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Miércoles 20.10.2021 - Última actualización - 14:59
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Por Guido Abel Tourn

Mis recuerdos como investigador en el Archivo Histórico

Imagen de la sala de consultas del Archivo Histórico, cuando funcionaba en la Casa del Brig. Estanislao López Crédito: Banco de Imágenes Imagen de la sala de consultas del Archivo Histórico, cuando funcionaba en la Casa del Brig. Estanislao López
Crédito: Banco de Imágenes "Florián Paucke"

Imagen de la sala de consultas del Archivo Histórico, cuando funcionaba en la Casa del Brig. Estanislao López Crédito: Banco de Imágenes "Florián Paucke"

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Por Guido Abel Tourn Mis recuerdos como investigador en el Archivo Histórico En el año del centenario del Archivo General de la Provincia (1921 -16 de junio- 2021). Recuerdo aquel primer día cuando, como un principiante, traspasé el portal. Frente a mí estaba la gran puerta verja que abre al primer patio de la casa. 

Por Guido Abel Tourn (*)

 

Apelé a mi memoria distante para rescatar algunos momentos fundamentales de mi vida, recordando como me inicié en la investigación para llegar a ser hoy un historiador.

 

Mis años juveniles transcurrieron entre dos lugares, el edificio de los Tribunales de Santa Fe y la Facultad de Ciencias Jurídicas. En el primero era donde diariamente trabajaba en un juzgado de primera instancia y en el segundo estudiaba la carrera de abogacía.

 

Si bien, habitualmente, todos esos años, caminé por la vereda de la reconocida y antigua casa del Brigadier López, nunca tuve una razón para ingresar a ella.

 

Años más tarde, ya como abogado, pasé a ejercer la profesión en el Estudio Jurídico Parera, vecino de la casona y por lo tanto de la sede del Archivo General de la Provincia. Eran tiempos en que veía ingresar a diario a su director Andrés Roverano.

 

Había estudiado historia argentina y europea, pero mi mayor interés estaba en la historia de mi patria chica, la regional y familiar que había conocido en detalle desde pequeño.

 

Primer Congreso de Historia de los Pueblos

 

En 1982 recibí la invitación de la Comuna de Alejandra para representarla en el Primer Congreso de Historia de los Pueblos de la provincia de Santa Fe, convocado por el Gobierno de la Provincia, a instancia del Archivo y la Junta Provincial de Estudios Históricos. Para elaborar el trabajo sobre mi pueblo era necesario que concurriera a consultar los fondos provinciales e implicaba que ingresara a diario a la Casa del Brigadier.

 

Recuerdo aquel primer día cuando, como un principiante, traspasé el portal. Frente a mí estaba la gran puerta verja que abre al primer patio de la casa.

 

A la derecha del zaguán estaba la puerta por la cual se ingresaba a la Sala de Consultas, en ella recuerdo haber quedado embelesado por lo imponente del espacio, las majestuosas bibliotecas, además el silencio reinante que imponía respeto, y las enormes mesas adonde las personas revisaban enormes tomos, ensimismadas en su tarea investigativa. Allí fui recibido por la encargada que me indagó sobre cuál era el motivo de mi presencia, éramos muchos quienes estábamos detrás del mismo objetivo: preparar una breve historia de nuestro pueblo de origen.

 

En definitiva -con la convocatoria del congreso-, se pretendía que las 365 localidades de la provincia tuvieran su historia.

 

Esa rutina continuó por meses, cientos de personas ingresaban a la Sala, solicitaban el material y se retiraban con alguna o ninguna información, para regresar al día siguiente con nuevos temas de investigación.

 

El personal a cargo del área diligentemente indicaba cómo encontrar algún documento relativo a la cuestión que interesaba, de ellas recuerdo con mucho afecto, los nombres de: Vilma, Graciela, Cristina entre otros.

