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Miércoles 22.09.2021 - Última actualización - 10:14
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“Una casa sin cortinas”

El enigma Isabel

Tras ganar el Premio Flow en el Bafici, el viernes llega al Cine América en Santa Fe el documental de Julián Troksberg que indaga en la figura de María Estela Martínez de Perón y las controversias que genera en la sociedad argentina. El Litoral contactó al realizador para conocer más sobre su pesquisa de un personaje esquivo.

Isabel en la presidencia, con su peinado más característico (la “banana francesa”), como presidenta de la Nación. Crédito: Gentileza producciónIsabel en la presidencia, con su peinado más característico (la “banana francesa”), como presidenta de la Nación.
Crédito: Gentileza producción

Isabel en la presidencia, con su peinado más característico (la “banana francesa”), como presidenta de la Nación. Crédito: Gentileza producción

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“Una casa sin cortinas” El enigma Isabel Tras ganar el Premio Flow en el Bafici, el viernes llega al Cine América en Santa Fe “Una casa sin cortinas”, el documental de Julián Troksberg que indaga en la figura de María Estela Martínez de Perón y las controversias que genera en la sociedad argentina. El Litoral contactó al realizador para conocer más sobre su pesquisa de un personaje esquivo. Tras ganar el Premio Flow en el Bafici, el viernes llega al Cine América en Santa Fe el documental de Julián Troksberg que indaga en la figura de María Estela Martínez de Perón y las controversias que genera en la sociedad argentina. El Litoral contactó al realizador para conocer más sobre su pesquisa de un personaje esquivo.

 

Tras ganar el Premio Flow en el 22 Buenos Aires Festival de Cine Independiente (Bafici) el próximo viernes a las 20 llega al Cine América en Santa Fe, “Una casa sin cortinas”, documental de Julián Troksberg celebrado por la crítica cinematográfica y por el periodismo, que indaga en la figura de María Estela Martínez de Perón, “una desconocida bailarina que se transformó en la primera presidenta mujer de América, y cuya historia, sin embargo, permanece en el olvido”, como manifiesta la sinopsis.

 

Troksberg (hijo de un desaparecido durante la última dictadura) dirigió y escribió los largometrajes documentales “Furia, las peleas de Carlos Monzón” (2019, producido por Warner Media y estrenado en su señal latinoamericana Space, donde marcó los ratings más altos del año de la señal) y “Simón hijo del pueblo” (2013, en codirección con Rolando Goldman). Publicó sus cuentos en antologías en Argentina y Estados Unidos, y en su libro “La ruta hacia acá”.

 

El Litoral se contactó con el cineasta para adentrarse en este viaje hacia uno de los personajes más controvertidos de la historia contemporánea argentina.

 

 

Una Isabel con renovado estilo europeo, en su breve regreso de España a la vuelta de la democracia.Foto: Gentileza producción

 

 

Un vacío

 

 

-¿Qué te atrajo de la figura de María Estela Martínez de Perón, como para empezar a investigar?

 

-Me llamó la atención que al cumplirse 40 años del golpe de 1976 la figura de Isabel Perón estuviera tan borroneada. Casi no era nombrada, a pesar de haber sido la presidenta que justamente sufrió el golpe, pero tampoco ella parecía tener nada para decir. Ese vacío, que además lo asociaba a la incomodidad histórica que generó el personaje de Isabel entre todo el arco político, pero especialmente entre el propio peronismo, me generó interés. Y entonces justamente me empecé a preguntar qué pasaba con la memoria que quedaba sobre ella, teniendo en cuenta que somos un país que ha hecho mucho sobre su memoria histórica.

 

-¿Cómo fueron los tiempos de gestación del documental, y cómo fue mutando en el proceso?

