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Viernes 14.01.2022 - Última actualización - 16:03
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Cumbia Club

Identidad y ganas de bailar

La banda uruguaya está presentando “Volvió una noche”, su primer larga duración. En diálogo con El Litoral, el trombonista Diego “Itten” Ferrando contó sobre el crecimiento de la banda, el parate pandémico que ayudó a plantear el disco, y la colaboración con diferentes artistas de rock y cumbia, de Sebastián Teysera a La Delio Valdez. 

“Los grupos más tan grandes tienen sin duda muchos pro, y por eso lo seguimos eligiendo; pero también son procesos de conocerte, de negociación, de por dónde queremos ir”, dice el trombonista. Crédito: Gentileza producción“Los grupos más tan grandes tienen sin duda muchos pro, y por eso lo seguimos eligiendo; pero también son procesos de conocerte, de negociación, de por dónde queremos ir”, dice el trombonista.
Crédito: Gentileza producción

“Los grupos más tan grandes tienen sin duda muchos pro, y por eso lo seguimos eligiendo; pero también son procesos de conocerte, de negociación, de por dónde queremos ir”, dice el trombonista. Crédito: Gentileza producción

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Cumbia Club Identidad y ganas de bailar La banda uruguaya Cumbia Club está presentando “Volvió una noche”, su primer larga duración. En diálogo con El Litoral, el trombonista Diego “Itten” Ferrando contó sobre el crecimiento de la banda, el parate pandémico que ayudó a plantear el disco, y la colaboración con diferentes artistas de rock y cumbia, de Sebastián Teysera a La Delio Valdez.  La banda uruguaya está presentando “Volvió una noche”, su primer larga duración. En diálogo con El Litoral, el trombonista Diego “Itten” Ferrando contó sobre el crecimiento de la banda, el parate pandémico que ayudó a plantear el disco, y la colaboración con diferentes artistas de rock y cumbia, de Sebastián Teysera a La Delio Valdez. 

 

“Volvió una noche” es primer álbum (luego del EP “Sencillos de fin de año”) de la banda uruguaya Cumbia Club. En su nuevo material, convocan mejores recuerdos del baile y la música que invitan a soñar con las salidas una y otra vez. En este material aparecen como invitados el actor Martín Piroyansky, la solista Loli Molina y una banda referente como La Delio Valdez.

 

Para conocer más sobre la propuesta de la banda, El Litoral conversó con el trombonista Diego “Itten” Ferrando, parte de la formación que componen Gonzalo Imbert (voz y güira), Hernán Díaz (voz y guitarra), Guzmán Calzada (guitarra y voz), Thiago Larbanois (bajo), Agustín Ibarburu (teclados y voz), Gleisis Estrada (trompeta y voz), Camilo Bríz (trompeta), Chino Tarallo (trombón), Lali Ganz (percusión) y Negro Méndez batería).

 

 

La portada del álbum, con estética de afiche tropical.Foto: Gentileza producción

 

 

El origen

 

 

-Uruguay tiene ya una tradición vinculada a la cumbia pop o lo que se llama “cumbia cheta” (Rombai, Marama, Toco Para Vos). ¿Cómo surge el proyecto de ustedes, vinculado a otras tradiciones, como la cumbia colombiana, y al baile?

 

-Cumbia Club nació en 2016, como un proyecto de experimentación musical entre varios amigos, que veníamos de distintos lugares de la música: algunos ya veníamos experimentando con la cumbia, sobre todo en bandas más tradicionales de cumbia colombiana; pero el resto venía más de palo del rock o del candombe, música más popular. Teníamos muchas ganas de experimentar pero desde la cumbia de raíces latinoamericanas, que vinieran desde Colombia pero que también hagan todo el trayecto que ha bajado y subido por toda América.

 

Teníamos ganas de tocar cumbia argentina, sobre todo la cumbia villera, donde muchos de nosotros en nuestras adolescencias habíamos curtido un montón: era lo que se escuchaba. Pero también veníamos escuchando cumbias mexicanas, peruanas, chicha, y otras sonoridades que se iban mezclando en este camino que hizo la cumbia desde Colombia hasta acá.

 

Y nos dieron muchas ganas de empezar a probar esas sonoridades, combinadas a que veníamos con un gusto por el vivo muy grande. Y no es que estuvieran faltando espacios, pero estaba emergiendo este contenido y bandas que en paralelo venías escuchando, como La Delio Valdez de Argentina, Chico Trujillo de Chile: venían como otras experiencias que también estaban experimentando y dando vivos muy potentes. Nos dieron ganas de generar estos espacios donde se pueda bailar y tocar cumbia desde otro lugar.

