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Viernes 17.09.2021 - Última actualización - 28.09.2021 - 10:08
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Literatura

Los parques de la memoria y los que se transitan a diario

En su nuevo libro, que integra la serie Lugares de la renovada colección Itinerarios de Ediciones UNL, Sergio Delgado recorre, bajo un formato que mixtura crónica y ensayo, tres espacios públicos, uno santafesino y dos franceses, que marcaron distintos momentos de su vida.

“Cada uno de nosotros tiene historias relacionadas con parques. Hay un salir afuera que es necesario. No me imagino una vida social sin ese gesto”, consideró Sergio. Crédito: Gentileza Ediciones UNL“Cada uno de nosotros tiene historias relacionadas con parques. Hay un salir afuera que es necesario. No me imagino una vida social sin ese gesto”, consideró Sergio.
Crédito: Gentileza Ediciones UNL

“Cada uno de nosotros tiene historias relacionadas con parques. Hay un salir afuera que es necesario. No me imagino una vida social sin ese gesto”, consideró Sergio. Crédito: Gentileza Ediciones UNL

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Literatura Los parques de la memoria y los que se transitan a diario En su nuevo libro, que integra la serie Lugares de la renovada colección Itinerarios de Ediciones UNL, Sergio Delgado recorre, bajo un formato que mixtura crónica y ensayo, tres espacios públicos, uno santafesino y dos franceses, que marcaron distintos momentos de su vida.   En su nuevo libro, que integra la serie Lugares de la renovada colección Itinerarios de Ediciones UNL, Sergio Delgado recorre, bajo un formato que mixtura crónica y ensayo, tres espacios públicos, uno santafesino y dos franceses, que marcaron distintos momentos de su vida.

 

El número tres tiene una singular relevancia para el escritor, catedrático, investigador y editor Sergio Delgado, santafesino radicado desde fines de los ‘90 en Francia. Quizás por eso “Parques”, su libro publicado por Ediciones UNL, incluye tres lugares, tres personajes y tres historias, que el autor desandó en “Sur” (2008), “Venzu” (2012) y “Le “Gall” (2018). Tres textos que remiten a diferentes espacios públicos que dejaron huella en distintas etapas vitales de Delgado: su infancia en Santa Fe, sus años en Bretaña y su radicación en París, donde vive hoy.  En efecto, como señala Nora Catelli en el prólogo, “los tres parques de Sergio Delgado, quien incluye en este libro, muchas veces, fotografías, rememoraciones, esbozos autobiográficos y perfiles biográficos, crónicas de transformación del espacio social, evocaciones líricas y poemas, dependen de esa fijación del espacio descrito en la página y son visibles -como unidad- gracias a ella”.

 

Foto: Gentileza Ediciones UNL

 

En una entrevista concedida a este medio desde tierras francesas, el escritor ratificó en cierto modo esos dichos de Catelli. Reconoció que en sus textos hay marcas biográficas aún cuando no se tratan de autobiografías. “Incluso, están escritos con personajes abstractos”, aclaró. Y apuntó también que una idea que ronda en “Parques” es la del regreso. “En un sentido bastante amplio de la palabra. Un regreso desde Francia hacia Santa Fe, pero también a la infancia, ya que el parque del Sur es el de mi niñez, la casa de mis padres no está muy lejos de ahí”.  

 

 

La tríada de espacios públicos que integran el libro, cumplió una función central en la cotidianeidad de Delgado. “El parque Venzú, estaba justo al lado de mi casa cuando vivía en Bretaña. Es el lugar donde iba a jugar con mis hijos. Se prolonga en un lago y se parece bastante al parque del Sur. Y el tercero, cuando me mudé a París, en 2014, el Le Gall. Era el parque que estaba a mano para ir a tomar aire. Suelo salir a pasear regularmente, los parques son lugares muy comunes en mi rutina. Si no voy siento que me falta algo”, explicó.

 

Domesticar la naturaleza

 

La elección de los parques como el ambiente de sus escritos no es casual en la prosa de Sergio Delgado, que ve en ellos una potencia especial por su condición de lugares que todos comparten, pero no son propiedad de nadie en particular. “Estudié, teóricamente, el tema del paisaje y en particular el de jardines y parques. Son lugares que, en las ciudades europeas y argentinas, cumplen una función social. Es necesario que haya parques. Contrariamente, para hacer un ejercicio mental, sería imposible pensar en un parque en el campo. El parque nace en la ciudad y es una especie de ejercicio para domesticar la naturaleza”, reflexionó.  

 

Hay otra arista que enriquece a estos espacios: son públicos, pero no siempre lo fueron. “En un momento dado los parques eran privados. Los parques más importantes de París y también de Buenos Aires, por caso, eran privados. Después, el pueblo los fue recuperando. En París los parques más importantes pertenecían a la nobleza, la Revolución Francesa reacomodó eso. Desde el momento que son públicos, inmediatamente condensan historias personales. Cada uno tiene historias relacionadas con parques. Hay un salir afuera que es necesario. No me imagino una vida social sin ese gesto”, expresó.

 

Escribir es un viaje

 

Más de una vez Delgado planteó que la escritura, desde su visión, se parece mucho a un paseo. “No es una idea muy original. El relato de viajes tiene toda una tradición literaria. Es la necesidad de contar una salida. Walter Benjamin dice que el mundo de la cultura se organiza en dos personas, una que viaja y otra que permanece en el lugar. Son necesarias las dos funciones, porque el que viaja, cuando regresa, necesita que alguien se haya quedado para contarle la historia. Son dos figuras opuestas. En ese sentido hay toda una tradición. Hay otros autores que señalan que hay dos tipos de artistas o de intelectuales, el que permanece en un lugar, que le gusta trabajar en su escritorio y el que viaja y escribe durante el desplazamiento. Dos posturas extremas y simbólicas porque nadie está inmóvil. Pero, efectivamente, es muy rica la idea de la escritura como un viaje. En mi caso, cuando comienzo un proyecto literario, tengo una acumulación de notas pero no sé a dónde voy a ir ni con que me voy a encontrar. La mirada es algo que hay que ejercitar permanentemente”, explicó.

 

Foto: Fernando Nicola

 

Los hitos personales

 

 

Cuando la charla se orienta hacia aquello de ejercitar la mirada sobre lo cotidiano, aparece la figura siempre vigente del poeta entrerriano Juane L. Ortiz, que construyó su obra en función de un paisaje determinado. “En el caso de Juanele es para  algunos el estereotipo del poeta que se queda en la provincia, un escritor místico contemplativo. Es cierto que permanece en el lugar, sin embargo, en él hay por lo menos dos viajes fundamentales que lo marcan. Uno que parece mínimo, que es de Gualeguay a Paraná, donde permanece desde 1942 hasta su muerte en 1978. Son apenas 300 kilómetros pero para él fue fundamental. Ese desplazamiento lo marca y toda su literatura está atravesada por la nostalgia del lugar natal. Después hay otro viaje importante de Juanele, a China, que le produjo un impacto muy fuerte y le cambió la perspectiva de la mirada cuando tenía más de 60 años”, rememoró Sergio.

 

La cuestión de fondo, para Delgado, es la manera como tomamos los episodios de nuestra vida y los volvemos hitos personales. “Mi preocupación por el paisaje nace mucho de la lectura de Juanele”, finalizó.


 

 


 

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El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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Autor:

Juan Ignacio Novak
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