Edición del Miércoles 29 de enero de 2003

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Opinión: OPIN-05 Ingeniero Pablo Nogués, un administrador ejemplar


La Administración General de los Ferrocarriles del Estado fue creada a raíz de la construcción del F.C. Central Norte, efectuada por ley N° 280 del 14 de octubre de 1868. Durante la construcción de este ferrocarril -inaugurado el 31 de octubre de 1876- se concibió la idea de entregar sus líneas y todas cuantas se hiciesen por cuenta del gobierno nacional a la explotación y la dirección de organismos propios con la intervención directa del Estado. Eran los años cuando los ferrocarriles de capital extranjero no explotaban sus líneas en regiones poco rentables para sus intereses. Entonces el Estado creyó conveniente ejecutarlos por su propia cuenta y riesgo y en otras zonas también del país, como la Mesopotamia y la Patagonia. Pero la administración de los mismos a través de los años tuvo altibajos y en especial el F.C. Central Norte (luego F.C. Belgrano) como consecuencia de las diversas situaciones económicas que debió soportar el país. En la década de 1930 consolidada la red estatal, la empresa se encuentra sumida en una caótica situación financiera. La deuda con proveedores y contratistas alcanza a $ 120.000.000 y el rubro explotación arroja un déficit de $ 8.100.000. Y en este panorama desalentador se designa el 2 de marzo de 1932 como administrador de los Ferrocarriles del Estado al ingeniero Pablo Nogués. Había nacido el 16 de setiembre de 1878, luego de cursar en el Colegio Nacional, ingresa en la Universidad Nacional de Buenos Aires y se recibe como ingeniero civil con medalla de oro en 1901. Como primera labor profesional se incorpora en el Ministerio de Agricultura en el área de los estudios hidráulicos. Más tarde se le comisiona para adquirir materiales en Europa, gestión que trajo la máquina Fauck que en 1907 alumbró en Comodoro Rivadavia el nacimiento del petróleo argentino. De Agricultura pasó Nogués a tomar contacto por primera vez con los ferrocarriles argentinos, ingresando a la Dirección General de los mismos desempeñando la más elevada jerarquía hasta 1918. Su labor en esta repartición fue eficaz quedando en el recuerdo el sello de su capacidad. Luego de una actuación breve en la Caja de Conversión, es llamado a la presidencia del directorio de la Administración de Obras Sanitarias de la Nación. Allí también demostró sus dotes de organizador y conductor de los intereses públicos. Pero es en el ámbito ferroviario donde su imagen se va agigantando.

Proficua labor


Se puede afirmar que desde aquel 1932 hizo cambiar el sesgo en la administración de los FF.CC. del Estado. Ese fue el sitio de su lucha sin cuartel, que iba a poner a prueba sus verdaderas cualidades. Eran tiempos de grave crisis mundial con repercusión dentro del país. La economía se hallaba deteriorada y los ferrocarriles nacionales reflejaban esa situación. Una administración desquiciada derivó en un grave déficit de explotación. Nogués lo percibió de inmediato y tomó las riendas del organismo con férrea voluntad de hacer el cambio requerido, transmitiendo a sus subordinados con su diario ejemplo de ser el primero en el esfuerzo y en la satisfacción de su deber. Por su conducta recibió la adhesión de todo el personal que se supo dirigido por un hombre que servía a la República y no se servía de ella, como acostumbran a través de los tiempos tantos funcionarios públicos.

Seriedad, probidad, sentido de justicia, alta visión de conductor y una relevante capacidad técnica, reunidas en este hombre extraordinario y que pudo realizar a través de las economías impuestas y de los correspondientes ajustes administrativos, que se apuntara en seguida el éxito, ya que solo en dos años se alcanzó un superávit del 40%. Sintetizando en cifras: al asumir en marzo de 1932 la administración de los FF.CC. del Estado, la deuda con proveedores alcanzaba a $ 120.000.000 y el rubro explotación arrojaba un déficit de $ 8.100.000. Durante el ejercicio las entradas siguen disminuyendo, sin embargo Nogués no se intimida e imponiendo una drástica economía reduce el déficit a $ 5.600.000. En 1963, el déficit se convierte en un superávit de poco monto, $ 200.000, pero en 1934, la cifra por ese concepto alcanza a $ 4.800.000. Ya en 1942, cierre de su gestión y último ejercicio, se contabiliza un superávit de $ 36.300.000.

Frutos de su administración


El ingeniero Pablo Nogués realiza entonces lo que ningún administrador de las empresas del Estado había hecho hasta el presente. Dispuso entonces que se distribuyera a todo el personal, como participación de las utilidades, el importe de un sueldo mensual. Lo realizó con su sentido estricto de justicia y sin vanagloria y con la humildad que solo pueden tener los hombres de reales méritos. La bonificación era del 96% sobre el sueldo mensual y en donde desde el empleado más jerarquizado hasta el último obrero se sintieron partícipes de este vuelco total que experimenta una empresa pública en bancarrota y se la convierte en eficiente y rentable.

Testimonios de ex compañeros al inicio de mi labor en los ferrocarriles, allá por 1958, comentaban que era un viajero constante y desde su coche reservado todo lo auscultaba, bajaba en las estaciones, dialogaba con el personal, tomaba nota de los problemas técnicos y administrativos. Logró que los trenes de pasajeros fuesen cómodos y eficientes y que los de carga aumentaran su capacidad de remolque evitando demoras o accidentes. En una oportunidad, el ingeniero Eduardo Huergo -de cuya bibliografía se nutre parte de esta nota- al descubrirse un busto a su memoria en 1964 en el vestíbulo de la estación Retiro, manifestó que había abolido toda influencia política en el nombramiento, ascenso o remoción del personal. "En una ocasión, alguien que tenía gran vinculación con el entonces presidente de la República, le pidió un puesto. La contestación fue terminante: `El único puesto disponible en la administración es el mío'. Esta contestación trascendió, estuvo en la boca de todos y aún hoy se la recuerda como ejemplo".

La clave de su éxito fue el trabajo silencioso y sistemático consolidando lo bueno que encontró al asumir su gestión y para luego ir proyectando y aplicando todo lo necesario para lograr servicios sólidos y eficaces hasta ser comparados con los prestados por ferrocarriles privados. Todos los días a partir de las 18 horas tenía sobre su mesa de trabajo un parte en el cual los superintendentes de tráfico con sedes en Retiro, Rosario, Santa Fe, Córdoba y Tucumán informaban acerca del tonelaje de cargas despachado en el día en sus correspondientes zonas. El superintendente que en ese día hubiera anunciado un tonelaje inferior al normal podía estar seguro que antes de las 20 horas el administrador general en persona le requeriría telefónicamente detalladas explicaciones por esa merma. El ingeniero Pablo Nogués fue un símbolo de eficiencia en la administración de servicios públicos por el Estado. Luchó contra la inoperancia burocrática con tesón y logró sacar a los FF.CC. del Estado del marasmo financiero, convirtiéndolos en una empresa ágil y moderna para entonces. En plena función, un 14 de enero de 1943, se extingue la vida de este preclaro ciudadano, ejemplo de moral pública y patriotismo.

Andrés Alejandro AndreisConsejo de Dirección del Museo Ferroviario Regional Santa Fe.





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