https://static.ellitoral.com/img/logo-litoral.png El Litoral
El Litoral
Domingo 12.09.2021 - Última actualización - 18:37
18:34

Conversando con un psicoanalista

El "consumo" adolescente

El consumo es un problema no solo relativo a sustancias, sino a un modo de vida: consumimos modas, objetos del mercado y demás con la misma ansiedad con que un bebé caprichoso se aferra a un chupete. Crédito: Ilustración Lucas CejasEl consumo es un problema no solo relativo a sustancias, sino a un modo de vida: consumimos modas, objetos del mercado y demás con la misma ansiedad con que un bebé caprichoso se aferra a un chupete.
Crédito: Ilustración Lucas Cejas

El consumo es un problema no solo relativo a sustancias, sino a un modo de vida: consumimos modas, objetos del mercado y demás con la misma ansiedad con que un bebé caprichoso se aferra a un chupete. Crédito: Ilustración Lucas Cejas

El Litoral en Google News



Conversando con un psicoanalista El "consumo" adolescente La adolescencia es un período de la vida que cada vez más se piensa como una extensión de la infancia antes que como una preparación para la adultez.

@ Para escribir a esta sección: lutereau.unr@hotmail.com 

 

Escribe Leticia (45 años, de Santa Fe): "Hola Luciano, te escribo con confianza ya que tu última nota me llegó mucho y, por eso, me decidí a escribir. Te escribo como mamá de un adolescente, preocupada por la cuestión del consumo. Te aclaro que no tengo una posición moralista ni que juzgue de más, me interesa que los chicos hagan su experiencia, pero ¿cómo acompañamos estas situaciones? Sobre todo estoy preocupada porque me enteré de que mi hijo fuma marihuana, pero él dice que es para 'uso recreativo'. Te digo la posta: yo a veces lo hago también, pero no sé cómo manejarlo con él y la verdad es que no me gusta".

 

Leticia, tu carta pone el dedo en una llaga que les duele a muchos padres de hoy en día. Te agradezco que anticipes que no cabe tener una actitud moral, porque debatir qué está bien (y qué no) no va a resolver los problemas que el consumo despierta. Sobre todo cuando se trata de adolescentes, a quienes prohibirles algo hoy en día resulta muy difícil y, además, puede repercutir en que pierdan confianza con sus padres.

 

En principio, quisiera que nos pongamos de acuerdo en un punto: la adolescencia es un momento de la vida en que se busca la intensidad. Podríamos pensar que esto ocurre porque hay diferentes coordenadas sociales; por ejemplo, todavía vivimos en una sociedad que no piensa al joven por su progresiva inserción en el mundo del trabajo, en el del amor, etc. ¿A qué me refiero? Nos parece edificante que un adolescente quiera trabajar, pero no se generan condiciones para que los adolescentes trabajen dignamente; del mismo modo, nos resulta aceptable que un joven se enamore, pero si quisiera ser padre ahí dudamos y tal vez quisiéramos disuadirlo. En todo caso, dejaré la cuestión de la sexualidad juvenil para otra ocasión (ya que llegaron varias consultas al respecto) y resumo esta conclusión: la adolescencia es un período de la vida que cada vez más se piensa como una extensión de la infancia antes que como una preparación para la adultez.

 

Por este motivo es que los adolescentes, en algunos casos, pueden ser cada vez más "niños grandes" y -como planteo en mi libro "Esos raros adolescentes nuevos"- uno de los grandes problemas de nuestra época es que hemos perdido lo que llamo "instituciones de adolescencia", que eran antes esos espacios en que un joven se preparaba para asumir de a poco mayores responsabilidades. Hoy en día, en cambio, muchas veces (¡no siempre!) los jóvenes crecen en edad, pero permanecen en una actitud temerosa y poco propicia; no tienen otra manera de relacionarse con el mundo adulto más que copiando sus vicios. Ya que, convengamos, el consumo no es un problema de la juventud, sino de toda la sociedad y no solo relativo a sustancias, sino a un modo de vida: consumimos modas, objetos del mercado y demás con la misma ansiedad con que un bebé caprichoso se aferra a un chupete, como si lo necesitara.

 

Entonces, la pregunta que tendríamos que hacernos es ¿por qué los adolescentes no tienen otra vía para estar en el mundo adulto que a través de la experiencia de intensidad, si no de evasión (como cuando el consumo es para no habitar la realidad)? En este punto, sobre este telón de fondo, es que cabe retomar tu inquietud, Leticia, respecto del llamado "uso recreativo". Te confieso que a mí -es una opinión personal, que no considero absoluta- no me gusta que se nombre de este modo. Un consumo es un consumo, la recreación es algo que va por otro lado. Es como cuando se dice de alguien que es un "fumador social", para que no se reconozca en su condición de fumador. En todo caso, creo que lo primero es reconocer el consumo y, mejor, plantear cómo hacer un uso responsable.

