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Domingo 21.11.2021 - Última actualización - 02.12.2021 - 11:03
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La política en foco

Piu avanti

Los malabares retóricos presidenciales para justificar el festejo de la derrota electoral, y la encrucijada de Perotti.

 Crédito: Flavio Raina
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La política en foco Piu avanti Los malabares retóricos presidenciales para justificar el festejo de la derrota electoral, y la encrucijada de Perotti. Los malabares retóricos presidenciales para justificar el festejo de la derrota electoral, y la encrucijada de Perotti.

"No te des por vencido ni aún vencido".

 

Pedro Bonifacio Palacios, Almafuerte.

 

¿Y adónde estabas tú cuando el presidente convocó a la Plaza? El interrogante retórico que, a modo de reproche, le fuera espetado al gobernador Omar Perotti refiere a la recordación del Día de la Militancia encabezada por Alberto Fernández, una multitudinaria manifestación, irónica pero no erradamente descripta como festejo de la derrota, que no tardó en convertirse en materia de memes de internet. Y que luego hallara sustento teórico en la curiosa definición del propio mandatario, al consignar que "el triunfo no es vencer, si no no darse nunca por vencido". Una referencia que parece abrevar en la poesía de Almafuerte que se cita al comienzo de estas líneas (pero que no pertenece a Ricardo Iorio, como eventualmente podría arriesgar también el jefe de Estado si le diera por indagar un poco apresuradamente en el origen de la sentencia). Y una afirmación que, por lo demás, convirtió lo que era un chiste malo en algo peor: un chiste malo que intentar ser explicado.

 

En tanto, el autor del reproche a Perotti es otro "no vencido", según la lógica presidencial: el ex ministro de Defensa y ex precandidato a senador nacional por Santa Fe, Agustín Rossi, uno de los pocos leales al mandatario nacional siempre dispuesto a arremeter "feroz, ya malherido", si fuera necesario.

 

Pero más allá de la ambivalencia de los resultados electorales en el malabarismo retórico del oficialismo, la ubicación (¿ubicuidad?) de Perotti se convierte en motivo de atención. No estuvo en la Plaza, como tampoco lo estuvieron la mayoría de los gobernadores. Estuvo antes con ellos en San Juan, pero para ver el partido de la Selección (y no necesariamente para hablar de reconstruir el bloque de poder gubernamental tras los comicios). Y antes de eso estuvo en Rosario, donde recién dos días después de la jornada electoral accedió a verter ante la prensa una apreciación al respecto; más allá de las felicitaciones y compromisos de fórmula del tuit del domingo a la noche y el mensaje del lunes en Cayastá.

 

"Cuando se nacionalizan las elecciones es fuerte. Una cosa es el marco nacional y otras cosas después pasan en las instancias locales", fue la explicación del mandatario provincial. Un análisis no carente de lógica, y compatible con los antecedentes en la materia, anclado en la convicción (expuesta también por otros dirigentes) de que el gobierno santafesino tiene mejor imagen que la reflejada por los guarismos del domingo pasado.

 

Y es que el boleto educativo, la Billetera Santa Fe y las obras públicas estuvieron en el mensaje de los candidatos, para atraer voluntades y espantarlas del voto opositor. Pero en el período "entreelectoral" posterior a la Paso la nacionalización fue parte decisiva de la campaña santafesina, con un incesante desfile de funcionarios del gobierno central y sus anuncios (aunque, por alguna razón, nunca se produjo el esperado del acuerdo por la deuda de coparticipación). Y todo esto, sin poder dejar de lado que las listas, luego del mal visto amague de gestarlas en algo llamado "el perottismo", terminaron siendo acordadas con Cristina Kirchner. A despecho (una vez más) de Rossi, y desatando así la inevitable interna.

 

¿Dónde se ubicará ahora Perotti, frente al nuevo escenario nacional, todavía en obras? ¿En una recreación del peronismo no kirchnerista, sustentado en los gobernadores y la CGT? ¿En el hipotético esquema de "neo-unidad" que ensayan (y difícilmente crean) los triunfadores imaginarios del 14 de noviembre? ¿En una reivindicación estratégica de la territorialidad como elemento de anclaje e identidad?.

 

Gravemente golpeado por la situación de la seguridad pública, y los efectos de la crisis económica, el gobernador santafesino apostó desde hace un tiempo por reivindicar lo actuado durante la pandemia, y marcar una fuerte impronta de gestión. Eso no le alcanzó para revertir los resultados electorales, pero bien podrían ser un camino para dar a los santafesinos las respuestas que sin duda reclamaron en las urnas. Sobre todo si (él sí) es capaz de asumir, con Borges, que "la derrota tiene una dignidad que la victoria no conoce". Que suena a consuelo para el mal de muchos, pero en su medida no está exento de sabiduría.

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