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El Litoral
Martes 01.02.2011
16:47

Violento asalto a un establecimiento de Colonia San José

Una de capuchas en el tambo

Actuaron cuatro delincuentes. Se llevaron dinero, las armas de la casa y algunas alhajas. Crece el temor en la zona rural.


Luis Angel Dusso (81) y su esposa Elena Yolanda Petruzi (74). “Jamás nos pasó algo así. Esto va a cambiar nuestras vidas para siempre”, dijeron. Foto: Danilo Chiapello
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Violento asalto a un establecimiento de Colonia San José Una de capuchas en el tambo Actuaron cuatro delincuentes. Se llevaron dinero, las armas de la casa y algunas alhajas. Crece el temor en la zona rural. Actuaron cuatro delincuentes. Se llevaron dinero, las armas de la casa y algunas alhajas. Crece el temor en la zona rural.
Danilo Chiapello
dchiapello@ellitoral.com


“Siga la huella que el auto no se va a enterrar en el barro”.

Con estas palabras nos recibió esta mañana Luis Angel Dusso (81), a pocas horas de haber vivido una “película de terror”.

Como buen hombre de campo, el dueño de casa no había perdido la amabilidad ante un extraño que llegaba a su lugar.

Don Luis, como lo llaman sus íntimos, hace ya mucho tiempo se estableció en Colonia San José, (a pocos minutos de Santo Tomé).

Junto a su esposa, Elena Yolanda Petruzi (74) llevó adelante y consolidó un modesto establecimiento lechero. Su producción es entregada a una de las empresas lácteas líderes de la zona.

Los años y el propio cuerpo dijeron que era hora de descansar un poco. Entonces hoy la herencia laboral recaló en sus dos hijos, Sergio Omar (45) y Humberto Luis (40), que quedaron a cargo del tambo.

Con la tormenta

La tormenta que se abatió en nuestra zona la madrugada del lunes, trajo mucho más que agua.

Eran cerca de las 6 cuando Sergio se levantó de la cama, listo para iniciar una nueva jornada.

Apenas si probó unos “amargos”. Se calzó las botas de goma y salió en dirección a uno de los corrales.

Estaba en eso cuando desde atrás de unos rollos de fardo aparecieron cuatro sujetos. Dos de ellos portaban armas cortas.

Los cuatro cubrían sus rostros con gorros del tipo pasamontañas.

Sin darle tiempo a nada uno de los rufianes le asestó un golpe en la cabeza. Después se supo que el ladrón utilizó una pesada pieza de un tractor que había desarmado.

Tras el “cañazo” en la cabeza Sergio fue conducido hasta la casa de sus padres, donde además también estaba su hermano Humberto.

Bajo amenazas de muerte lo obligaron a que despertara a todos.

Minutos después todo el grupo se encontraba reducido en la cocina-comedor de la casa a merced de los sujetos.

Utilizando sábanas y restos de telas fueron maniatados de pies y manos.

“¡Queremos la plata!”

Dueños de la situación los cacos comenzaron con las exigencias. Y con ellas los mensajes.

“Queremos la plata. Sabemos que ustedes vendieron dos camiones jaulas con animales. Entonces nos tienen que dar arriba de cien mil pesos. También queremos los dólares”, decía uno de los malvivientes que era el que llevaba la voz cantante.

“A ustedes los entregaron sus vecinos. Aquí hay gente que no los quiere y fueron los que nos dieron toda la información”, agregaron

Y en esta parte sobrevino lo peor.

“Ocurre que nosotros no vendimos ninguna jaula”, dijo hoy don Luis. “Entonces no podíamos entregarle ese dinero que pedían”.

Comenzaron a enojarse. Sobre todo cuando Humberto les enseñó el lugar donde había guardado unos cheques. “No queremos cheques... queremos dinero”, gritaron. Acto seguido le pegaron una patada en la cabeza. También le dieron varios golpes en el cuerpo.

De a ratos lanzaban amenazas diabólicas. “Si no dicen dónde está el dinero les vamos a cortar los dedos”.

Sin embargo al rato se cruzaban de vereda y hablaban en tono conciliador. “Quédense tranquilos que nosotros no somos de esos. No les pegamos a los viejos ni a los chicos”.

A la otra casa

Dos de los sujetos se quedaron custodiando a los esposos Dusso y su hijo menor.

Los restantes volvieron con Luis a quien ahora lo obligaron a acudir hasta su propio domicilio, ubicado a escasos metros.

Una vez allí redujeron a su esposa y repitieron la faena de amenazas.

Tal como habían anunciado no dirigieron sus acciones hacia los menores que se encontraban durmiendo.

La pesadilla hubo de terminar cuando los delincuentes se hicieron de un botín cercano a los 15 mil pesos. “Eran ahorros de toda la familia”.

También se llevaron algunas alhajas (las alianzas de matrimonio), dos escopetas, una calibre 12 y otra calibre 16, además de los teléfonos celulares.

Para coronar su labor escaparon a bordo de un Renault Clío, propiedad de uno de los hijos de Dusso. Horas después este vehículo fue hallado en cercanías del barrio Centenario, en el sur de nuestra ciudad.




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