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Viernes 30.07.2021 - Última actualización - 16:03
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Este sábado, prueba de fuego ante Lanús en la Fortaleza...

Con el técnico a la cabeza o con la cabeza del técnico

Azconzábal no encuentra la vuelta, el equipo se le ha caido, las fallas ahora son generalizadas y esa confusión se transmite a los jugadores. Lo más a mano que tiene, es armar un esquema más convencional y tratar de potenciarlo con decisiones que no afecte el rendimiento individual. Hoy, Unión es un equipo totalmente inseguro de sí mismo.

Juan Carlos Portillo intenta un remate al arco en el partido del miércoles pasado en la avenida ante Banfield. Es de lo poco para rescatar en Unión. ¿De qué jugará en cancha de Lanús? Crédito: Manuel FabatiaJuan Carlos Portillo intenta un remate al arco en el partido del miércoles pasado en la avenida ante Banfield. Es de lo poco para rescatar en Unión. ¿De qué jugará en cancha de Lanús?
Crédito: Manuel Fabatia

Juan Carlos Portillo intenta un remate al arco en el partido del miércoles pasado en la avenida ante Banfield. Es de lo poco para rescatar en Unión. ¿De qué jugará en cancha de Lanús? Crédito: Manuel Fabatia

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Este sábado, prueba de fuego ante Lanús en la Fortaleza... Con el técnico a la cabeza o con la cabeza del técnico Azconzábal no encuentra la vuelta, el equipo se le ha caido, las fallas ahora son generalizadas y esa confusión se transmite a los jugadores. Lo más a mano que tiene, es armar un esquema más convencional y tratar de potenciarlo con decisiones que no afecte el rendimiento individual. Hoy, Unión es un equipo totalmente inseguro de sí mismo. Azconzábal no encuentra la vuelta, el equipo se le ha caido, las fallas ahora son generalizadas y esa confusión se transmite a los jugadores. Lo más a mano que tiene, es armar un esquema más convencional y tratar de potenciarlo con decisiones que no afecte el rendimiento individual. Hoy, Unión es un equipo totalmente inseguro de sí mismo.

En el peor momento futbolístico de Unión, llega Lanús, un equipo goleado por River, pero que había arrancado convirtiendo ocho goles en dos partidos (ante Atlético Tucumán y Colón). Pero el problema de Unión no es que tiene que jugar con Lanús. El problema de Unión es Unión. Sin brújula, con un técnico perdido que vive cambiando jugadores y esquemas, equivoca estrategias y planificaciones que llevan a crear una gran inseguridad dentro del plantel, algo que se transmite durante los 90 minutos. El nivel individual tampoco ayuda, pero hay aspectos del juego que tienen que ver con lo estratégico y lo colectivo, que son pura responsabilidad de un entrenador que a veces da la impresión de tomar decisiones muy contraproducentes para los jugadores y para el equipo, que van en detrimento suyo. Porque no es sólo el bajo nivel que se generaliza en los jugadores. Es muchas veces el esquema, la idea y los puestos en los que el técnico los pone. Claro ejemplo es el de Cañete, un armador al que pone de volante central; Mauro Pittón, un volante recuperador que no juega en el lugar en el que mejor puede rendir; Portillo, un "bombero" que pasea por varios puestos para apagar incendios. Y mientras tanto, Nardoni (volante central) sentado en el banco.

 

Para salir de este atolladero, Azconzábal tiene que olvidarse de cualquier innovación o invento y buscar algo que sea más natural y convencional para revertir la situación. Fue a jugar un partido ofensivo, en los nombres, contra River y perdió por goleada. Inútilmente planteó un partido con una línea de cinco defensores contra Banfield, cuando las circunstancias eran opuestas. Contra River jugó con Vera y González por afuera. Contra Banfield, dijo que la idea era atacar a espaldas de los laterales rivales, pero éstos dos -jugadores aptos para la proyección ofensiva por afuera- estaban afuera de la cancha. Entonces, para corregir y no confundir más a los jugadores, Azconzábal tendrá que buscar una alternativa más normal, con jugadores que se desempeñen en su posición y en funciones que no desconozcan.

 

 

 

 

 

Esta caida libre observada en los tres partidos (hago sólo excepción del segundo tiempo con Boca), echa por tierra también lo que el propio Azconzábal había logrado en el torneo anterior, más allá de que no consiguió el objetivo de clasificar al equipo. Se le podía reprochar la falta de gol, la escasa contundencia. Pero había una idea de juego que lo convertía en un equipo competitivo, apenas con alguna modificación estratégica como cuando tuvo que recibir a los titulares de Boca y ordenó un esquema defensivo, achicando espacios cerca de su área para salir de contragolpe. Logró el doble propósito de cerrar su propio arco y aprovechó, con el gol de Peñailillo, una de las pocas acciones de gol para liquidar el partido. Pero Unión jugó siempre igual, con una intención ofensiva muchas veces elogiable.

 

¿Tanto incide en el funcionamiento del equipo la ausencia de un jugador como Acevedo?. Se nota en lo colectivo y, fundamentalmente, el que lo extraña es Cañete. Para colmo, el técnico no lo ayuda en las posiciones y funciones a las que lo somete. Entonces, Unión ha perdido la totalidad de su usina generadora de juego. Algo a todas luces peligroso en una pretendida intención de la búsqueda de una identidad definida.

 

Las soluciones -hasta dónde le dé el "cuero" con un plantel que tiene limitaciones y falta de jerarquía en algunos sectores de la cancha- las tiene principalmente el entrenador. Ahora, si pierde la brújula, si se equivoca de manera grosera y si transmite esa inseguridad y confusión al equipo, habrá llegado el momento de que se arbitren otras cuestiones. Lo ideal es que sea con el técnico a la cabeza y no con la cabeza del técnico, por más que muchas veces sea esta la solución. Los dirigentes tienen su dosis de responsabilidad también en el momento que se vive. Y los jugadores, por supuesto. A veces, estos momentos críticos tienen soluciones dentro mismo del club. Hablando, diciendo lo que debe decirse, planteando dudas y preocupaciones para que el técnico tome nota y cambie. Azconzábal tiene que cambiar, pero para bien. Hasta ahora, todos esos cambios -que no fueron pocos- han sido para mal.

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Autor:

Enrique Cruz
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