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Viernes 16.07.2021 - Última actualización - 20.07.2021 - 0:18
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“Hablo solo”

Abasto Base: más allá de las fronteras

El dúo conformado por el compositor y cantante rosarino José Ianniello, y el guitarrista y arreglador porteño (radicado en Ecuador) Adrián Steinsleger, presentó el single adelanto de su álbum debut. El Litoral conversó con el segundo para conocer más sobre esta apuesta que atravesó océanos y continentes, de la mano del tango, el bolero, el vals y otros géneros.

 

Ianniello y Adrián Steinsleger, unidos por la pantalla desde antes de la pandemia. Crédito: Gentileza producciónIanniello y Adrián Steinsleger, unidos por la pantalla desde antes de la pandemia.
Crédito: Gentileza producción

Ianniello y Adrián Steinsleger, unidos por la pantalla desde antes de la pandemia. Crédito: Gentileza producción

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“Hablo solo” Abasto Base: más allá de las fronteras El dúo conformado por el compositor y cantante rosarino José Ianniello, y el guitarrista y arreglador porteño (radicado en Ecuador) Adrián Steinsleger, presentó “Hablo solo”, el single adelanto de su álbum debut. El Litoral conversó con el segundo para conocer más sobre esta apuesta que atravesó océanos y continentes, de la mano del tango, el bolero, el vals y otros géneros. El dúo conformado por el compositor y cantante rosarino José Ianniello, y el guitarrista y arreglador porteño (radicado en Ecuador) Adrián Steinsleger, presentó el single adelanto de su álbum debut. El Litoral conversó con el segundo para conocer más sobre esta apuesta que atravesó océanos y continentes, de la mano del tango, el bolero, el vals y otros géneros.  

 

Abasto Base es la singular unión de dos músicos argentinos que desarrollaron una gran amistad y distintas colaboraciones musicales en la Ciudad de Buenos Aires hasta el año 2010, pero que desde hace una década residen uno en Rosario (Argentina), y otro en Cumbayá (Ecuador), a más de 5.000 kilómetros de distancia. El dúo conformado por el compositor y cantante rosarino José Ianniello, y el guitarrista y arreglador porteño Adrián Steinsleger presentó “Hablo solo”, single adelanto de lo que será su álbum debut a editarse durante este año, y cuya propuesta fue premiada en 2020 por el Programa de Fomento de las Músicas Iberoamericanas “Ibermúsicas”, en su convocatoria de “Ayudas al sector musical en modalidad virtual”.

 

El Litoral conversó con Steinsleger para conocer más sobre esta propuesta que arranca en el tango con guitarras y viaja hacia otros géneros argentinos y latinoamericanos, como así también sobre sus proyectos en “la mitad del mundo”.

 

 

 

 

Romance solitario

 

-¿Cómo nació esta canción, y por qué en ritmo de bolero, como anticipo de lo que va a ser el disco?

 

-Soy músico de tango, y he tocado música popular un montón: toqué chamamé, trabajé viajando mucho por el Litoral, y en general me gusta mucho la música popular de Sudamérica y América Latina en general. Y el bolero es algo muy representativo del de lo criollo, porque está presente desde México hasta Argentina, incluso en España.

 

Jose fue el que escribió el tema, yo lo arreglé y grabé las guitarras y todo. Creo que cuando empezó a escribir el tema, no sé si se lo imaginó como un bolero, pero terminó siendo un bolero porque es como un poco humorístico; por lo general la temática de los boleros son bastante definitorias de la onda. Hay géneros que podés hablar de cualquier cosa y van a seguir siendo ese género; pero en el caso del bolero si no hay romanticismo no hay bolero. Esto es una persona que está sola, encerrada en la casa, en la pandemia, y habla sola (risas).

 

-Es el bolero de la soledad.

 

-Un bolero de confinamiento.

 

-Armaste un arreglo para cuarteto de guitarrón, dos guitarras y requinto, que le da ese color de las viejas formaciones bolerísticas al estilo de Los Panchos, con el requinto dibujando arriba. ¿Cuánto pasó desde que te la mandó a que te la imaginaste en esta forma? Porque parte de lo humorístico es eso, que tenga ese estilo clásico.

