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Sábado 07.08.2021 - Última actualización - 14:54
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Opina una especialista

El agua salada que bebemos no es una cuestión nueva para la ciudad de Santa Fe

En 1903, el Gobernador Dr. Rodolfo Freyre, obtuvo el apoyo de Obras de Salubridad para construir una toma de agua en el Colastiné y trasladarla a través de cañerías. En la imagen, la colocación de los tramos centrales del puente acueducto en 1909.  Crédito: Archivo El Litoral - Boletín de O.S.N. 1939En 1903, el Gobernador Dr. Rodolfo Freyre, obtuvo el apoyo de Obras de Salubridad para construir una toma de agua en el Colastiné y trasladarla a través de cañerías. En la imagen, la colocación de los tramos centrales del puente acueducto en 1909.
Crédito: Archivo El Litoral - Boletín de O.S.N. 1939

En 1903, el Gobernador Dr. Rodolfo Freyre, obtuvo el apoyo de Obras de Salubridad para construir una toma de agua en el Colastiné y trasladarla a través de cañerías. En la imagen, la colocación de los tramos centrales del puente acueducto en 1909. Crédito: Archivo El Litoral - Boletín de O.S.N. 1939

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Opina una especialista El agua salada que bebemos no es una cuestión nueva para la ciudad de Santa Fe

Por Blanca María Isabel Gioria (*)

 

La disponibilidad de agua dulce ha sido, y es, un constante problema en la ciudad. Hace 114 años, el Dr. Manuel Cervera escribió "Historia de la ciudad y provincia de Santa Fe", (1907), donde daba a conocer su asombro ante este hecho de la siguiente manera: "Solo leyendo las actas del Cabildo, puede creerse que la ciudad de Santa Fe, rodeada casi completamente de agua, haya tenido tales trabajos y por tantos años, para poder sus vecinos beber agua dulce del río". 

 

Es que las actas del Cabildo permiten seguir el desenvolvimiento de ese problema a partir del traslado de la ciudad, desde Cayastá a su sitio actual (1660). Ellas muestran a través del tiempo las complicadas tareas efectuadas para la provisión de agua dulce, además de revelar los medios que tenían los vecinos para realizar la obra pública.

 

 

 

 

En los comienzos, "los habitantes utilizaban las aguas de las lagunas que rodeaban la ciudad; pero más tarde estas lagunas cegadas, o sirviendo de abrevadero para los cerdos, caballos y animales vacunos, se convirtieron en focos de infección". Toda el agua de río que rodeaba la ciudad era salobre. Al oeste el río Salado, y al este, una corriente proveniente del Saladillo y de la actual laguna Grande o Guadalupe, hicieron indispensable que se busque traer agua dulce. Ante ello, Cervera transcribe las actas del Cabildo donde expresaban "en diciembre de 1665, el Procurador de la ciudad solicitó 'meter por el río que llegaba extramuros hasta la ciudad, un brazo de agua del río Paraná', para que se incorpore al que salía de la laguna, pues éste solo traía agua salobre" y por considerar de poco costo y fácil el conseguirlo, se determinó efectuar un Cabildo abierto donde concurrieron todos los vecinos y moradores…".  La apertura de este brazo del río, no fue muy fácil, tuvieron que vencer varias dificultades, principalmente, la falta de herramientas y de recursos para el pago de los trabajadores.

 

De acuerdo a lo que describen, la escasez de agua dulce ha continuado. Trece años después, en septiembre de 1688, nuevamente estudiaban la posibilidad de traer un brazo del Colastiné hasta la ciudad. "No habían podido dar curso a las aguas del Paraná por falta de recursos, debiendo tomar agua salobre tan nociva a la salud, y provocadora de las más nocivas enfermedades que sufría la ciudad…". Con los impuestos que pagaban lo barcos que navegaban el río resolvieron comenzar los trabajos, debiendo los vecinos dar las palas, azadas y hachas que tuvieren… 

 

 

 

 

En 1694, "como el río Saladillo al juntarse con el de la ciudad infectaba el agua, produciendo enfermedades entre los vecinos, ordenóse abrir otro camino". Ello, o no dieron resultados, o no pudieron efectuarse, pues nuevamente en 1695 trataron de traer al río de esta ciudad "el agua buena y dulce del Paraná Grande, separándola del Saladillo". En este caso se ejecutó tan sólo una legua y media (unos 7,2 Km.) de extensión del canal.

 

A pesar de todas estas empresas, del río no sacaron siempre agua dulce, pues al bajar sus aguas, la Laguna y el Saladillo las infectaban. Además, esta entrada que se dio a las aguas del Paraná, empezaron a producir daños, "la apertura del canal, hecho y ordenado por el Cabildo para dar curso al río Santa Fe, y dulcificar sus aguas salobres con las del Colastiné, arrojó la corriente hacia el oeste, por donde se inclina su cauce y provocó con las continuas corrientes, excavaciones y derrumbes en la costa Este, amenazando llevarse el Convento San Francisco y destruyendo más de cinco cuadras de Norte a Sur, las más pobladas de la ciudad…".

