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Viernes 23.07.2021 - Última actualización - 19:35
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El "Stonehenge" de Valdecañas

España: Dolmen de Guadalperal vuelve a surgir de las aguas

El sitio arqueológico ha vuelto emerger en el pantano de Valdecañas, en Cáceres. Los arqueólogos aprovechan para incurrir en tareas de investigación y conservación. Asociaciones de la zona abogan por sacarlo del embalse para evitar su daño.

 Crédito: Asociación Cultural Raíces de Peraleda
Crédito: Asociación Cultural Raíces de Peraleda

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El "Stonehenge" de Valdecañas España: Dolmen de Guadalperal vuelve a surgir de las aguas El sitio arqueológico ha vuelto emerger en el pantano de Valdecañas, en Cáceres. Los arqueólogos aprovechan para incurrir en tareas de investigación y conservación. Asociaciones de la zona abogan por sacarlo del embalse para evitar su daño. El sitio arqueológico ha vuelto emerger en el pantano de Valdecañas, en Cáceres. Los arqueólogos aprovechan para incurrir en tareas de investigación y conservación. Asociaciones de la zona abogan por sacarlo del embalse para evitar su daño.

El imaginario popular acostumbra a relacionar la palabra embalse con el nombre de Francisco Franco. La mayoría fueron diseñados por Manuel Lorenzo Pardo, director del Plan Nacional de Obras Hidráulicas de la República, pero, el dictador sería quien se llevaría el mérito al ser el encargado de acudir a la inauguración. El régimen poblaría España de pantanos y Extremadura no fue una excepción. Bajo las aguas de Torrejón o Alcántara quedarían enterrados prados, bosques e incluso localidades. En el caso de Valdecañas (Cáceres), miles de años de historia yacerían en el medio acuático.

 

La inmensa masa de agua destellea en la frontera entre Extremadura y Castilla-La Mancha. En la actualidad, la presa es operada por Iberdrola, entidad que la utiliza para la producción de electricidad. Los litros van y vienen según dicta el programa informático que controla las compuertas de la infraestructura. En 2019, la salida del líquido del embalse, unida a la fuerte sequía que padeció el país, hizo que su rocoso fondo asomase. En este, 144 grandes piedras erguidas y dispuestas alrededor de un círculo. Se trata del dolmen de Guadalperal.

 

Los habitantes de mayor edad de los pueblos de la comarca recuerdan corretear en su niñez entre los menhires. Al menos hasta 1963, año en el que los terrenos donde se alzaba el conjunto megalítico fueron expropiados para la construcción de la infraestructura hidráulica. Desde entonces, el monumento, de entre 5.000 y 7.000 años, quedó anegado. En extrañas ocasiones, las puntas de las piedras emergían en la superficie del pantano. Ahora, como ocurrió hace dos años, el dolmen de Guadalperal vuelve a salir completamente del agua.

 

 

 

"Esta escena será cada vez más frecuente", señala el presidente de la Asociación Cultural Raíces de Peraleda, Ángel Castaño, a Sputnik Mundo. Según explica, la producción de electricidad marca el nivel de agua del pantano. A mayor necesidad, más cantidad libera. "Sirve de complemento para la central nuclear de Almaraz. Cuando esta se encuentra parada, la generación de electricidad recae en Valdecañas.

 

 

Precisamente, en 2019, cuando asomó el dolmen, Almaraz no estaba operativa", indica. Hay que sumar el convenio de Albufeira, firmado entre España y Portugal, por el que el embalse tiene que enviar una cantidad exacta de hectómetros cúbicos hacia las cuencas del país luso. "En verano es cuando más agua se envía", puntualiza Castaño. Cuando coinciden estos factores, unidos a los efectos del cambio climático, el dolmen se torna visible. Con el cierre definitivo de Almaraz en 2028, la situación se repetirá con más asiduidad.

 

Precisamente, el descenso del nivel del agua afecta a las plantaciones agrícolas de la comarca. "Para Iberdrola es un chollo generar electricidad ahora, pero para agricultores y ganaderos es un problema, ya que los motores de riego están demasiado altos y no llegan al agua. No pueden estar tantos días sin agua porque se arruinan. Y esto ya pasó en 2019", lamenta Castaño. En los pueblos de la zona algunos culpan directamente al monumento histórico. "Hay gente que opina que se arruinan por el dolmen. Porque quieren excavarlo. Pero no, esto depende de Iberdrola. La empresa no se retrasa ni un día en el cierre y apertura de compuertas".

 

El Stonehenge español

Con el firme seco y el conjunto megalítico a la vista, los arqueólogos aprovechan para acercarse al monumento. La actividad está coordinada por el Instituto de Patrimonio Cultural de España (IPCE), bajo la dirección científica de la Universidades de Alcalá de Henares y Complutense de Madrid, con la colaboración del Museo Nacional de Arqueología Subacuática, la Junta de Extremadura y la Confederación Hidrográfica del Tajo, entre otras entidades. La misión es reconocer, datar, contextualizar, analizar los materiales y estabilizar el dolmen. Un trabajo que arrancó en 1925, antes de la construcción del embalse, de la mano de su descubridor, el sacerdote y catedrático de Historia Primitiva Hugo Obermaier. El mismo se encargó de la restauración, recolocación y estabilización de los ortostatos con hormigón. Además, lo protegió con una cerca perimetral de ladrillo para impedir la entrada de ganado.