 

-Claro. Es como “se lo toman en serio”. Fue pasando rápido; tengo acceso a un montón de instrumentos acá en Ecuador: tengo un amigo muy querido (Norberto Novik) que es un constructor y restaurador de instrumentos muy groso. Entonces él en su taller tiene cualquier cantidad de cosas; le afané un requinto hermoso y grabé con eso. Siempre estoy pensando qué voy a poder usar y para qué.

 

-Igual está en los agradecimientos, estuviste bien.

 

-Sí. Las guitarras que uso las construye él. El lugar es hermoso, es muy difícil y muy copado tener a mano tantos instrumentos de tan buena calidad. Apenas hablamos de instrumentarlo dije “voy a agarrar el requinto ese urgente”.

 

-Grabaste allá en Ecuador y José en Rosario. Se sumó Christian Basso desde Buenos Aires, haciéndole honor al apellido...

 

-Sí, son tres generaciones de bajistas.

 

-La “China” Victoria Virgolini que allá en Rosario toca con mucha gente; incluso Ignacio Ianniello aportó desde Madrid algunos coros, el mastering lo hizo Daniel O’Connell en Barcelona. ¿Cómo fueron todas esas conexiones digitales en medio de la pandemia para poder concretar la participación de toda esta gente?

 

-Fue bastante natural el proceso, no hubo ninguna dificultad. También nos lo tomamos con calma, no es que dijimos “esto tiene que estar una semana, tomen la partitura, pónganse a grabar”; tardamos un tiempo. Pero es muy loco como uno se termina acostumbrando a la presencia de la tecnología en todo; cómo una cosa como ésta, que cuando éramos chicos podría ser demencial: pensar en hacer una cosa como ésta, con un tipo grabando en una ciudad y otro en otra; y ahora estamos hablando en directo por video.

 

-Eso lo podía hacer Frank Sinatra cuando hizo los “Duets”, ellos sí podía mandarse un track; pero no estaba al alcance de cualquiera.

 

-No, y era mucho más complicado: sincronizar las pistas con la tecnología que había en esa época era bastante complicado y muy caro.

 

-La época de la Portastudio, en el mejor de los casos.

 

-Y antes todavía. La Porta era hermosa.

 

 

Retazos visuales

 

-De la misma forma tuvieron que pensar el video: filmarse cada uno o hacerse filmar, escribir las palabras, las pantallas. ¿Quién estuvo atrás de esa coordinación, y cómo fue hacerlo?

 

-Fue muy divertido hacerlo. Empezamos a hablar sobre el video, a tirar ideas. Jose lo editó, más o menos articuló un guión, y le empecé a mandar cosas. Me pedía cosas muy específicas, y después improvisamos algunas tomas. Se fue armando con el material que tuvimos disponible.

 

Había dos caminos posibles: una preocupación al principio era: “No tenemos recursos para hacer una cosa muy profesional, que tenga calidad de industria”. Mi criterio era: “No tiene que ser pretencioso, porque si no tenemos la guita para hacer una superproducción, o de un nivel de calidad aceptables para que se difunda en ciertos lugares (que a veces te piden tal formato, que el color tenga ciertas características), hagámoslo súper casero: que haya tomas con diferentes aparatos (celular, captura de pantalla, cámara)”. Y quedó: creo que está divertido, me gusta.

 

-Por un lado da con la onda de la canción, y por el otro se impuso una estética de pandemia que tiene que ver con los diferentes dispositivos, cada uno transmitiendo desde un lugar diferente.

 

-Tal cual. Además es a lo que estamos acostumbrados a ver todos los días: ya el consumo de entretenimiento o de cultura no pasa por la tele o por un emisor de contenido al que uno se suscribe; uno ve un pedazo de un video en un monitor grande o en una tele, y después agarra un celular que tiene otra configuración de color; incluso cuando entrás a YouTube por ahí el video que estás viendo lo subió alguien que no se sabía cómo hacerlo y la realidad queda medio rara. Entonces uno está acostumbrado a que la calidad fluctúe, a que haya “errores” de postproducción. Usar eso como fundamento estético también fue natural, y quedó mejor de lo que creíamos.

