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Sábado 10.07.2021 - Última actualización - 9:37
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Nostalgia de un pasado reciente

El potrero o campito, ese lugar lleno de imperfecciones y falencias

Los chicos ya no frecuentan un potrero o campito por la distracción de la tecnología, por la falta de espacios y el miedo por la inseguridad. La felicidad de tiempos no tan lejanos se trasladó a los clubes de barrio o canchas de fútbol 5.

Otros tiempos. Un lugar de Otros tiempos. Un lugar de "picaditos" de fútbol que muchos disfrutaron.
Crédito: Archivo

Otros tiempos. Un lugar de "picaditos" de fútbol que muchos disfrutaron. Crédito: Archivo

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Nostalgia de un pasado reciente El potrero o campito, ese lugar lleno de imperfecciones y falencias Los chicos ya no frecuentan un potrero o campito por la distracción de la tecnología, por la falta de espacios y el miedo por la inseguridad. La felicidad de tiempos no tan lejanos se trasladó a los clubes de barrio o canchas de fútbol 5. Los chicos ya no frecuentan un potrero o campito por la distracción de la tecnología, por la falta de espacios y el miedo por la inseguridad. La felicidad de tiempos no tan lejanos se trasladó a los clubes de barrio o canchas de fútbol 5.

El diccionario nos dice que potrero o campito es el "lugar dedicado a la cría y pasto del ganado caballar". O sea, un espacio abierto donde los potros se criaban, retozaban y se alimentaban del verde césped. Ahora bien, el uso popular de esta palabra nos dice que potrero o campito era todo lugar abierto y descampado donde la muchachada jugaba al fútbol. Probablemente se los haya designado así porque se la pasaban corriendo todo el día como potrillos o porque jugaban como caballos, vaya uno a saber.

 

Ahora bien, todo lugar libre podía convertirse en un potrero o campito, o para decirlo de un modo más exacto , todo potrero o campito podía transformarse en una improvisada cancha de fútbol: un terreno baldío, un rincón desusado de la placita de la esquina, algún campito, el terreno bajo la autopista, el descampado que ofrecían las vías del tren y porqué no la misma calle de tierra o con mejorado de piedra, lugar donde, por el paso de un vehículo, se detenía el juego y tras el regreso se hacía un pique para darle continuidad al picado. Los arcos, lejos de ser verdaderos, se armaban con la ropa o bolso que no se utilizaba en el momento del juego. Un adoquín o un palito que se plantaba a base de golpes con un adoquín o ladrillo en desuso, además, quien escribe recuerda, que, solíamos jugar con mis amigos del barrio Loyola de Santo Tomé, con sus desniveles que hacía picar a la pelota de una forma endemoniada; los portones de los garajes y depósitos o las persianas de los talleres mecánicos, o la misma tienda de Doña Rosa, que cerraba para hacer una siesta, nos servían de arcos. El gol gana en el siete contra siete, siempre y cuando se armaba otro equipo. El dueño de la pelota, jugaba sí o sí, porque, caso contrario, el jugador en cuestión abandonaba el lugar y el único balón ya no nos pertenecía.

 

Hoy por hoy, seguramente, se han convertido en un espacio mítico, de leyenda, un lugar perdido tras la niebla de un tiempo no tan lejano; un lugar desplazado por el progreso que todo lo quita, todo lo transforma e intenta borrar nuestros hermosos recuerdos. Puede que aún sobrevivan algunos pocos, aquí o allá. Puede que, como estandarte de grandes batallas, aún resista uno que otro, en algún pueblito, de esos donde el progreso suele remolonear, tomarse su tiempo en llegar.

 

Foto: Archivo

 

 

 

Potreros o campitos. ¿Quién que cuente con treinta años o más y sea amante de la práctica del fútbol no ha jugado algún picadito en un potrero o campito alguna vez? ¿Quién no ha gastado las zapatillas o botines Sacachispas en sus duros suelos de tierra, piedras y grietas en el mismo piso, producto de la sequía o por la gran cantidad de agua caída? ¿Quién no se ha embarrado hasta las orejas por jugar esos inigualables partidos bajo la lluvia? ¿Quién no se ha lastimado rodillas, codos y otras partes del cuerpo al querer sacar alguna pelota desde el piso o al caer víctima de un violento foul desde atrás?