 

En Uruguay la tradición cumbiera es bastante grande, supongo que como en toda Latinoamérica; pero en los primeros años de salida de dictaduras, de los 80 de los 90 y los 2000, estaba todavía como dejada de lado: tuvieron mucho boom los rocks nacionales, con ganas de decir muchas cosas; y la cumbia quedó marginada a espacios más populares y no se le habrían otros espacios.

 

A partir de los 2000 la cumbia empieza a llegar también a otros lugares, a otros extractos sociales. En nuestra época adolescente si bien la cumbia ya tenía espacios no tenía muchos lugares para tocar en vivo. Pero se da mucho lugar para lo que acá se denomina la plena, que es como la mezcla entre la cumbia con cierta charanga que es la del Norte, o incluso sonidos que vienen desde el candombe; y no tanto la cumbia tradicional.

 

Se nos ocurrió armar los propios espacios, que les denominamos los Clubes de la Cumbia: empezamos a hacer nuestras fiestas donde haya una banda protagónica en vivo además de DJ, y tener nuestro espacio para tocar y montar nuestra fiesta. Eso fue a partir de 2016, y en paralelo empezar a descubrir nuestra sonoridad, porque si bien empezamos agarrando canciones que nos gustaban de distintos puntos de Latinoamérica, queríamos hacer nuestras canciones.

 

Eso desembarca en el comienzo de 2020 en un EP de cuatro canciones, que obviamente llega justo en el mismo momento que la pandemia. Son unas canciones que no pudieron terminar de consolidarse, poder tocarlas. En el 2020 (con este cierre de espectáculos, y esta cuestión más introspectiva) decidimos sumergirnos en grabar todo ese cúmulo de canciones que veníamos armando y salió “Volvió una noche”.

 

 

 

 

Compañeros de ruta

 

-Hasta Rubén Rada había hecho plenas, y ustedes estaban tratando de insertarse en el medio. Una cosa que tienen en común con La Delio, que es “la banda de cumbia para los que no consumían cumbia” en la Argentina. De hecho llevaron esa hermandad a una colaboración en este disco, en “Bar Nacional”. ¿Cómo fue ese contacto?

 

-Con La Delio ni que hablar que hay una hermandad: para nosotros son una gran influencia, sobre todo porque el espacio y el espectro musical que hay en Argentina es mucho más grande que acá; entonces ellos van como abriendo muchos caminos, y logran llegar a un lugar donde tal vez el público no tan cumbiero va, ve a La Delio, va a sus cumbiones. Y ellos hacen algo muy inteligente: volver a volcar las raíces folclóricas de la cumbia y dar esos espacios viceversa: vuelven con Hernán (Coronel) de Mala Fama o ahora con Los Palmeras; y es algo muy lindo y muy necesario para empezar a derribar perjuicios de ida y de vuelta.

 

Habíamos compartido espacios con La Delio en Uruguay, han venido a tocar; ahí nos conocimos, compartimos una fecha que fue la presentación de “Sonido subtropical”. Ahí nació un vínculo que en principio fue de tocar juntos; pero cuando veníamos produciendo los temas para este disco algunos temas que ya teníamos en carpeta nos empezaban a pedir ciertos invitados o cierta sonoridad, para darles algo diferente. Y cuando estábamos con “Bar Nacional” dijimos: “Es un tema ideal para invitar a La Delio: para sus vientos para sus voces”.

 

Nos volvimos a comunicar, muy solidarios aceptaron; fue como súper lindo el proceso, porque también se involucraron en el tema: nosotros les dimos nuestro tema. ellos nos hicieron un feedback, incluso una serie arreglos de vientos: “Che, nos gusta esto, ¿qué les parece esto otro?”. Se dio como un ida y vuelta para crear y grabar ese tema, que es de los más cerraditos del disco, de los que más nos gustan.

 

-¿Cómo fue grabarlo en esta en este contexto?

 

-Tuvimos varias idas y vueltas por Zoom para terminar de cerrar el tema. Ellos cuentan con su infraestructura, su estudio, lo grababan desde allá, nos pasaban las pistas y nosotros hicimos la mezcla, y ese proceso de evolución. Ellos así como se involucraron crearon también nos dejaron muy libres a lo que queríamos buscar, respetando mucho nuestra propuesta artística y la sonoridad que nosotros queríamos lograr. Cuando  logramos la mezcla que nos convencía devolvimos y tuvimos un OK muy rápido de ellos.

 

Con Martín Piroyansky fue una revolución, porque venía desde el marco de la actuación. Con Loli (Molina) estábamos creando este tema que se llama “De lejos”, que es más oscuro, más profundo, buscaba abarcar otro sonido y otra poesía. Ella está viviendo en México, lo grabó allá. Estuvo alucinante, porque si bien nosotros queríamos esa cosa rioplatense, profunda, de letras pero también de sonido, también al estar allá inundada de esa sonoridad le dio como otra profundidad.