 

El tiempo de trabajo fue largo, ya que aspiraba a investigar y escribir la historia del nacimiento de Alejandra en el departamento San Javier. Por eso veía con frecuencia a la directora Catalina Pistone, quien no me llamaba por mi nombre -no lo recordaba o no lo sabía-, y me convocaba diciéndome simplemente Alejandro.

 

Debo agregar que la colaboración recibida por parte de esas personas nos sirvió en gran medida, ya que, al no estar especializado en historia, desconocía cómo darle forma al escrito, respetar las normas para referenciar correctamente y citar la bibliografía consultada, etc.

 

A nuestra disposición se encontraban los catálogos de los diferentes Ministerios, los Censos e Informes redactados por los Inspectores de colonias, que las visitaban para informar al gobierno provincial sobre su evolución, la amplísima hemeroteca existente, e innumerables documentos que son la fuente fundamental de la historia de Santa Fe, como afirmó en un artículo previo de esta serie, la ex directora del Archivo historiadora Ana María Cecchini de Dallo.

 

Por fin llegó la fecha, entre el 8 y el 10 de noviembre de 1982 concurrimos los noveles historiadores, junto a muchos consagrados, a exponer y defender los trabajos ante las comisiones constituidas.

 

Una relación continua

 

Mi relación con el Archivo continuó, ya que la historia de mi gente se convirtió en pasión. Me impuse la obligación de asistir todos los días las últimas horas de la mañana, lo que me permitía el ejercicio de la profesión y ampliar el trabajo presentado al congreso, para preparar lo que sería un primer libro. Continuaron así por años mis consultas y amplié las temáticas, siempre con la invalorable colaboración del personal. De hecho, me convertí en un familiar de la casa, a tal punto que se me permitía ingresar a las oscuras salas adonde se conservaban los tomos.

 

Fui invitado a participar como miembro asociado de la Asociación Amigos del Archivo General de la provincia de Santa Fe e incluso a integrar su comisión directiva.

 

Participé entusiasta de las "Jornadas de Iniciación historiográfica" convocada por las autoridades del Archivo, para alumnos de escuelas de nivel medio de la provincia, que tenían por objeto que indagaran sobre la personalidad de nuestro máximo prócer provincial, el Brigadier General Estanislao López. El Jurado -que integré en varias oportunidades-, debía expedirse antes del día del natalicio del mismo, el 22 de noviembre de cada año y en el que debía efectuarse la premiación correspondiente.

 

Recuerdo que en mi permanente relación con el Archivo y cuando diariamente dedicaba un par de horas para sumergirme en la lectura de los documentos, cuando quedaban cinco minutos para llegar a las 13 horas, la encargada de la Sala, Vilma, me advertía que debía concluir ya que quedaban minutos para el cierre.

 

Derrumbe y conmoción

 

Fueron muchos y gratos los momentos vividos en todos esos años y gran conmoción produjo en mí, conocer y verificar en el sitio el lamentable derrumbe de parte de la Casa del Brigadier. Ello motivó el inmediato traslado de toda la documentación a una nueva casa que no estaba destinada para el Archivo Histórico sino para el Archivo Intermedio, dependiente del Archivo General y fundamental para la administración provincial.

 

Estaba en esos años desempeñándome como presidente de la Junta Provincial de Estudios Históricos, ante el mobiliario que quedaba en desuso, gestioné la donación del mismo que pasó a vestir la Sala de Actos de la Casa de los Aldao alojando su valiosa biblioteca.

 

La casa del Brigadier López, hoy restaurada, espera su nuevo destino, en el cual la Junta colabora, para brindar a todos la carga histórica que posee de todos aquellos que la habitaron.

 

(*) Contenidos producidos para El Litoral desde la Junta Provincial de Estudios Históricos.

 

Recuerdo aquel primer día cuando, como un principiante, traspasé el portal. Frente a mí estaba la gran puerta verja que abre al primer patio de la casa.

 

Me convertí en un familiar de la casa, a tal punto que se me permitía ingresar a las oscuras salas adonde se conservaban los tomos.

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El texto original de este artículo fue publicado en nuestra edición impresa.
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