 

Todos, los de generaciones pasadas, disfrutaron del potrero o campito y por eso Pasión Liga buscó la palabra de los que alguna vez se emocionaron con la pasión que despertó el juego en momentos tan buenos como apasionados.

 

Los entrevistados debían responder dos preguntas: A, ¿Cuál fue tu potrero o campito?. B, ¿Qué hay ahora en ese lugar?

 

El "Chueco" Robledo fue el primero en poner en marcha la encuesta. "Como nací y me crié en Providencia, allá el potrero sobra hay grandes extensiones de campos con lo que no era problema conseguir donde hacer un picado. Mi lugar de nacimiento es un pueblo chico y sobran espacios. Igual, pegado a mi casa había potrero y ahí disfrutamos el juego. Mi club era el Bochazo pero yo vivía muy cerca de Sportivo Providencia. Después con 16 años ya empecé a entrenar en Colón y veía que los campitos o potreros eran maravillosos en Santa Fe".

 

Foto: Archivo

 

 

 

"Cachi" Retamar: "Las canchas del 12. Lugar donde hacía de local Nueva Chicago y estaban ubicada entre las calles, Juan Díaz de Solís-Lamadrid y Lisandro de la Torre y Salta. Ahora está el complejo habitacional La Florida, detrás del Nuevo Hospital de Niños. Hacia el sur, estaba ubicada la canchita, El Campito. Éramos muy felices. Inolvidables momentos".

 

Juan Manuel González: "Mi campito o potrero estaba en barrio Los Troncos. Cerca de la cancha de los Canarios. En esos lugares pasamos gratos momentos. No puedo negar que paso cada tanto para recordar viejos y hermosos momentos. El campito está todavía, más allá que se han construida varias casitas".

 

Sergio Ferrer: "La casa de mis viejos queda en Saavedra 3185 de Santo Tomé, en lo que históricamente se ha conocido como el barrio Alianza, porque el club está a unas dos cuadras. El campito en el que jugábamos al "bolo" (a veces le decíamos pelota, pero la mayoría de las veces "bolo") quedaba entre Saavedra, Aristóbulo del Valle y Avenida Luján. Al principio ocupaba casi media manzana, pero después empezó a ser ocupado. Cuando era el terreno completo teníamos una cancha de 11 contra 11, prácticamente, orientada de este a oeste. Después por lo general armamos la canchita de norte a sur. Del lado sur, había casas, en el lado norte, la calle Aristóbulo del Valle. Si la hacíamos de este a oeste, corríamos el riesgo de mandar la pelota a la Avenida Luján. Armábamos los arcos con postes, a los que les hacíamos unas horquetas arriba para "calzar" el travesaño. Pintábamos laterales, áreas, medialuna, medio, corners y puntos del penal con cal. Ese lugar, desde hace unas cuantas décadas forma parte de la Vecinal Loyola".

 

Martín Salemi: "Mi campito o potrero fue cerca de casa. Un lugar muy cercano a la EPE. El lugar exacto es Tacuarí al 5900. Sigue habiendo potrero en ese pero ya no se usa para jugar. Para ser más preciso, es pegado a la plaza Chaplín, En ese lugar jugábamos con los amigos del barrio".

 

Chino Bonaveri: "Mi campito fue el que estaba pegado al Parque de la Locomotora. Después se fue poblando y ya no se juega. Y el segundo lugar fue la cancha de Ferro, en Regis Martínez y Vélez Sarsfield, era de 11 y luego la dividieron en dos. Fueron momentos muy lindos que nadie podrá olvidar".

 

Gato Wagner. "Mi campito fue la Plaza Las Malvinas, hoy vigente, en barrio Los Hornos. Atrás de la plaza en cuestión, estaba la caba Calcaneo, que después se rellenó y hoy es un barrio más de la ciudad. Fueron momentos memorables que nadie puede olvidar".