 

El proceso duró posiblemente algo más de cinco años, pero lo pienso justamente entre las dos fechas redondas: los 40 años del golpe, y su estreno en el festival Bafici cuando se cumplían los 45 años del golpe. Fue un proceso largo, en el que de hecho en medio hice otro largometraje documental (“Furia, las peleas de Carlos Monzón”), en el que el proyecto fue un poco mutando: si bien empezó como un intento de rastrear la memoria sobre Isabel Perón que quedaba en diferentes personajes y en diferentes lugares (lugares donde ella había habitado pero en donde también sus huellas parecían borradas), con el correr del proyecto nos acercamos tanto a ella (a su círculo cercano, amigos, etc) que también se transformó en una búsqueda de la propia Isabel en persona.

 

 

Julián Troksberg, director y guionista del documental.Foto: Gentileza producción

 

 

La sombra

 

 

-La película la muestra como un personaje histórico vivo que no hemos terminado de procesar. ¿Por qué pensás que genera este fenómeno, tanto dentro como fuera del peronismo?

 

-Es justamente una de las preguntas claves que intenta indagar el documental y parte de lo que yo llamo el enigma Isabel: porqué estando Isabel Perón viva allí en España, el resto de la gente habla de ella como si no estuviera.

 

Y ahí, y en el intento de la película de buscar construir una memoria coral, creo que hay diferentes y enfrentadas respuestas.

 

-La primera presidenta mujer del mundo es un personaje “tapado” por la historia, a la sombra de las luces de Perón, López Rega y la figura de Eva (que no pudo ser vice): sin dudas quedan puntas abiertas en la película.

 

-Partí de algunos interrogantes, pero con el correr de la investigación y la película empecé a sentir que cada vez que sabía más del personaje de Isabel Perón a la vez la veía más lejana. Fue un viaje en el que encontré respuestas cerradas: Isabel, como interrogante, se me escapaba de las manos.

 

A la vez, una operación que fue decidida fue tratar de despegar -dentro de lo posible- la figura de Isabel de Perón y de López Rega. En general se la explica siempre mirándolos a ellos primero, y mi idea era tratar de mirarla a ella, sabiendo que Perón y López Rega estaban e iban a aparecer, pero que ella podía ser explicada por sí misma.

 

Algo que me resultó imposible de entrada con Evita: no hay forma de despegar a Isabel de Evita. Por un lado, fue una sombra de la luz que ejerció Evita en la historia argentina. Por otro, Isabel logró lo que no pudo Evita: acceder a la vicepresidencia y llegar a ser la primera presidencia argentina. Hay, a lo largo de la película, una idea de que hay un original y una copia: del busto perdido de Isabel Perón, el que queda es la versión en yeso, en bruto, no el mármol. Ahí, en ese juego de copias y versiones están siempre pegadas Isabel y Evita. Alguien me cito, para hablar de ellas, la frase de Marx: “La historia se repite. Primero como tragedia, y luego como farsa”.

 

-Una cosa interesante es la recuperación del material de archivo, que muestra la efusividad de la recepción de la vuelta de Isabel, siendo que rápidamente regresó al ostracismo autoimpuesto y el olvido social.

 

-Las imágenes de archivo que más me llamaron la atención y por eso también abren y cierran la película, son las de Isabel en la década del 80. Es donde en cierto sentido se “ve” mejor a Isabel: metida en la multitud o la liturgia peronista, pero llegada de España, con ropa de colores y peinados estrambóticos. El peronismo vive en el recuerdo de Perón e Isabel está en la sintonía madrileña, es rarísimo. Y para mí impresionante.

 

 

 

 

Fragmentos

 

-¿Cómo llegaste a la historia del busto perdido?

 

-Es un tema que apareció desde el comienzo en las entrevistas con abogados y allegados a Isabel, algunas que están en la película, otras que fueron de investigación. La línea me llevaba a la Casa Militar de la Casa de Gobierno, pero primero habían variado con la gestión de gobierno y luego no parecían dispuestos a hablar públicamente. Pero entonces encontramos otro camino: ir a ver Enrique Savio, el artista que había hecho el busto. Él abrió generosamente su taller en el barrio de la paternal en la ciudad de Buenos Aires.

