https://static.ellitoral.com/img/logo-litoral.png El Litoral
El Litoral
Domingo 01.08.2021 - Última actualización - 02.08.2021 - 13:57
19:05

Conversando con un psicoanalista

Mi pareja no me quiere


El Litoral en Google News



Conversando con un psicoanalista Mi pareja no me quiere

Romina (35 años, Venado Tuerto) escribe: “Estoy en pareja hace un tiempo, pero me cuesta mucho la relación, siento que a veces peleamos de más y me doy cuenta de que hay cosas que son mías, pero me cuesta entenderlo a él, nunca sé bien qué quiere, siento que es poco claro, aunque yo sé me quiere, nos llevamos bien juntos, no soy celosa y sé que él quiere estar conmigo, pero como que a veces es poco demostrativo y yo siento que no me quiere, se lo reprocho y así se arma cada lío, ¿se entiende lo que digo? ¿Está muy mal lo que me pasa?”.

 

Romina, antes que nada, muchas gracias por tu carta tan sincera. La aprecio mucho y, en primer lugar, te voy a decir que tu última pregunta ya supone un juicio de tu parte, es decir, cuando me preguntás si está “muy mal” lo que te pasa, partís de plantear que está mal y, por cierto, eso es lo primero que tenemos que poner en cuestión.

 

Lo que te pasa es lo que te pasa, así de redundante te lo digo, para que suspendamos el juicio y tratemos mejor de entender. Vos decís que te cuesta entender a tu pareja y, al mismo tiempo, planteás que algo de todo esto tiene que ver con la carga que vos le das a lo que ocurre; ese reconocimiento ya es un montón y va a ser nuestro punto de partida.

 

Sin embargo, no para que nos instalemos en el juicio a vos misma y te sientas culpable sino todo lo contrario. En tu mensaje, no sé si lo habrás notado, hay dos veces en que me decís “pero me cuesta”; sobre todo subrayo el “pero”, porque en las dos ocasiones usás este partícula adversativa para compensar algo que dijiste antes, casi como para contar algo negativo y que funciona como un autocastigo. Te diría que dónde hoy decís “pero”, tenemos que encontrar la forma de que puedas hablar y contar lo que te pasa sin que sea desde la culpa.

 

Desde un punto de vista ingenuo, podríamos decir que ustedes tienen problemas de comunicación, pero ¿qué pareja no es un problema de comunicación en sí mismo? Si no existieran los problemas de pareja, la comunicación sería como la de los robots. Entonces, más bien digámoslo así: tienen problemas de comunicación porque son una pareja y las parejas suelen tener problemas. Esto no se va a solucionar buscando técnicas para que hablen mejor o diciéndote a vos que no tenés que hacerle reproches o a dándole a él la indicación de que sea más expresivo.

 

Detengámonos en la frase siguiente: “Me cuesta entenderlo, no sé qué quiere”, pero luego decís que sabés que te quiere y, por último, ante ciertos episodios respondés con la sensación de que no te quiere. En una primera impresión, alguien podría decirte que te contradecís, pero yo no diré eso porque de esas contradicciones aparentes está hecho el psicoanálisis, son lo más importante en una consulta. Dicho de otro modo: sabés que te quiere, pero no sabés qué quiere, ésta ya es una distinción fundamental y, por otro lado, hay situaciones en que no te sentís querida, ¡atención! Fijate que no es lo mismo lo que sabemos y lo que sentimos. Incluso sabés que él quiere estar con vos, pero ¿por qué a veces lo que sabemos no nos alcanza (para sentirlo)?

 

Con preguntas de este estilo comienza el psicoanálisis. Para no quedarme solo con tu caso, voy a contarte algo que me pasó en estos días. Diferentes mujeres me contaron que le dijeron a sus parejas que tenían atrasos, ¿qué respondieron ellos? Que tal vez podía ser efecto de la vacuna. Todas se enojaron e incluso una llegó más lejos y le respondió a su pareja que, si llegaba a estar embarazada, ¡el hijo se llamaría Putin!

 

Es que no es chiste hablar de lo que ocurre cuando a una mujer la vacunan. Entendí el enojo de estas mujeres y los reproches que surgieron de estos intercambios, por eso no pude dejar de decirles algo que considero muy general y trivial, pero que también les pudo ser útil. Me refiero a que no suele ser común que los varones hablen sin rodeos o que se den cuenta rápido de las cosas. Esto no quiere decir que sean tontos, sino que son varones. Me explico mejor: ¿nunca viste esas situaciones en que un tipo dice a algo que no y, luego, hace lo contrario? Dicho de otra forma, en los varones el no a veces quiere decir sí, por eso de un último a esta parte fue necesario reforzar la consigna “no es no”. ¿Por qué esto es así?