 

Son unas raíces musicales que nos interesaba mucho experimentar: Los Ángeles Azules son una referencia muy grande a nivel cumbiero. Pero también veníamos escuchando mucho Sonido Gallo Negro, esa cosa más oscura de la cumbia, o la propia cumbia sonidera: Súper Grupo Colombia, la cumbia rebajada que tiene una oscuridad interesante.

 

 

 

 

Fusiones

 

-Hay una cosa que tiene la cumbia (como muestra el documental “Cumbia que te vas de ronda”, de Pablo Coronel), saliendo de Colombia se va haciendo parte del folclore de cada país del continente, con su color distinto.

 

-Ese documental está buenísimo. Hay un libro muy interesante de Pablo Seman (y Pablo Vila) que es “Cumbia. Nación, etnia y género en Latinoamérica”, porque analiza eso muy armado también de lo que significó el boom de la cumbia villera.

 

La cumbia tiene eso: baja desde un lugar, porque es indígena, afroamericana, de matriz muy folclórica; pero en cada lugar al que lleva va incorporando los sonidos. En Argentina tenés la cumbia santafesina, la jujeña, la villera que se va mezclando con los contextos. A nosotros nos interesó eso, pero también una particularidad Cumbia Club: que en su sonoridad tiene una instrumentación que puede ser más parecida a bandas rockeras uruguayas de los 2000, porque tenemos batería (que es difícil ver bandas de cumbia con batería); o el trabajo de los riffs de vientos: a veces embromamos con que “es una banda de cumbia que histeriquea un poco con el rock”. Por momentos se va a sonoridades más rockeras.

 

-A ese rock con vientos y banda numerosa como La Vela Puerca o No Te Va Gustar: es imposible no convivir con eso, porque a nivel sudamericano quizás sean las bandas uruguayas más notorias.

 

-Ni que hablar: ellos estaban en parte de nuestra esencia musical cuando te vas criando. También había una banda muy grande que se llamaba La Abuela Coca, que ya hace unos años que dejó de tocar. O empezaba el boom de Mano Negra, o de otros sonidos, que se empezaron a mezclar con la salsa y con sonidos latinos y hacían mover un poco más el cuerpo que a lo que estábamos acostumbrados: el rock que  se necesitaba en los 80, los 90: otra forma expresión.

 

-Todas estas fusiones de lo que llamaban “la movida alterlatina” en los 90, con los Cadillacs: un rock con identidad latinoamericana.

 

-Exacto. Esas raíces la tenemos: están en nuestra piel, nuestra esencia. En nuestras primeras ideas empezamos invitando gente que venía del rock. Grabamos una canción boliviana, de Santa Cruz, que se llama “El camba”, la tocaba (Alfredo) Zitarrosa; nosotros la versionamos en cumbia y la terminamos grabando con El Enano (Sebastián Teysera) de La Vela. Ya estaban esta necesidad de empezar a mezclar, ver qué pasaba, de búsqueda; y eso llevarlo al vivo. Esas cosas que ahora se llaman “feat”, que para nosotros en aquel momento eran ganas de compartir con distintos artistas.

 

También hicimos otra canción, “La resaka” de Supermerka2, con (Santiago) Tavella de El Cuarteto de Nos. Las empezamos a experimentar en estos vivos; la invitamos a Julieta Rada, distintos artistas, lo que nos fue dando un poco identidad en esta búsqueda de sonoridad; y también el vivo. Las fiestas empezaron a tener un auge que nos fortaleció también en esta idea de grabar, experimentar y dar un pasito más allá.

 

-Era un jueves al mes en la Sala del Museo del Carnaval.

 

-Eso terminó siendo en el 2019 como establecido: fueron un boom, que se cortaron por la pandemia. El disco y esto de mantenernos en vivo nos llevó a aislarnos un tiempo en Aiguá, un pueblo de sierras, a trabajar el sonido. Ahí salieron primeras canciones, primeros sonidos, que nos llevó a un espectáculo que se llamó “Sesiones de invierno”, que hicimos en pandemia.

 

Después grabamos el disco, que aún no se presentó; pero que tuvo un primer acercamiento el 24 de diciembre al mediodía: “Bueno, hagamos un Club de la Cumbia como para volver a reencontrarnos con la gente”. Invitamos a (Julián) Kartún de El Kuelgue, que se vino para acá a compartir esa fecha. Volvió a dar impulso para laburar en la presentación del disco. Y con diferentes trazos de objetivos para este 2022.

 

 

 

 

Recorrido

 

-Salió primero “Sencillos de fin de año”, estuvieron las “Sesiones” en el medio, después finalmente salió “Volvió una noche”. ¿Qué crecimiento vieron a la hora de crear canciones propias?