 

Casi un siglo después, los investigadores se afanan por recabar datos de la piedra antes de que vuelva a sumergirse. A nivel estructural, el dolmen es un sepulcro de corredor con una cámara funeraria de cinco metros de diámetro y un largo corredor de casi 10 metros de largo y un metro y medio de ancho. El menhir de entrada cuenta con un grabado en forma de serpiente que podría ser el mapa realista más antiguo de la historia. "La figura coincide con la forma del río Tajo a su paso por la comarca", detalla Castaño.
Más allá de información física, los expertos buscan conocer si el dolmen formó parte de otros conjuntos o poblados cercanos. Para ello, estudian la cartografía antigua y realizan sondeos para detectar los lugares donde aún pudiesen quedar restos de las ocupaciones más antiguas. Su intención es conseguir una imagen del paisaje de Valdecañas previo a la inundación.

 

"Tratamos de entender desde el punto de vista arqueológico cómo funcionaba ese paisaje, como la gente vivió en esta zona hace 6.000 años; también pretendemos entender cómo se relacionaban entre ellos y qué tipo de materias primas trajeron de otros puntos de la península", asegura el arqueólogo y profesor de Prehistoria de la Universidad Complutense, Enrique Cerrillo, a la Agencia Efe.

 

Trabajos que no solo alcanzan al dolmen de Gualdalperal. Y es que el túmulo funerario no está solo en el fondo del embalse de Valdecañas. La intención de los arqueólogos es continuar con la investigación en la antigua ciudad romana de Augustóbriga, situada justo en la orilla opuesta. Una población tapada por el manto de agua y de la que solo los restos de un templo fueron preservados en tierra seca. Por otro lado, se pretende recuperar del territorio inundable las esculturas de verracos que se han hallado en las distintas prospecciones del yacimiento.

 

Preservación del lugar

En diciembre de 2020, la Dirección General de Bellas Artes abrió un expediente para la declaración de Bien de Interés Cultural en la categoría de zona arqueológica. Un reconocimiento al valor del dolmen y con el que comienza un estudio para determinar qué medidas se deben tomar para su adecuada conservación. "Se trata de una pieza de gran importancia que hay que analizar minuciosamente para que en un futuro próximo se puedan esclarecer las incógnitas que rodean a este dolmen", admitió la directora general de Bellas Artes del Ministerio de Cultura, María Dolores Jiménez, durante la visita del monumento.

 

Un informe de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando advirtió de la peligrosidad de trasladar el conjunto megalítico a otro espacio. Alegaba la pérdida de autenticidad. Es más, las instituciones abogan por idear un plan para la conservación in situ del dolmen. Pero, tampoco descartan ninguna alternativa.

 

 

 

La opinión de la Asociación Cultural Raíces de Peraleda es contraria. En su caso, priorizan el rescate del monumento de las profundidades del pantano. Para ello, se apoyan en un estudio de la Sociedad Extremeña de Geólogos. "Los resultados son devastadores. El anillo de piedras, al ser de cuarcita, no tiene ningún problema en entrar en el agua. No sucede lo mismo con los menhires que en su mayoría son de granito. Aquellos que están compuestos de grano fino, a pesar de estar perjudicados, tienen más aguante, pero los de grano grueso corren un grave peligro. No se atrevían a dar una fecha, pero tal vez en 5 o 30 años estén desintegrados", resalta Castaño.

 

 

El presidente de la organización remarca que "estar debajo del agua de manera constante no es un problema". El inconveniente llega cuando la roca pasa de un entorno frío y húmedo a uno seco y de alta temperatura. "Estos cambios provocan que las sales del interior revienten la estructura de la piedra y disuelvan la capa exterior", continúa. Además, apunta que el yacimiento se sitúa al borde de un barranco "que poco a poco se está derrumbando".

 

El colectivo destaca también que la salida del conjunto histórico del agua reforzaría la economía de la comarca. "El cierre de Almaraz hará mucho daño a la zona. Conservar el dolmen en la superficie atraerá turismo todo el año. Fomentaría una infraestructura para los visitantes. Obviamente, si el monumento aparece y desaparece es prácticamente imposible hacer nada", asevera. Castaño rememora el momento en el que el monumento emergió en 2019. Miles de personas se acercaron a este rincón de la provincia de Cáceres. Sin embargo, la ola solo benefició al barquero que transportaba a los turistas al yacimiento.

 

 

 

Conservar el dolmen y convertirlo en un recurso son los objetivos de la asociación, pero también de la Junta de Extremadura y el Ministerio de Cultura y Deporte. "Nosotros tenemos una idea y puede ser que no se ejecute de manera exacta. Pero si se cumplen los dos puntos clave, nosotros lo aprobamos", reconoce Castaño. Eso sí, demandan más "transparencia". "Cuando hablan de realizar labores de consolidación, muchas veces no sabemos a qué se refieren. Se sabe que trabajan en el monumento, pero nos gustaría conocer qué operaciones llevan a cabo", afirma.

 

Se desconoce el tiempo que el Stonehenge español permanecerá a flote antes de ser engullido de nuevo por las aguas. Queda a merced del consumo eléctrico y las decisiones de Iberdrola. Milenios de historia sepultadas por el peso del embalse. "Siempre se ha dicho que a Franco no le importaban el arte y la historia. Por ello, no tuvo inconvenientes en inundar el dolmen. Pero, si ahora importan, creo que nosotros podemos sacarlo del pantano", sentencia Castaño.

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