 

Básicamente es una consecuencia de que en nuestra cultura los varones sean criados por una sola mujer; es decir, que le digan “mamá” a una sola persona (por lo general, de sexo femenino) y que su crecimiento consista en separarse de ella. Separación artificial, por cierto, pero lo cierto es que tener que decirle que no a la madre es el primer paso en el desarrollo psíquico masculino. Es verdad que hay algunos que después de decirle que no a la mamá no le pueden decir que sí a ninguna mujer, como también están los que no le dicen nunca que no a la mamá; pero lo más común es que le digan que no a la mamá para después decirle que no y después que sí a otra mujer.

 

Complicado, ¿no? Seguramente nos gustaría que fuese diferente, confiemos en que quienes se encargan de cambiar el mundo se ocupen de este asunto alguna vez. Mientras tanto, nosotros tenemos que lidiar con estos problemas y tratar de ser felices en el medio de este berenjenal. Porque sin duda es un problema que, en las relaciones entre varones y mujeres, introduce los mayores malentendidos. Es la base de lo que a veces se llama la “falta de afecto” de algunos varones, o bien –como decís vos– su carácter demostrativo más bien parco, para referirte a tu novio, si no es el caso de que sea uno de esos que dice que “demuestra con actos”.

 

En este punto, agrego otra cuestión: esta estructura mental es la que también lleva a que nunca se sepa bien qué quiere un varón. Si no recuerdo mal, fue Alejandro Dolina quien alguna vez dijo que todo lo que hacen los varones es para tener sexo. Podría estar de acuerdo, pero ¿qué quieren cuando ya lo tuvieron? O cuando están en una pareja y no hablan demasiado acerca de lo que les pasa. La respuesta suele ser “Todo bien”, o más bien “Nada”. Coincidiría en que este tipo de varón –llamado también “hegemónico”– es el que hoy es cuestionado cuando se habla de “nuevas masculinidades”. Sin embargo, su hegemonía continúa siendo bastante clara y, por ejemplo, es el que más atractivo resulta para muchas mujeres porque su deseo (qué quiere) toma la forma de un enigma.

 

En tu carta decís que no sos celosa, pero dejame que te cuente que el enigma viril es la causa de buena parte de los celos de las mujeres, sin que sea necesario diagnosticarlas como histéricas o de otra manera patológica. Te entiendo, quizá querríamos a un varón que diga qué le pasa y ya; muchas personas lo dicen y luego se enamoran de los otros. ¿Está mal? No lo creo, porque nadie elige las condiciones de lo que lo engancha al otro. Uno de los problemas más complicados de este tiempo es cómo a todo aquello que nos enamora a otro, si nos representa un desafío y un potencial sufrimiento, se lo considera a eliminar y se crea una versión maligna. ¡Los varones tradicionales son malos! ¡Tienen que deconstruirse! ¡Qué cambien!

 

Este tipo de discursos me parecen infructuosos. No te lo recomiendo. Sí puedo decir que tu caso es el de una mujer que ama a un varón y que, eventualmente, no siente que éste la ama, aunque sepa que éste la ama. Puede haber razones para entender por qué el otro no es como quisiéramos, pero también es importante tener en claro que ocurre que pedimos cosas que, si las tuviésemos, no las querríamos. Quizás en ese punto es que podemos darnos cuenta de que, al final, necesitamos el enigma. Puede ser que nos haga sufrir, pero también nos estimula, en la medida en que es lo único que hace que el otro sea otro. Sin esa partecita de no saber qué quiere el otro, no hay pareja.

 

Dije antes que los varones crecían a partir de dejar a la madre. Lo que diré ahora es para cualquier persona de este mundo: quien quiera saber realmente lo que otro quiere, sin enigma, más que una pareja busca una madre. Te despido Romina, diciéndote que la diferencia entre “no sé qué quiere” y “no me quiere”, soportar esa distinción –y que el enigma no se vuelva rechazo o sensación de falta de amor– es un gran hallazgo de tu parte. Un hallazgo que puede ser aliviante.

 

Edición Impresa

El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
Ediciones Anteriores | Edición Impresa

El Litoral en Google News


Temas:



#Temas de HOY: La Educación Primero  EducacionSF  Clima en Santa Fe  Elecciones 2021  Alberto Fernández  Cristina Kirchner   Colón  Unión