 

Foto: Archivo

 

 

 

Axel Arguinchona: "En la primaria no jugaba en campitos porque en la escuela San Cayetano teníamos dos canchas de fútbol. Después, en la secundaria, si lo hacíamos pegado a la Avenida Alem. En esos lugares se jugaba todos los sábados. En Alem, sobre la mano norte. Fueron lindos y gratos momentos".

 

Gustavo Pueyo: "Quién no jugó en el campito o potrero. Cuando era chico y no tanto, siempre al lado de la casa de mi abuelo en San Justo tenía que haber un campito. El que más recuerdo es el de la casa sobre la ruta 11, lugar donde se fueron a vivir después del tornado. Arcos de palos y uno solo de los arcos tenía travesaño, en el otro era a ojo. Eso generaba terribles discusiones. Uno de los arcos daba a la vía, así que había que tener mucho cuidado, para colmo en esa época, los trenes pasaban bastante seguido. No se suspendía por lluvia. Y todos los días se jugaba. Mi abuelo me esperaba a la salida de la escuela a las 17.30, y si no tenía práctica en Colón, aunque sea, jugábamos unas cabezas, pechito vale 3. Por supuesto, yo de compañero de mi abuelo Joaquín. Nunca perdíamos. Si la cosa se complicaba el abuelo suspendía ja jaaa. No le gustaba perder a nada. Y los fines de semana partidos bravos y largos. Venía todo el barrio a jugar. Los del taller de al lado, Colombito, los Gómez, todos mis tíos y primos y alguna tía también. Mi primo Fabian jugaba descalzo y le pegaba fuertísimo y nunca se lesionó. Qué hermosos recuerdos!. Pero campito top top era el Campito Schneider que le decíamos porque quedaba pegado al taller de Waldemar Schneider. Hoy hay una plazoleta. Pero que canchita! arcos de postes de madera gruesos con travesaño y todo. Era un lujo para la época. Hasta pasto tenía en algunos sectores. Era el campito elegido para los duelos del A contra el B de la escuela o de los más importantes duelos barriales. El "monumental" de los campitos. Inolvidable".

 

Claudio Martinet: "Mi campito era en Brasil al 1400. Hoy todavía está mi casa materna. En ese lugar jugábamos al fútbol, a las bolitas, a los trompos, remontábamos un barrilete y también nos peleábamos a las trompadas limpias. Fue uno de los momentos más maravillosos de nuestra niñez y juventud. En el lugar construyeron un corralón".

 

Gustavo Nepote: "Yo jugaba en Vera y Pintado, mi pueblo natal. Armábamos una canchita al lado de las vías cuando todavía pasaba el tren. Hoy todavía está la canchita y los arcos de palos de árboles ya no están más. Después ya jugué en Juventud Unida, eso ya era un club. Salvador del Carril y Mitre, ahí, con mis primos y mi hermano; Juan Alberto, José María y mi hermano, Javier, más otros invitados del barrio. Ahora se construyeron casas. Fue un momento inolvidable para todos nosotros".

 

 

Gringo Morano: "En la primaria jugábamos atrás de la escuela Luján. Era una calle de tierra con una zanja y después me fui a Salta donde jugaba en la escuela y cuando volví a Santa Fe, lo hice Mitre y Maipú. Después, atrás del colegio La Salle en el empedrado y la vereda, ahí teníamos como socia a la pared y todo valía. Finalmente nos fuimos a Sauce de Luna de Entre Ríos, y ahí sobraban los campitos por eso jugábamos en cualquier lado. luego volví a Santa FE para jugar en Ateneo, cancha de tierra y arena. Fueron momentos únicos donde éramos felices".

 

Ernesto Sosa: "Mí campito fue la canchita de los Cuna Gómez, en JP López entre Lamadrid y Juan Díaz de Solís. Otra, en la cancha de Funier, en Hernandarias entre San Lorenzo y Gdor. Freyre. Sideral, Castelli y Dr. Zaballa. Ya en la secundaria en la canchita de la escuela de Lourdes hoy Peñaloza , la canchita del puente Luciano Torrent y San Lorenzo. Hoy, en la mayoría de estos lugares ya se construyó. Fue un lindo momento donde disfrutábamos cada día".

