https://static.ellitoral.com/img/logo-litoral.png El Litoral
El Litoral
Martes 05.10.2021 - Última actualización - 15:21
15:20

Por María Teresa Rearte

El legado de San Jerónimo

San Jerónimo pintado por Caravaggio. Crédito: Archivo El LitoralSan Jerónimo pintado por Caravaggio.
Crédito: Archivo El Litoral

San Jerónimo pintado por Caravaggio. Crédito: Archivo El Litoral

El Litoral en Google News



Por María Teresa Rearte El legado de San Jerónimo Asceta y eremita, su santa figura sobresalió por el delicado e intenso amor a Jesucristo. Nos invita a dejarnos enseñar e iluminar por los textos de las Sagradas Escrituras.

Por María Teresa Rearte

 

El Concilio Vaticano II "exhorta especialmente y con vehemencia a todos los cristianos (…) a que aprendan 'el sublime conocimiento de Jesucristo' (Flp 3, 8) con la lectura frecuente de las divinas Escrituras" (DV, 25). Con idéntico propósito cita a San Jerónimo cuando afirma que: "Ignorar las Escrituras es ignorar a Cristo".

 

La liturgia católica celebra el 30 de septiembre la memoria de San Jerónimo, presbítero y Doctor de la Iglesia. Proclamado como tal por el Papa Pío V en el año 1567, es uno de los cuatro Padres de la Iglesia Occidental junto con San Ambrosio, San Agustín y San Gregorio Magno. Asceta y eremita, su santa figura sobresalió por el delicado e intenso amor a Jesucristo. Por lo que nos invita a reflexionar para perseverar en el camino de la fe bautismal. Y a dejarnos enseñar e iluminar por los textos de las Sagradas Escrituras, que mucho ayudarían a purificar el clima social alterado por la diversidad de problemas que nos afligen. E incluso por la exacerbada confrontación que exhibe en este momento la actividad política. En la que se ha olvidado la búsqueda del bien común. Sobre todo atendiendo a la situación de pobreza e inseguridad, de pandemia y cansancio moral y espiritual de los ciudadanos. Y aún el dolor que aflige a tantos argentinos, por la pérdida de sus seres queridos causada por la pandemia.

 

De San Jerónimo sabemos que en Oriente "vivió como eremita en el desierto de Calais, al sur de Alepo, dedicándose seriamente a los estudios. Perfeccionó su conocimiento del griego, comenzó el estudio del hebreo, transcribió códices y obras patrísticas. La meditación, la soledad, el contacto con la Palabra de Dios hicieron madurar su sensibilidad cristiana." Y aún "experimentó profundamente el contraste entre la mentalidad pagana y la vida cristiana." Tal lo que nos refiere el Papa Benedicto XVI. (Audiencia general, 7 de noviembre de 2007).

 

En el año 382 estando "San Jerónimo en Roma, el Papa San Dámaso, en conocimiento de su fama de asceta y su competencia de estudioso, lo adoptó como secretario y consejero. Y lo invitó a realizar una nueva traducción latina de los textos bíblicos" (oc), motivada por inquietudes pastorales y culturales. No obstante su erudición no era el gusto estético lo que movía a San Jerónimo a aplicarse con tanto empeño al estudio de las Sagradas Escrituras. Sino el amor a Jesucristo.

 

Después de la muerte del Papa San Dámaso en el año 385, San Jerónimo dejó Roma y fue en peregrinación primero a Tierra Santa, donde Jesús había vivido su vida terrena. Más adelante se trasladó a Egipto, tierra escogida de los monjes.

 

En el año 386 se quedó en Belén, donde con la ayuda de Paula, una mujer noble, se construyó un monasterio masculino y otro femenino, y una hospedería para peregrinos que iban a Tierra Santa. Porque San Jerónimo recordaba que María y José al momento de nacer Jesús "no habían encontrado lugar para hospedarse." En Belén continuó dedicado a una intensa actividad, defendiendo la fe y oponiéndose a las herejías.

