Rogelio Alaniz
Fue el niño prodigio del franquismo y el viejo prodigio de la derecha. Por sobre todas las cosas fue siempre Fraga Iribarne, don Manuel, como le decían amigos y adversarios. Se pondera su cultura, su acerada inteligencia, su absoluta vocación de poder, pero también conviene destacar su puntillosa y proverbial honradez. Y esto hay que decirlo sin eufemismos: don Manuel fue honrado y austero. Honrado y austero después de haber manejado millones de dólares provenientes del turismo.
Su vanidad fue el poder, y la inteligencia; su debilidad, su carácter impetuoso, desbordante. Fue leal a sus convicciones y a España. Lo fue durante sesenta años. Una sola asignatura quedó pendiente en su curriculum: no pudo ser presidente. No fue presidente de España, pero José María Aznar y Mariano Rajoy se reconocen como sus discípulos. Y efectivamente lo fueron. Incluso en las disidencias.
Como dijera uno de sus biógrafos: don Manuel nunca fue presidente, pero fue el patrón de la derecha. Y lo fue con ganas, con talento y con votos. El jefe histórico del comunismo español, Santiago Carrillo, pondera su capacidad para adaptarse a los nuevos tiempos, sin dejar de ser un derechista convencido. Carrillo no puede menos que recordar con cierta nostalgia aquella anoche de 1978, cuando en el distinguido Club Siglo XXI Fraga acompañó al jefe comunista en la presentación de su libro “Eurocomunismo y Estado”. Fue la gran noticia del momento. Las tapas de todos los diarios reprodujeron la imagen de dos hombres colocados en las antípodas de la política española compartiendo el mismo estrado.
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La vuelta al mundo
Don Manuel
Por Rogelio Alaniz

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