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Viernes 08.10.2021 - Última actualización - 15:14
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Llegan cartas

Historias para ser contadas… "Villa María Selva" y el Puente Negro

Un tren del Ferrocarril Belgrano para por debajo del Puente Negro en el año 1992.  Crédito: Archivo El Litoral - Milan DimitriUn tren del Ferrocarril Belgrano para por debajo del Puente Negro en el año 1992.
Crédito: Archivo El Litoral - Milan Dimitri

Un tren del Ferrocarril Belgrano para por debajo del Puente Negro en el año 1992. Crédito: Archivo El Litoral - Milan Dimitri

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Llegan cartas Historias para ser contadas… "Villa María Selva" y el Puente Negro

Por Juan Bautista Bulgarella

 

En ese entrañable Barrio viví hasta los 14 años, el que otrora fuera una Villa y asentamiento de inmigrantes italianos, conocido como "La Pequeña Italia". Mi casa estaba en Avenida Aristóbulo del Valle 5779, a 100 metros del "Puente Negro", enclavado en ese lugar desde hace más de 160 años, cuando se crearon los ferrocarriles.

 

Recordar el pasado es volver a vivir y es lo que me motiva a escribir esta historia, la que gira en torno a ese emblemático Puente. El Tren del Ferrocarril Central Argentino, ex Ferrocarril Mitre, que partía de Estación Retiro, cuando ingresaba a nuestra ciudad lo hacía por el oeste, cruzaba el Puente "Tire Dié" sobre el Río Salado, cruzaba las barreras de las calles Buenos Aires y Roque Sáenz Peña, continuando su recorrido pasando por el Puente Negro del Barrio de Ciudadela, dejando más adelante a un lado a la Plaza Escalante, la Iglesia Santa Teresita y la Escuela Wenceslao Escalante, cruzaba por arriba del Puente la Avenida Aristóbulo del Valle con destino a las Provincias del Norte de nuestro País.

 

Por abajo lo hacía el Ferrocarril Gral. Manuel Belgrano hacia el Noroeste Argentino que a su paso, el Guardabarrera desde la casilla ubicada al Sur del Puente, en la vereda izquierda, accionaba la manivela que hacía bajar las barreras interrumpiendo la circulación en todo sentido.

 

En la esquina Sureste, A. del Valle y Salvador del Carril, estaban los "Bretes" un espacio de terreno, circundado por postes pintados de blanco y alambres de cinco hilos, quedaba el ganado a la espera de ser llevado en vagones jaula al Mercado de Haciendas de Liniers.

 

Por Salvador del Carril hacia el este, cruzando las vías y a la izquierda la "Escuela de los Niños Débiles", en cuya entrada tenía un portón de hierro artístico. En la vereda de enfrente, había un murallón que se extendía hasta llegar a calle Las Heras; en su interior estaban las instalaciones del Ferrocarril de la Compañía Francesa, con sus galpones, talleres y la Estación de "Santa Fe Cambios."

 

Al costado oeste del Puente, entre el terraplén y calle Derqui había dos tradicionales negocios, el Bar y Despacho de Bebidas de "Arias" y el Almacén de "Gandino". Del Puente hacia el Norte, en la esquina izquierda, el Almacén de don Isaac Svitcoy, donde estaba una de las paradas del Tranvía de la Línea 4, enfrente, cruzando la Avenida, había un terreno cubierto de matorrales y garabatos que era refugio de "crotos" y "linyeras" y al lado, una laguna donde se pescaban cascarudos, mojarritas y bagres. Cuando se secaba, cavando con una pala de punta se sacaban anguilas.

 

En ese sector, de un lado y del otro de la Avenida se encontraban la Fábrica de Almidón de don Adolfo Kremenetzky, el Aserradero de don Pedro García, el Taller Mecánico de los hermanos "Eleuteri" el "Negro" y el "Chiche", la Fábrica de Mosaicos "La Estrella" de Cavalieri y Tesaire y a su lado, en la esquina de Ruperto Godoy, la Pensión de Don Pedro Vadamar y enfrente nuestra casa y la de Don Clemente López y su Señora Angelita, que elaboraba churros y los vendía recorriendo el barrio muñida de una gran canasta. Los sábados y domingos, lo hacía en las canchas de fútbol cercanas: "La Capital" y "Liverpool".

 

Hubo un hecho en el Barrio que quiero destacar, transcurría el año 1947 cuando el Presidente de la Nación era el General Juan Domingo Perón. Se había anunciado que junto con su esposa Eva Duarte, pasarían en tren por debajo del Puente con destino al Noroeste Argentino, noticia que convocó una multitud, persiste aun en mi memoria el momento cuando apareció a marcha lenta una imponente locomotora de un negro brillante en cuyo frente portaba una gran Escarapela y Banderas Argentinas y unos pocos vagones, donde iba la comitiva e invitados, en cuyos costados tenían pintado en blanco la leyenda, "Perón Cumple, Evita Dignifica". El General y la primera dama se mostraban parados en el furgón de cola saludando a la gente, la que respondía los saludos con gran algarabía y pañuelos en alto, pero lo que más me ha quedado registrado fue el momento en que de unos de los vagones salían disparados, como si fueran papelitos, billetes de 10 pesos de curso legal que la gente amontonada pugnaba por agarrar. Eran los tiempos en que la "Fundación Evita", regalaba máquinas de coser, colchones, bicicletas entre otras cosas y en las fiestas de fin de año juguetes, pan dulce, turrones y los comercios vendían a precios muy bajos los trajes llamados "Flor de Ceibo".

