El nuevo ministro de Economía
La previsible renuncia de José Luis Machinea fue seguida por la previsible designación de Ricardo López Murphy. El economista de FIEL fue parco en sus declaraciones, pero en principio se comprometió a honrar los compromisos contraídos por la anterior gestión y poner en marcha un conjunto de iniciativas tendientes a sacar al país de la dura recesión que viene soportando desde hace treinta meses.
Con López Murphy la cartera económica instala una figura de alta credibilidad entre los inversores internos y externos, muy respetada en el mundo académico. En ese sentido su autoridad política es superior a la de Machinea, seriamente cuestionado por su paso por la gestión de Sourrouille y obligado por ello a sobreactuar sus decisiones para ganar credibilidad.
Se dice que López Murphy era el candidato de De la Rúa desde que llegó a la presidencia, pero sus publicitadas declaraciones a favor de una rebaja del diez por ciento de los salarios públicos lo alejó de la cartera de Economía. El paso al costado no fue más que eso, un paso al costado a la espera de la situación propicia, que llegó un año más tarde.
Desde el Ministerio de Defensa, López Murphy defendió las reivindicaciones de las Fuerzas Armadas en materia salarial. Las imputaciones por violaciones a los derechos humanos y la reapertura de nuevas investigaciones encontraron en él un negociador inflexible y un opositor casi sistemático. Curiosamente, el partidario de la ortodoxia liberal terminó proponiendo que una parte de los planes Trabajar se vuelque hacia los militares, con lo cual se confirma que una cosa es defender posiciones ideológicas en las fundaciones y universidades y otra es gobernar, premisa que seguramente seguirá gravitando en su nuevo destino como funcionario.
El gran desafío que se le presenta al flamante ministro es el del crecimiento económico. La ecuación defendida por Machinea respecto de que equilibrando el gasto fiscal baja la tasa riesgo y vienen las inversiones y se reduce la tasa de interés, por lo que los empresarios pueden tomar créditos baratos para volcarlos la productividad, se ha demostrado que no es lineal, y que las conductas de los actores no responden a una relación mecanicista de causa-efecto.
Se sabe que el actual ministro es partidario de una rebaja de impuestos distorsivos y de transferir los gastos nacionales a las provincias y los municipios. Por convicción o prudencia se manifestó a favor de la convertibilidad, y es también es una persona convencida de que el gasto político es desproporcionado a nuestras posibilidades y que debe ajustarse en el plazo más breve posible.
Considerando este contexto, queda claro que su gestión estará rodeada de atentas expectativas y exigentes presiones. El año electoral intensificará las operaciones de los políticos, y abundarán las consabidas promesas de las que después nadie se hará cargo.
Por otra parte, el blindaje financiero le otorgará unos cinco o seis meses de tranquilidad, por lo que deberá en ese tiempo encontrar los caminos para resolver situaciones que se definen más como dilemas que como problemas, y en donde las decisiones a tomar difícilmente dejen conforme a todo el mundo.
Con respecto a la sociedad argentina, bueno es advertirle que de todas maneras los cambios en la cultura económica de un país no dependen del buen o mal humor de un ministro, sino de la claridad de los objetivos y de la voluntad y la paciencia para lograrlos. No hay soluciones mágicas ni inmediatas, pero las demandas de la sociedad a favor de respuestas concretas son cada vez más fuertes.