 

Creo que fue la última entrevista, ya estábamos avanzados con la edición, pero cuando entré y vi el busto de Isabel Perón en su versión en yeso lleno de tierra al lado de una estatua del “Chapa” Suñé me pareció que no había mejor cierre para la investigación. Esas imágenes, que están en la película, también nos pareció que eran ideales para pensar el póster de la película.

 

-Una característica de la película es la diversidad de voces que pueden contar “un pedacito del personaje”. Hay muchas Isabel: desde la estudiante de danza a la amiga de la aristocracia franquista. ¿Cómo fuiste armando el rompecabezas?

 

-De entrada me encontré con que Isabel, a diferencia de muchos de nosotros probablemente, cambió de piel muchas veces: no era la misma gente la que la había acompañada en su época de bailarina, que en la presidencia o en su exilio madrileño. Así que hice una cronología por un lado e intenté ver qué personajes vivos -porque muchos habían muerto ya- podía contar algo sobre ciertos momentos de su vida. A la vez, me parecía que había que balancear entre dirigentes políticos, más formales, y personajes que iluminaran otros aspectos -más bizarros quizás- de Isabel. Entre ese deseo y la gente que empezó a aceptar ser entrevistada -alguna me llevó años de convencer- fue que se armó ese rompecabezas.

 

-¿Qué testimonios de los que están en la película te parecen más reveladores, tanto en información dura como sobre la personalidad de Isabel?

 

-Me cuesta definirme por uno, siento que todos tienen algo que vale la pena. Y trabajamos mucho en la edición para ir al hueso de lo que pudiera aportar cada uno. A dos que les tengo mucho cariño son los testimonios de las señoras que asistieron a Isabel en el final de su prisión en San Vicente: no eran conocidas, llegamos de casualidad, y hablaron de un momento olvidado de Isabel. Y a la vez, en ese cotidiano, también es donde me pareció que se veía mejor el personaje de Isabel.

 

-¿Cómo llegaste a Haydée Padilla y sus recuerdos de juventud?

 

-A mi lista original de entrevistados se iban sumando personajes que eran nombrados en otras entrevistas. Me acuerdo ahora que el doctor Labaké, que fue abogado y amigo de Isabel, me habló de Haydée Padilla y me resultó que era ideal por su capacidad de contar la época de bailarina.

 

 

Más allá

 

-¿Qué sentiste qué aportaba la mirada de la artista plástica Marcia Schvartz?

 

-Hay sólo dos personajes que no trataron personalmente a Isabel: el economista Fernando Porta, que era parte de una línea mucho más personal (Porta era amigo de mi padre) y que quedó reducido a su historia; y Marcia Schvartz. En el caso de Marcia, que fue de las primeras entrevistas que hice, me ayudó a entender que la propia película podía tener sentido: Marcia no tenía cariño pero Isabel pero había estado fascinada por su figura, e incluso había querido pintarla -para una exposición de mujeres argentinas que pintaban a mujeres argentinas- y no le habían querido colgar los cuadros. Así que me parecía que en cierto modo ella podía ser la propia mirada del documental: el interés por el personaje sin la idea de enaltecerla, el morbo, el desborde y a la vez ese lugar extraño donde Isabel resultaba negada por muchos otros.

 

-Un eje vertebrador del documental es la “pesquisa” por España, de lo que queda de Puerta de Hierro a su residencia actual. ¿Cómo fue hacer esa búsqueda, y cómo te terminó organizando el material?

 

-De entrada yo estaba fascinado con los lugares de Isabel: espacios donde había pasado Isabel pero en los que no quedaban rastros de ella. También grabamos en El Messidor de Villa La Angostura y en la casa de Gaspar Campos, pero esos lugares no quedaron en la película. Lo que siempre me impresionaba era ese vacío de lo que ya no está. Literalmente en Puerta de Hierro, donde ya no está más la quinta 17 de Octubre sino unos chalets. Y su casa actual me resultaba importante por esa fantasía de dónde estaba Isabel. Al final vive en un barrio donde tiene un chalet que no es una mansión ostentosa (“comparte medianera con otro” me dijo Carlos Corach) y que también es una muestra de lo que es Isabel.

 

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