sociales.

 

La pregunta que deviene del análisis es la siguiente: y por casa… ¿cómo andamos? Los cumpleaños no dejaron de festejarse en los hogares, los almuerzos familiares del domingo no dejaron de realizarse, como tampoco dejaron de celebrarse las graduaciones o "recibidas" (con personas de riesgo incluidas, y en espacios cerrados…), nuestros mandatarios, los políticos y la farándula en general, no han dejado de frecuentarse (y contagiarse), y las reuniones puertas adentro de los adultos también incumplen medidas sanitarias.

 

En este sentido, ¿todos acatamos a rajatabla las recomendaciones sanitarias? ¿O será que algunos grupos sociales molestan más que otros? El presente escrito no busca justificar conductas, sino más bien complejizar la comprensión de los comportamientos de los distintos grupos de nuestra ciudad. Nuevamente, invitamos a una escucha más atenta a las ciencias sociales, ya que éstas contribuyen a desmitificar aquellas ideas que reproducen discursos que no siempre responden a evidencias empíricas, y a comprender la multicausalidad de los fenómenos sociales para que el desarrollo de las políticas públicas no esté sesgado por creencias generalizadas.

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