 

-Si no hubiese estado la pandemia no hubiéramos parado: me parece que cualquier espectáculo que se nutra del vivo y de la gente nunca hubiese decidido parar. Pero sin duda estas razones de fuerza mayor nos hicieron asimilar todo lo que habíamos vivido en esos años; que de otra manera no terminado de generar la madurez. Tanto musical como grupalmente, y hasta de puesta en escena. Analizar qué nos venía pasando en ese crecimiento que se dio tan rápido, porque el 2019 realmente marco un antes y un después para la banda.

 

Eso nos permitió volcarnos como por un lado enteramente a lo musical: buscar canciones más refinadas desde el punto de vista musical y también líricas: retratábamos en nuestras canciones cosas que nos pasan en la noche y en la música; pero también podemos empezar a retratar otras cosas que nos pasan en la vida, que tienen que ver con desencuentros amorosos, con la profundidad que la vida misma tiene.

 

También nos permitió conectarnos con nuestro instrumento y como grupo: el vivo te da un crecimiento muy grande a nivel musical; no como instrumentista solo, de tocar cada vez mejor tu instrumento, sino de ensamble. E ir a composiciones más profundas, sonoridades más profundas, que no significa ir a arreglos más rebuscados: a veces te ayuda a simplificar e ir a buscar cómo querés sonar; a qué conecta más, a qué momento podés hacer más de baile y cuál podés hacer más de escucha.

 

Eso es importante en el crecimiento de una banda: poder dar un arco musical y no sonar siempre igual; sino arriesgar e ir a buscar otras cosas. El disco forma parte de un proceso a buscar; obviamente es nuestro primer disco, con el cual estamos muy contentos, pero también entendemos que ayuda a conclusiones para ir a la búsqueda de otras cosas. Hasta de cómo fue grabado: “¿Cómo nos conviene grabar? ¿Todos los vientos juntos para que suenen ensamblados o separados para que los puedas retocar? Veníamos muy del vivo y decidimos grabar los vientos juntos, y eso me parece que le da una potencia: cada riff que entra; pero también a la hora de mezclar nos limitó ciertas cosas.

 

Eso también hace a un proceso de autoconocimiento para ir buscando hacia dónde te querés dirigir. Y ni que hablar en procesos de conocimientos y de vivencias personales que tenemos como grupo. Los grupos más tan grandes tienen sin duda muchos pro, y por eso lo seguimos eligiendo; pero también son procesos de conocerte, de negociación, de por dónde queremos ir. La decisión que tomamos de irnos a Aiguá como retiro musical fue importante para el grupo; y en la manija prepandemia a veces son decisiones que la banda no logran visualizar, o la emergencia del tocar no te permite ver.

 

 

 

 

Renovados

 

-Ustedes dicen: “Nos movemos como una banda de rock”, pero como las bandas grandes que decíamos recién. Así que no debe ser fácil la toma de decisiones.

 

-No es fácil pero es armónica: por algo seguimos eligiendo estar en bandas grandes. Ser muchos te da variedad, diferentes puntos de vista, que terminan dando para pensar cosas; que a veces si sos una banda más chica o si la decisión está en unos pocos no se terminan viendo. Entonces en el proceso puede ser un poco más largo, pero termina siendo muy rico: porque vienen ideas de distintos mundos. No solo el tipo de instrumento que tocás te hace pensar la música de determinada manera, sino también las realidades de cada uno: si bien venimos desde un lugar que es de la amistad también cada uno tiene sus vivencias o sus diferentes otros contextos.

 

-Hasta donde sepas, ¿qué se viene para para Cumbia Club en 2022?

 

-Lo primero grande es la presentación del disco, marzo-abril. Hemos tocado en diciembre, pero no queríamos hacer una presentación oficial aún, como para trabajarla, hacer algo grande. Pero también para que el disco suene: vino el verano, el disco empieza a sonar, se va conociendo; y en marzo la idea es presentarlo en un show específico. Estamos trabajando para eso: aún no sabemos los invitados, el espacio... o sí sabemos, pero todavía estamos terminando de cerrarlo.

 

Después parte de los objetivos es poder tocarlo en Argentina: por la gran cantidad de amigos que hay, los espacios, las movidas que hay, sería bastante un sueño poder salir a a mostrar, a que se escuche ahí.

 

Obviamente volver a los Clubes de la Cumbia acá. Y quedaron canciones fuera del disco, ideas que estamos desarrollando para tal vez presentarlas en forma de singles. Lo más probable es que saquemos en el primer semestre un tema nuevo, con algún invitado, y tal vez otro en el segundo semestre.

 

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