 

Nació en Estridón, Dalmacia, aunque no se sabe exactamente el año de su nacimiento. Pero es probable que fuera alrededor del año 347. Falleció en Belén, Tierra Santa, en su celda próxima a la gruta de la Natividad, probablemente en el año 420, dejando el legado de su trabajo nacido de una profunda estima por las Sagradas Escrituras. La que transparentaba su amor por el Señor.

 

En la carta apostólica Scripturae sacrae afecttus, precisamente sobre la estima del santo Doctor por la Sagrada Escritura, dada a conocer el 30 de septiembre del año 2020 en el XVIº Centenario de la muerte de San Jerónimo, el Papa Francisco se refiere a las dos dimensiones de su personalidad, que la historia del arte ha puesto de relieve. Es interesante considerarlas en esta conmemoración litúrgica de reciente celebración, y en este tiempo tan lleno de superficial vanidad y livianos atractivos, que contrastan con los dramas sociales que se ven en nuestro país.

 

Las muestras de las pinturas occidentales nos dejan ver las tipologías iconográficas que definen dos líneas referidas al santo Doctor. Por una parte se lo puede ver como un monje y penitente, retirado al desierto, de rodillas o postrado en tierra. En algunos casos se lo advierte con una piedra apretada en su mano derecha para golpearse el pecho. Y a la vez se lo ve con la mirada puesta en el Crucificado. En esa línea se ubica la obra de Leonardo da Vinci, que se conserva en la Pinacoteca Vaticana.

 

Otra representación también citada por el Papa es la que lo deja ver como un estudioso delante de su escritorio, rodeado de libros y pergaminos, dedicado a la traducción y comentario de las Sagradas Escrituras. También a la defensa de la fe. En esa línea se ubica la representación de Albrecht Dürer.

 

Especial reconocimiento merece el lienzo de Caravaggio como la obra representativa del asceta que lo muestra con un liviano manto rojo, con un cráneo sobre la mesa, como un "símbolo -dice el Papa- de la vanidad de las realidades terrenas". Sin dejar por eso de mostrar su condición de estudioso, con los ojos fijos en el libro. En tanto su mano introduce la pluma en el tintero, configurando así el gesto propio del escritor.

 

Al considerar estas obras sugiero comprender que la belleza nos conecta con el pasado. Y permite el encuentro entre personas aún distantes, que coinciden en la mirada contemplativa de la belleza. Y que la belleza nos une también en el presente. Con relación a los santos, el Concilio Vaticano II nos enseña que "amemos a estos amigos y coherederos de Jesucristo, hermanos también nuestros y eximios bienhechores; que rindamos a Dios las debidas gracias por ellos, que los invoquemos humildemente…" (LG, 50).

 

Es conveniente saber que "todo genuino testimonio de amor ofrecido por nosotros a los santos, por su misma naturaleza, tiende a Cristo y termina en Él, que es la corona de todos los santos, y por Él a Dios, que es admirable en sus santos y que en ellos es glorificado" (oc).

 

Referencias:

(DV) Concilio Vaticano II. Constitución dogmática Dei Verbum.

(LG) Concilio Vaticano II: Constitución dogmática Lumen Gentium.

 

Asceta y eremita, su santa figura sobresalió por el delicado e intenso amor a Jesucristo. Nos invita a reflexionar para perseverar en el camino de la fe bautismal. Y a dejarnos enseñar e iluminar por los textos de las Sagradas Escrituras.

 

Es interesante considerar las dos dimensiones de su personalidad en este tiempo tan lleno de superficial vanidad y livianos atractivos, que contrastan con los dramas sociales que se ven en nuestro país.

Edición Impresa

El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
Ediciones Anteriores | Edición Impresa

El Litoral en Google News


Temas:



#Temas de HOY: EducacionSF  Inseguridad en Santa Fe  Rosario  Río Paraná  Colón  Unión  Clima en Santa Fe  Ariel Ramírez