Para no llorar
En Argentina, el humor sigue siendo una salida para olvidar la crisis: las cortas vacaciones, los cacerolazos, las interminables colas en los bancos y las restricciones para sacar dinero, la corrupción y hasta el tamaño de la cabeza del nuevo presidente son temas para las bromas que circulan por estos días.
Tras casi cuatro años de recesión y ante el temor de lo que puede venirse con la flamante devaluación del peso, el humor demuestra la capacidad de convertir cualquier elemento de la realidad en una carcajada, aunque sea por un instante: "Lo bueno de todo esto es que se acabó la incertidumbre... ahora no me caben dudas de que se va todo a la mierda", dice un chiste publicado el domingo en la prensa local.
Y ese domingo, era el día de los Reyes Magos: "Lo que quiero -le dice una señora a otra- es que los bancos extranjeros nos devuelvan los dólares que depositamos" y su amiga le responde: "¿Y a Gaspar y Baltasar qué les pediste?".
A raíz de los cacerolazos, que atronaron las calles de todo el país y en particular de Buenos Aires dos semanas atrás, y que expulsaron del gobierno a dos presidentes en diez días, este preciado utensilio culinario ha adquirido un valor simbólico extraordinario.
Inclusive, fue adoptado para decorar algunas vidrieras de tiendas que venden ropa de moda.
"Quisiera comprar una cacerola...." le dice una señora a un comerciante, y éste le responde: "¿Qué tipo de cacerola? ¿Quiere una contra el gobierno, contra la corrupción, contra la Corte (Suprema de Justicia) o contra (las empresas) privatizadas?"
"Má, me voy un rato a jugar a la calle", le dice el nene. Y la mamá le responde: "No te olvides de llevar la cacerola".
Un hombre inspecciona con seriedad una cacerola y le dice a su amigo: "Sabés Cachito, hace días me pregunto dónde está la fuente de poder de la que habla mi vieja".
Las vacaciones que la clase media argentina no podrá tomarse este verano son también el hazmerreír propio, para no pensar en que deberán sufrir los más de 30 grados en algún barrio de Buenos Aires o de alguna otra ciudad estaqueada en la pampa.
"Le diré -explica un vendedor de una agencia de turismo- que atentos a la situación económica ofrecemos departamentos en alquiler por semana y por fin de semana"... "¿Y por hora?", pregunta un argentino desconcertado.
Y si de playa se trata, el presidente argentino Eduardo Duhalde, que en sus tiempos mozos fue guardavidas, aparece en el techo de la Casa Rosada izando una banderita roja. "Y sí... como Duhalde es bañero va a gobernar desde la terraza de la Rosada... recién acaba de chequear el estado de la economía".
El tamaño de la cabeza del presidente es también objeto de otras bromas, un poco más pesadas. Familiarmente le dicen "el Cabezón", y aparece en un chiste con un gorro en el que se lee "Chau acefalía", en alusión a un artículo de la Constitución referido a los pasos a seguir cuando renuncia el presidente institucional.
En el término de once días, en Argentina se sucedieron cinco presidentes: renunció el radical Fernando de la Rúa el 20, horas después asumió el peronista Ramón Puerta por 48 horas, le siguió el también peronista Adolfo Rodríguez Saá por una semana y a éste su compañero de filas, Eduardo Camaño por 24 horas, antes de que el Congreso eligiera a Duhalde.
"El escultor oficial del Gobierno pregunta si termina el busto de Puerta, o empieza el de Rodríguez Saá".
En medio de elocuentes discursos sobre la unidad nacional para salir de la crisis dos funcionarios conversan sobre lo que ocurre en este país del fin del mundo: "Llegó la hora de la grandeza y del desinterés" y su interlocutor le pregunta: "¿Las coimas siguen en pesos?", refiriéndose a los sobornos y la corrupción característicos de los últimos años.
"¿Cómo, no te enteraste? Hubo saqueos, cambiaron varios presidentes y hubo cientos de cacerolazos" y llega la respuesta: "íAh, Dios mío! ¿Cuánto tiempo estuve haciendo cola en el banco?".
Para el humorista argentino Enrique Pinti, que acaba de estrenar "Candombe nacional" en un teatro porteño, con el asunto de que se ha limitado la cantidad de dinero que se puede sacar del banco a 1.000 pesos por mes en el llamado "corralito", una suerte de jaula de madera para que no se escapen los bebés, "estamos como en Cuba pero sin playa".
Gabriela Calotti (AFP)