 

Un siglo después, en 1795, la dinámica propia del río llevó a taponar con bancos de arena parte de la boca de entrada del río desde el Colastiné, impidiendo el paso de lanchas y botes chicos, como también el agua dulce para la ciudad. Ante esta situación, decidieron "excavar un nuevo canal para que entre el agua del Colastiné con un ancho de 20 metros y 3,50m de profundidad, a partir de la legua y media que, en las otras tentativas ya se habían realizado. Para ello colaboró todo el vecindario con 25 palas, 15 azadas y 6 hachas", la tecnología que disponían en ese momento, dando por finalizada la apertura del riacho Santa Fe. Sin embargo, el agua no cesaba de faltar en la ciudad, afectando a los vecinos más pobres que no tenían pozos ni aljibes y debían tomar agua sucia y dañosa. No se advierte la previsión de los gobernantes que prestaran la debida atención de los perjuicios que ocasionaba el río tanto a la población como en la defensa de las barrancas.

 

Paradójicamente, se aprecia que en una ciudad rodeada de ríos, la disponibilidad de agua apta para el consumo humano no fue fácil. Durante dos siglos, periódicamente, los vecinos de esta ciudad trabajaron en busca de agua dulce, canalizando el Riacho Santa Fe para traerla desde el río Colastiné. 

 

 

 

 

Más cerca de nuestros tiempos, en el Siglo XX, las tareas continuaron pero cambiaron de estrategia. No interesaba profundizar el riacho Santa Fe sino que decidieron traer el agua por cañerías. En 1903, el Gobernador Dr. Rodolfo Freyre, obtuvo el apoyo de Obras de Salubridad (Obras Sanitarias de la Nación) para construir una toma de agua en el Colastiné, con el fin de abastecer a la ciudad y mejorar las condiciones de salud de la población. El proyecto consistía de un puente de madera sobre la Setúbal, fundado sobre pilotes, por cuya parte inferior pasarían los caños del acueducto. Pero, la gran presión de los embalsados de la creciente de 1905 arrasó el tramo central. Entonces se planifica y ejecuta un nuevo tipo de puente de estructura de madera dura y metálica. Habilitado en 1909, prestó servicios hasta 1912, cuando las sucesivas crecientes provocaron la destrucción parcial del acueducto. Reparado, y en condiciones cada vez más precarias, se restableció el servicio de agua. Ante tantos fracasos proyectaron un puente metálico o de hormigón armado, que fuera carretero y acueducto. Entre licitaciones y postergaciones planificaron un puente acueducto provisorio que trajera agua dulce de la "toma" en el río Colastiné. Sin embargo, nuevamente la creciente y la presión de los embalsados, lo destruyó en 1921. 

 

Es entonces cuando surge la idea de construir un puente colgante semirrígido para traer el agua dulce del Colastiné. A mediados de 1924 comenzaron a levantar los pilares, pero el aumento de población y la considerable ampliación de la red de agua, llevaron a que se asegurara la provisión con una toma suplementaria, de carácter provisorio, establecida en el río Santa Fe, aproximadamente a la altura de la continuación de calle Sargento Cabral. 

 

 

 

 

No obstante, con las grandes bajantes no podían captar agua, llegando al extremo que entre octubre de 1924 y marzo de 1925, esa toma quedó fuera de servicio. Dichas circunstancias hicieron que se acelere la colocación de las cañerías de acero en las estructuras que comenzaban a levantarse del acueducto/puente colgante. Así, en septiembre de 1925, se puso nuevamente en funcionamiento la toma de agua del río Colastiné y la estación de bombeo en San José de Rincón. Lamentablemente en septiembre de 1983, para tristeza de los santafesinos, el puente colgante cayó, víctima de una de las peores inundaciones que sufriera la ciudad, perdiendo el acueducto.

 

Pero la historia de las dificultades para disponer de agua dulce en una ciudad rodeada de ríos no ha terminado. El Siglo XXI nos ofrece un nuevo capítulo. Hasta el presente, la ciudad es abastecida por Agua Santafesinas que posee dos tomas, una en el río Colastiné y, otra, en el río Santa Fe. Hasta ahora, salvo el gusto salado del agua y el cuidado que debemos tener para no derrocharla, no ha presentado mayores inconvenientes para la sociedad santafesina. Es de esperar que el agua que la Planta Potabilizadora distribuye, no represente ningún riesgo para la salud de la población, como aseguran. Hoy no hay lavanderas que laven la ropa en el río, ni animales que la usen como abrevadero e infecten las aguas, pero hay otros contaminantes más poderosos como los herbicidas con los que fumigan los cultivos y cuyos restos van a las aguas subterráneas que alimentan los ríos, además de residuos industriales y aguas servidas arrojadas al mismo, sin el tratamiento adecuado. Esto hace pensar que ante la disminución del caudal del agua, la concentración de los contaminantes puede ser mayor, además de las sales que aportan los Saladillos. Todos los vecinos necesitamos que la Planta Potabilizadora extreme las medidas en los análisis del agua que consumimos.

 

Bibliografía

 

 

(*) Doctora en Geografía

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