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Martes 26.10.2021 - Última actualización - 28.10.2021 - 15:28
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Juana Molina

Una comunión interior

La cantautora se presentará este sábado en Tribus Club de Arte, retomando el formato solista, con su guitarra, loopera y sintetizadores. En diálogo con El Litoral, repasó 25 años de una carrera de culto que trasciende fronteras.

La artista en la naturaleza, un entorno en el que se siente más cómoda que en el ruido urbano. Crédito: Gentileza producciónLa artista en la naturaleza, un entorno en el que se siente más cómoda que en el ruido urbano.
Crédito: Gentileza producción

La artista en la naturaleza, un entorno en el que se siente más cómoda que en el ruido urbano. Crédito: Gentileza producción

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Juana Molina Una comunión interior Juana Molina se presentará este sábado en Tribus Club de Arte, retomando el formato solista, con su guitarra, loopera y sintetizadores. En diálogo con El Litoral, repasó 25 años de una carrera de culto que trasciende fronteras. La cantautora se presentará este sábado en Tribus Club de Arte, retomando el formato solista, con su guitarra, loopera y sintetizadores. En diálogo con El Litoral, repasó 25 años de una carrera de culto que trasciende fronteras.

 

El sábado a las 20 Juana Molina se presentará en Tribus Club de Arte (República de Siria 3572). Celebrando el 21° aniversario de “Segundo”, el emblemático álbum que inició su trayectoria internacional (recientemente reeditado en vinilo por su flamante sello discográfico Sonamos), Juana retoma el formato solista, con su guitarra, loopera y sintetizadores en una serie de conciertos íntimos, revisitando un amplio repertorio de sus siete álbumes de estudio. Las entradas están a la venta en la boletería de Tribus, de miércoles a domingo desde las 18, y a través de Ticketway. La capacidad es limitada.

 

En la previa, El Litoral conversó con la artista para adentrarse en su particular universo.

 

 

Energías

 

-Volvés a girar en formato solo set, con la loopera y los sintes. Es una vuelta al origen, porque así fue como empezaste a girar por el país y el mundo. Así fue tu primer show en Santa Fe, en el Paraninfo de la UNL. ¿Cómo estás volviendo este reencuentro con el origen?

 

-Es una vuelta en realidad: es como haber ido y vuelto, entonces no es exactamente lo mismo, la intención es otra, yo soy otra. No muy distinta, pero no soy la misma. Pasaron muchas cosas, creo que la música o la manera de interpretarla es de ahora: volví a usar lo de antes, no hago lo de antes.

 

Igual nunca me alejé, porque si bien estuvo tocando en diferentes formatos con otras personas, nunca deje de usar ese formato en mi casa para a veces cuando estoy sola, cuando práctico cosas; como algo que siempre está presente en mí.

 

-Las canciones de “Halo” tuvieron otros procesos donde participó otra gente al arreglarlas; ahora las vas a tocar sola.

 

-Ocho de las canciones de “Halo” se hicieron como antes, en mi casa; la única diferencia fue que después algunas baterías se reemplazaron por baterías de verdad, y que tuve elementos nuevos en el estudio, para poder tener más herramientas. Pero salvo las baterías (y algunas guitarras creo) no siento tanta diferencia entre ese disco y los demás. Creo que la diferencia es el sonido de la batería, que tampoco está en muchos temas.

 

Los shows sí son distintos, por una cuestión de que no es lo mismo la energía de tres personas que la de una, pero no creo que ninguna sea mayor: creo que son energías muy diferentes.

 

-Se habla de este formato como “íntimo”, pero seguramente la mayor intimidad es con uno mismo: esta una conexión especial hacia adentro, con la vuelta del tema que se acaba de grabar, con lo que está sonando.

 

-Tal cual. Además lo que tiene de íntimo es que es un viaje hacia adentro mío; y al estar sola es como una especie de universo más cerrado y por ende más íntimo. Con más cerrado quiero decir que es una cosa que va hacia dentro, y se expande de de algún modo hacia el público. No me gustaría desacreditar lo otro diciendo que esto tiene una profundidad más honda, porque es un viaje como en una sola dirección; lo otro se expande más y es quizás como un frente más amplio que avasalla o impacta de otro modo. Me gustan las dos cosas: depende de los momentos.

 

También el tema de la cuarentena hizo que uno se pusieron poco más introspectivo: yo no estoy para salir a hacer un show saltando y haciendo pogo; estoy para algo más... si digo tranquilo suena a aburrido.