 

Mario Donetti: "Mi campito estaba pegado a la Oxígena, en Blas Parera y también en la canchita de Instituto. Después en Independiente, en calle Estrada y Espora, lugares únicos donde todo era alegría. Hoy, ya no quedan campitos donde nuestros hijos y nietos pudieran disfrutar de los natural".

 

Marcelo González: "Yo me inicié en Ferro, Domingo Silva y Avellaneda. Picado o gol entra. Lástima que los chicos no tenga esa posibilidad. Hoy, ya no se puede jugar más ahí. Fueron momentos maravillosos que ya no pueden disfrutar los más chicos".

 

Fabio Fernández: "Cuando vine de mi pueblo, Arrufó, jugábamos en Huergo y Vélez Sarfield. A 2 cuadras de la Costanera. Hoy, sigue siendo un espacio recreativo donde un playón con juegos y cancha de básquet son el atractivo de los niños. Fueron momentos únicos".

 

Fabián Mazzi: "El campito cuando éramos chicos estaba a una cuadra de la Iglesia la Salette. Hoy se levantan casas. Y la otra canchita era la que denominábamos Thilco por la casa de baterías que estaba enfrente. Vivimos años felices en tiempos donde jugar era lo más lindo que nos pasaba".

 

Juani y Nico Bianco: "Nuestro campito era la plaza de la Basílica, en las canchitas de Macabi y en la plaza del folcklore. Lo bueno de los picados era el vale todo, además el reloj no se detenía jamás. Hoy hay construcciones y donde queda campito no se permite jugar. Fueron los mejores momentos de la niñez".

 

Ernesto Dip: "En San Carlos abundaban los campitos. En la equina de mi casa había un campito que luego construyeron un barrio completo. Después tengo otro muy cerca de mi casa donde además venán los juegos de diversiones. Un club de bochas también tenía lugar para jugar. Y por último, la cancha vieja del Club Argentino. Y hoy existe el voltio, un lindo lugar para jugar un picadito. Los clubes, por suerte, permitieron que ingresen todos los niños y puedan ser contenidos en tiempos complicados para estar solos en la calle.

 

Corcho Lerman: "El Parque Garay es un lugar lleno de campitos que se jugaba todo el día. Por suerte todavía en existencia y cuando pasas por ahí se ven chicos del barrio jugando un picadito. Fueron momentos únicos en la vida de cada uno de los que pisamos un campito".

 

Lito Brignone: "Desde muy chico fuimos jugadores del barrio. Después jugamos en la liga oficial fue Fomento 9 de Julio en primera B. Fueron años hermosos y teníamos al 'flaco' Tobaldo, un delantero terrible que no se cansaba de hacer goles. Hoy, en las canchas que jugábamos, es un barrio y la ubicación es Pedro Ferré y Saavedra. Fueron años donde se cumplía el sueño del pibe. Cada día era un torneo donde ganábamos todos".

 

Lichi Carnevale: "El Parque Garay era nuestro campito. Con mi hermano y su banda jugábamos todo el día. También en Sargento Cabral y María Selva. Cuando somos grandes entendemos que esos fueron los mejores de la niñez. Los lugares no cambiaron demasiado, menos aún el Parque Garay".

 

Alejandro Bonazzo: "Mi campito estaba a la vuelta de mi casa. Jugábamos todos los días. Hoy en el lugar hay una cochera. Esos momentos de la niñez no se comparan con nada. Hoy, los ya no quedan lugares en los barrios donde jugar al fútbol"

 

Mariano Bonzzi: "Yo me crié en barrio Cabal ahí mí viejo armó una cancha de 11 y se llamaba Ateneo 1de Julio. En ese lugar pasé momentos de mucha felicidad y puedo decir que jugué toda mí infancia hasta casi adolescencia. Hoy no hay construcciones y está en Castelli y Larguía".

 

Ale Vázquez: "El campito era la cancha de Ferro. Jugábamos siempre. En realidad, por ser la Costanera, no teníamos mucho campito. Íbamos a los seguro. Igual, fueron momentos muy lindos donde éramos felices con muy poco".

Autor:

Juan Carlos Haberkon
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