 

En el Barrio, poco después de ese acontecimiento, se fundó un Club que se llamó "Bella Vista", en un campito, detrás de los fondos de los galpones de la Fábrica de Mosaicos y de la Pensión, donde los vecinos sábados por la tarde y domingos a la mañana solían jugar al fútbol, otros a las bochas. Se disputaban encuentros entre dos equipos, uno "Los Descamisados" y el otro "Los Cuellito Duros" en clara alusión a peronistas y antiperonistas. Las pelotas de cuero en ese tiempo llevaban en su interior una cámara con pico. Luego de ser inflada se la cerraba con cordones de tientos, motivo por el cual para cabecearla había que pensar dos veces. En ocasiones se jugaba por los "porrones" cuyo costo estaba a cargo de los "perdedores".

 

Del Puente Negro hacia el norte solo tres calles tenían nombre: Ruperto Godoy, Fray Mamerto Esquiú y Huergo, a las demás hasta llegar a la que es hoy Avenida Galicia, se las conocía por números como la 21, 22, 23, 24, 25, 26, 27, 28, 29 y 30 sin nombre, con el aditamento "s/n", las que actualmente son Llerena, Lavaise, Gorostiaga, Pedro de Vega, Ricardo Aldao, Ángel Cassanello, J. P. López, Hernandarias, Castelli y Galicia respectivamente.

 

La 26 s/n con su calle de tierra, es la que me produce mayor nostalgia al recordar a mi querida Escuela Fiscal N° 139 "Jorge Stephenson", entre las calles San Luis y Belgrano, donde cursé mi de la mano de una gran maestra, la Señorita Sabina Portillo. Al costado de la Escuela estaba el Club "Unión y Progreso", en cuyo patio hacíamos las clases de gimnasia.

 

Todas las calles de sus alrededores eran mantenidas en buenas condiciones por empleados Municipales con su "Máquina Champeona", abovedadas y regadas, servicios que ahora están a cargo de terceros. Tanto la Vecinal Villa María Selva, como el Club Unión y Progreso, organizaban los sábados, domingos o feriados carreras de bicicletas. En ellas tuve la oportunidad de conocer a ciclistas que hicieron historia, como el "gringo" Clodomiro Cortoni, los hermanos José y Aníbal López, Fazzolari, Magdalena, Azarloza y otros que escapan a mi memoria.

 

Sobre la Avenida entre las 26 s/n y la 27 s/n, en su vereda este, la Comisaría del Barrio cuyos Comisarios fueron, primero Cepeda, después Brieva, padre del actor Rubén Enrique Brieva, más conocido como "El Dady Brieva". A un lado estaba la Panadería "Mirtha" y al otro la Farmacia "La Salud".

 

Llegando casi al final de la Avenida, entre la 28 s/n y 29 s/n, la tradicional "Panadería y Confitería de los Profumieri", cuyo titular era el Maestro de Pala y sus numerosos hijos colaboradores tanto en la cuadro como en la atención del Negocio.

 

Por último entre la 29 s/n y la 30 s/n, sobre la vereda este, el "Club Villa María Selva", donde hoy es la Sede de la "Asociación de Comerciantes y Amigos de la Avenida Aristóbulo del Valle" (Acav), la "Vecinal Villa María Selva", la "Tienda Cabral" la que hasta hoy ostenta más de 80 años de trayectoria, al lado de la que fue el "Almacén de Ramos Generales y Bar" de Herminio García, donde los quinteros y laburantes, luego de una larga jornada de trabajo, concurrían en sulkys, carros, caballos y bicicletas las que eran aparcadas en su amplia vereda, muchos para realizar sus compras y otros para jugar a los naipes y compartir una copa con amigos circunstanciales. Allí estaba la "parada" de los ómnibus de la Empresa La Unión Línea "G", y en la esquina de la 30 s/n el kiosco de la familia Iaccoponi, el que se destacaba por su construcción de maderas y chapas pintadas de verde y su techo en forma de cono.

 

Frente a la "Parada", un ícono del Barrio, el Castillo donde vivía el Señor Anastasio Navarlaz, que desde el año 1932 era el Concesionario de la Línea "G", una de las primeras del servicio urbano en nuestra ciudad, la que le fue otorgada por el Concejo Deliberante cuando el Intendente Municipal era el Profesor Dr. Agustín Zapata Gollán.

 

Esta historia que llega a su fin es un homenaje a la nostalgia. Agradezco al Diario El Litoral la atención de publicar este recuerdo de mi adolescencia.

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El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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