Unión no liga una
| |
Jugó mejor que Central, pegó dos tiros en el travesaño y perdió injustamente. Madelón se fue tranquilo y satisfecho con la respuesta del equipo. Más de 400 hinchas lo acompañaron. Capria y Tilger estarán ante Talleres.
Unión está "ducho" en esto de pasar por momentos críticos. Cuando en el "95 Malvicino se hizo cargo de un club casi en ruinas, los unionistas se hicieron muy fuertes. En aquel momento no hubo lugar para que los conflictos personales pudieran superar al interés general, que era el de salvar a la institución. Y así también lo entendió la gente, llenando la cancha y motivando desde afuera a ese grupo de jugadores muy jóvenes que, desde adentro, lograron el "milagro" de poner otra vez a la institución en el privilegiado sitial de los 20 mejores del país.
Ahora, la situación no es tan crítica como la de aquel momento, pero no es menos preocupante. Unión no está bien en lo institucional (los problemas económicos son evidentes) y tampoco en lo deportivo (el promedio empieza a asustar). Por eso, habrá llegado el momento de recuperar aquella mística que permitió resurgir de las cenizas. El sitial en primera fue tan difícil de conseguir, que cualquier esfuerzo por mantenerlo resultará poco.
Cuando los resultados no se dan, la principal responsabilidad se le apunta al técnico. Y si bien uno acepta que la estabilidad de ellos depende de los resultados, es bueno analizar cómo llegan esos resultados y cómo juega el equipo. Si el equipo hubiese sido un desastre con Argentinos y con Central, y hubiese perdido justamente, las culpas de Madelón serían evidentes. Pero la derrota con Argentinos fue injusta, a pesar de que no se jugó bien, y contra Central se dio lo mismo pero con un rendimiento aceptable del equipo, que en varios pasajes fue más que su adversario.
El equipo brindó algunas respuestas futbolísticas sobre las que Madelón puede sostenerse para esperar una recuperación matemática inmediata. Se paró bien, apretando a Central en la mitad de la cancha para que el partido se juegue lejos de Leonardo Fernández. Fue interesante el trabajo de los dos "5", porque San Martín no lo dejó mover a Arriola, mientras que el "Beto" Fernández hizo un buen primer tiempo y manejó con claridad la pelota. A eso se le sumó el ida y vuelta de Adrián González superando a Vespa por su sector, la solidez del fondo (Ortiz y Mazzoni marcaron bien a Pizzi) y algunos arranques electrizantes de Emanuel Ruiz. Con esos atributos, Unión dejó una mejor sensación que Central y estuvo más cerca del gol. Lo mismo se dio en el complemento, hasta que llegó el gol de Rivarola que tiró por la borda todo lo positivo que, desde la imagen futbolística, había dado el equipo.
Podrá decirse que Central lo ganó por ser más práctico y por haber aprovechado mejor las situaciones claras de gol. Podrá decirse que Unión lo perdió porque al equipo le falta efectividad. Más allá de eso, hay una conclusión que salta a la vista:
Para Unión, ganarle a Talleres es casi una obligación. Servirá para serenar el ánimo de los hinchas y para darle el alivio suficiente a Madelón para seguir trabajando. Sin dudas que Capria y Tilger, para este difícil momento, son el colchón que puede amortiguar esta caída matemática del equipo.
Unión es lo que es y la gente no debe confundirse. Este plantel ha perdido jerarquía, se han ido jugadores importantes y no se los pudo recambiar en la misma medida. El presente asusta, como también asustaron otros momentos y se logró salir adelante. Sólo con confianza y apoyo se podrá ayudar, desde afuera, a quienes tienen que conseguir adentro de la cancha los objetivos deportivos. A esto, Unión lo sabe. Y todavía hay tiempo para experimentarlo.
Enrique Cruz (h)