 

Esta indicación nos lleva a un tema que hoy siempre se debate: ¿una sustancia puede ser la puerta de entrada a otras sustancias? Decir que no me parece que sería temerario. Nunca relativizaría la situación de quien consume una sustancia, por el motivo que sea y cuando sea. Asimismo diría que el primer indicador para situar un uso responsable está en que quien consume sepa que no tiene un control o dominio completo sobre esta sustancia y/o sus efectos.

 

Al igual que vos, Leticia, tengo una posición personal sobre este tema. No solo me interesa escribir como profesional. Varios amigos míos terminaron mal por las drogas, por eso en particular te diría que no me gustan nada. Soy fumador (de esos que puede reducir la cantidad de cigarrillos hasta uno diario, pero no puede pasar un día sin fumar y vive amenazando con que, alguna vez, lo dejará) y tomo regularmente alcohol, no pretendo hablar desde una actitud de pureza. Al contrario, creo que los años más lindos de mi juventud fueron cuando con mis amigos de la plaza jugábamos al fútbol y después tomábamos agua de una canilla. Cuando hoy en día algún adolescente me dice que es mejor fumar marihuana en lugar de tabaco, le digo que fumar cigarrillos es un asco -no hay más que oler la ropa de un fumador, que espanta a cualquiera-, que no se crea el verso de que la marihuana es "más sana". Lo "careta" hoy es creer en ese delirio de lo saludable que tiene chiflado a medio mundo. No, le digo a cuanto pibe me pregunta: "Si vas a fumar, no te mientas, empezá por aceptar que eso es un asco y que si lo hacés es por alguna causa que quizá no sabés. Preguntátela, porque un consumo, en cualquiera de sus modos, es la puerta de entrada a un problema".

 

Como última consideración, quisiera retomar lo que planteás, Leticia, a propósito de que vos también fumás marihuana. De un tiempo a esta parte escuché a padres contar que empezaron a compartir el hábito con los hijos. Yo no voy a decirle a nadie qué tiene que hacer, pero sí puedo decir que no veo mucha ganancia en este tipo de avance; o sea, no entiendo qué cree que se consigue con esta especie de simetría. ¿Creen que así van a tener un mejor diálogo con sus hijos? ¿Piensan que si consumen con los padres, no van a hacerlo en otro lado? Me recuerda a ese argumento trivial que a veces se esgrime con respecto a las previas, del estilo: "Preferimos comprarles el alcohol nosotros para que no tomen cualquier cosa", dicen algunos padres; "Preferimos que lo hagan en casa para que los podamos cuidar", dicen otros; pero esta intención es problemática porque no realiza el efecto que realmente se necesita: que los hijos aprendan a cuidarse. En este sentido yo suelo recordar que una relación disimétrica no es necesariamente desigual y aquí lo importante es lo siguiente: si los hijos aprenden a cuidarse, debatir si consumir o no con los hijos es secundario; pero creer que consumir con los hijos puede ser una vía de compartir y generar algún tipo de conciencia, es un argumento erróneo.

 

Vivir en una sociedad de consumo es un riesgo para todas y todos, niños, jóvenes y adultos. Problematizar nuestra relación con el consumo, sea de sustancias o de lo que sea, es una tarea central en los vínculos afectivos (entre padres e hijos, en la pareja, con los amigos, etc.). Es más, Leticia, diría incluso que necesitamos los afectos para que los consumos no nos ganen la partida. Porque hasta los que se realizan con otros, no dejan de ser solitarios. Lo contrario es la palabra, por eso te agradezco tu carta, a la que espero haber respondido con la misma franqueza con que vos me escribiste.

 

La adolescencia es un período de la vida que cada vez más se piensa como una extensión de la infancia antes que como una preparación para la adultez.

 

Si los hijos aprenden a cuidarse, debatir si consumir o no con los hijos es secundario; pero creer que consumir con los hijos puede ser una vía de compartir y generar algún tipo de conciencia, es un argumento erróneo.

Edición Impresa

El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
Ediciones Anteriores | Edición Impresa

El Litoral en Google News


Temas:



#Temas de HOY: EducacionSF  Inseguridad en Santa Fe  Rosario  Río Paraná  Colón  Unión