 

-Más reflexionado.

 

-Sí. Es un temor que un poco tengo porque a muchas personas les parece que un show si no tiene batería le falta algo. Pero no es un problema mío (risas).

 

 

 

 

Otra época

 

-Tu último lanzamiento fue el álbum en vivo “Anrmal”...

 

-Que es lo opuesto a lo que voy a hacer este fin de semana.

 

-Se grabó en México pocos días antes de la gran cuarentena de marzo de 2020. ¿Cómo salió la idea de grabar ese concierto?

 

-No, no hubo una idea previa: fue todo una sucesión de hechos fortuitos, casuales: el chico que estaba trabajando en el festival decidió grabarlo, y después nos dijo: “Che, grabé el show, ¿les interesa escucharlo?”. “Dale, mandalo”. Vimos que había bastantes es temas que los habíamos tocado presentablemente, y a Crammed (que es mi sello en Bélgica) les dio ganas de editarlo.

 

Es un disco en vivo de una etapa determinada, que no es la que más me representa pero es una etapa que por lo que pasé.

 

-Es como una cápsula del tiempo, de los últimos días de la  “vieja normalidad”.

 

-Sí, tal cual. Además volvíamos y a la semana siguiente teníamos un súper show acá en Buenos Aires que se suspendió: eso dio lugar al primer streaming que se hizo: fue el 13 de marzo, se había suspendido el show pero todavía no estaba declarada la cuarentena. Esa noche hicimos el streaming en vivo desde mi casa, porque estábamos todos muy manija con hacer el show, ¿qué hacíamos con toda energía si no tocábamos? Porque lo preparamos durante mucho tiempo: vinieron iluminadores, el sonidista, todos los que íbamos a estar en el teatro.

 

-Después cuando se monetizaron los streamings te corriste de ahí.

 

-Sí, es que ya lo había hecho. Hice tres: ese que fue el primero, otro para unos que me contrataron y  después hicimos uno con Marito González, que es mi socio en el sello: cuándo ocurrió la de los incendios en el sur decidimos hacer un streaming para juntar guita para mandar para allá. Juntamos un montón de plata, el año pasado 600.000 pesos era un montón. Eso fue todo para una gente que estaba construyendo casas para los damnificados. Salió muy bien, fue muy divertido.

 

 

Mundo quieto

 

-¿Cómo estuviste viviendo bueno todo este tiempo en que no se podía tocar, no se podía viajar?

 

-Con resignación y cierto placer también: fui muy feliz los primeros meses de la cuarentena, cuando estaba ese silencio total, que el mundo se había parado: me pareció un momento bastante glorioso, más allá de las consecuencias que eso trajo, de la gente que se enfermó. Tuve la ingenua esperanza de que el mundo cambiara para siempre.

 

-Era ese momento en que los delfines andaban por Venecia, todos creíamos que el mundo iba a ser mejor.

 

-Claro, ese momento fue increíble. Pensé: “Ahora todo el mundo se va a dar cuenta de cuánto mejor es vivir así, en el silencio, sin que la vida sea tan abrumadora y avasallante”. Pero no: estaban todos esperando volver a su realidad conocida y bastante enfermiza para mi gusto.

 

Me acuerdo de un jueves que salí, el fin de semana previo al Día del Padre. Estaba acostumbrada a salir, viste que tenías que sacar el permiso. Y estaba lleno de gente en la calle. Dije: “¿Qué pasó?”. Era que habían dado un permiso para que la gente saliera a comprar el regalo; ese día me deprimí mucho: vi las colas, los barbijos, dije “no, esto está todo muy mal: no era lo que quería que pasara”.

 

-Vos vivís medio en el campo...

 

-No, vivo fuera de Buenos Aires, ojalá viviera en el campo.

 

-Para el porteño eso es el campo. Hay pajaritos...

 

-Sí, puede ser. Hay pajaritos porque hay muchas plantas y árboles, creo que es la casa que más tiene porque soy la única que no poda ni corta. Entonces tengo ranas, grillos, el pasto alto: me gusta para que vivan ahí.

 

-Por eso el impacto de vivir a ese ritmo y volver a salir debe haber sido más fuerte.

 

-Sí. Sobre todo la mayor felicidad fue el silencio total que había, y el aire: cómo cambió el aire en dos semanas, estábamos respirando casi aire puro; impresionante cómo se veía el cielo: como en el medio del campo, justamente.