 

-Fueron premiados por el Programa Ibermúsicas”. ¿En qué los ayudó tener ese respaldo?

 

-Lo de “Ibermúsicas” está bueno por varios motivos. La guita que ellos aportan sirve para resolver más rápido cosas que de otra manera tal vez sería más complicadas; y por otro lado también para darle un marco. Nosotros veníamos hablando de hacer esto hace rato ya; una vez que empezamos a trabajar en el proyecto aplicamos a “Ibermúsicas” sin ninguna esperanza, y salió. Fue una sorpresa, estuvo buenísimo; lo que está bueno es que nos ayuda también a darle un marco: el hecho de tener que entregar las cosas con fechas.

 

-Impone una disciplina.

 

-Claro, y tener que documentar todo el proceso de una forma puntual, te da una cierta presión, que tal vez si eso no estuviera en tener un disco a tardaríamos tres años. Y tiene buena chapa: “Ibermúsicas” es un proyecto que viene colaborando con un montón de artistas muy piolas ya hace unos años. Así que estar metido entre los seleccionados está buenísimo.

 

 

Tiempos difíciles

 

-Las primeras canciones surgieron cuando laburaron justos hace más de diez años, otras son posteriores, cuando ya estaban a la distancias. ¿Qué los impulsó a retomar este encuentro justo ahora, cuando todo estaba en contra?

 

-Nosotros nos conocemos hace mucho, casi 20 años. Tuvimos una banda y grabamos otras cosas, hicimos unas cuantas cosas juntos. La idea de grabar algunos temas de Jose con este formato está flotando en el aire hace un montón, y al principio de la pandemia, tipo hace un año y medio, estábamos los dos con poco laburo y con un montón de tiempo. Dijimos: “Bueno, ahora, vamos”; y ahora es al revés: estamos los dos con un montón de laburo y sin tiempo, avanzando de a poquito (risas).

 

Pero hubo un momento en el que estaba todo muy parado, yo la verdad no sabía qué hacer: si volverme a Buenos Aires, ni siquiera cómo lo iba hacer en tal caso: había unos vuelos de repatriación en los que volaba gente que estaba realmente en problemas serios. Entonces buscar algo qué hacer fue un buen pretexto para poner la energía en algo.

 

-Hace un montón que estás allá, tampoco volver es fácil.

 

-Estoy hace cuatro años, pero viví acá cuando era chico, de los 17 a las 20, ponele. Estuve muchos años sin venir, volví hace cuatro y me quedé. Cuatro años puede ser poco o mucho tiempo.

 

-No es que te agarró de casualidad, tenés que levantar campamento.

 

-Pero no es lo mismo estar en tu país. Acá estoy 100 % legal, tengo laburo, casa, todo, estoy re instalado; pero en el medio de una emergencia... Sé que la gente se queja mucho de cómo se estuvieron manejando algunas cosas durante la pandemia en Argentina; pero acá fue realmente mucho más complicado: recién ahora se está activando el plan de vacunación, la gente se sintió muy abandonada. Hubo un momento  que acá en Guayaquil la gente tiraba cadáveres a la calle porque las funerarias no daban abasto: salías a la calle y era como está en un capítulo de “The Walking Dead”.

 

-Ahí ya no te gustó tanto.

 

-Dije: “¿Qué onda? Si esto va a seguir así, y encima no hay laburo, para eso me voy para allá”. Pero después también me quedé con la perspectiva de estar encerrado en un departamento en Buenos Aires: tampoco. Así que bueno, ya está más tranquila la cosa.

 

 

Steinsleger con la guitarra pero sentado en la pose del sitar, su segundo instrumento.Foto: Gentileza producción

 

 

Colores del continente

 

 

-Hablabas esto obviamente hay tango, vemos que está el bolero, hay géneros que por ahí son más cercanos como la milonga y el vals, parte de la música ciudadana; pero también el chamamé, cosas que están un poco más allá. Por un lado hay una exploración de esa paleta rítmica y sonora, pero al mismo tiempo al estar esta base de la instrumentación con las guitarras y algún otro instrumento de la familia, le da una unidad a la estética de Abasto Base.

