La historia muestra, en más de un caso, a grandes nombres que sobreviven en el mundo de la fama, como pretendía para sí el escritor español Jorge Manrique, en razón de que legaron a la posteridad normas jurídicas sobre las que apoyarse, y cuyo caso paradigmático es el emperador bizantino Justiniano (482-565).
Éste no fue un lúcido monarca ya que quiso reconstruir el viejo Imperio Romano y terminó siendo feudatario de los persas, pero tuvo la sensatez de haber encomendado a un grupo de 16 grandes juristas de su época, encabezados por Triboniano, la elaboración de una obra que sirviera como basamento jurídico de un Imperio Bizantino al que pretendió expandir.
Su obra tuvo un aspecto de carácter constitucional, el de los institutos, al que añadió las pandectas o digesto, también en griego conocido como thesauro, en el que se recopilaron los tratados de los clásicos, y a los que se sumaron las novelas, o leyes nuevas de origen bizantino, y otro cuerpo sobre el orden surgido de la jurisprudencia judicial.
Pero Justiniano, no fue el único en sentar las bases del derecho para su Estado, ya que los antecedentes conocidos se remontan al rey babilonio Hammurabi (1728-1686 antes de Cristo), aquél de los jardines colgantes, a quien se recuerda por el código que incluyó la venganza con aquello de "ojo por ojo y diente por diente".
Los romanos dieron gran importancia al derecho a partir de lo iuri (justo) y de lo iniuri (injusto) y atribuyeron a su legendario segundo rey, Numa Pompilio, que gobernó entre 716 y 672 antes de Cristo, la elaboración de las bases del "Derecho Romano" que aún hoy se estudia en todas las universidades del mundo, aunque con todas las modernizaciones posteriores.
Así, el senador Publio Mucio Scevola, hacia el 169 antes de Cristo, impulsó la creación del Acta Senatus, el primer Boletín Oficial que se recuerda, transformado un siglo después por Julio César en el primer cotidiano sobre papel que se recuerde, al incorporarle al anterior los principales sucesos privados y redenominarlo como Acta Diurna.
El mismo Scevola se ocupó hacia 130 antes de Cristo de realizar un digesto, siendo seguido en esa tarea por otros tratadistas, hasta que unos 50 años después su casi homónimo Quinto Mucio Scevola, en 18 tomos, dejó sentado la que fue la obra fundamental del derecho romano y sobre la que luego trabajaron algunos grandes jurisconsultos como el fenicio Ulpiano.
Los romanos, al dar trascendencia al derecho, dieron paso a la profesión de abogado, dado que en algunos otros Estados antiguos, como Egipto, los conocedores del derecho no podían intervenir en los juicios, que quedaban librados a los propios contradictores, los que exponían sus puntos de vista ante los jueces, sin apelar a conocimientos jurídicos.
Con el correr del tiempo, y ya en nuestra era, antes de Justiniano en Roma se produjo el Codex Gregorianus (Código de Gregorio) y el Códex Hermogenianus (Córdigo de Hermogenión), en los siglos III y IV, respectivamente, mientras que en 438 apareció el Código Teodosiano, y en 506, luego de la caída de Roma, el visigodo Alarico II emitió el Brevario de Alarico.
En 1348, el mundo hispano tuvo en "Las Partidas" su primer digesto y a comienzos del siglo XIX fue el emperador francés Napoleón Bonaparte a quien le cupo la gloria de la sanción de su Código Civil, sobre cuyas bases se asienta hoy buena parte del derecho occidental. (Télam).