 

 

 

 

Búsquedas

 

-Tu último disco es de 2017, ya cumplió cuatro años.

 

-Van a ser mínimo cinco, cuando salga el otro, porque no tengo nada todavía. Tengo un montón de cosas grabadas, porque siempre grabo algo; pero estoy muy lejos de tener algo que se parezca a un disco. Y no me gusta eso de lanzar un tema, lanzar otro; trato de no dejarme llevar demasiado por el modus operandi de la industria.

 

-¿Cómo es proceso de “tengo este millón de cosas que fui grabando lo largo del tiempo, ahora me pongo”? ¿Cuándo llega ese momento?

 

-Espero que llegue este verano. Ahora tengo una serie de shows, cuando termine quizás me vaya diez días a una playa, o quizás no me vaya a ninguna parte; y empiece a trabajar. Ahora ya tengo un poco de ganas de empezar a hacer un disco. Creo que es cuestión de juntarme a hacerlo.

 

-En “Forfun” habían hecho versiones crudas y punks de algunas de tus canciones. ¿Es de alguna manera un juego para ver qué más se le puede encontrar a los propios temas?

 

-Cuando ensayábamos, sobre todo con Diego López de Arcaute, empezábamos con un tema y hacíamos una versión completamente diferente. Ya habíamos incurrido bastantes veces en hacer la versión de “Paraguaya” en punk; y fue un poco lo que nos salvó cuando tuvimos que ir a Dinamarca, que no llegaron nuestros instrumentos. Entonces con ese precedente lo que hicimos fue medio un show todo tocado así: teníamos instrumentos que no eran nuestros, y yo no podía hacer absolutamente nada de lo que hago: no tenía mis sonidos, la loopera, nada. Lo que hicimos fue un show de reinterpretación (así nomás, en vivo, sin ensayo) de los temas, y salieron todas estas versiones punk.

 

Cuando el sello me dijo: “¿No tenés algo para ir sacando?”, dije: “Mirá, tengo esta versión de este tema, y las canciones que no salieron en ‘Halo’”. Íbamos a hacer un EP con esas canciones y cuando él oyó la versión de “Paraguaya” me dijo: “¿Por qué no hacés tres canciones más, así en versión punk?”.

 

Todo fue muy rápido, muy así nomás. Justamente por eso tiene ese nombre; no sé porque me salió en inglés, yo que odio las cosas en inglés.

 

-¿Y las canciones que habían quedado afuera de “Halo”?

 

-Están ahí, esperando que alguien alguna vez les de bola; yo, por empezar (risas). Son tres que me quedaron del disco.

 

-“Halo” tiene que ver con la santidad para los anglosajones, y tu idea era otra.

 

-En francés, en castellano y en inglés quieren decir lo mismo: un halo de luz.

 

-Vos lo pensaste en un momento por la “luz mala”.

 

-Cuando salió la idea del hueso en la tapa, ahí lo relacionamos con el halo verde de la “luz mala”.

 

 

 

 

Internacional

 

-A lo largo de 25 años desarrollaste una carrera de “artista de culto global”, en una forma que era casi única al principio, y te anticipaste a muchos artistas que hoy, redes y plataformas mediante, tienen audiencias localizadas en países tan disímiles como Estados Unidos, Francia, Bélgica, México o Japón. ¿Cómo fue ese recorrido?

 

-Hicimos casi todos los países menos gran parte de Asia y África. Fue de a poco: el primer lugar donde fui a tocar fue a Japón, en el 2001: “Segundo” era un disco solamente argentino. Cuando volví en 2002 me dijeron: “Sería buenísimo si pudieras hacer otro disco, para volver”. Ahí me apuré con “Tres cosas”, que lo estaba haciendo, y lo terminé para vender ahí. Entonces mandamos un montón de discos antes del viaje: esa sí fue la segunda gira, que fue bastante grande.

 

En 2002-2003 yo exportaba los discos a Japón; ahí estaba Will Oldham de Bonnie Prince Billy: oyó “Segundo” en un negocio, lo compró; se lo mostró al presidente de Domino Records, y así fue como entre a ese sello, en Inglaterra.

 

Ahí empecé a irme de gira por Europa. La primera gira fue solo por Inglaterra, fueron diez fechas en diez ciudades distintas, y todas muy lindas: en Londres era un lugar para 400 personas, en las demás ciudades serían 200; había algunos pubs más chiquitos también.