 

-A mí me gusta mucho que parte del mensaje indirectamente tenga que ver con la unidad cultural de América del Sur. Y es algo para mí es inevitable: he vivido mucho tiempo acá, estuve casado diez años con una mujer de Formosa, viajé bastante por Paraguay, por el sur de Brasil, anduve en México. Entonces tengo un montón de influencia de música de diferentes lugares del continente.

 

América del Sur es un lugar que, salvo, Rusia probablemente sea el único en el mundo en que podés hacer 8.000 kilómetros y seguir hablando el mismo idioma; incluso sentirte en tu casa, comer cosas parecidas. Y eso estamos en los géneros populares se siente, está totalmente expresado: hay cierta forma de arreglar las guitarras, hay condimentos parecidos en la música. Así que tiene que ver un poco con eso: con la voluntad de expresar esta unidad.

 

-Como recién hablamos del bolero pasa con otros géneros: sacando ciertos folclores muy específicos, hay géneros que tienen su expresión en cada lugar y qué más o menos están en toda Latinoamérica. Hay folclore argentino, como el caso del chamamé, que también lo vas a encontrar en el sur de Brasil. Por ahí las fronteras en lo musical son mucho más lábiles.

 

-Sí, y no solo en lo musical: te vas a Misiones, o lugares fronterizos del Chaco, y ahí la gente es no es ni de un lado y ni del otro de la frontera. Sí, se sientan representados por una bandera, pero todos tienen primos del otro lado, o el papá o la mamá. Lo mismo pasa en Jujuy y Bolivia, lo mismo pasa acá en el sur de Ecuador con el norte de Perú. Un rosarino o un porteño probablemente tengan mucho más que ver con un montevideano que con un jujeño. Entonces también hay como zonas grises en las culturas; y la música es un vehículo para notar esto muy gráfico, queda muy expuesto.

 

-¿Para cuándo suponen que estaría el álbum saliendo, y qué cosas faltan terminar?

 

-Lo queremos tener listo para noviembre, diciembre. Va a haber un tango instrumental mío, también arreglado con guitarras; tenemos una milonga campera más estilo uruguayo: le vamos a meter si todo sale bien una murguita, un coro murguero. Y ahora  estoy empezando a arreglar uno de los valses, va haber otro más. Así que hay laburo para hacer todavía, quedan unos cuantos meses.

 

 

Polifacético

 

-Allá estás con el dúo de tango Modo Avión, tenés una actividad como sitarista, sos gestor de un centro cultural ¿Qué podés contar de esos proyectos?

 

-Hago un poco de todo. Mi fuente de ingresos es el desarrollo de software: pago mis cuentas escribiendo código, haciendo aplicaciones. Tengo épocas en las que laburo más como músico, y trabajo freelance haciendo laburos de programación. Cuando me quedo sin guita laburo más de programador, y cuando se me quema la cabeza de laburar con la computadora me dedico más a la música: voy rotando.

 

El sitar lo agarré hace mucho, siempre fue como un segundo instrumento. Estudié en España y en Buenos Aires con diferentes maestros. Acá programo artistas en un centro cultural (Viejo Ilaló), manejo la agenda hace ya tres años y pico. Está bueno el formato: hacemos shows gratuitos en un lugar que está bastante alejado de la ciudad, en un horario en el que no pasa ninguna otra cosa, domingos al mediodía siempre hay conciertos. Entonces se acerca bastante gente.

 

Después Modo Avión es un proyecto que tengo con mi novia (Juliana Pontón): ella es ecuatoriana, cantante y violinista, y también tiene cierta habilidad para lo popular: le dije que cante tango y lo canta, le gusta la música árabe también.

 

Voy repartiendo mi tiempo: ahora estoy laburando mucho de programador porque después de la pandemia no me iba a hacer el hippie, tengo que pagar el alquiler (risas).

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El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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Autor:

Ignacio Andrés Amarillo
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