 

Empecé a viajar mucho por Europa, Estados Unidos y Japón: fueron como los tres lugares donde más viajé; ocasionalmente México, algunos shows en Sudamérica. La gira grande empezó en 2004: yo tocaba en Coachella y ahí me llegó la noticia de que David Byrne quería tocar conmigo. Seguí de largo, terminó esa gira y me fui a Nueva York a encontrarme con Byrne, para empezar una gira de un mes y medio más. O sea que estuve casi cuatro meses afuera de casa.

 

Ahí ya empezó a abrirse todo el mercado norteamericano. Yo ya venía sonando desde “Rara” en las radios universitarias de California.

 

-Siempre son la avanzada.

 

-Sí: en KCRW y después en KEXP, esas dos radios me pasaban muchísimo y además me invitaban a tocar: la primera vez que toqué en KCRW fue en el 98; después en el 99; y mi primera presentación en KEXP fue en 2004, cuando ya el disco era de Domino. Ahí fui muchas veces, las primeras no se grababa: era un cuartito muy chiquitito, con una gente muy amorosa y nada más. Ahora son la radio más grande de California; en ese momento era KCRW y estos ahora los superaron ampliamente: tienen un edificio increíble en San Francisco. Es una radio de la que me siento parte, porque hace mucho años que voy y siempre me apoyaron. Esas cosas me sirvieron mucho, y siempre que voy a tocar va gente: no entiendo cómo pero pasa.

 

 

Senderos

 

-En su momento cambiaste de vida para centrarte en lo que tenías para decir y experimentar en la música. ¿Para dónde va hoy esa búsqueda, y cómo se sostiene en el tiempo?

 

-No sé qué viene primero: si el interés por algo nuevo o el aburrimiento de lo viejo. Lo cierto es que me divierte mucho hacer muchas cosas, y al final el que mucho abarca poco aprieta. Hace unos meses saqué un video del tema que se llama “El desconfiado”, lo animé yo, que no tenía ni idea de cómo se animaba; y entré por un túnel y me recontra copé y dije “Listo, ya sé cuál es mi próxima carrera, es animar”.

 

Pero el otro día me pasó que estamos trabajando con una iluminadora nueva, vino con el programa de luces, yo nunca me había metido en ese tema. Dije: “Ah, no, lo próximo que hago es luces” (risas). Y así me voy copando: cuando le ves la vuelta y ves lo que podés hacer con algo nuevo te viene un entusiasmo. Pero no puedo hacer todo, me tengo que limitar un poco: concentrar, más que limitar.

 

-A la hora de crear, ¿tenés que pensar en que se te ocurran cosas nuevas?

 

-Es como una dicotomía, entre decir “está bien, yo hago esto y siempre hago lo mismo, que es medio distinto pero es lo mismo”; y a la vez digo “no puede ser que esté haciendo siempre lo mismo, tengo que hacer algo distinto”.

 

Entonces por ejemplo cuando grabé “Wed 21” quería hacer algo distinto de todo lo que venía haciendo. Y empecé a grabar baterías tocadas: no como baterista, que toca todo junto, pero tocando un tambor, después un bombo, platillos. Quería que los temas tuvieran otra estructura, no tanto la estructura que me permitía el loop, en que las cosas se van superponiendo. No quería hacer nada de lo que ya hubiese hecho.

 

Empecé a trabajar con herramientas distintas, a componer de otro modo. Y al final siento que el disco es una consecuencia lógica del disco anterior; aunque empiece para hacer distinta término siempre siendo la misma. Pero el camino es diferente: eso ya me da un aire de renovación. Ya siento que hay algo renovado porque el camino fue otro, eso se siente.

 

-Aunque termines encontrándote a vos misma.

 

-Sí, es como si fueras a un lugar que queda del otro de la manzana de tu casa; pero siempre agarrás para la izquierda, después doblas a la izquierda y a la izquierda. Un día y decís “voy a agarrar el otro camino”, derecha, derecha, derecha. Ya el hecho de que sea otro camino ya te pone en otro lugar. Después llegas al mismo lugar, el almacén no cambió, pero el camino hace que te pongas diferente: “Descubrí que hay una librería a la vuelta de casa y nunca la había visto”. Estuvo siempre ahí, pero como siempre ibas por otro lado no la veías.

 

-Te queda una información nueva.

 

-Sobre todo impresiones nuevas, y eso es lo que se transmite: las impresiones de cuando vas descubriendo cosas nuevas. Y eso (aunque no esté escrito en ninguna parte) de algún modo se siente en el disco.

 

 

 

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